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Dos minutos, cuarenta segundos y una novela

Los tebeos para niños de 8 a 10 años son escasos. Pero, por fortuna, HarperKids ha decidido editar los que tienen como protagonista a Ariol. Una auténtica maravilla de personaje y de historietas.

Tercera entrega de la colección de tebeos protagonizadas por el burro Ariol. HarperKids ha apostado por los cómics de Emmanuel Guibert y Marc Boutavant. Ya se ha podido disfrutar de «Un burrito como tú y como yo» y de «El caballero caballo». Ahora es el momento de este tercer volumen que resulta tan atractivo como los dos anteriores.

Ariol es un burro. Su amigo Ramono es un cerdito. Nos van a mostrar cómo es la relación entre dos jovencitos en el universo de la amistad. No es fácil entender a los adultos, ni a las hermanas mayores, ni a las compañeras de clase. No son fáciles de entender las cosas del amor, ni las que siente uno mismo ni las que sienten otros.

El libro es muy fácil de leer y puede ser una excusa excelente para que puedan compartir tiempo de lectura mayores y pequeños. Además, en la franja que abarca de ocho a diez años no se encuentran demasiadas publicaciones de cierta calidad.

La serie protagonizada por Ariol aborda lo cotidiano como forma de expresión y con ello logra que la cercanía respecto al lector sea máxima. Los niños entenderán todo y lo entenderán bien. Y, por si fuera poco, los autores logran sumar una buena dosis de humor didáctico y cercano en cada viñeta aunque parezca insignificante a primera vista.

Ariol es un personaje entrañable y, en compañía de sus amigos nos abre una ventana al mundo.

Impagable la historieta en la que Mosquita sufre una erupción amorosa. Debería ser de lectura obligatoria para niños, jóvenes, adultos y ancianos. Más loca y divertida no puede ser.

Calificción: Muy bueno.

Tipo de lectura: Divertida.

Tipo de lector: De 8 años en adelante. Por arriba no hay límites.

Argumento: La vida es lo que es, o sea, extraordinaria.

Personajes: Deliciosos.

¿Dónde puede leerse?: En casa comiendo palomitas.

Silvia Fdez. San Benito

Liu Cixin escribió ‘El problema de los tres cuerpos’ el año 2006. En 2007 fue publicada en China. En 2015 ganó el Premio Hugo y en 2016 se publicó en España. Ciencia ficción de la buena, de la dura, de la que se hacía en los años 50 y 60.

‘El problema de los tres cuerpos’ es original, escapa de los territorios comunes, abre expectativas que se ven cubiertas a lo largo del texto. Con ‘El problema de los tres cuerpos’ comenzaba una serie que ha arrasado en las listas de ventas de todo el mundo.

Conviene decir algo con toda claridad: el despliegue que hace el autor demostrando conocimientos matemáticos y acerca de la física teórica y práctica, resultan apabullantes. Se hace duro seguir el hilo en algunas zonas expositivas. Pero el autor se apiada de los que somos torpes en el campo de la astrofísica y cosas así. Se apiada y termina sus planteamientos explicando con un lenguaje muy cercano lo que ha expuesto de forma profunda. No quiere que se note en exceso la concesión, pero está.

Otro aspecto importante del relato es que los perfiles de los personajes no se construyen con solidez. Apenas se trazan algunos rasgos fundamentales y poco más. Es algo que se arrastra de la novela de ciencia ficción de mediados del siglo XX, una narrativa en la que se imponía claramente la trama y el mensaje aunque los personajes sufrieran las consecuencias. Solo la astrofísica Ye Wenjie se va construyendo sin contención alguna y a su alrededor aparecen los territorios ligados a la poética de Liu Cixin, una lírica que tiene profundidad y belleza. Es una pena que el resto de perfiles no se puedan disfrutar en su totalidad puesto que algunos de ellos son interesantísimos. Especial atención hay que prestar al divertido y descarado policía ‘Da Shi’ Quiang.

Arranca el relato en plena Revolución Cultural China, concretamente en Pekín durante el año 1967. Un comienzo muy desconcertante que resulta útil para comprender las razones y las motivaciones por las que se pusieron en marcha algunos proyectos en China. Gran parte de la acción se desarrolla en 2007.

Un vídeo juego llamado ‘Los tres cuerpos’; un problema que plantea la física gravitacional respecto a lo aleatorio e imprevisible que resulta el comportamiento de un tercer cuerpo que se une a otros dos que ya gravitan de forma normal; suicidios, una sociedad científica llamada ‘Fronteras de la ciencia’; y la vida extraterrestre, forman el núcleo narrativo. Ser más explícito podría ser revelador en exceso y lo voy a evitar. En cualquier caso, el resumen podría ser que la Humanidad se tiene que preparar para lo que sucederá irremediablemente cuatro siglos y medio después. Eso y que el ser humano siempre termina apañándose para salir del paso.

Calificación: Muy buena.

Tipo de lectura: A veces difícil aunque, en general, estupenda.

Tipo de lector: Aficionados a la ciencia ficción.

Argumento: Siempre salimos adelante.

¿Dónde puede leerse?: Bajo las estrellas.

G. Ramírez

El segundo volumen de la colección protagonizada por Ariol es, por lo menos, tan entretenido como el primero. Ariol, su amigo el cerdito Ramono, la altanera Pétula o Mosquita en modo enamorada oculta, son algunos de los personajes de un tebeo estupendo que pueden leer los niños y niñas a partir de los 6 años. Hasta los 12 puede aguantar una lectura estimulante, irónica y muy cercana a la normalidad de lo cotidiano.

Emmanuel Guibert desarrolla unas historias llenas de sentido y que se sustentan sobre la normalidad escapando de moralinas innecesarias. Los dibujos de Marc Boutavant son detallistas y se construyen sobre una paleta de colores muy extensa, cálida y expresiva.

No es extraño que estos tebeos se vendan a espuertas en Francia. Los niños disfrutan, pero los padres también. En realidad, los detalles más profundos, los que dan un sentido sólido, son cosa de los adultos. Tanto los dibujos como los textos buscan ir un poco más allá de lo que puede desprender la literalidad.

‘Ariol. El Caballero Caballo’ acumula 13 historietas independientes. Salvo tres de ellas que narran un viaje del burrito Ariol y su gran amigo Ramono. El resto va de la pasión de una lectura a esas conversaciones llenas de fantasía que mantienen los niños. No falta un toque de romanticismo porque los burritos también se enamoran.

Si nos gustó el primer volumen, este nos ha gustado un poco más. Será difícil que estas historietas no vayan haciéndose un hueco entre los jóvenes lectores.

Calificación: Muy bueno.

Tipo de lectura: Muy, muy, divertida.

Tipo de lector: Niños de 6 a 12. Más o menos. Y adultos que quieran compartir lectura. Les encantará a todos.

¿Dónde puede leerse?: En el parque. En territorio de niños.

Silvia Fdez. San Benito

Desde el primer momento, desde el mismo instante en que el 11 de marzo de 2004 explotaban una serie de bombas en trenes de cercanía de la Comunidad de Madrid, la capital del Reino de España se convirtió en la ciudad más triste del mundo durante días y la versión oficial de lo ocurrido se puso en entredicho. No hubo tregua ni un segundo. Pasaron los años y la versión alternativa siguió sumando adeptos (perdió por el camino buena parte de ellos aunque siguen en sus trece los más radicales); pasaron los años y no pocos hicieron fortuna señalando a jueces, policía, Guardia Civil, partidos políticos o periodistas. Siguen a la carga.

Si bien es cierto que se pueden criticar duramente los procedimientos utilizados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que el sistema judicial se encontró en situación precaria respecto a lo que le venía encima en forma de terrorismo islámico, que la coordinación entre Policía Nacional y Guardia Civil era escasa y deficiente, que los servicios secretos españoles estaban a por uvas y que el atentado de Madrid se convertiría en un elemento decisivo para el futuro de España puesto que el rumbo del país cambió en las elecciones de días después; ha quedado demostrado que todo lo que se intentó vender como versión fetén de lo sucedido (se sigue intentando), no fue más que un negocio magnífico para algún que otro medio de comunicación y una excusa para que alguien pudiera justificar una derrota política más que merecida.

El libro firmado por Lorenzo Ramírez ’Las claves del 11-M – 20 años buscando la verdad’ no aporta nada nuevo a una teoría conspiratoria con la que se sigue haciendo caja. El autor plantea un sinfín de preguntas sin respuesta que intentan crear dudas en el lector, preguntas que no nos llevan a preguntarnos más y más (no hacen reflexionar en ningún caso) y sí a callejones sin salida en los que nos enfrentamos a una realidad paralela bastante absurda.

¿Fue una enorme chapuza policial lo que ocurrió alrededor de aquellos atentados? Sí, pero eso no significa que los atentados fueran programados por la propia Policía o para que el PP perdiese las elecciones. Eso no es de recibo y debería generar un potente y arrasador sentimiento de indecencia en el que difunde semejante majadería. Es verdad que en el mundo actual mentir es frecuente y suele salir gratis, que los bulos corren como la pólvora de pantalla en pantalla, pero algunas cosas ya no se pueden consentir. Esta teoría es zafia, chusca y parece estar envuelta en papel encerado por el que escurren engaños, dudas bobas y una clara intención de mantener viva una teoría que interesa a algunos.

No hace falta decir que alguien que no esté avisado puede dar por buenas las cosas que se dicen en este libro. Conviene leer otros libros más sensatos, menos tendenciosos, más honestos con la verdad y con lo que ocurrió. Por ejemplo, las páginas que se dedican a la muerte de Francisco Javier Torronteras, GEO que murió en la explosión del piso de Leganés ocupado por terroristas islámicos, es una vergüenza y un insulto a su memoria.

Calificación: Tendencioso.

Tipo de lectura: Resulta divertido cómo el autor intenta arrimar el ascua a su sardina, pero lo divertido se hace pesado con rapidez.

Tipo de lector: El que quiera conocer algo más sobre una de las teorías más disparatadas de la España moderna.

¿Dónde puede leerse?: Junto a otros libros que traten el mismo asunto. Para ir alternado, digo.

'Ariol, un burrito como tú y como yo'. Un cómic. Unos personajes entrañables. El trazo de Marc Boutavant presentando un universo accesible, divertido y exclusivo a lectores que pueden ir de los 8 ó 10 años a los 90 ó 100. Con adultos ayudando a leer la cosa puede arrancar a los 4 ó 5 años. Y no es una exageración de la que escribe. Ariol protagoniza historietas cortas que gustarán a cualquier lector. Sobre todo porque las tramas que desarrolla Emmanuel Guibert son estupendas. Buscan un núcleo muy fácil de localizar por parte del lector y termina ofreciendo finales llenos de moraleja y sentido del humor. Nada de moralina barata. Los niños y jóvenes se verán reflejados en cada viñeta aunque los adultos también (para eso somos capaces de recordar).

La colección protagonizada por el burrito Ariol tiene gran fama en Francia y se ha traducido a distintos idiomas de todo el mundo. Ahora, en España es HarperKids, el sello de literatura infantil y juvenil de HarperCollins Iberica, el que nos lo acerca. Muy bien editado.

Todos los personajes son representados como diferentes animales que concentran sus tópicos, sus problemas y sus cargas, para que Guibert juegue a contarnos nuestro propio mundo utilizando una ficción con pinta de ‘cosa de niños’. Ya les digo yo que los adultos encontrarán cosas que les toca muy de cerca. Estupenda noticia que Ariol comience a editarse con regularidad en España.

Calificación: Excelente.

Tipo de lectura: Divertidísima. Más profunda de lo que pudiera parecer.

Tipo de lector: Niños, adultos, ancianos.

Argumento: Distintas historias cortas nos enseñan el día a día de familias enteras.

¿Dónde puede leerse?: En compañía de los padres, de los hijos, de los nietos... De lo que toque.

Silvia Fdez. San Benito

 


Ahora los días son más cortos. Todo parece moverse con otra gracia, con una vitalidad recargada durante estos últimos meses de verano. Los niños corretean mientras los adultos van paseando con cierta despreocupación, los ancianos siguen sentados en el mismo banco de siempre aunque sonríen. Supongo que se sienten más acompañados. Un niño juega con la tierra del parque que dejo a la izquierda. Llena su cubo de plástico y lo vuelca una y otra vez. Lo llena con el cuidado del artista y lo vacía sobre sí mismo con la fiereza de un niño. Se acerca a su madre y le pide que le quite los zapatos. Le molesta la arena. Encuentra un amigo armado con cubo y pala propios. Se sientan. Juegan uno junto al otro.

 Me siento en el banco de madera que queda a veinticinco o treinta metros de los cubos y las palas, de la arena. Saco de la bolsa el ejemplar de ‘Mao. La historia desconocida’. Menuda alhaja este Mao. Setenta millones de muertos a sus espaldas. Stalin, Hitler, Pinochet o Franco parecen angelitos a su lado. El libro es muy interesante. Eso sí, algunas páginas ponen los pelos de punta. Lo firman Jung Chang y su marido Jon Halliday.

Voy leyendo y, de vez en cuando, miro a los chiquillos. Siguen a lo suyo. Anoto alguna cosa al margen o pequeñas reflexiones en la agenda. No entiendo cómo han podido ocurrir cosas como las que se describen en este libro. Alzo la vista para pensar.

Una pareja camina junto a su hijo. Corre moviendo todas y cada una de las partes de su cuerpecito. Lleva en la mano una piedra que tira sin ton ni son. Los padres charlan. Tranquilos. Observando a su pequeño. Y pienso en lo privilegiados que nos podemos sentir. Y en la cantidad de personas que llegan cada día a las costas españolas. Quieren vivir así. Los cayucos son el resultado de la desidia occidental. Dejamos que se mueran de hambre, que gentes como Mao gobiernen para aniquilar todo y a todos los que representan un obstáculo por pequeño que sea. Mientras, paseamos tranquilos.

Se aproxima un perro al niño. Se ríe nervioso. Los padres le dicen que no pasa nada. El dueño deja que el niño acaricie al perro. Continúa poco después. Se acercan tres chavales. Pantalones anchos, todos con gorra. Parecen sudamericanos. Los padres buscan al pequeño y le sientan en el cochecito. Miran con cierto recelo a los tres chicos que hablan entre ellos. Uno hace un gesto al niño. Cariñoso. Los padres no hacen caso. Se van. Pero el niño mira al muchacho que repite el gesto y ríe.

Mao, Stalin o Hitler, hicieron creer a su pueblo que lo que hacían era lo justo, que era por el bien de todos, que no se trataba de ninguna salvajada eso de matar al que protestaba o era judío. Los ministerios de propaganda eran certeros, infalibles. A nosotros nos están enseñando que lo de fuera es un peligro, que esto es una invasión. Ya veremos cómo acaba este asunto. Mientras nos sintamos más seguros rodeados de perros que de chavales vestidos de forma extravagante la cosa no podrá arreglarse de ninguna manera. Nos gusta tener a esa gente recogiendo alcachofas porque no queremos hacerlo nosotros. Cobran una miseria y nos da lo mismo. Miramos hacia otro lado cuando sabemos que viven como piojos en pisos alquilados por amigos o conocidos. Si les vemos a distancia mejor. La chica que ayuda en casa ha de ganar poco y si se va a otro sitio porque le pagan más decimos que es una desagradecida y una lista. Claro, claro, qué buenos somos. Son ellos los desvergonzados.

Algunos de los que llegan son unos indeseables. Eso es seguro. Me gustaría que les metieran en un avión y les llevasen de regreso a no sé qué sitio. Pero, del mismo modo, me encantaría que dejaran de venderme a los inmigrantes como si fueran el demonio. Mala gente siempre hubo. De todos los colores. Y buena. De todos los colores también. La gente necesita una oportunidad. No podemos dejar que se mueran del asco. O los dejamos llegar hasta nosotros o les financiamos lo que haga falta para que puedan vivir decentemente. Lo más gracioso de todo es que en un país en el que se declara católico un buen número de habitantes pasen estas cosas. Ya dijo alguien que lo peor del cristianismo eran los cristianos. Se nos olvida (a los cristianos) que Dios no entiende de papeles. Igual me borro y me fabrico una religión. Ganas no me faltan.

G. Ramírez

Colin Dexter

Si nombro a Colin Dexter, muchos de ustedes no sabrán quién es. Si nombro al inspector de policía de Oxford, Endeavour Morse, muchos ya sabrán de quién hablo y le relacionarán con Dexter de inmediato. Y es que Endeavour Morse es uno de los personajes que Colin Dexter creó al escribir sus novelas policiacas, unas novelas que son mucho más desconocidas en España de lo deseable, unas novelas con las que el lector puede disfrutar de lo lindo.

Colin Dexter (1930 -2017) escribió varias novelas protagonizadas por el inspector Morse. Casos verosímiles, personajes vivos y casi de carne y hueso, descripciones quirúrgicas y un clima excelente para que la trama pudiera desarrollarse sin empujones, sin prisas, sin cartón piedra de soporte.

Morse es un personaje principal característico de la novela policial. Algún rasgo sobresale entre el resto (como siempre pasó en novelas de este estilo) y convierten a Morse en un personaje único y exclusivo. Morse es arrogante, malhumorado, rezuma melancolía, es inteligente y enamoradizo. Y es que la soledad de Morse junto a esas melodías wagnerianas que resuenan en las páginas que protagoniza forman un conjunto exacto del que no puede escapar el personaje. Ni el lector.

El resto de personajes, los secundarios, deambulan para iluminar a Morse, para que crezca como personaje. Actúan como actantes aunque con alma plena y la importancia suficiente. Nada parece impostado en la narrativa de Colin Dexter.

En este Morse, entre otros aunque principalmente, se apoya la serie televisiva ‘Endeavour’ que tan bien ha funcionado desde hace diez años. En la serie se trabaja un tiempo anterior al de la primera novela que protagoniza el inspector Morse ‘Último autobús a Woodstock’. En la serie el personaje es un joven policía aficionado a la música clásica y a los crucigramas, un hombre que dejó la universidad (la de Oxford) por no estar de acuerdo con el sistema de enseñanza, un tipo sagaz, intuitivo y con arrojo. Morse se enamora aunque es incapaz de relacionarse con normalidad con algunas personas, Morse se siente solo en este mundo, Morse sufre porque cree estar en otra órbita sin saber qué hacer para bajarse. La serie merece la pena.

Siruela ha editado esta excelente novela escrita en 1975 y acierta con la elección del título puesto que se trata de una maravilla de la novela policiaca. Una mujer asesinada en extrañas circunstancias y una evolución del caso con muchos sospechosos, con cada pieza colocada con maestría para que el dibujo sea perfecto. Los diálogos son más que interesantes desde el punto de vista técnico puesto que todos ellos sirven para que la acción avance al ritmo que marcan los personajes al dar información. Al mejor estilo tradicional, las pistas que va dejando el narrador se ordenan de forma que toda sospecha cabe en el conjunto del universo que construye Dexter, toda conjetura puede tener recorrido aunque la realidad de los personajes indique lo contrario, y solo la capacidad deductiva de Morse pondrá las cosas en su sitio para que el lector disfrute del trabajo policial pulcro y constante de un buen policía.

Las trescientas páginas de ‘Último autobús a Woodstock’ son una lección de literatura creativa y si algún joven escritor quiere saber cómo se perfila un personaje literario debe leer la obra de inmediato.

Calificación: Excelente.

Tipo de lectura: Apasionante e intrigante.

Tipo de lector: Cualquiera que esté dispuesto a no querer dejar el libro para descansar un rato.

Personajes: Redondos, vivos.

G. Ramírez

En literatura, hay relatos que pasan por ser una cosa cuando, en realidad, son otra muy distinta. Podemos enfrentarnos a un texto que, aparentemente, trata un tema y descubrimos que no, que eso era una excusa para hablar de otra cosa. Creemos que la intención de un autor es escribir una historia alejada de él mismo y en una frase, en un párrafo, le podemos ver allí descargando su ira, su amor, su venganza. Por ello, hay que tener cuidado al leer y prestar atención a todo tipo de detalle para evitar que nos jueguen una mala pasada.

Alexandre Dumas hijo (1824-1895) publicó en 1848 una novela que le llevaría a alcanzar una gran notoriedad. ‘La Dama de las Camelias’ se llevó al teatro poco después (1852) y Verdi la adaptó un año después para lograr, con ‘La Traviata’, uno de sus mayores éxitos operísticos.

‘La Dama de las Camelias’ es una novela que cuenta la relación entre Marguerite Gautier y Armand Duval. Ella es una entretenida de París (estas mujeres vivían de saquear las cuentas de sus amantes, gastaban dinero con un ritmo de locura, cambiaban de amante cada cierto tiempo intentando mantener una posición que les permitiera seguir viviendo entre lujos que, finalmente, se acababan cuando la edad no perdonaba); él es un joven con una renta que le permite una vida bastante desahogada aunque no podría mantener a la joven. Ella es deseada por muchos por su belleza y por los buenos momentos que hace pasar a los que logran sus caros favores. Se conocen aunque ella se burla de él. Es durante el segundo encuentro cuando Armand logra que la joven se fije en él. Comienza una relación intensa. Ella está enferma de tisis. Comienzan a vivir juntos. Pero algo hace que tengan que separarse. Una enorme tragedia se dibuja en las páginas que firmó Dumas y que tienen mucho que ver con su propia experiencia. Al parecer fue amante de una cortesana muy famosa llamada Marie Duplessis. Les garantizo que el texto de Dumas apesta a factura vieja que alguien debería pagar.

Lágrimas a raudales, cartas de ida y vuelta en las que se expresan sentimientos profundos, apariencias que arrasan el mundo de los personajes y que resultan falsas. Muchas cosas en la novela. Pero todo eso está en la superficie. En cuanto pensamos un poco en lo que nos cuentan comenzamos a sospechar que aquello no tiene lógica alguna ni en el París de la época ni en ningún lugar o tiempo.

Dumas utiliza lo que en literatura se llama narrador apoyado. Cuando comienza el relato Marguerite ya ha muerto. El narrador nos lleva hasta Armand para que nos cuente de primera mano lo que sucedió y, finalmente, nos mostrará las cartas que escribió la joven a su amado cuando se separan. Por tanto, son tres bloques narrativos a los que se enfrenta el lector. Pero no hay que olvidar que el narrador es ese primero y no los protagonistas del relato. Pues bien, vamos descubriendo lo que parece una intensa y romántica historia de amor. Sin embargo, algunas cosas no terminan de encajar. ¿Cómo es posible que, por ejemplo, cuando la pareja se separa, ella se dedique a asistir a orgías para olvidar? No parece muy amorosa la cosa. ¿Cómo es posible que Armand dedique todos sus esfuerzos a destrozar a la muchacha con fiereza habiendo sido el amor de su vida? ¿No hubiera sido algo más lógico charlar un ratito sobre el asunto? Aunque Dumas intenta justificar esa falta de diálogo no lo logra.

Si leemos con atención la novela de Dumas, echaremos en falta que se hable de amor. Se enuncia muchas veces, cientos de veces. Pero solo eso: se enuncia. De lo que se habla es de rentas, de lujos, de celos, de desconfianza. Porque él no sabe amar y ella no quiere hacerlo. Él quiere poseer a la mujer como si fuera un jarrón valioso, como si fuera un gran trofeo. Ella se inventa un amor que hubiera deseado como puro y verdadero, pero lo fabrica sin cimientos que lo sostengan en cuanto el primer contratiempo importante aparece. Una segunda lectura de la novela, en la que el lector está avisado o preparado para hacer una lectura minuciosa, deja al descubierto que todo es puro maquillaje.

No hay que olvidar que esto lo cuenta alguien ajeno a la acción pasada, alguien que mira esa realidad y elige lo que quiere contarnos.

La novela de Dumas es fascinante. Nos dibuja una época y una forma de vida completamente estúpida, al hombre como cazador y a la mujer como presa que no tiene escapatoria, pero que mientras sigue enjaulada es capaz de dar zarpazos casi mortales.

‘La Dama de las Camelias’, aunque disfrazada de novela romántica, habla de la ausencia de amor, de la ausencia de oportunidades, de la ausencia de inteligencia y de escrúpulos, de la ausencia que provoca la muerte.

Un buen libro que, como ocurre siempre con los grandes relatos, hay que leer con cuidado, con los cinco sentidos puestos en cada línea.

G. Ramírez

Ian Fleming sentado acompañado por Sean Connery y los productores de las primeras películas de la saga

‘Goldfinger’ es la séptima novela escrita por Ian Fleming. Se publicó el año 1959.

Es un relato para fans del agente secreto más famoso de la historia, de James Bond. Y, tal vez, no sea la mejor forma de encontrarse con la literatura del autor inglés; algunas novelas son más asequibles. Fleming hizo un esfuerzo considerable para hacer crecer al personaje buscando las aristas de su personalidad, reacciones ante situaciones extraordinarias, ante la injusticia o ante ese pellizco que un hombre siente ante una mujer aunque sea un tipo duro y alejado de la zona más rosa de la realidad. Bond aparece en esta novela en toda su plenitud.

Por otra parte, la trama es más que interesante y se construye desde el detalle, desde la explicación de un universo en el que Bond y el resto de personajes deben sobrevivir a pesar de la maldad, de los planes disparatados en los que todos los villanos se unen para convertirlo en un desierto. El principal de esos villanos es, en esta ocasión, Auric Goldfinger un hombre obsesionado con el oro, con el poder total y vendido al mejor postor (en este caso la organización criminal de contrainteligencia soviética SMERSH; en el momento de escribir el relato, el gran enemigo común era la URSS). Y es uno de los villanos mejor dibujado por el autor (en el cine se consiguió algo similar aunque desde un guion bastante libre).

La novela describe situaciones concretas con enorme detalle. Por ejemplo, el partido de golf entre Bond y Golfinger se narra fijando la atención en aspectos que pueden ‘sacar’ al lector del relato y este es un pequeño inconveniente; pero a cambio el ritmo narrativo es ameno, la acción avanza sin morosidad alguna y el conjunto es atractivo y envolvente.

La edición de Roca Editorial es, como de costumbre, cuidadosa con el detalle y asequible para todos los lectores. Y la traducción de Baldomero Porta Gou es muy fiel al texto original ya que busca alternativas siempre interesantes.

Los fans de 007 tienen en ‘Golfinger’ una oportunidad de bucear en el universo Bond en busca de detalles que configuran definitivamente al personaje y su entorno.

Calificación: Muy buena.

Tipo de lectura: Divertida.

Tipo de lector: Aficionados al género y fans de 007.

¿Dónde puede leerse?: Frente a una joyería.

Philip K. Dick

‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ es la novela más famosa del autor norteamericano Philip K. Dick, pero no es la mejor. La fama del relato tiene mucho que ver con la adaptación al cine que firmó Ridley Scott, ya saben ustedes, ‘Blade Runner’, una adaptación libre que se convirtió en película de culto y que afianzó el relato como otro motivo de admiración y fanatismo entre los seguidores de la ciencia ficción.

La novela, junto a ‘Neuromante’ de William Ford Gibson, es el germen del cyberpunk, una estética que se vio desarrollada, por completo, en ‘Matrix’.

El planeta Tierra se dibuja como un escenario post apocalíptico en el que la vida se ha convertido en una tragedia para casi todos. Por eso, gran parte de la población ya vive en otros planetas diferentes. Y allí, en los nuevos hábitats, se convive con androides que realizan los trabajos más duros. Estos androides evolucionan de forma radical de modo que, llegado el momento, se rebelan contra el sistema y deben ser ‘retirados’ (¿asesinados?). En la Tierra se convive con los animales eléctricos (copias casi perfectas de los reales que han ido desapareciendo para siempre o están a punto de hacerlo). Así, tener un animal en casa es signo de prosperidad. Lluvia radioactiva, un polvo que acaba con la inteligencia, 'basugre' por todas partes...

La novela plantea, fundamentalmente, los límites que existen entre lo real y la copia de ello por perfecta que sea, y lo plantea haciendo que la evolución de los personajes nos hagan pensar en que esos límites pueden moverse con cierta facilidad. Philip K. Dick tuvo una imaginación fabulosa y su texto habla de algo que ya está sucediendo desde que la inteligencia artificial se hace un hueco en nuestras vidas. También explora territorios que tienen que ver con el anhelo del ser humano que le lleva a intentar subir escalones que, sencillamente, no existen; indaga el territorio en el que la necesidad de la empatía humana se hace imprescindible para sobrevivir; rasca en la superficie de una sexualidad fingida que puede sustituir la que tiene como protagonistas a los hombres y mujeres del mundo… La novela es una reflexión muy moderna y abre un debate en cada página para el lector que se encuentra con una distopía insoportable en el que la persona sigue siendo fundamental e insustituible.

No se trata de un texto en el que la gran literatura aparezca de forma clara, no, al contrario es un texto con limitaciones técnicas más que considerables (el desarrollo interno de los personajes o los diálogos son lo más llamativo por sus carencias). Y, esta vez, no sirve decir que lo importante de los personajes es su relación con las situaciones nuevas y que la que mantienen entre ellos es secundaria, porque no es cierto. La trama se desarrolla con fluidez y, a veces, el autor se enreda con ideas que no termina de desarrollar y deja en manos del lector por si quiere hacer con ellas algún ‘experimento’ antes de dormir.

Merece la pena echar un vistazo a este relato aunque nadie debe buscar soluciones definitivas a todas las opciones que las distintas versiones de ‘Blade Runner’ planteó.

Lo interesante de leer ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’, hoy, es que nos encontramos a las puertas de esa distopía que plantea el autor y que esperamos como si no fuese con nosotros la cosa.

Calificación: Muy interesante.

Tipo de lectura: Apasionante, atractiva.

Tipo de lector: Fans de ‘Blade Runner’, de la ciencia ficción y de los buenos relatos en general.

¿Dónde puede leerse?: En casa, a solas, sin tener la sensación de estar acompañado por un androide o algo parecido.

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