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Dos minutos, cuarenta segundos y una novela

Enfrentarse a la realidad a través del relato es la única forma de entender lo que ocurre a tu alrededor. De hecho, sin relato el ser humano sería otra cosa distinta a la que es, seguramente tendría que volver a resguardarse en una cueva hasta desaparecer. Necesitamos que nos cuenten la vida, pasarla a limpio cada mañana, contarla nosotros a otros, o contárnosla a nosotros mismos. Y si la realidad se tiñe del color de la ausencia de alguien al que hemos querido el relato es más esencial que nunca.

‘Rosa’ es un cómic firmado por Alfonso Casas Moreno que sirve al autor como herramienta terapeútica para superar la pérdida de sus padres. Se centra la acción en la muerte más reciente (la de la madre) y Casas Moreno nos invita a participar de su ‘duelo anticipado’, de la ‘pérdida’, de la ‘negación’, la ‘ira’, la ‘negociación’, el ‘desconsuelo’ y la ‘aceptación’, que él mismo experimento y comparte con los lectores.

El tebeo está muy bien editado por parte de Random Cómics (sello de Penguin Random House), bien entintado, bien planificado por Casas Moreno diseñando las páginas con inteligencia para que el relato se entienda bien con todos sus matices. El trazo trata de ser tan limpio como es posible y los detalles abundan a lo largo del relato. El texto está bien aunque el autor transita peligrosamente sobre la línea que divide lo poético de lo ñoño.

Sea como sea, hablar de la muerte para entender la vida es un reto siempre difícil que Alfonso Casas Moreno ataca con decisión para lograr hablar desde las entrañas y para que llegue a otras en circunstancias parecidas; y no fracasa en el intento, cosa que no es poco dadas las dificultades que suelen arrastrar asuntos como la muerte, la ausencia, el dolor o los miedos y fantasmas que nos acompañan.

Muy recomendable para todos aquellos que se acercan al cómic buscando calidad y perspectivas originales.

Calificación: Buen trabajo.

Tipo de lectura: Envolvente.

Tipo de lector: Todo aquel que sienta una ausencia, la haya sentido o espere sentirla.

¿Dónde puede leerse?: En el parque, sentado de cara al sol puesto que el libro es una celebración de la vida.


G. Ramírez

No hace mucho, en España se podía matar impunemente si la razón era defender las ideas de un grupo de militares golpistas; se podía morir por nada si la razón era cualquier cosa. España, hasta hace poco, era una enorme cárcel para millones de personas.

Jaime Martín, autor de trabajos como 'Lo que el viento trae' o 'Las guerras silenciosas', cuenta en este cómic una historia que comienza en 1936. En febrero de ese año, el frente popular ganó las elecciones. Unas semanas más tarde arranca la historia de Isabel, una mujer que vive en Melilla y sufre las consecuencias de lo que resultó ser un golpe de Estado sangriento que se convertiría en la Guerra Civil española.

'Jamás tendré 20 años' es la historia de los abuelos del autor. Y eso se nota en cada trazo, en los cuidadísimos diálogos. El cariño que demuestra Jaime Martín es más que importante. La cantidad de detalles que se incorporan en las viñetas realzan un guion que ya es en sí mismo una buena narración.

Isabel escapa de Melilla. Allí quedan tendidos en una cuneta sus amigos. Viaja hasta Nador y, de allí, a Barcelona. Logra, así, cierta tranquilidad. El cómic da la mayor de las importancias a los personajes (en este caso personas de carne y hueso) y toda la estructura narrativa está al servicio de estos. Así, la primera parte nos muestra cómo Isabel y el que sería después su marido viven sus propias experiencias sin conocerse. A continuación, los encontramos juntos durante una postguerra en la que la creatividad y la capacidad de trabajo fueron esenciales para sobrevivir. Si lo que les sucede a los personajes tiene un gran interés, ese retrato de una España castigada por la violencia, la venganza y la injusticia, se hace protagonista. Solo de este modo, con trabajos como este, podemos llegar a entender lo que sucedió.

Merece la pena echar un vistazo a 'Jamás tendré 20 años'.

Calificación: Muy bueno.

Tipo de lectura: Amena, muy interesante.

Tipo de lector: Nadie queda excluido. Muy recomendable para los jóvenes.

Argumento: El amor lo puede todo. La injusticia y la venganza, no.

¿Dónde puede leerse?: En el parque, mientras brilla el sol.

G. Ramírez

Las historias de amor que nos han contado desde siempre tendieron a la perfección, a tener un final tan feliz como improbable. Y el amor es de todo menor perfecto. Jim y Lounis Chabane firman este cómic en el que se aborda el amor como posibilidad de fracaso y motivo de amargura.

'Héléna' es un cómic que habla de la imposibilidad de amar sin que te amen, de cómo los seres humanos buscamos refugios de todo tipo para escondernos de una realidad tan antigua como las personas: nadie es querido con la intensidad deseada, en el momento oportuno, ni por la persona que más feliz nos haría. Nadie reconoce que el amor es motivo de enormes y repetidos fracasos. Nadie reconoce que sentimos vértigo, mucho miedo, ante la falta de amor o frente a un amor no correspondido.

Jim, guionista del cómic, nos lleva por sendas que nos interesan mucho a todos por ser universales y válidas en cualquier momento. También hace alguna trampa narrativa para enganchar a lector, pero se le perdona puesto que el conjunto es bueno. Llena de giros la trama, trata de sorprender y tira de la cuerda al máximo provocando que la acción se coloque en el límite de la credibilidad. En algún momento, es mejor fingir que no tenemos en cuenta algunas de las cosas que suceden; en algún momento es mejor no preguntarse por algún aspecto de la historia. Porque, en realidad, está muy bien. A pesar de esa tendencia a la exageración con las cosas del azar, el resultado está muy bien.

El dibujo de Lounis Chabane es precioso. Detallista, de trazo fino y más que agradable para el lector, lleno de expresividad (los personajes parecen poder decir cosas con el gesto, con la mirada). Es un dibujo realista que matiza mínimamente las cosas. La pena es que el formato del cómic es mucho más pequeño de lo deseable. Con ese tamaño de caja no se puede disfrutar de la cantidad de detalles que nos ofrecen.

'Héléna' es un tebeo que puede gustar a muchos porque lo que cuenta, en esencia, nos pasa alguna vez a todos. Es muy agradable de leer y nos recuerda que, casi siempre, es más difícil dejarse querer que amar sin condiciones. Somos así.

Nirek Sabal

Biopic que narra los primeros años de vida del genio del jazz Django Reinhardt, una persona que no era capaz de leer una partitura porque no sabía (ni partituras ni libros) aunque podía tocar cualquier canción después de escucharla. Una maravilla de tebeo.

Django Reinhardt fue uno de los guitarristas más importantes del mundo. Creó el jazz gitano que mezclaba lo que se conoce como swing (tener swing es otra cosa que tiene que ver con colocar cada nota en el lugar exacto y que, también, a este músico le sobraba) y la música tradicional romaní. Y era un genio. Un auténtico genio de la música, un virtuoso de la guitarra. Y un hombre al que el vicio por el juego, su particular organización desastrosa y una búsqueda de la libertad constante, le marcaron decisivamente.

'Django. Mano de fuego' es un cómic que cuenta desde el nacimiento de este músico gitano hasta que cumplió los 20 años y sufrió un accidente que le dejaría una cojera perpetua y dos dedos de la mano izquierda inutilizados. Django Reinhardt se recuperó del accidente con enormes secuelas para poder seguir haciendo música, pero logró lo que solo un portento puede hacer: tocar la guitarra mejor que nadie, con más swing que nadie, tan rápido que la vista no alcanzaba a descubrir cómo era capaz de hacerlo.

En este tebeo nos mostrarán a los diferentes personajes que marcaron la vida de Django. Su madre, las que fueron sus grandes amores, su hermano que terminaría tocando en su banda, los gitanos que vivían con la familia Reinhardt en la Zone (una zona de las afueras de parís en el que acampaban los gitanos que iban y venían por Europa). Nos mostrarán el París de la época, cómo Django comenzó a deslumbrar en el ámbito del Bal-Musette, cómo los músicos de la época vivían y disfrutaban en las tascas. Y con esos ingredientes logramos entender las motivaciones del músico y nos acercamos a intuir que su genialidad era el resultado de lo que era él y sus propias circunstancias.

El guion de Salva Rubio es conciso, casi quirúrgico; económico y expresivo; resultado de una labor de documentación profunda y exhaustiva. Al terminar el tebeo nos encontramos con 15 páginas firmadas por este guionista en las que nos cuenta algunos de los entresijos de la obra. Como es lógico, la obra esta muy próxima a lo que sucedió en realidad aunque incluye zonas expositivas de ficción.

El trazo es exquisito. Lo firma Ricard Efa. Este dibujante ya formó tándem con Salva Rubio para entregar 'Monet. Nómada de la luz'. Las viñetas están completamente llenas de detalles que explican lo que sucede, que matizan la acción. La música casi se puede escuchar en las viñetas. El uso de las páginas es muy clásico y eficaz. Y lo que deslumbra es el entintado. Precioso.

Una excelente oportunidad de hacer un regalo estupendo en estas fiestas navideñas que llegan. Norma Editorial ha vuelto a acertar con la elección del este título.

Calificación: Estupendo.

Tipo de lectura: Fácil, poco exigente aunque cautivadora. Se escuchan fusas, corcheas y redondas mientras se lee.

Tipo de lector: Amantes del jazz manouche y del cómic.

¿Dónde puede leerse?: En París, claro. Pero si estas en Sevilla o en Madrid o en Barcelona... es lo mismo. Solo era una sugerencia.

G. Ramírez

Esta es una selección de tebeos que no pretende mostrar ni lo mejor, ni lo más novedoso. Aunque algunos de ellos son verdaderas joyas, lo que sí tienen en común todos ellos es una posibilidad oculta entre sus páginas para que el lector la aproveche: quedar prendado para siempre de este género. El tebeo siempre fue una mina de lectores, una forma única de generar el hábito de lectura entre los jóvenes; de acompañar los momentos de reflexión y diversión teniendo un libro entre las manos.

El dibujo es una forma de expresión tan antigua como el propio hombre. El relato también aunque, este, no se verbalizase desde el primer momento. La suma de ambos es una de las formas de construir arte más atractiva, divertida y simpática.

¿Quiere usted adentrarse en un mundo extraordinario? ¿Quiere que sus hijos comiencen a leer y a disfrutar? Quítese los prejuicios de encima. Y pase, por favor.

La puerta de entrada

(‘Café Budapest’, Alfonso Zapico). Publicado por Astiberri en 2008. Se trata de un buen tebeo aunque el autor –en ese momento- no contaba con la madurez exquisita que exhibe actualmente. Eso se deja notar sobre todo en una forma de narrar que es demasiado evidente, unas veces, y demasiado cercana al mensaje propio de un idealista que repite formas algo arquetípicas, otras. En algún momento la lectura se desliza hasta zonas algo blandas que rechinan y hacen que el lector se pregunte cómo es posible que esos altibajos sean posibles. Se compensan las dudas y el excesivo uso de lo explícito con un buen trazo cercano a un realismo que se disfraza de caricatura o casi. Es decir, es un tebeo que puede servir como banderín de enganche.

Narra un momento de la vida del joven judío Yechezkel Damjanich. Sitúa el comienzo de la trama en Budapest durante el año 1947. El muchacho, junto a su madre (superviviente de un campo de exterminio nazi), viajan a Jerusalén invitados por su tío. En la ciudad conviven todo tipo de personas, todo tipo de religiones, bajo la custodia inglesa. Y llega el momento en que la ONU decide repartir el territorio palestino. Es el final de cualquier tipo de convivencia posible. El desastre, que ya se veía llegar, se instala en ese territorio y la violencia aparece para acabar con todo.

Zapico reviste la idea central con historias de amor, con momentos pasados de algunos personajes, con la desintegración del presente, intentando explicar lo que sucedió allí, en Jerusalén, una vez que los británicos se retiraron dejando a su suerte a miles de personas.

‘Café Budapest’ es un buen cómic. Seguramente, hoy, este autor, elegiría otra forma de hacer las cosas. Eso es algo que siempre ocurre. Pero, sin embargo, conviene echar un vistazo al trabajo porque contiene detalles estupendos (casi todos desde el dibujo, puesto que el texto peca de ser inocente en exceso). Su lectura es muy amena, muy sencilla y, por tanto, la comprensión es muy accesible.

La ironía

(‘Pyongyang’, Guy Delisle). Excelente novela gráfica firmada por Guy Delisle que narra su paso por Corea del Norte. El trazo es maravilloso y los textos rebosan ironía, una crítica brutal al régimen que instauró Kim Il-Sung (presidente de la nación aún después de muerto).

Miedos, un control feroz de la población (física y mental); situaciones absurdas diseñadas para honrar el nombre de un dictador (del padre y del hijo) egocéntrico, paranoico y delirante; falta de un mínimo sentido del humor del que un ser humano no puede prescindir o cosmética para una vida terrible.

Muy recomendable para los jóvenes. Sabrán qué es vivir bajo un régimen dictatorial, sin una sola esperanza. Y comprobarán que hay muchas formas de arrimarse a la literatura sin pasar calamidades intelectuales, ni ratos aburridos. Pero es muy recomendable para los adultos, también. No está mal saber qué es lo que se cuece a la vuelta de la esquina. Uno no sabe si partirse de risa desde la primera viñeta o echarse a llorar desconsoladamente. Cada lector tendrá que elegir.

La vida

(‘Arrugas, Paco Roca’). El autor consigue una excelente obra que habla de la vejez, de los problemas médicos que lleva añadidos y de cómo una vida se va deshaciendo para convertirse en una existencia plena. Lo hace ilustrando sus textos de forma inteligente y muy sugerente para el lector. Lo hace mirando y dibujando su propio mundo porque, según dijo él mismo, el reflejo en el espejo (cuando se mira) comienza a parecerse al de su padre y eso significa que se está haciendo mayor.

En este cómic se mezclan las diferentes historias de diferentes personajes y, al mismo tiempo, cada trama se dibuja junto al pasado que mueve a los protagonistas. Una historia deliciosa, tierna, sin efectos lacrimógenos, bien contada y universal. Sirve a los mayores y sirve a los que van camino de serlo.

El mundo

(‘No te olvides de recordar’, Peter Kuper). Querer entender el mundo desde lo enorme es una opción. Querer entenderlo desde lo particular, desde la miniatura, es otra. ¿Qué es mejor? La respuesta tiene que ver con el talento del que muestra. Y en el caso de este cómic se acerca a la alternativa de lo personal, de lo íntimo, de lo bueno convertido en grandioso.

Kuper es un dibujante magnífico y un narrador con oficio y duende. Desde sus propias experiencias nos cuenta una época de la historia norteamericana y fija las bases de lo que puede llegar a ser, del camino que seguimos transitando muchos.

l dibujo es la palanca que mueve el mundo de Kuper en ‘No te olvides de recordar’ (título que nos hace pensar en una famosísima frase del guion de la película ‘Memento’). Aunque es la trama de esta novela gráfica lo que aporta el combustible suficiente para que la maquinaria funcione al 100 por cien.

Se mezclan recuerdos, ideas abandonadas, el mundo editorial, la relación de pareja, la paternidad, desafecciones ideológicas, obsesiones y amistad. Se mezclan para que el resultado sea atractivo, divertido y, ciertamente, profundo.

Utiliza el blanco y negro para representar el tiempo actual y un tono rojizo cuando quiere recordar o imaginar (en esta obra); lo que ayuda al lector a seguir un ritmo narrativo que impone el autor, no difícil, aunque sí exigente. El trazo, aunque lo modifica en ocasiones dependiendo de lo que cuenta, es cuidado y detallista. Todo se encuadra en un diseño de página que recuerda al resto de su obra.

Lo social

(‘Los combates cotidianos’, Manu Larcenet). Con un carácter claramente social, Larcenet rebusca en los temas que más le interesan a lo largo de una trama que mantiene un ritmo narrativo excepcional. La vejez, el compromiso personal con otros y con uno mismo, la paternidad, el papel de un hijo, el pasado, el perdón, el trabajo o las diferencias sociales, son algunos de los asuntos que enfrenta el autor. Pero el tema central es la construcción del mundo desde lo que puede parecer insignificante por pequeño, o lo que es igual, la construcción de un pilar ideológico desde lo cotidiano.

El dibujo está al servicio de la trama y se ajusta como si fuera un guante a las intenciones narrativas del autor. Al mismo tiempo, lo escrito deja el hueco justo a lo gráfico para que el conjunto aparezca como un solo objeto en el que todo está porque es imprescindible.

Marco, el personaje principal, recorre un tramo de su vida con la angustia en la punta de los dedos. Le acompañan un puñado de personajes secundarios que abrirán nuevos caminos de comprensión de un mundo muy pegado a la realidad, muy reflexivo y marcado por un desarrollo ideológico potente y muy necesario en los tiempos que corren. Tal vez, para los más jóvenes, sea una entrada dorada al mundo de las relaciones sociales, al mundo de las relaciones con el trabajo, al mundo entero.

El homenaje

(‘Hicksville’, Dylan Horrocks). Imprescindible. El tebeo de Dylan Horrocks es una joya del género. Divertido, profundo y ácido, se presenta como un homenaje al cómic, a sus autores y a la forma de vida que representa (para bien o para mal) eso de contar historias utilizando buena parte de nuestros recursos (dibujo y palabra).

En un blanco y negro demoledor (esto es posible que haga dudar al posible lector) cuenta la historia de un crítico de tebeos, de un escritor de cómics pequeños y muy personales, de un famoso autor, de un faro extraño que contiene un secreto, de amores, de lo cotidiano. Las piezas que van apareciendo, poco a poco, encajan sin forzar la maquinaria narrativa, con precisión. Los gráficos se van acomodando a lo que se cuenta en cada momento convirtiendo el libro en un conjunto magnífico de registros.

No es extraño que este tebeo sea uno de los más vendidos en el mundo o que esté traducido a diferentes idiomas. No es extraño que se convirtiera en un tebeo de culto con rapidez. No es extraño que los aficionados al tebeo lo recomienden siempre que pueden. Como yo hago desde aquí.

La obra maestra

(‘Maus’, Art Spiegelman). Parece que la muerte impide que podamos expresar algunas cosas. Es como si faltáramos el respeto de forma grotesca al muerto cuando, en realidad, lo que hacemos es seguir pensando lo mismo que antes de la falta. Sabíamos qué cosas no nos gustaban. Y seguimos teniéndolas muy claras. Y muy ocultas. Es parte de lo absurdo que tiene la muerte. Nos hace enanos, miedosos.

Un escritor debe de tener muy claro que, a través del relato, pone en juego gran parte de lo que es, de sí mismo. Es verdad que la ficción maquilla mucho todo lo que de autobiográfico pueda tener una novela, pero el autor conoce perfectamente donde ha dejado la parte que arriesga. Al escribir, aparecen las experiencias que dejaron buen poso y las que fueron o están siendo horribles. Todas. Y para eso hay que estar preparado. Con el lector, al contaminarse de lo que dice la obra, pasa lo mismo.

Sin riesgo no puede haber literatura. La falta de libertad al escribir es la ruina de cualquiera que quiera hacerlo.

Un excelente ejemplo de todo esto se encuentra en la novela gráfica ‘Maus’ de Art Spiegelman.

Con el holocausto judío de fondo (no deja de ser un vehículo narrativo y mucho menos importante de lo que puede parecer), Spiegelman habla de la relación de un padre con su hijo, de cómo puede odiar ese hijo a la vez que adora a su padre, de cómo el peso de una narración puede hacer que te difumines llegando a tener problemas mentales graves, de la intención de un autor y de cómo recibe el mensaje el lector, de los fantasmas familiares, del suicidio, de la muerte, de los tópicos que existen aunque lo sean y, sobre todo, de cómo puede escribir un hombre sabiendo que aquello sucedió y de las consecuencias que tendrá en su entorno.

El cheque en blanco

(‘Persépolis’, Marjane Satrapi). El cómic es una fuente inagotable de la que pueden beber lectores potenciales de novela, poesía o ensayo. Un buen tebeo exige un esfuerzo menor por parte de los muchachos que se acercan a los libros y, lamentablemente, ese es un aspecto muy importante entre los jóvenes. Aunque, a decir verdad, esa exigencia menor no es tal puesto que muchos cómics encierran grandes mensajes, grandes ideas y capacidades expresivas de primer nivel.

Uno de esos tebeos, de los que pueden servir para abrir la puerta de la literatura a más de uno, de los que se leen con facilidad, de los que encierran mensajes certeros y profundos y de los que pueden enganchar al mundo del libro a los jóvenes, es ‘Persépolis’. Lo firma Marjane Satrapi, iraní de nacimiento, progresista y excelente artista.

La protagonista de la narración es ella misma. Desde que, siendo niña, asiste a la llamada Revolución Islámica hasta que viaja a Francia para instalarse allí definitivamente. Irán, Austria, Irán y Francia. Niñez, juventud, un primer matrimonio, el fracaso. Padre, madre, abuela, amigos, novios. Todo aparece y desaparece dejando una huella inmensa, tanto en la protagonista como en el lector. La igualdad de la mujer, el problema racista, el fanatismo ideológico y religioso, la guerra, la política internacional. Todo visto desde un punto de vista irónico y coherente. Sobre todo, visto desde la esperanza y envuelto en un mensaje consolador.

El trazo de Satrapi es sencillo, casi descuidado. Aunque efectivo y demoledor cuando toca. En un blanco y negro que artísticamente cumple con el objetivo y define claramente un mundo que nos presenta la autora de forma descarnada, trágica y honesta. Hace, además, un uso del papel muy inteligente cuando aumenta las imágenes que marcan la narración de forma definitiva.

Por supuesto, es un libro muy recomendable para jóvenes. No puede fallar. La historia, casi en su totalidad, les parecerá cercana y no perderán interés en ella.

Ya sé que faltan muchos tebeos de los que se pueden decir maravillas. Prometo más entregas. Sin falta. De momento vayan leyendo.

G. Ramírez

'Ariol, un burrito como tú y como yo'. Un cómic. Unos personajes entrañables. El trazo de Marc Boutavant presentando un universo accesible, divertido y exclusivo a lectores que pueden ir de los 8 ó 10 años a los 90 ó 100. Con adultos ayudando a leer la cosa puede arrancar a los 4 ó 5 años. Y no es una exageración de la que escribe. Ariol protagoniza historietas cortas que gustarán a cualquier lector. Sobre todo porque las tramas que desarrolla Emmanuel Guibert son estupendas. Buscan un núcleo muy fácil de localizar por parte del lector y termina ofreciendo finales llenos de moraleja y sentido del humor. Nada de moralina barata. Los niños y jóvenes se verán reflejados en cada viñeta aunque los adultos también (para eso somos capaces de recordar).

La colección protagonizada por el burrito Ariol tiene gran fama en Francia y se ha traducido a distintos idiomas de todo el mundo. Ahora, en España es HarperKids, el sello de literatura infantil y juvenil de HarperCollins Iberica, el que nos lo acerca. Muy bien editado.

Todos los personajes son representados como diferentes animales que concentran sus tópicos, sus problemas y sus cargas, para que Guibert juegue a contarnos nuestro propio mundo utilizando una ficción con pinta de ‘cosa de niños’. Ya les digo yo que los adultos encontrarán cosas que les toca muy de cerca. Estupenda noticia que Ariol comience a editarse con regularidad en España.

Calificación: Excelente.

Tipo de lectura: Divertidísima. Más profunda de lo que pudiera parecer.

Tipo de lector: Niños, adultos, ancianos.

Argumento: Distintas historias cortas nos enseñan el día a día de familias enteras.

¿Dónde puede leerse?: En compañía de los padres, de los hijos, de los nietos... De lo que toque.

Silvia Fdez. San Benito

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