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Dos minutos, cuarenta segundos y una novela


Detrás de un objeto siempre encontramos la historia protagonizada por una persona, algunas veces por varias y muy pocas la de cientos de miles de personas, tal vez la de todos nosotros. Esos objetos se convierten, de inmediato, en esenciales para que entendamos lo que somos.
Si después de Auschwitz la poesía parecía morir para siempre, después de Hiroshima y Nagasaki todo el planeta se tiñó de un gris plomizo que no nos ha vuelto a abandonar ni un sólo minuto. Sin embargo y por fortuna, la realidad siempre ofrece inesperadas agarraderas que se ofrecen llenas de posibilidades, de ventanas nuevas y de nuevas formas poéticas. De otra forma, el futuro sería incierto para el ser humano.
Una de esas ventanas se titula ‘La espera’, un delicioso libro firmado por Arthur Binard (texto) y Tadashi Okakura (fotografías), y traducido por Kazumi Uno. ‘La espera’ nos cuenta Hiroshima desde los objetos, desde las sombras, desde el deseo de un futuro libre de violencia, de efectos que parecen perpetuos llegados desde la fisión nuclear, desde la historia de hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas, desde los japoneses y algunos norteamericanos muertos tras la explosión de una bomba terrible que nunca debería haberse fabricado. Ni siquiera pensado.

Un reloj, unos guantes, una lata de comida, un vestido, una jarra, unas lentes, un diario, unas llaves, unas botas, unas prótesis dentales, una bolsa de tela, unas canicas, una gorra y un banco de la calle, nos hablan de las personas a las que pertenecieron o utilizaron, de un instante brutal que acabó con todo y todos los que estaban cerca. En realidad, cuentan la historia de todos nosotros puesto que somos lo que somos gracias a lo que ha sucedido durante siglos y siglos atrás. Cada imagen de esos objetos se acompaña de un texto evocador y delicado que recuerda a las personas protagonistas, que resume a la perfección lo que ha sido el mundo tras la bomba de Hiroshima.
La edición del libro está muy cuidada como ya acostumbra la editorial Kalandraka al presentar sus nuevos títulos y podría ser un bonito regalo estas navidades o un libro de lectura para los niños junto a sus padres durante todo el año.

Calificación: Delicado, necesario, más que interesante.
Tipo de lectura: Amena, rápida y puede hacerse por partes y sin orden lineal.
Tipo de lector: Los más pequeños junto a los padres aunque a partir de los diez años es un libro que gustará a cualquiera.
¿Dónde puede leerse?: En casa, tranquilamente.  
© Columna Villaroya

'Parecido a un asesinato' es una novela de trama. Y sólo de trama. Eso no es mejor ni peor aunque el lector que busque profundidades literarias, formas exquisitas en la escritura o imágenes de potencia demoledora en el relato, debe buscar en otras páginas. Porque lo que encontrará en esta novela de Juan Bolea es una historieta simple y ya conocida (estas historias han sido contadas en multitud de ocasiones con ligeras modificaciones), unos personajes más bien planos por mucho esfuerzo que haga el autor al introducir elementos que tratan de dar una consistencia que no logra (asuntos que tienen que ver con la sicología y la siquiatría, por ejemplo), una narrativa lineal en esencia a pesar de encontrar intentos de rupturas espacio temporales que quedan en el plano de la anécdota narrativa.

¿Se puede leer 'Parecido a un asesinato'? Se deja leer, y si el que tiene el libro entre las manos no pide demasiado, es un relato que gusta a pesar de lo previsible que es. Y es que Juan Bolea trata de centrar el foco en asuntos que pudieran llevar al lector a intuir de forma incorrecta, pero no lo consigue y lo que el lector termina descubriendo son trucos de novela policiaca antigua. Antes de lo que el autor quisiera, claro. Pero esta es una novela que puede acompañar en momentos de relax, de intento de evasión.

En algunas zonas expositivas, el autor apuesta por aportar una cantidad de información considerable que resulta siendo irrelevante y, lo peor, un intento de sostener un cierre de la trama lleno de dudas y cercano a lo inverosímil puesto que puede ser cualquier cosa. Esa información se enfrenta, lógicamente, a la carga expresiva que todo relato debería contener; y eso siempre es una mala noticia.

Llaman la atención algunas cosas que tienen que ver con los personajes. Por ejemplo, la capacidad absolutamente descomunal para llegar al meollo de un problema complejo a más no poder que despliega una sicóloga de gran peso en el conjunto del relato. Con la primera pregunta que hace se acerca al núcleo del problema. Por otra parte, son previsibles hasta el extremo, los comportamientos de todos ellos se desarrollan en terrenos comunes, ni uno sólo presenta un rasgo que le defina y que sirva para que crezca como personaje. Y ya sabemos que sin personajes bien construidos los relatos se desmoronan sin remedio.

Durante toda la narración, el ruido es excesivo, la niebla que no deja ver es densa. Todo queda por detrás incluido lo esencial. Y es producto de un buen número de trucos que ya Agatha Christie explotó y enseñó a los lectores para que no volvieran a caer en trampas que deberían evitar todos los autores.

Calificación: No es gran cosa aunque se deja leer.

Tipo de lector: Poco exigente con el relato.

Tipo de lectura: Muy fácil. Rápida.

Personajes: Superficiales.

¿Dónde puede leerse?: En el parque o en la piscina.

Nirek Sabal


He tenido, entre las manos, miles de libros. No con la intención de comprobar lo que pesaban sino con la de leerlos. Sin embargo, pasado el tiempo, he comprendido que era la misma cosa. 
El libro que más pesó, al abrirlo por primera y última vez (jamás he leído ninguna de mis novelas una vez publicadas) fue «La edad de los protagonistas». Mi primera novela. Toqué la portada con cuidado, abrí el ejemplar, y fui pasando despacio las primeras páginas, alisando los vértices con el pulgar (siempre lo hago con cualquier libro, pese lo que pese; la liturgia de la lectura es imprescindible) y tomé conciencia de lo que había logrado y del grado de responsabilidad adquirido como escritor con obra publicada. Creo que sólo he sentido algo parecido el primer día que pisé un aula en calidad de profesor. Pero mis novelas no cuentan. Esa sensación de peso extremo, emocional, no es de lo que quiero hablar. 
He leído libros que me llevaron a querer ser escritor. «Las palmeras salvajes» o «Mientras agonizo» de William Faulkner; «La casa verde» o «Conversación en La Catedral» de Mario Vargas Llosa; «La metamorfosis» de Kafka; «El guardián entre el centeno de Salinger»; los relatos de Chéjov o de Raymond Carver; cualquiera de las obras de Federico García Lorca; la poesía de César Vallejo. Alguno más. Pesaban mucho. Cada página la sensación era más poderosa. Era capaz de leer la misma frase media docena de veces para comprobar que era posible decir eso y de esa forma; de la única manera posible. 
La perfección pesa toneladas. El poso que quedó sigue siendo gigantesco. Tiene forma de aprendizaje, de experiencia, de impostura, de enseñanza, de fascinación, de respeto, de rabia. Un poso pesadísimo que resta a otros libros (los flojos) en el haber. Nada es igual después de leer a Proust a Flaubert o a John Dos Passos. 
También he leído libros que, sin ser gran cosa, han dejado alguna marca. Lecturas en la playa, en aeropuertos y estaciones de tren, lugares en los que la concentración es difícil de conseguir. En esas circunstancias tengo por costumbre elegir obras en las que la trama toma fuerza y lo profundo queda al margen. Alguno de ellos me hizo pasar buenos momentos. Para eso se escriben los best sellers. Pesan lo justo y la carga es efímera. Pero algo se dejan notar. 
Leer es descubrir el peso de una obra, la compañía que supondrá durante un tiempo o toda la vida. Leer es integrar un universo o rechazarlo, es modificar el propio o dejarlo intacto. Leer es asumir la pequeñez, lo insignificante de uno mismo. Leer es vivir y morir al mismo tiempo, convertirse en un fantasma más humano de lo que la imaginación permite. Leer es dar un paso adelante, hacia eso que llamamos sentido. Pasos que se hacen ligeros cuanto más peso arrastran. 

 G. Ramírez

 

Nathanael West

Maravillosa novela de un autor que tuvo poco tiempo para escribir dado que murió de forma muy prematura, pero que sí logró dejar una obra compacta, solvente e imprescindible.

Desmitificar un modelo de sociedad y un concepto equivocado de las religiones judía y cristiana, es un reto que no cualquier autor puede siquiera abordar. Este es el objetivo que Nathanael West (1904-1940; autor que perteneció a la ‘Generación perdida’ norteamericana) se plantea en su novela 'Miss Lonelyhearts', una obra que exige del lector un esfuerzo de interpretación poco habitual debido a su carga simbólica. La novela nos presenta una mirada sobre la sociedad norteamericana de entreguerras y la influencia de la religión como factor determinante en la destrucción del individuo frente al grupo social. Es una obra que, sin grandes alardes argumentales, pero plagada de una lírica bellísima, conjuga esos aspectos en un solo punto de vista.

Esa mirada nos muestra un Hollywood que aparece como el lugar en el que el ‘sueño americano’ es imposible de conseguir porque no existe más que en las mentes vacías y atormentadas que inventan esperanzas inalcanzables para poder sobrevivir; en el que el movimiento colectivo se presenta como el ir y venir opaco de un todo que, aunque configurado por individuos, no deja que nadie crezca como persona. Una sociedad embustera, arrasada por una estética absurda y una ética convertida en papel moneda en la que prevalece la idolatría más absoluta por lo material.

No se la pierdan.

Calificación: Muy buena.

Tipo de lector: Cualquiera que decida buscar símbolos en las palabras.

Tipo de lectura: Asequible.

Engancha desde el principio.

No le sobran páginas.

Argumento: Duro, terrible y perfectamente trazado.

Personajes: Dibujados con trazo fino.

¿Dónde puede leerse?: Cualquier sitio es bueno.

G. Ramírez

Mike Davis

Existen distintas lecturas sobre lo que ocurrió con la Covid-19. Algunas son exclusivamente científicas, otras solo económicas y la de Mike Davis que suma la ciencia, la economía, la sociología y un activismo honesto.

Mike Davis es sociólogo, teórico urbano, activista y escritor.

Hace unos años escribió un ensayo titulado ‘El monstruo llama a la puerta’ en el que analizaba las distintas pandemias que ha sufrido la humanidad desde 1918 hasta nuestros días y los claros avisos que advertían de la llegada de otra mundial y tenebrosa. Así fue. La editorial Capitán Swing recuperó ese texto, traducido por María Julia Bertomeu y Lucía Barahona, añadiendo un apéndice escrito durante el confinamiento que mantuvo a media humanidad en sus casas; ‘Llega el monstruo’. Ahora que sabemos que la gripe aviar está haciendo estragos el texto de Davis vuelve a ser fundamental para entender la realidad.

La peor crisis de gripe aviar jamás registrada se extiende por la Antártida

Una expedición española halla el virus potencialmente letal “en todas las especies animales detectadas en cada sitio” (Titular y entradilla de El País del 14.02.2025)

Mike Davis realiza una lectura económica y política de la situación y, aunque, mira hacia algunos países concretos, centra las críticas en el sistema capitalista que impera en EEUU, en la desastrosa (según el autor) administración Trump (la primera), en la falta de vergüenza de la industria farmacéutica que no busca antivirales, ni antibióticos de última generación o vacunas genéricas por no ser rentables; o en una industria alimentaria completamente surrealista.

Mike Davis acumula información técnica a lo largo del ensayo. Aunque no es excesiva, a veces, parece difícil de asimilar para el lector medio aunque no supone una excusa para abandonar. Si el lector quiere conocer cómo Trump desmanteló sin razón todo el trabajo previo que realizó Obama, o conocer las razones por las que la pandemia fue una tremenda máquina de matar en EEUU, este es su libro. Si el lector quiere comprobar cómo el SARS-CoV-2 terminó entendiendo de clases sociales y qué llegó para que los pobres estuvieran atrapados en una crisis que pusieron en funcionamiento los ricos, este es su libro. Incluye el autor (para encabezar una parte del ensayo) el tuit del doctor Jagadish J. Hiremath (médico de ACE Health Care de Bombay) que dice lo siguiente: ‘La distancia social es un privilegio; significa que vives en un casa lo bastante grande como para poder practicarla. Lavarse las manos es también un privilegio; significa que tienes acceso a agua corriente. Los desinfectantes de manos son un privilegio; significa que tienes dinero para comprarlos. El confinamiento es un privilegio; significa que puedes estar en casa’. La mayoría de las formas de mantener a raya el coronavirus son solo accesibles para los que son ricos. En definitiva, un enfermedad que ha sido propagada por los ricos en todo el mundo va a matar a millones de pobres.

El libro se lee con facilidad. Solo son más áridas las zonas expositivas más técnicas. Es un texto radicalmente crítico con el capitalismo y con Trump; y una llamada de auxilio que hace el autor puesto que los avisos son muy claros: los virus esperan su oportunidad y algunos tienen una capacidad de matar fuera de lo común. Por ejemplo, la cepa de la gripe H5N1 es endémica en la población de aves de corral y silvestres en el este de Asia... y espera para volver a dar un salto hasta los humanos.

Calificación: Inquietante.

Tipo de lectura: Necesaria para entender cómo la economía o la diferencia de clases puede influir en los contagios y en las estadísticas de esta pandemia.

Tipo de lector: Interesados en completar su información sobre pandemias pasadas, sobre la actual y sobre las que están por llegar.

G. Ramírez

Ilan Pappé

Excelente repaso a un conflicto que ha costado la vida a miles y miles de personas y parece no tener fin, un conflicto rodeado de medias verdades, de mentiras regadas con dinero, de zonas grises que ya parecen infinitas.

Ilan Pappé, profesor israelí de Historia en la Universidad de Exeter (Reino Unido), fundador de la coalición de izquierdas Hadash, es un historiador que trata de revisar la historia moderna del Estado de Israel. Es un autor muy crítico con el sionismo en sus diferentes vertientes y eso le ha costado caro puesto que ha llegado a recibir amenazas de muerte.

En 'Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina' el autor nos lleva desde el origen del conflicto (cuando, a finales del siglo XIX, Palestina estaba bajo el control otomano como había sido desde 1516) hasta la actualidad en forma de breve reflexión sobre el 'contexto histórico y moral del 7 de octubre de 2023'. Para ello, el lenguaje que maneja el autor es claro y conciso, muy cercano aunque, también, muy exacto. Escapa siempre que puede del tecnicismo o de un discurso enrevesado que 'saque' al lector menos enterado. Así, no es necesario tener conocimientos previos del asunto para quedar prendado desde las primeras líneas de Pappè. El hecho de conocer la esencia y buena parte de la periferia de un conflicto tan serio ya sirve de acicate para no dejar de leer hasta el final.

En cada parada que hace, el autor aporta datos clave para entender lo que ha terminado siendo una de las limpiezas étnicas más tremenda de todos los tiempos, la vergüenza que supone saber que la mayor parte de las naciones del mundo se han puesto de perfil desde el principio ante la injusticia contra el pueblo palestino, para intuir una forma de entender las relaciones internacionales desde la arrogancia del pueblo judío... Eso entre un buen número de cosas.

Leyendo 'Breve historia del conflicto entre Israel y Palestina' se puede entender qué ha pasado, se puede acceder a datos esenciales que parecen no existir para los medios de comunicación o para gran parte de los historiadores. Es lo que hace especial este pequeño ensayo.

La editorial Capitán Swing vuelve a acertar con su catálogo y su compromiso con los lectores se hace más poderoso con cada título publicado.

Hay que leer este ensayo; es casi imprescindible para formar un criterio sólido.

Calificación: Muy bueno.

Tipo de lectura: Necesaria, amena.

Tipo de lector: Todo aquel que esté interesado en conocer todas las caras de la verdad de un conflicto tan serio como el de Israel y Palestina.

¿Dónde puedes leerlo?: Tomando un café tranquilamente y de un tirón.

G. Ramírez

Son cientos los libros que se han publicado sobre boxeo. Y decenas los publicados sobre el boxeador más grande de todos los tiempos: Muhammad Ali. Sin embargo, este de Davis Miller es, posiblemente, el más entrañable, el más cautivador. Con una prosa cercana y cálida nos adentra en el universo particular de un hombre enfermo que pelea contra una enfermedad terrible y un futuro oscuro.

Miller utiliza los relatos periodísticos que tuvo oportunidad de escribir después de conocer al boxeador y compartir con él momentos de gran intimidad en los que la amistad cubría hasta el último movimiento de ambos. Miller coloca la acción, siempre, en lugares que servían de refugio a Muhammad Ali. Su casa y junto a su familia; lugares en los que entrenaba el boxeador... Y si sitúa a Ali en lugares público lo hace siempre con personas alrededor que le saludan, que quieren fotografiarse con él o un autógrafo. Sólo en algún momento puntual dibuja a Ali en soledad para que el lector pueda sentir la misma soledad de un enfermo condenado a muerte.

El lenguaje que utiliza Miller es de tono medio (son pocas las palabras diferentes que utiliza al tratarse de un relato) y los alientos de las frases de medida moderada hacen que el texto sea comprensible además de aportar un ritmo más que agradable al conjunto. No faltan las imágenes que, sin ser poderosas, sí que alcanzan un muy buen nivel. Miller es periodista y no poeta.

Davis Miller se centra en un momento de la vida de Ali en el que su enfermedad ha hecho estragos. El parkinson atacó a Ali siendo demasiado joven y le fue destrozando durante muchos años. Aun así, el autor nos muestra a una persona que no renunció jamás a lo que era. Rodeado de sus seres más queridos insistió en ser el campeón de todos, una persona cercana y accesible que se preocupaba por cualquier otro. Pero, inevitablemente, el lector sabe que Miller intenta mitificar aún más al boxeador. No obstante, el libro es un trabajo honesto, bien escrito y destila autenticidad por todas las partes.

Los amantes del boxeo no pueden dejar de leer ‘En busca de Muhammad Ali: Historia de una amistad’. Pero tampoco los que quieren dedicarse al periodismo e incluso a la literatura.

Calificación: Muy bueno

Tipo de lectura: Placentera, fácil.

Tipo de lector: Interesados en el boxeo, en el deportista más grande de todos los tiempos.

Argumento: El dios Muhammad Ali tiene problemas como cualquier otro ser humano.

¿Dónde puede leerse?: En un banco del parque. Con tranquilidad, disfrutando del entorno y de una buena lectura.

G. Ramírez

‘Esto es muy extraño’ es un libro delicioso que acaba de publicar la editorial Kalandraka dentro de la colección ‘Libros para soñar’, una colección que se consolida más, si es que eso es posible, sumando títulos con acierto y buen criterio editor.

Matilde Tacchini firma un texto sencilloy muy evocador que arranca una sonrisa a niños y adultos por igual. Desde la primera línea. Los mayores se verán reflejados en cada frase y en cada una de las situaciones que se narran; los niños reconocerán lo que van leyendo como parte de su realidad (en la infancia existen territorios comunes construidos por los adultos). ¿Quién no ha dicho o escuchado eso de ‘duerme como un lirón’ o lo de ‘nada como un pececillo’? ¿Quién, siendo niño, no se ha rebelado contra eso que se repite una y otra vez y termina molestando?

Lo que cuenta Tacchini lo va dibujando Mercé Galí (traductora  del texto, también). Con claridad aprovechando el espacio que le proporciona la página con mucha gracia, matizando la palabra con trazo decidido y fino.

‘Esto es muy extraño’ es un libro que pueden leer los niños a partir de cuatro años (acompañados) y lo disfrutarán sin duda.

La edición por parte de Kalandraka está muy cuidada, casi con mimo; y es de agradecer que se ponga tanto cuidado al elegir títulos y editarlos.

Calificación: Divertido.

Tipo de lectura: Fácil.

Tipo de lector: Todo aquel que tenga cuatro años o más. Gusta a cualquiera.

¿Dónde puede leerse?: En casa, en el parque, en el cole con los compañeros (llevar el libro al aula y compartirlo les hace especial ilusión).

Silvia Fernández San Benito

Cubierta de 'Pablo está de mal humor'

Dentro de la colección ‘Libros para Soñar’, Kalandraka acaba de publicar un divertido libro ilustrado para niños de cuatro o cinco años en adelante (si me apuran con tres y la imprescindible ayuda de los papás, sería igual de buena opción), titulado ‘Pablo está de mal humor’ y firmado por Natalia Shaloshvili. Tanto las ilustraciones como el texto son obra de la señora Shaloshvili.

El libro habla de la amistad y el vehículo que nos permite llegar hasta el centro del asunto planteado es el estado de ánimo del personaje principal, un gatito que no se encuentra del todo bien y que solo de la mano de sus amigos será capaz de sentirse feliz; unos amigos que representan la diversidad y la eliminación de prejuicios y estereotipos.

La paleta de colores de Natalia Shaloshvili va de los tonos más oscuros a los más brillantes y divertidos. Así, el estado de ánimo de Pablo se perfila con cada trazo que resulta detallista, intenso y muy cercano con los jóvenes lectores.

El texto es sencillo aunque la autora es capaz de incidir en la idea principal a base de hacer hincapié en esas ideas tan envolventes que nos hacen estar de mal humor o todo lo contrario.

El libro está muy bien, da lustre a la colección de Kalandraka y logrará que los pequeños lo pasen bomba leyendo solos o acompañados de adultos, hermanos o amigos.

Calificación: Muy bueno. Muy divertido. Muy recomendable.

Tipo de lectura: Amena, participativa.

Tipo de lector: Niños de 3 años en adelante.

¿Dónde puede leerse?: En casa, antes de salir a pasear o a lo que toque.

Silvia Fernández San Benito

 


En literatura todo es exactamente lo que debe ser. No sirve utilizar materiales que se puedan intercambiar entre ellos. Las respuestas a todo esto la encontramos en el narrador, en ese artefacto creado por el escritor que servirá para llegar hasta el lector.

Del mismo modo que una persona habla con otra estableciendo una relación, el narrador de un relato cuenta al lector (el narrador es la voz narrativa de ese relato y no el escritor, insistimos).

Pronto sabremos si quiere ser escuchado o tan sólo aspira a contar la parte de la historia que le interesa. No es lo mismo una cosa que otra, lógicamente.

El lector, por su parte, recibe un mensaje, o no lo hace, dependiendo de sus apetencias, de su estado de ánimo o de cualquier otra cosa. Y lo recibe de principio a fin; o deja de hacerlo pasado un tiempo más o menos largo.

Por tanto, el narrador puede contar desde el principio y el lector puede dejar de escuchar desde ese mismo principio, desde esa primera línea.

Lo difícil de esta relación entre lector y narrador no se encuentra en que el lector escuche y el narrador cuente. Pronto sabemos lo que ese narrador dice y eso no presenta dificultad alguna. Lo complicado es saber determinar por qué lo hace, qué pretende al hacerlo. Además, hay que sumar una complicación añadida: saber quién es ese narrador. Leer y enfrentarse a un narrador cualquiera es algo parecido a encontrarse con un desconocido del que no sabemos nada y comienza a hablarnos de algo nuevo. Alguno nos podría dar algún dato (nombre, apellidos o nacionalidad) aunque son pocos. Algunos nos dicen quienes son, pocos también. Cuando no tenemos datos suficientes podemos equivocar las conclusiones y, por tanto, enfrentarse a un narrador suele ser complicado.

Si queremos entender debemos dibujar al que dice con todo el detalle posible. ¿Sería el mismo relato 'La metamorfosis' de Kafka contada por el mismo Gregorio Samsa? ¿Entendemos lo mismo al escuchar una misma frase que pronuncia un niño o un adulto? Claro que no. No a todo. Por eso, saber quién nos habla es fundamental para realizar una lectura adecuada.

Si utilizamos la división fundamental entre narrador identificado (personaje que toma parte de la acción y del que sabemos cómo evoluciona a lo largo del relato) y narrador no identificado (narrador que no dice nada de sí mismo); tenemos la sensación de saber más en el primero de los narradores identificados. Y es verdad. Podemos saber quién es, con quién se relaciona o cómo trabaja. Sin embargo, eso es poco. Lo importante es la intención que tiene el narrador al contar. Y no hay que olvidar que el lenguaje es una herramienta algo traicionera, extraña e imprevisible.

 

Nicolai Gogol

Veamos el arranque del relato de Nicolai Gogol, 'Noche de mayo o la ahogada': «Una sonora canción fluía como un río por las calles del pueblo... Era el momento en que los mozos y las mozas, fatigados por los trabajos y preocupaciones del día, se reunían ruidosamente formando un corro bajo los fulgores de una límpida noche, para volcar toda su alegría en sonidos habitualmente inseparables de la melancolía. El atardecer, eternamente meditativo, abrazaba soñando al cielo azul, convirtiéndolo todo en vaguedad y lejanía». No sabemos quién nos cuenta esto. Sin embargo, si leemos con atención, podemos saber mucho de él. Las palabras que utiliza, la construcción de cada frase, nos va dejando claro que el narrador es, por ejemplo, alguien con un vocabulario extenso, con cierta lírica en su mirada; alguien que conoce el entorno al que se refiere... Y esa es la razón por la que hacemos de lo que dice algo nuestro. Comenzamos a leer y le damos la mano con la intención de acompañarle durante ese trayecto que comienza y no sabemos ni cómo, ni dónde acaba. Mirará por nosotros; entenderemos lo que quiere decir, a interpretar sus intenciones.

No hace falta decir que un narrador debe ser creíble. ¿Sería lo mismo leer la historia de un enfermo mental si el narrador fuese un médico especialista o el propio enfermo? Posiblemente, la historia contada por un enfermo mental no tuviera ninguna credibilidad. Sin embargo, eso mismo narrado por el siquiatra nos sonaría a verdad. Y no hace falta decir que ninguno de nosotros quiere escuchar al que no sostiene su discurso sobre la falta de fiabilidad. Si no nos fiamos, cerramos el libro y poco más. Si no nos convencen rápido, cerramos el libro y poco más. El lector tiene muy poca paciencia. Por esta razón, la primera página de un relato es fundamental.

En todo este proceso no pueden faltar las figuras fundamentales. Narrador, lector y escritor. El escritor es el que crea esa voz que llamamos narrador. Puede elegir entre cualquiera que se pueda imaginar. Tan sólo hay una condición: que el lector la tome por buena. Del mismo modo que, hasta finales del siglo XIX, el lector aceptaba un narrador omnisciente; en la actualidad, el narrador necesita una justificación para existir. No puede crearse una voz para contar historietas. Es necesario un sentido que aporte al lector una nueva forma de mirar y entender y que, por tanto, le convierta en algo necesario obteniendo la confianza y la atención del lector. Ya está dicho todo desde hace siglos y eso obliga al narrador a construirse desde un discurso lleno de sentido.

La literatura poco tiene que ver con lo que ya sabemos, con lo que ya entendemos. La literatura debe ser esa puerta al conocimiento que tanta falta hace cuando hemos apostado por la tecnología, por lo material y por todo aquello más pegado a lo que se puede tocar que a la imaginación o a la explicación de la realidad. La literatura no puede ser un territorio de diversión alejada de la reflexión. El lector debe enfrentarse al narrador y no al escritor, a ese artefacto literario que nos explicará la realidad como nadie lo haya hecho jamás.

Es por todo esto por lo que la elección del narrador es fundamental, por lo que, antes de escribir, cualquier escritor debe meditar sobre la construcción de una voz que convertirá su relato en algo prescindible o en una obra de arte.

G. Ramírez

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