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Dos minutos, cuarenta segundos y una novela

Mercedes Rosende.

Una novela de trama es aquella que fía todo a lo que suceda, a la acción, a la historia que el autor quiere contar. El resto de materiales narrativos están al servicio de esa trama, todo se enrosca alrededor de la acción. Por tanto, personajes, escenarios o diálogos pasan a tener una importancia menor. ¿Es esto bueno? A priori no es malo, pero hay que saber hacer las cosas muy bien para no convertir el resultado final en una chapuza. Una novela de trama pasa a ser un desastre si la importancia de, por ejemplo, los personajes, se elimina por completo. ¿Se puede hacer gran literatura con esos mimbres? No, tajante. Pero se pueden escribir libros divertidos, interesantes, accesibles a todo tipo de lectores. Y es que no todo el mundo quiere bucear en los mares profundos de la literatura expresiva, honda e inmortal.

‘Nunca saldrás de aquí’ es una novela de trama, es muy entretenida, está muy bien diseñada respecto a la acción y se convierte en una novela policiaca que no está nada mal. La poética se sustituye por una escritura fina y las carencias del relato (que las tiene) se difuminan con un ritmo narrativo frenético, con una tensión expositiva muy considerable. Mercedes Rosende, autora de la obra, demuestra que tiene oficio y que sabe dosificar la información para que las cosas funcionen.

Dicho esto que es lo que le interesa al noventa por ciento de los lectores, hay que señalar que los perfiles de los personajes se quedan cortos (no sabemos gran cosa de ellos y eso hace que el interés no sea máximo), que los diálogos no van por delante de la acción y son meras herramientas que se quedan en la superficie de las consciencias, y que las distintas voces que utiliza la señora Rosende arrimadas a sus personajes o siendo la de las propias almas se difuminan, se quedan sin construir con la perfección que es requerida siempre. Uno puede leer la novela de principio a fin sin darse cuenta de esos cambios o sin valorar su importancia porque la lectura no varía.

A pesar de esos peros, la novela se deja leer y resulta atractiva y muy amena.

Puede ser un excelente regalo puesto que la garantía de éxito está asegurada. Cualquier lector necesita de estas novelas que trasladan con facilidad a universos reconocibles y pegados a una realidad que se inserta en el imaginario colectivo.

Calificación: Buena.

Tipo de lectura: Fácil, rápida. Las 286 páginas del volumen editado por AlRevés se leen casi de un tirón.

Tipo de lector: Es una novela excelente para los que se quieran iniciar en esto de la lectura. Por supuesto, amantes de la novela policial.

¿Dónde puede leerse?: El libro puede esperar en la mesilla de noche para disfrutar de él y del merecido descanso al final del día.

G. Ramírez 


Las cosas de Dios suelen grandes, casi inasibles si no se cuenta con herramientas adecuadas para intentar comprender y aprehender poco a poco; pero herramientas que llegan, siempre, con el conocimiento y la fe (esta es una de esas herramientas que sólo algunos encuentran y saben conservar en el almacén vital). Las cosas de Dios hace mucho tiempo que han dejado de interesar a la mayor parte de las sociedades y el número de bajas en las Iglesias de todo el mundo se vacían sin remedio con rapidez. Las cosas de Dios se han convertido en quitamiedos para algunos, cosas a las que se agarran los supersticiosos y una especie de esperanza de último recurso. Los verdaderos creyentes (al menos los católicos) se han reducido; la influencia de la Iglesia (al menos la católica) es menor; la imagen de la Iglesia (al menos la católica en España) es peor.
Pero puede ser que aparezca en escena un hombre inigualable, un hombre que tenga claro que la Iglesia de Cristo no puede ser clerical y sólo clerical, o estar alejada de los pobres, o una Iglesia evangelizadora al precio que sea preciso incluida la espada. Puede ser que los cardenales nombren Papa a Jorge Mario Bergoglio (como ocurrió en 2013) y que alguien como Javier Cercas tenga la oportunidad de escribir un libro (por encargo del Vaticano) sobre el viaje de ese Papa a Mongolia y que el resultado sea un texto interesante, extraño, único, necesario y producto de la suma del ateo y el creyente que alguien fue, de la nada y un más allá eterno, del laicismo que descubre al misionero que debe ser siempre un cristiano. Esto es, el escándalo que es y representa el cristianismo a través de un Papa lleno de ternura, de buen humor, de errores, y de Cristo (este es un libro rebosante de Cristo); el escándalo que es y representa la figura del misionero que es el verdadero cristiano.
‘El loco de Dios en el fin del mundo’ es un libro muy extraño. No es la crónica de un viaje, no es un libro de entrevistas, no es una novela de ficción (aunque se empeñe el autor tampoco es una novela sin ficción), pero es un libro que quiere ser leído, que debería ser leído porque está muy bien escrito y desgrana lo que es buena parte de la Iglesia actual y la que quiso afianzar el Papa Francisco hasta donde pudo.
La lectura de este libro va de lo ameno a lo fascinante y Cercas se muestra habilidoso para mantener una tensión narrativa potente. Por ejemplo, guarda la respuesta de una pregunta clave para el conjunto del relato, para que el sentido no desaparezca en ningún momento, de la pregunta que le hizo aceptar la propuesta de escritura de esta obra. El lenguaje que usa es cercano, comprensible para cualquier lector, y la complicación para leer es mínima (si hubiera querido el autor la cosa sería totalmente distinta por la carga teológica que tan cerca tuvo). Todo lo que tiene que ver con las cosas de Dios, con la curia vaticana o con la vida del cristiano medio, está muy bien medido y es suficiente para conocer a los personajes y las intenciones del autor que toma distancia para no condicionar la opinión del lector (no siempre lo consigue).

El Papa Francisco se dibuja rotundo, enorme y singular. Su forma de entender la Iglesia enamora, su carisma embelesa, aunque todo lo que le rodea (de forma especial los misioneros que tanto impresionaron a Javier Cercas) brilla lo suficiente para alumbrar el camino que Bergoglio trazó desde su llegada a la sede papal. Casi sin estar él mismo.
¿Es este un libro para cristianos? No, puede leerlo un ateo convencido (el autor se declara de este modo) o una persona de fe firme. ¿Es pura catequesis? Al contrario, Cercas aprende bien que nada de empujones, que como hacen las cosas los misioneros es como se consiguen los mejores frutos y, además, que las cosas de Dios no tienen solución en un libro (ni en un millón). ¿Merece la pena leerlo? Por supuesto que sí puesto que las preguntas que se plantean son muchas y las respuestas muy pocas y, así, el espacio del lector es amplio y cómodo.
Calificación: Muy bueno.
Tipo de lectura: Necesaria y agradable.
Tipo de lector: Cualquiera. No hace falta decir que los fans del Papa Francisco están llamados a leer el libro.
¿Dónde puede leerse?: En un lugar tranquilo, con lápiz para subrayar.

G. Ramírez 

La vida de cualquier persona se construye sobre la realidad vivida aunque los cimientos se encuentran en el pasado propio, en el de los padres y abuelos, en ese tiempo que no vivimos aunque marca nuestra existencia definitivamente.

Así, no conocer ese pasado nos obliga a edificar una vida sobre una invención, sobre una mentira fabricada por esos padres y abuelos (casi siempre por su silencio) o nosotros mismos. La falta de un relato o la invención de este nos condena a no ser lo que nos hubiera tocado. Y lo sabemos, siempre lo sabemos y lo hemos sabido. Por eso nos arrepentimos tanto de no escuchar a los mayores. Cuando se nos mueren, lo primero que pensamos es en todo eso que faltó por decir, por preguntar, por escuchar.

Julio Llamazares perdió a su padre en 1996. Y supo, entonces, que le faltaría por siempre jamás parte del relato que le tendría que haber modelado como persona. Por ello, decidió comenzar un viaje igual al que su padre realizó junto a su amigo Saturnino, mientras formaban parte del ejército rebelde que acabó con la República española, de camino al frente. Apenas tenían, Saturnino y su padre, dieciocho años en 1937 y tuvieron que cruzar media España desde La Vecilla (León) hasta Castellón. Un viaje coqueteando con la muerte del que no quiso saber nada el escritor que, ahora, se subía al coche para intentar intuir cómo fue el recorrido.

Pero Llamazares cuenta su propio viaje y no logra que el lector se emocione con el de su padre, con el de todos los que tuvieron que participar en una guerra terrible. Trata de perfilar, sin éxito, ese viaje realizado por los mozos aterrorizados y obligados a disparar contra sus propios hermanos. Así, la experiencia de Llamazares se entrelaza débilmente con un relato fragmentado (lo poco escuchado y los retazos que Saturnino confesó en vida) y lo intenso no termina de alcanzar una prosa sencilla y detallista que despliega el autor desde la primera página.

Llamazares pisa Teruel para referirse a un frío intento y criminal que caía a plomo durante una de las batallas más sangrientas de la Guerra Civil; nos recuerda un episodio terrible que sucedió en Caspe, localidad que recibía a las tropas africanas del general Yagüe que detruyeron, violaron y asesinaron sin filtro alguno; nos cuenta lo que pasó en el pozo de Caudí que aún está repleto de restos de republicanos fusilados… Pero lo cuenta sin saber qué representó para su padre, sin saber con certeza si estuvo cerca de allí o ni supo lo que estaba ocurriendo unos quilómetros más allá.

Usa el autor un lenguaje de tonos medios y alientos más bien cortos y asequibles para lectores de todo tipo por lo que la lectura es agradable, pero no experimenta ni busca recursos que pudieran profundizar en las emociones. La imágenes más poderosas son las que aportan poemas ajenos.

El libro se deja leer y es entretenido. Nada de gran literatura y mucho de pequeño homenaje a las víctimas de una guerra espantosa. A todas ellas. Y eso es, precisamente, lo mejor del libro.

Calificación: Entretenido. Un leve antídoto contra el olvido.

Tipo de lectura: Fácil; algo plana salvo en el último tercio de la obra.

Tipo de lector: Curiosos que quieran conocer más sobre la Guerra Civil.

¿Dónde puede leerse?: En Teruel, en León, en Castellón… En España.

Excelente repaso al cosmos judicial español firmado por la magistrada Natalia Velilla; un repaso que arrastra irremediablemente al lector  hasta el núcleo de un mundo desconocido y aparentemente ignoto e inquietante a partes iguales.

La autora se afana en explicar y acercar todo aquello que, estando estereotipado, conviene saber de la Justicia, que necesita un lavado de cara que le aporte cercanía. Desde la oposición a la que se enfrentan aquellos que deciden dedicar su vida a impartir justicia, desde la presentación de las distintas figuras judiciales (que casi nadie ajeno a ese mundo conoce), hasta la jerarquía o la relación de la Justicia con los medios de comunicación; el texto escrito por Natalia Velilla se va trufando de información esencial y anécdotas personales que dibujan un entorno que, poco a poco, se viste de enorme atractivo.

La labor divulgativa de esta magistrada es enorme y solvente, necesaria e impagable. Y es que esos hombres y mujeres que se visten con togas (ella misma entre ellos) no dejan de ser eso, personas que sufren, ríen, lloran y tratan de prestar un servicio público muy, muy, importante aunque el resto de la sociedad no lo sepa ver. Parece que la Justicia es de otro mundo, de otra galaxia. ¿Cómo consigue esto Natalia Velilla? Pues sin retorcer el lenguaje, sin querer dar una clase magistral o adoctrinar. La autora señala los problemas de la Justicia española, apunta a soluciones tan simples como es gastar mejor para conseguir mejores resultados y no tirar el dinero sin ton ni son (ay, si preguntasen a los que viven la realidad día a día en lugar en lugar de pedir informes mastodónticos a los asesores que ven las cosas desde la distancia). Natalia Velilla consigue que un libro sobre un asunto, a priori, sesudo y denso, sea accesible para cualquiera que se acerque al libro. Y eso no es poco decir.

Ahora que se habla tanto de sentencias que aparecen en los medios y tanto revuelo provocan (si bien es cierto que la Justicia nunca aportó votos a los partidos políticos parece que alguien está forzando la máquina para que comience a hacerlo) esta es una obra preciosa que los Reyes Magos o Papá Noel pueden dejan debajo del árbol de Navidad o en un calcetín rayado.

Calificación: Bueno. Necesario y divertido.

Tipo de lectura: Sorprendente.

Tipo de lector: Desde luego, los estudiantes de Derecho aunque cualquiera puede divertirse con ‘Así funciona la Justicia’ y entender una parte fundamental del Estado de Derecho.

¿Dónde puede leerse?: Una opción estupenda es sentarse en un banco del parque disfrutando de la luz natural y dejarse llevar.

G. Ramírez


Enfrentarse a la realidad a través del relato es la única forma de entender lo que ocurre a tu alrededor. De hecho, sin relato el ser humano sería otra cosa distinta a la que es, seguramente tendría que volver a resguardarse en una cueva hasta desaparecer. Necesitamos que nos cuenten la vida, pasarla a limpio cada mañana, contarla nosotros a otros, o contárnosla a nosotros mismos. Y si la realidad se tiñe del color de la ausencia de alguien al que hemos querido el relato es más esencial que nunca.

‘Rosa’ es un cómic firmado por Alfonso Casas Moreno que sirve al autor como herramienta terapeútica para superar la pérdida de sus padres. Se centra la acción en la muerte más reciente (la de la madre) y Casas Moreno nos invita a participar de su ‘duelo anticipado’, de la ‘pérdida’, de la ‘negación’, la ‘ira’, la ‘negociación’, el ‘desconsuelo’ y la ‘aceptación’, que él mismo experimento y comparte con los lectores.

El tebeo está muy bien editado por parte de Random Cómics (sello de Penguin Random House), bien entintado, bien planificado por Casas Moreno diseñando las páginas con inteligencia para que el relato se entienda bien con todos sus matices. El trazo trata de ser tan limpio como es posible y los detalles abundan a lo largo del relato. El texto está bien aunque el autor transita peligrosamente sobre la línea que divide lo poético de lo ñoño.

Sea como sea, hablar de la muerte para entender la vida es un reto siempre difícil que Alfonso Casas Moreno ataca con decisión para lograr hablar desde las entrañas y para que llegue a otras en circunstancias parecidas; y no fracasa en el intento, cosa que no es poco dadas las dificultades que suelen arrastrar asuntos como la muerte, la ausencia, el dolor o los miedos y fantasmas que nos acompañan.

Muy recomendable para todos aquellos que se acercan al cómic buscando calidad y perspectivas originales.

Calificación: Buen trabajo.

Tipo de lectura: Envolvente.

Tipo de lector: Todo aquel que sienta una ausencia, la haya sentido o espere sentirla.

¿Dónde puede leerse?: En el parque, sentado de cara al sol puesto que el libro es una celebración de la vida.


G. Ramírez


Con este librito de apenas setenta y cinco páginas, Alejandro Pedregosa nos lleva hasta los bordes de una vida intensa, maravillosa, esencial y ejemplar, la de María Goyri, una mujer que, desde niña, mostró y demostró que ser feminista es compatible con cualquier otra cosa salvo con el fascismo o con la imposición de una idea única, por ejemplo. Desde esos bordes, el lector puede mirar y admirar a una mujer que marcó el camino de decenas de miles que la fueron conociendo durante años y hasta hoy mismo.
Inquieta y siempre en camino para encontrar la realidad en su estado más puro, terminó siendo la esposa de Ramón Menéndez Pidal. Ambos marcaron una época que se vió arrasada por la guerra y la dictadura de Franco. 
Alejandro Pedregosa deja un texto limpio, claro y al alcance de jóvenes lectores (y no tan jóvenes) que se verán atraidos, de inmediato, por una vida llena de matices deslumbrantes. Las ilustraciones de Concha Pasamar son preciosas y acompañan de maravilla lo que cuenta el escritor. Po otra parte, la edición es cuidada y la editorial Kalandraka vuelve a presentar un trabajo que gusta a cualquiera. Por supuesto, conviene apuntar el título y comprar un par de ejemplares para que los Reyes Magos de Oriente hagan su trabajo con un punto de elegancia y de profundidad cultural. 
Este libro lo pueden leer las feministas para saber de dónde llegaron los primeros impulsos buscando la igualdad entre hombres y mujeres; lo pueden leer los curiosos que quieran conocer una vida fascinante; lo pueden leer los que quieran escribir para jóvenes puesto que el trabajo de Pedregosa es una clase magistral de escritura; lo pueden leer los que necesitan aumentar el bagaje para dibujar más y mejor porque las ilustraciones condensan no solo la vida de la protagonista sino la de un mundo entero (y eso es muy difícil de conseguir); y lo pueden leer todos los amantes de la literatura. 
Calificación: Excelente. 
Tipo de lectura: Amena y, sobre todo, necesaria. 
Tipo de lector: Este libro es para cualquiera. 
¿Dónde puede leerse?: En la cama antes de descansar; tras una buena comida; junto a la ventana mientras el sol calienta o cae la lluvia.
G. Ramírez

Detrás de un objeto siempre encontramos la historia protagonizada por una persona, algunas veces por varias y muy pocas la de cientos de miles de personas, tal vez la de todos nosotros. Esos objetos se convierten, de inmediato, en esenciales para que entendamos lo que somos.
Si después de Auschwitz la poesía parecía morir para siempre, después de Hiroshima y Nagasaki todo el planeta se tiñó de un gris plomizo que no nos ha vuelto a abandonar ni un sólo minuto. Sin embargo y por fortuna, la realidad siempre ofrece inesperadas agarraderas que se ofrecen llenas de posibilidades, de ventanas nuevas y de nuevas formas poéticas. De otra forma, el futuro sería incierto para el ser humano.
Una de esas ventanas se titula ‘La espera’, un delicioso libro firmado por Arthur Binard (texto) y Tadashi Okakura (fotografías), y traducido por Kazumi Uno. ‘La espera’ nos cuenta Hiroshima desde los objetos, desde las sombras, desde el deseo de un futuro libre de violencia, de efectos que parecen perpetuos llegados desde la fisión nuclear, desde la historia de hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas, desde los japoneses y algunos norteamericanos muertos tras la explosión de una bomba terrible que nunca debería haberse fabricado. Ni siquiera pensado.

Un reloj, unos guantes, una lata de comida, un vestido, una jarra, unas lentes, un diario, unas llaves, unas botas, unas prótesis dentales, una bolsa de tela, unas canicas, una gorra y un banco de la calle, nos hablan de las personas a las que pertenecieron o utilizaron, de un instante brutal que acabó con todo y todos los que estaban cerca. En realidad, cuentan la historia de todos nosotros puesto que somos lo que somos gracias a lo que ha sucedido durante siglos y siglos atrás. Cada imagen de esos objetos se acompaña de un texto evocador y delicado que recuerda a las personas protagonistas, que resume a la perfección lo que ha sido el mundo tras la bomba de Hiroshima.
La edición del libro está muy cuidada como ya acostumbra la editorial Kalandraka al presentar sus nuevos títulos y podría ser un bonito regalo estas navidades o un libro de lectura para los niños junto a sus padres durante todo el año.

Calificación: Delicado, necesario, más que interesante.
Tipo de lectura: Amena, rápida y puede hacerse por partes y sin orden lineal.
Tipo de lector: Los más pequeños junto a los padres aunque a partir de los diez años es un libro que gustará a cualquiera.
¿Dónde puede leerse?: En casa, tranquilamente.  
© Columna Villaroya

'Parecido a un asesinato' es una novela de trama. Y sólo de trama. Eso no es mejor ni peor aunque el lector que busque profundidades literarias, formas exquisitas en la escritura o imágenes de potencia demoledora en el relato, debe buscar en otras páginas. Porque lo que encontrará en esta novela de Juan Bolea es una historieta simple y ya conocida (estas historias han sido contadas en multitud de ocasiones con ligeras modificaciones), unos personajes más bien planos por mucho esfuerzo que haga el autor al introducir elementos que tratan de dar una consistencia que no logra (asuntos que tienen que ver con la sicología y la siquiatría, por ejemplo), una narrativa lineal en esencia a pesar de encontrar intentos de rupturas espacio temporales que quedan en el plano de la anécdota narrativa.

¿Se puede leer 'Parecido a un asesinato'? Se deja leer, y si el que tiene el libro entre las manos no pide demasiado, es un relato que gusta a pesar de lo previsible que es. Y es que Juan Bolea trata de centrar el foco en asuntos que pudieran llevar al lector a intuir de forma incorrecta, pero no lo consigue y lo que el lector termina descubriendo son trucos de novela policiaca antigua. Antes de lo que el autor quisiera, claro. Pero esta es una novela que puede acompañar en momentos de relax, de intento de evasión.

En algunas zonas expositivas, el autor apuesta por aportar una cantidad de información considerable que resulta siendo irrelevante y, lo peor, un intento de sostener un cierre de la trama lleno de dudas y cercano a lo inverosímil puesto que puede ser cualquier cosa. Esa información se enfrenta, lógicamente, a la carga expresiva que todo relato debería contener; y eso siempre es una mala noticia.

Llaman la atención algunas cosas que tienen que ver con los personajes. Por ejemplo, la capacidad absolutamente descomunal para llegar al meollo de un problema complejo a más no poder que despliega una sicóloga de gran peso en el conjunto del relato. Con la primera pregunta que hace se acerca al núcleo del problema. Por otra parte, son previsibles hasta el extremo, los comportamientos de todos ellos se desarrollan en terrenos comunes, ni uno sólo presenta un rasgo que le defina y que sirva para que crezca como personaje. Y ya sabemos que sin personajes bien construidos los relatos se desmoronan sin remedio.

Durante toda la narración, el ruido es excesivo, la niebla que no deja ver es densa. Todo queda por detrás incluido lo esencial. Y es producto de un buen número de trucos que ya Agatha Christie explotó y enseñó a los lectores para que no volvieran a caer en trampas que deberían evitar todos los autores.

Calificación: No es gran cosa aunque se deja leer.

Tipo de lector: Poco exigente con el relato.

Tipo de lectura: Muy fácil. Rápida.

Personajes: Superficiales.

¿Dónde puede leerse?: En el parque o en la piscina.

Nirek Sabal


He tenido, entre las manos, miles de libros. No con la intención de comprobar lo que pesaban sino con la de leerlos. Sin embargo, pasado el tiempo, he comprendido que era la misma cosa. 
El libro que más pesó, al abrirlo por primera y última vez (jamás he leído ninguna de mis novelas una vez publicadas) fue «La edad de los protagonistas». Mi primera novela. Toqué la portada con cuidado, abrí el ejemplar, y fui pasando despacio las primeras páginas, alisando los vértices con el pulgar (siempre lo hago con cualquier libro, pese lo que pese; la liturgia de la lectura es imprescindible) y tomé conciencia de lo que había logrado y del grado de responsabilidad adquirido como escritor con obra publicada. Creo que sólo he sentido algo parecido el primer día que pisé un aula en calidad de profesor. Pero mis novelas no cuentan. Esa sensación de peso extremo, emocional, no es de lo que quiero hablar. 
He leído libros que me llevaron a querer ser escritor. «Las palmeras salvajes» o «Mientras agonizo» de William Faulkner; «La casa verde» o «Conversación en La Catedral» de Mario Vargas Llosa; «La metamorfosis» de Kafka; «El guardián entre el centeno de Salinger»; los relatos de Chéjov o de Raymond Carver; cualquiera de las obras de Federico García Lorca; la poesía de César Vallejo. Alguno más. Pesaban mucho. Cada página la sensación era más poderosa. Era capaz de leer la misma frase media docena de veces para comprobar que era posible decir eso y de esa forma; de la única manera posible. 
La perfección pesa toneladas. El poso que quedó sigue siendo gigantesco. Tiene forma de aprendizaje, de experiencia, de impostura, de enseñanza, de fascinación, de respeto, de rabia. Un poso pesadísimo que resta a otros libros (los flojos) en el haber. Nada es igual después de leer a Proust a Flaubert o a John Dos Passos. 
También he leído libros que, sin ser gran cosa, han dejado alguna marca. Lecturas en la playa, en aeropuertos y estaciones de tren, lugares en los que la concentración es difícil de conseguir. En esas circunstancias tengo por costumbre elegir obras en las que la trama toma fuerza y lo profundo queda al margen. Alguno de ellos me hizo pasar buenos momentos. Para eso se escriben los best sellers. Pesan lo justo y la carga es efímera. Pero algo se dejan notar. 
Leer es descubrir el peso de una obra, la compañía que supondrá durante un tiempo o toda la vida. Leer es integrar un universo o rechazarlo, es modificar el propio o dejarlo intacto. Leer es asumir la pequeñez, lo insignificante de uno mismo. Leer es vivir y morir al mismo tiempo, convertirse en un fantasma más humano de lo que la imaginación permite. Leer es dar un paso adelante, hacia eso que llamamos sentido. Pasos que se hacen ligeros cuanto más peso arrastran. 

 G. Ramírez

 

Nathanael West

Maravillosa novela de un autor que tuvo poco tiempo para escribir dado que murió de forma muy prematura, pero que sí logró dejar una obra compacta, solvente e imprescindible.

Desmitificar un modelo de sociedad y un concepto equivocado de las religiones judía y cristiana, es un reto que no cualquier autor puede siquiera abordar. Este es el objetivo que Nathanael West (1904-1940; autor que perteneció a la ‘Generación perdida’ norteamericana) se plantea en su novela 'Miss Lonelyhearts', una obra que exige del lector un esfuerzo de interpretación poco habitual debido a su carga simbólica. La novela nos presenta una mirada sobre la sociedad norteamericana de entreguerras y la influencia de la religión como factor determinante en la destrucción del individuo frente al grupo social. Es una obra que, sin grandes alardes argumentales, pero plagada de una lírica bellísima, conjuga esos aspectos en un solo punto de vista.

Esa mirada nos muestra un Hollywood que aparece como el lugar en el que el ‘sueño americano’ es imposible de conseguir porque no existe más que en las mentes vacías y atormentadas que inventan esperanzas inalcanzables para poder sobrevivir; en el que el movimiento colectivo se presenta como el ir y venir opaco de un todo que, aunque configurado por individuos, no deja que nadie crezca como persona. Una sociedad embustera, arrasada por una estética absurda y una ética convertida en papel moneda en la que prevalece la idolatría más absoluta por lo material.

No se la pierdan.

Calificación: Muy buena.

Tipo de lector: Cualquiera que decida buscar símbolos en las palabras.

Tipo de lectura: Asequible.

Engancha desde el principio.

No le sobran páginas.

Argumento: Duro, terrible y perfectamente trazado.

Personajes: Dibujados con trazo fino.

¿Dónde puede leerse?: Cualquier sitio es bueno.

G. Ramírez

Mike Davis

Existen distintas lecturas sobre lo que ocurrió con la Covid-19. Algunas son exclusivamente científicas, otras solo económicas y la de Mike Davis que suma la ciencia, la economía, la sociología y un activismo honesto.

Mike Davis es sociólogo, teórico urbano, activista y escritor.

Hace unos años escribió un ensayo titulado ‘El monstruo llama a la puerta’ en el que analizaba las distintas pandemias que ha sufrido la humanidad desde 1918 hasta nuestros días y los claros avisos que advertían de la llegada de otra mundial y tenebrosa. Así fue. La editorial Capitán Swing recuperó ese texto, traducido por María Julia Bertomeu y Lucía Barahona, añadiendo un apéndice escrito durante el confinamiento que mantuvo a media humanidad en sus casas; ‘Llega el monstruo’. Ahora que sabemos que la gripe aviar está haciendo estragos el texto de Davis vuelve a ser fundamental para entender la realidad.

La peor crisis de gripe aviar jamás registrada se extiende por la Antártida

Una expedición española halla el virus potencialmente letal “en todas las especies animales detectadas en cada sitio” (Titular y entradilla de El País del 14.02.2025)

Mike Davis realiza una lectura económica y política de la situación y, aunque, mira hacia algunos países concretos, centra las críticas en el sistema capitalista que impera en EEUU, en la desastrosa (según el autor) administración Trump (la primera), en la falta de vergüenza de la industria farmacéutica que no busca antivirales, ni antibióticos de última generación o vacunas genéricas por no ser rentables; o en una industria alimentaria completamente surrealista.

Mike Davis acumula información técnica a lo largo del ensayo. Aunque no es excesiva, a veces, parece difícil de asimilar para el lector medio aunque no supone una excusa para abandonar. Si el lector quiere conocer cómo Trump desmanteló sin razón todo el trabajo previo que realizó Obama, o conocer las razones por las que la pandemia fue una tremenda máquina de matar en EEUU, este es su libro. Si el lector quiere comprobar cómo el SARS-CoV-2 terminó entendiendo de clases sociales y qué llegó para que los pobres estuvieran atrapados en una crisis que pusieron en funcionamiento los ricos, este es su libro. Incluye el autor (para encabezar una parte del ensayo) el tuit del doctor Jagadish J. Hiremath (médico de ACE Health Care de Bombay) que dice lo siguiente: ‘La distancia social es un privilegio; significa que vives en un casa lo bastante grande como para poder practicarla. Lavarse las manos es también un privilegio; significa que tienes acceso a agua corriente. Los desinfectantes de manos son un privilegio; significa que tienes dinero para comprarlos. El confinamiento es un privilegio; significa que puedes estar en casa’. La mayoría de las formas de mantener a raya el coronavirus son solo accesibles para los que son ricos. En definitiva, un enfermedad que ha sido propagada por los ricos en todo el mundo va a matar a millones de pobres.

El libro se lee con facilidad. Solo son más áridas las zonas expositivas más técnicas. Es un texto radicalmente crítico con el capitalismo y con Trump; y una llamada de auxilio que hace el autor puesto que los avisos son muy claros: los virus esperan su oportunidad y algunos tienen una capacidad de matar fuera de lo común. Por ejemplo, la cepa de la gripe H5N1 es endémica en la población de aves de corral y silvestres en el este de Asia... y espera para volver a dar un salto hasta los humanos.

Calificación: Inquietante.

Tipo de lectura: Necesaria para entender cómo la economía o la diferencia de clases puede influir en los contagios y en las estadísticas de esta pandemia.

Tipo de lector: Interesados en completar su información sobre pandemias pasadas, sobre la actual y sobre las que están por llegar.

G. Ramírez

Ilan Pappé

Excelente repaso a un conflicto que ha costado la vida a miles y miles de personas y parece no tener fin, un conflicto rodeado de medias verdades, de mentiras regadas con dinero, de zonas grises que ya parecen infinitas.

Ilan Pappé, profesor israelí de Historia en la Universidad de Exeter (Reino Unido), fundador de la coalición de izquierdas Hadash, es un historiador que trata de revisar la historia moderna del Estado de Israel. Es un autor muy crítico con el sionismo en sus diferentes vertientes y eso le ha costado caro puesto que ha llegado a recibir amenazas de muerte.

En 'Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina' el autor nos lleva desde el origen del conflicto (cuando, a finales del siglo XIX, Palestina estaba bajo el control otomano como había sido desde 1516) hasta la actualidad en forma de breve reflexión sobre el 'contexto histórico y moral del 7 de octubre de 2023'. Para ello, el lenguaje que maneja el autor es claro y conciso, muy cercano aunque, también, muy exacto. Escapa siempre que puede del tecnicismo o de un discurso enrevesado que 'saque' al lector menos enterado. Así, no es necesario tener conocimientos previos del asunto para quedar prendado desde las primeras líneas de Pappè. El hecho de conocer la esencia y buena parte de la periferia de un conflicto tan serio ya sirve de acicate para no dejar de leer hasta el final.

En cada parada que hace, el autor aporta datos clave para entender lo que ha terminado siendo una de las limpiezas étnicas más tremenda de todos los tiempos, la vergüenza que supone saber que la mayor parte de las naciones del mundo se han puesto de perfil desde el principio ante la injusticia contra el pueblo palestino, para intuir una forma de entender las relaciones internacionales desde la arrogancia del pueblo judío... Eso entre un buen número de cosas.

Leyendo 'Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina' se puede entender qué ha pasado, se puede acceder a datos esenciales que parecen no existir para los medios de comunicación o para gran parte de los historiadores. Es lo que hace especial este pequeño ensayo.

La editorial Capitán Swing vuelve a acertar con su catálogo y su compromiso con los lectores se hace más poderoso con cada título publicado.

Hay que leer este ensayo; es casi imprescindible para formar un criterio sólido.

Calificación: Muy bueno.

Tipo de lectura: Necesaria, amena.

Tipo de lector: Todo aquel que esté interesado en conocer todas las caras de la verdad de un conflicto tan serio como el de Israel y Palestina.

¿Dónde puedes leerlo?: Tomando un café tranquilamente y de un tirón.

G. Ramírez

Son cientos los libros que se han publicado sobre boxeo. Y decenas los publicados sobre el boxeador más grande de todos los tiempos: Muhammad Ali. Sin embargo, este de Davis Miller es, posiblemente, el más entrañable, el más cautivador. Con una prosa cercana y cálida nos adentra en el universo particular de un hombre enfermo que pelea contra una enfermedad terrible y un futuro oscuro.

Miller utiliza los relatos periodísticos que tuvo oportunidad de escribir después de conocer al boxeador y compartir con él momentos de gran intimidad en los que la amistad cubría hasta el último movimiento de ambos. Miller coloca la acción, siempre, en lugares que servían de refugio a Muhammad Ali. Su casa y junto a su familia; lugares en los que entrenaba el boxeador... Y si sitúa a Ali en lugares público lo hace siempre con personas alrededor que le saludan, que quieren fotografiarse con él o un autógrafo. Sólo en algún momento puntual dibuja a Ali en soledad para que el lector pueda sentir la misma soledad de un enfermo condenado a muerte.

El lenguaje que utiliza Miller es de tono medio (son pocas las palabras diferentes que utiliza al tratarse de un relato) y los alientos de las frases de medida moderada hacen que el texto sea comprensible además de aportar un ritmo más que agradable al conjunto. No faltan las imágenes que, sin ser poderosas, sí que alcanzan un muy buen nivel. Miller es periodista y no poeta.

Davis Miller se centra en un momento de la vida de Ali en el que su enfermedad ha hecho estragos. El parkinson atacó a Ali siendo demasiado joven y le fue destrozando durante muchos años. Aun así, el autor nos muestra a una persona que no renunció jamás a lo que era. Rodeado de sus seres más queridos insistió en ser el campeón de todos, una persona cercana y accesible que se preocupaba por cualquier otro. Pero, inevitablemente, el lector sabe que Miller intenta mitificar aún más al boxeador. No obstante, el libro es un trabajo honesto, bien escrito y destila autenticidad por todas las partes.

Los amantes del boxeo no pueden dejar de leer ‘En busca de Muhammad Ali: Historia de una amistad’. Pero tampoco los que quieren dedicarse al periodismo e incluso a la literatura.

Calificación: Muy bueno

Tipo de lectura: Placentera, fácil.

Tipo de lector: Interesados en el boxeo, en el deportista más grande de todos los tiempos.

Argumento: El dios Muhammad Ali tiene problemas como cualquier otro ser humano.

¿Dónde puede leerse?: En un banco del parque. Con tranquilidad, disfrutando del entorno y de una buena lectura.

G. Ramírez

‘Esto es muy extraño’ es un libro delicioso que acaba de publicar la editorial Kalandraka dentro de la colección ‘Libros para soñar’, una colección que se consolida más, si es que eso es posible, sumando títulos con acierto y buen criterio editor.

Matilde Tacchini firma un texto sencilloy muy evocador que arranca una sonrisa a niños y adultos por igual. Desde la primera línea. Los mayores se verán reflejados en cada frase y en cada una de las situaciones que se narran; los niños reconocerán lo que van leyendo como parte de su realidad (en la infancia existen territorios comunes construidos por los adultos). ¿Quién no ha dicho o escuchado eso de ‘duerme como un lirón’ o lo de ‘nada como un pececillo’? ¿Quién, siendo niño, no se ha rebelado contra eso que se repite una y otra vez y termina molestando?

Lo que cuenta Tacchini lo va dibujando Mercé Galí (traductora  del texto, también). Con claridad aprovechando el espacio que le proporciona la página con mucha gracia, matizando la palabra con trazo decidido y fino.

‘Esto es muy extraño’ es un libro que pueden leer los niños a partir de cuatro años (acompañados) y lo disfrutarán sin duda.

La edición por parte de Kalandraka está muy cuidada, casi con mimo; y es de agradecer que se ponga tanto cuidado al elegir títulos y editarlos.

Calificación: Divertido.

Tipo de lectura: Fácil.

Tipo de lector: Todo aquel que tenga cuatro años o más. Gusta a cualquiera.

¿Dónde puede leerse?: En casa, en el parque, en el cole con los compañeros (llevar el libro al aula y compartirlo les hace especial ilusión).

Silvia Fernández San Benito

Cubierta de 'Pablo está de mal humor'

Dentro de la colección ‘Libros para Soñar’, Kalandraka acaba de publicar un divertido libro ilustrado para niños de cuatro o cinco años en adelante (si me apuran con tres y la imprescindible ayuda de los papás, sería igual de buena opción), titulado ‘Pablo está de mal humor’ y firmado por Natalia Shaloshvili. Tanto las ilustraciones como el texto son obra de la señora Shaloshvili.

El libro habla de la amistad y el vehículo que nos permite llegar hasta el centro del asunto planteado es el estado de ánimo del personaje principal, un gatito que no se encuentra del todo bien y que solo de la mano de sus amigos será capaz de sentirse feliz; unos amigos que representan la diversidad y la eliminación de prejuicios y estereotipos.

La paleta de colores de Natalia Shaloshvili va de los tonos más oscuros a los más brillantes y divertidos. Así, el estado de ánimo de Pablo se perfila con cada trazo que resulta detallista, intenso y muy cercano con los jóvenes lectores.

El texto es sencillo aunque la autora es capaz de incidir en la idea principal a base de hacer hincapié en esas ideas tan envolventes que nos hacen estar de mal humor o todo lo contrario.

El libro está muy bien, da lustre a la colección de Kalandraka y logrará que los pequeños lo pasen bomba leyendo solos o acompañados de adultos, hermanos o amigos.

Calificación: Muy bueno. Muy divertido. Muy recomendable.

Tipo de lectura: Amena, participativa.

Tipo de lector: Niños de 3 años en adelante.

¿Dónde puede leerse?: En casa, antes de salir a pasear o a lo que toque.

Silvia Fernández San Benito

 


En literatura todo es exactamente lo que debe ser. No sirve utilizar materiales que se puedan intercambiar entre ellos. Las respuestas a todo esto la encontramos en el narrador, en ese artefacto creado por el escritor que servirá para llegar hasta el lector.

Del mismo modo que una persona habla con otra estableciendo una relación, el narrador de un relato cuenta al lector (el narrador es la voz narrativa de ese relato y no el escritor, insistimos).

Pronto sabremos si quiere ser escuchado o tan sólo aspira a contar la parte de la historia que le interesa. No es lo mismo una cosa que otra, lógicamente.

El lector, por su parte, recibe un mensaje, o no lo hace, dependiendo de sus apetencias, de su estado de ánimo o de cualquier otra cosa. Y lo recibe de principio a fin; o deja de hacerlo pasado un tiempo más o menos largo.

Por tanto, el narrador puede contar desde el principio y el lector puede dejar de escuchar desde ese mismo principio, desde esa primera línea.

Lo difícil de esta relación entre lector y narrador no se encuentra en que el lector escuche y el narrador cuente. Pronto sabemos lo que ese narrador dice y eso no presenta dificultad alguna. Lo complicado es saber determinar por qué lo hace, qué pretende al hacerlo. Además, hay que sumar una complicación añadida: saber quién es ese narrador. Leer y enfrentarse a un narrador cualquiera es algo parecido a encontrarse con un desconocido del que no sabemos nada y comienza a hablarnos de algo nuevo. Alguno nos podría dar algún dato (nombre, apellidos o nacionalidad) aunque son pocos. Algunos nos dicen quienes son, pocos también. Cuando no tenemos datos suficientes podemos equivocar las conclusiones y, por tanto, enfrentarse a un narrador suele ser complicado.

Si queremos entender debemos dibujar al que dice con todo el detalle posible. ¿Sería el mismo relato 'La metamorfosis' de Kafka contada por el mismo Gregorio Samsa? ¿Entendemos lo mismo al escuchar una misma frase que pronuncia un niño o un adulto? Claro que no. No a todo. Por eso, saber quién nos habla es fundamental para realizar una lectura adecuada.

Si utilizamos la división fundamental entre narrador identificado (personaje que toma parte de la acción y del que sabemos cómo evoluciona a lo largo del relato) y narrador no identificado (narrador que no dice nada de sí mismo); tenemos la sensación de saber más en el primero de los narradores identificados. Y es verdad. Podemos saber quién es, con quién se relaciona o cómo trabaja. Sin embargo, eso es poco. Lo importante es la intención que tiene el narrador al contar. Y no hay que olvidar que el lenguaje es una herramienta algo traicionera, extraña e imprevisible.

 

Nicolai Gogol

Veamos el arranque del relato de Nicolai Gogol, 'Noche de mayo o la ahogada': «Una sonora canción fluía como un río por las calles del pueblo... Era el momento en que los mozos y las mozas, fatigados por los trabajos y preocupaciones del día, se reunían ruidosamente formando un corro bajo los fulgores de una límpida noche, para volcar toda su alegría en sonidos habitualmente inseparables de la melancolía. El atardecer, eternamente meditativo, abrazaba soñando al cielo azul, convirtiéndolo todo en vaguedad y lejanía». No sabemos quién nos cuenta esto. Sin embargo, si leemos con atención, podemos saber mucho de él. Las palabras que utiliza, la construcción de cada frase, nos va dejando claro que el narrador es, por ejemplo, alguien con un vocabulario extenso, con cierta lírica en su mirada; alguien que conoce el entorno al que se refiere... Y esa es la razón por la que hacemos de lo que dice algo nuestro. Comenzamos a leer y le damos la mano con la intención de acompañarle durante ese trayecto que comienza y no sabemos ni cómo, ni dónde acaba. Mirará por nosotros; entenderemos lo que quiere decir, a interpretar sus intenciones.

No hace falta decir que un narrador debe ser creíble. ¿Sería lo mismo leer la historia de un enfermo mental si el narrador fuese un médico especialista o el propio enfermo? Posiblemente, la historia contada por un enfermo mental no tuviera ninguna credibilidad. Sin embargo, eso mismo narrado por el siquiatra nos sonaría a verdad. Y no hace falta decir que ninguno de nosotros quiere escuchar al que no sostiene su discurso sobre la falta de fiabilidad. Si no nos fiamos, cerramos el libro y poco más. Si no nos convencen rápido, cerramos el libro y poco más. El lector tiene muy poca paciencia. Por esta razón, la primera página de un relato es fundamental.

En todo este proceso no pueden faltar las figuras fundamentales. Narrador, lector y escritor. El escritor es el que crea esa voz que llamamos narrador. Puede elegir entre cualquiera que se pueda imaginar. Tan sólo hay una condición: que el lector la tome por buena. Del mismo modo que, hasta finales del siglo XIX, el lector aceptaba un narrador omnisciente; en la actualidad, el narrador necesita una justificación para existir. No puede crearse una voz para contar historietas. Es necesario un sentido que aporte al lector una nueva forma de mirar y entender y que, por tanto, le convierta en algo necesario obteniendo la confianza y la atención del lector. Ya está dicho todo desde hace siglos y eso obliga al narrador a construirse desde un discurso lleno de sentido.

La literatura poco tiene que ver con lo que ya sabemos, con lo que ya entendemos. La literatura debe ser esa puerta al conocimiento que tanta falta hace cuando hemos apostado por la tecnología, por lo material y por todo aquello más pegado a lo que se puede tocar que a la imaginación o a la explicación de la realidad. La literatura no puede ser un territorio de diversión alejada de la reflexión. El lector debe enfrentarse al narrador y no al escritor, a ese artefacto literario que nos explicará la realidad como nadie lo haya hecho jamás.

Es por todo esto por lo que la elección del narrador es fundamental, por lo que, antes de escribir, cualquier escritor debe meditar sobre la construcción de una voz que convertirá su relato en algo prescindible o en una obra de arte.

G. Ramírez

Raymond Carver

Para un lector es sencillo seguir y entender la trama de un relato. Salvo que el autor juegue al ratón y al gato; o se ponga estupendo o imposible o todo al mismo tiempo mientras escribe; la trama (la historieta del relato) suele ser algo muy accesible para un lector medio. Pero al enfrentarnos a un relato de calidad, esta afirmación que parece una evidencia puede no serlo tanto como creemos.

Hay elementos técnicos en la narración que de no ser tenidos en cuenta hacen imposible la comprensión. Y no son trucos, ni trampas, ni cuestiones que se introduzcan con el fin de despistar. Eso ocurre cuando el autor no es bueno y se ve obligado a utilizar baratijas literarias para hacer creer al lector que tiene entre las manos algo mucho mejor de lo que realmente es; jugar con fuegos de artificio, generalmente, colocados cerca del desenlace de la trama.

Hay relatos que, efectivamente, están escritos para ser entendidos con facilidad. Poco más. La fuerza narrativa está en la trama. Todo se apuesta a una carta. La historia es buena y el autor la suelta creyendo que eso le gustará a cualquiera. Pero en estos relatos aparecen dos problemas fundamentales. Por un lado, es posible que esa potencia de la trama no sea para tanto, que, sencillamente, no guste. Y por otro, sucede que desde Homero ya está todo contado. Se le ha dado un montón de vueltas a lo que él trato en 'La Iliada' y en 'La Odisea'; pero, al fin y al cabo, lo que venimos leyendo desde entonces es lo mismo colocado de diferente forma. El amor es el amor, la venganza es la venganza o la guerra es la guerra; y esto provoca que apostar todo a la misma carta (la trama) se convierta en una jugada muy peligrosa. Entonces ¿dónde está la clave para escribir algo que merezca la pena y que pueda interesar a un grupo amplio de lectores? La respuesta es una sola: en el sentido que adquiere lo narrado a través del lenguaje. Hay que contar por algo, para algo, y sólo del modo en que se puede construir ese relato. Es decir, contar historias no es lo mismo que hacer literatura. Contar historias se soporta sobre una estructura muy simple y muy frágil; hacer literatura es un arte que no está al alcance de cualquiera y que reposa sobre un entramado técnico lleno de dificultades.

Son muchos los aspectos técnicos que marcan una narración para convertirla en algo especial. Por esa razón, gran cantidad de relatos quedan en tierra de nadie (estos son el noventa y nueve por ciento de los que se escriben). Pero el más importante, el que convertirá una historia (cualquiera) en única y exclusiva, es el narrador, la voz que fluye en el relato para contar al lector algo que sólo desde ese punto de vista se convertirá en universal y auténtico. Los tipos de narradores son muchos y están ligados a la distancia que separa a estos de la acción. Esa división que todos conocemos y que agrupa a los narradores en tipos (primera, segunda y tercera persona) es cosa del colegio y es cosa poco literaria, entre otras razones porque no explica la realidad a la que se enfrenta un lector ni, por supuesto, a la que se enfrenta un escritor. Hablemos mejor de narradores no identificados (los que cuentan lo que ocurre sin que sepamos de quien se trata) y narradores identificados (son narradores y, al mismo tiempo, personajes que intervienen en la acción). Y hablemos mejor de distancias entre narrador y acción. Hasta finales del siglo XIX, principios del XX, se utilizó una voz conocida como omnisciente. Esta era una voz que se colocaba a gran altura, que podía mirar el mundo desde una especie de trono celestial y que era capaz de hacer y deshacer cualquier cosa en ese cosmos que presentaba y había creado. Todo lo sabía, todo lo podía, cualquier lugar era accesible para él. Pero la evolución de la novela hizo que el interés de los autores se acercase, poco a poco, más al personaje que a esa explicación casi divina de la realidad desde la ficción. Y si hablamos de distancia, los narradores se fueron acercando a la acción, entraron en las consciencias de los personajes, fueron los propios personajes y pudimos comenzar a saber lo que ellos pensaban sin el filtro de un narrador no identificado (no es lo mismo conocer el pensamiento directamente que a través de alguien que elige una parte de esa reflexión o que la interpreta); pudimos saber qué pensaba el personaje al acercarnos a su propia forma de reflexionar, pudimos conocer al personaje en su plenitud. Hoy son muy habituales en las novelas los recursos como el monólogo interior o el flujo de consciencia (pensamiento puro); muy habituales y, en muchos casos muy chapuceros. Conseguir el efecto pensamiento es algo muy difícil que exige al autor una buena y extensa experimentación con el registro y, por su puesto, con el lenguaje. Está claro que no se pueden contar las cosas con un registro único; no puede narrarse un sueño con el mismo registro que utilizaríamos al recordar nuestro personaje) el nacimiento del primer hijo. Pero hay autores que parecen no saberlo o no entenderlo.

James Joyce

Antes de continuar, un aviso que es de vital importancia. El autor no es el narrador. El escritor crea esa voz al escribir, pero el narrador es un artefacto literario que tiene su propia alma, sus propias intenciones, que ve el mundo desde un lugar determinado. Si el autor es lo mismo que el narrador es que estamos leyendo un diario. No tener en cuenta algo tan básico nos lleva a leer superficialmente y, por tanto, a leer mal. Sirve esto mismo para los escritores: no distinguir entre el artefacto narrativo creado y uno mismo puede ser un gran problema.

Cada voz que se construye tiene una intención. Y esa es la clave. Será evidente o estará oculta. Será de la forma que sea, pero estará. Cuando cualquiera de nosotros (en la realidad que vivimos) contamos algo lo hacemos con una intención concreta. La de convencer, la de dar lástima, la de engañar... Y la literatura es una representación de la realidad. Por lo tanto, esa voz (aunque las reglas del juego de la ficción sean unas muy distintas) tendrá que construirse con una intención y deberá tener una intención. Al fin y al cabo, trata de representar lo que conocemos como alma.

Podríamos manejar cientos de ejemplos. Sin embargo, hay autores que son maestros en la elección de la voz narrativa. Uno de ellos es Raymond Carver. Nos servirá para ilustrar la idea expuesta. Por ejemplo, en uno de los relatos que componen su libro 'Vidas cruzadas'; 'Tanta agua tan cerca de casa'; construye una voz llena de intención que llena de sentido el relato. Es excepcional. Se trata de Claire, una mujer que vive junto a su marido y su hijo en un pueblo de Estados Unidos. Desde el primer momento, Claire intenta colocar al lector en un lugar muy concreto, allí donde ella parezca lo que no es, allí donde lo que nos va a contar parezca una certeza absoluta. Por ejemplo, nos dice que su marido y los amigos de este son buenos padres, gente sencilla. Al mismo tiempo, cuenta que este grupo de hombres han encontrado el cadáver de una mujer en el río en el que pescaban. Nos intentará llevar hasta su territorio: al mismo tiempo que se va a ir dibujando como una mujer guapa, inteligente y madre maravillosa, procurará que vayamos mirando desde la sospecha a su marido y amigos. Pero sin ser directa en su exposición. Dirá que beben a menudo, nos situará ante la duda, ante su miedo; eliminará todo el campo semántico que tenga que ver con el sexo para que no haya una sola duda sobre su buena reputación cuando, en realidad, Claire no deja de ver virilidad por todos los lados. Ella está viviendo algo insólito (el asesinato de una mujer y la implicación de su propio marido) y no está dispuesta a que eso no sea así: es la gran historia que vive una mujer provinciana que busca algo excitante para llenar su vida. Incluso una vez que se descubre al verdadero asesino insiste en dibujar una escena inquietante para que el lector se vea forzado a continuar dudando. Lógicamente, el lector experimentado no debe caer en la trampa que tiende Claire. Y aparece ese sentido buscado. Lo que cuenta la voz se aclara al interpretar, lo literal se convierte en enemigo. Claire no ha estado en el lugar del crimen y eso no se puede olvidar. No hace falta decir que sería muy recomendable que leyesen este relato. (Continuará)

G. Ramírez

Miguel de Cervantes escribió ‘El Quijote’. Pero también dejó obras menores muy interesantes que un buen lector no debe dar de lado. El conjunto de las llamadas ‘Novelas Ejemplares’ son unas excelentes narraciones que dibujan un mundo nuevo desde la literatura y que, también, modifican esta hasta los cimientos.

Una de esas novelas es ‘La Gitanilla’. Relata (por supuesto desde la omnisciencia) la historia de una muchacha gitana extraordinariamente bella, cantante única y bailarina sin posible rival. Viaja por el mundo acompañada de una gitana vieja y del resto de gitanos que acampan en sus ranchos a las afueras de las ciudades. Entre ladrones y gentuza destaca la mujer por su bondad y sensatez. Todo el que la ve se queda prendado. Uno de ellos decide dejar lo que es para conseguir su amor eterno. Un caballero que se mete de lleno en el mundo de los delincuentes. Después de muchas peripecias, la gitana resulta ser otra cosa distinta y el caballero no puede dejar de serlo.

Con un ritmo narrativo modernísimo para el momento en que Cervantes escribió la obra, la novela nos lleva de un lado a otro sobre una excusa permanente: los celos. Y nos deja reposar sobre el verdadero tema que el autor trata: la condición humana, perpetua y que no puede modificarse. Ni por desconocimiento del sujeto, ni por cambios a mitad de camino.

Los personajes aparecen con potencia desde el principio. Creíbles puesto que Cervantes elige los rasgos precisos para que el perfil sea exacto. No hay despistes durante la narración. Ni trampas. Una novela limpia. Casi moderna.

No es ‘El Quijote’, pero es Cervantes.

Es una novela que se lee en los institutos. Mala cosa. A esa edad, tal vez, no sea lo más adecuado. Una opción es leerla al mismo tiempo que los jovencitos de la casa. Siempre viene bien una buena compañía al hacer las cosas impuestas.

Calificación: Estupenda.

Tipo de lectura: Muy ligera y divertida. Muy poco exigente.

Tipo de lector: Si se trata de Cervantes cabe cualquiera.

Personajes: Muy bien dibujados.

Engancha desde el principio. No sobra nada aunque Cervantes como poeta era flojito y los poemas de la novela son mediocres.

¿Dónde puede leerse?: En cualquier lugar del mundo.

G. Ramírez

Paulino Uzcudun

Paulino Uzcudun e Isidoro Gaztañaga fueron los mejores pesos pesados de la historia del boxeo español. Uzcudun fue tres veces campeón de Europa. Gaztañaga no logró ningún título importante puesto que se cuidó poco, bebió mucho y no se dejó aconsejar.

El boxeo que se practicaba durante los años 20 y 30 se parece poco al que podemos ver hoy en día. Sin embargo, lo que nunca ha cambiado y, seguramente, nunca lo hará, es todo lo que rodea este deporte. Mientras que la técnica deportiva se ha depurado, mientras los materiales y los procesos de entrenamiento sí han evolucionado enormemente, los boxeadores suelen seguir siendo víctimas de lo que les rodea. Personas aprovechadas, gorrones, managers sin escrúpulos. También de su propia ignorancia. Lógicamente, no todos los casos son similares aunque un alto porcentaje de púgiles suelen caer en redes de indeseables que llenan sus arcas a costa de la bondad del boxeador. Es verdad que otros se bastan por sí solos para acabar sin un céntimo, con el cerebro lleno de agujeros y una botella de alcohol en cada mano. Los menos.

El mundo ha cambiado, los deportes han cambiado, los entornos de los deportes en los que se mueve gran cantidad de dinero siguen intactos.

Cuando Paulino Uzcudun comenzaba a boxear, el mundo estaba convirtiéndose en algo muy distinto a lo que había sido hasta ese momento. El boxeo ya era ese lugar de la realidad elegido por muchachos que creían poder hacerse ricos a base de repartir puñetazos sobre un cuadrilátero. Solo algunos de ellos lo conseguían mientras que cientos de ellos recibían como pago una buena dosis de pobreza y daños cerebrales irreversibles. El boxeo era el lugar de la realidad en el que muchos hacían caja convertidos en trituradores de púgiles que se dejaban media vida peleando para nada.

Isidoro Gaztañaga

Poco después de que Uzcudun decidiera ser boxeador, otro muchacho guipuzcoano se subía al ring. Su nombre era Isidoro Gaztañaga.

Dos comienzos muy parecidos con dos finales opuestos. De Gaztañaga siempre se habló bien. De Uzcudun no.

Ambos se cuidaban lo justo, ambos fueron gastando lo que ganaban en caprichos, en ostentación, en regalos que daban lustre a sus aventuras amorosas. Uzcudun llego a verse envuelto en el escándalo del estraperlo mientras Gaztañaga iba de burdel en burdel, de depresión en depresión. Fueron amigos antes de convertirse en enemigos absolutos aunque, curiosamente, nunca cruzaron los guantes entre las doce cuerdas. Cuando parecía que se podría organizar una pelea entre los dos algo aparecía y hacía imposible que así fuera. La historia de estos dos deportistas es larga y está llena de matices que hacen del ella un relato intenso y muy, muy, interesante.

Eso es lo que nos presenta Joxemari Iturralde en 'Golpes de gracia', un libro con tintes históricos y periodísticos en el que nos cuenta la historia de ambos púgiles y que no deja de ser la historia de muchos y el relato de un cambio que afectó al mundo entero.

Desde el París de los años 20, la vida en los caseríos y pueblos vascos durante esa época, hasta la guerra civil y mundial. No entra el autor en detalles aunque sí logra que entendamos a los protagonistas coloreados en el entorno que les toca vivir. El libro, novelado, se divide en 26 capítulos. Cada uno de ellos se llama igual que la mujer que interviene de forma protagonista (en uno de ellos el nombre es doble). En realidad, esas damas fueron las que irían marcando la vida de Uzcudun y Gaztañaga: primeras novias, primeras juergas, relaciones peligrosas, juegos sin solución en las alcobas.

El autor no oculta su preferencia por lo que representó Isidoro Gaztañaga ni su rechazo por lo que terminó siendo Uzcudun. Tampoco oculta su gusto por la forma de entender el mundo del pueblo vasco.

Aunque los personajes principales son Paulino e Isidoro, desfilan por las 162 páginas de 'Golpes de gracia', otros singulares y, por supuesto, alguno de gran importancia como, por ejemplo, el doctor Ladis Goiti que sirve como hilo conductor del relato.

El libro es muy entretenido y la lectura resulta fácil y amena. Es, en realidad, un relato de trama en la que la carga expresiva no abunda. Los alardes estilísticos son pocos. Pero tampoco parece que sea otra la intención del autor. En ese sentido, la novela es honesta. No hay búsqueda de imágenes que se queden en nada o retórica vacía. Iturralde quiere contar y lo hace con la claridad de la sencillez estilística.

'Golpes de gracia' es un buen libro para acercarse al boxeo de la época, para entender qué es lo que pasaba por la cabeza de algunos boxeadores, para intuir cómo se desarrolló y lo que supuso la guerra civil española (sin ser el tema principal se pueden ver algunos detalles interesantes).

Si les interesa el boxeo no duden en buscar un ejemplar.

G. Ramírez

Chimamanda Ngozi Adiche

Editado por Radom House y traducido por Javier Calvo (con acierto, enorme respeto por el original y gran delicadeza) este texto de Chimamanda Ngozi Adiche, se ha convertido en imprescindible para comprender el feminismo actual. ‘Todos deberíamos ser feministas’ es, en realidad, la transcripción de una conferencia de la autora dictada el año 2012 en TEDxEuston dentro del marco de un simposio centrado en África.

La autora habla del descubrimiento (propio) del feminismo y de las connotaciones negativas que acarreaba esa palabra entre los hombres; habla de cómo tuvo que ir adornando su feminismo (con finísima ironía, por cierto) con calificativos y, así, ser aceptada por los que creen que el feminismo es algo terrible y sectario. Habla de la normalización de la falta de oportunidades de las mujeres; de los estereotipos que arrastran las sociedades que convierten a las mujeres en personas gregarias y dependientes del hombres, del poder del hombre en una sociedad que ha evolucionado en todo salvo en las ideas de género. 

Una pregunta que aparece en el texto es ¿educamos bien a nuestros hijas? ¿Y a nuestros hijos? La autora contesta y reflexiona de forma muy interesante para llegar a la conclusión de que hombres y mujeres son biológicamente distintos y que la ‘socialización exagera las diferencias’, y que la actitud y mentalidad de la mujer debe cambiar radicalmente para educar a los hijos centradas en las capacidades y no en el género. Y habla de un aspecto muy interesante que tiene que ver con el uso del lenguaje, con la negación del problema a través de expresiones y preguntas tramposas y cicateras. En definitiva, Chimamanda Ngozi Adiche habla de un problema cultural arraigado en las sociedades del mundo entero.

Este pequeño libro se puede decir en una sola frase: ‘soy feminista porque creo en la igualdad social, política y económica de los sexos’; algo con lo que la inmensa mayoría de los hombres y mujeres del mundo están de acuerdo.

El texto es muy divertido, muy equilibrado y asequible para todo tipo de lector. Merece la pena acercarse a él sin prejuicios y leer con atención, buscando las coincidencias con la forma de pensar propia y sorprenderse, tal vez, al saber que uno es feminista sin fisuras.

Calificación: Excelente.

Tipo de lectura: Agradable, fácil, evocadora y muy necesaria.

Tipo de lector: Hombres y mujeres de todas las edades. Este texto debería debatirse durante la sobremesa en casa, en la escuela…

¿Dónde puede leerse?: Se puede leer en cualquier lugar. Un texto así es universal hasta para eso.

G. Ramírez

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