mar 1 2012

En la bahía

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Novela de experiencias sensoriales a través de la naturaleza, pergeñada por Katherine Mansfield, escritora neozelandesa a la que se ha emparentado con el grupo de Bloomsbury por su experimentalismo formal, tendente a dar al mar, los pájaros y la vegetación salvajes que circundan unas casas urbanizadas en forma de bungalows, algo más que un carácter de atmósfera, un impasse a través del que se llega también por medio de unos personajes casi rurales por su primitivismo, a un estado de calma chicha y rutina placentera tras un episodio trágico. El lector asiste, mientras tanto, a un sentido de las cosas que acaban a través del ocaso del paisaje que es paisanaje y a su vez es vida.
Con influencias de Virginia Woolf, el punto de vista se hace si acaso más poético que en la autora de Las olas, y también quizás por ello, más incognoscible y complejo. La bahía adquiere algo más que protagonismo, evolución y los seres que la pueblan son meros adjetivos muchas veces.
Como en El corazón de las tinieblas, se utilizan vivencias espectrales, voces deslumbrantes y el movimiento de una forma bien distinta a la que estamos acostumbrados. Sumergirse en sus páginas requiere a la vez agudeza e imaginación visual, así como comprensión ante el abandono.
Novela donde las palabras adquieren proporción a través del temor a los espacios abiertos, ofrece una visión desmesurada de los elementos que da todo tipo de tonalidades: desde la luz que ciega la vista hasta una opacidad que igualmente y desmereciendo menos de lo que parece, celebra a Faulkner.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Debe buscar algo más que entretenimiento.
Tipo de lectura: Difícil, exigente.
Argumento: La familia en un entorno que estalla y se apacigua.
Personajes: No necesariamente humanos.
¿Dónde leerlo?: Lejos del mundanal ruido.


may 11 2011

La señora Dalloway

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Una de las características esenciales de las novelas y relatos de Virginia Woolf es una especie de afán por inmiscuirse en lo más profundo de la mente de sus personajes sin necesidad del uso y abuso del monólogo interior, gracias a la utilización de narradores de nuevo alcance para la época. En el libro que nos ocupa se podrían conjugar un aparente omnisciente, que realmente es de alternancia limitada y que quizás por momentos se asemeje a la objetividad en el proceso de descripción de acciones, siempre desde dentro.
Así es La señora Dalloway, una criatura de ficción que la autora llegó  comprender y amar desde la disección de sus pensamientos. Como es obvio, la influencia del psicoanálisis está cerca.
Clarissa, que así se llama, ha evolucionado también en su lectura con los tiempos y lo mismo podría ser hoy falsa heroína romántica, que personaje de Mujeres desesperadas o Las horas,lo que está claro es que su mundo ahora plagiado pero en su momento sin referentes es el de una mujer resistente, flemática y universal.
Woolf probablemente murió de lo que hoy llamaríamos sabiduría, no en balde implicarse con su obra de una forma a la vez tan sutil y estrecha, es lo que tiene. Sutil, porque hablamos como en Bulgakov, de sentimientos encontrados (las mujeres no eran lo que son hoy) y estrecha porque a pesar de lo dicho se entiende aquí la literatura como algo más que espesa innovación, un compromiso consigo misma.

Calificación: Genial.
Tipo de lector: Cualquiera que se pregunte por los mecanismos básicos (y no tanto) de la ficción.
Tipo de lectura: Sofisticada.
Argumento: Un día en una fiesta en la campiña focalizado en los pensamientos contenidos de una desgraciada.
Personajes: Muy bien dibujados.
¿Dónde leerlo? En casa junto a El laberinto español de Gerard Brenan.


abr 15 2011

La señora Dalloway

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Virginia Woolf es una de las grandes renovadoras.
De la literatura, por novelas rupturistas con la época en la que escribió, entre las dos grandes guerras; del feminismo, por sus reflexiones sobre la mujer en textos como Una habitación propia; y también del pensamiento por la aplicación de los complejos procesos psicoanalíticos que genera en la creación de sus personajes.
La señora Dalloway (1925) es el paradigma.
Y lo que transmite al relato una energía descomunal, aparte de la lucidez en la percepción de las realidades y de la empatía con los seres que desfilan por las páginas, es el hecho de utilizar como trampolín el marco más vetusto: el viejo espíritu de la Inglaterra imperial; Londres, que sale gracias a Virginia de la niebla en que le sumergiera Turner; The Season.
Porque todo lo que sucede en la novela, sucede en una conciencia universal el día en que La señora Dalloway da una fiesta mundana.
Una narración de impresiones y de pensamientos que va de lo diminuto de las fibras de la hoja de un árbol, a lo general de la luz brillante del verano que lo impregna todo, con un trasfondo pagano y panteísta.
El narrador de Virginia va saltando de un personaje a otro, dibujando el mundo con arabescos de colores, coreografiado como un ballet, en el que hilos imperceptibles unen a los seres humanos entre sí, y también con la naturaleza, mientras que fuerzas misteriosas los repelen. Un narrador que va entrando en la mente de los personajes, interpretándolos para el lector.
De esta manera Virginia Woolf pensó la Inglaterra secular y la reveló al siglo XX. Es una de los grandes escritores de todos los tiempos.

Calificación: Obra maestra indiscutible.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Lúdica y brillante.
Personajes: Vivos.
¿Dónde puede leerse?: En Londres, sentados en Green Park.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual de nuevo o de viejo encontrarás diferentes traducciones.


ago 8 2010

Historia de la literatura gay

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Siempre me ha parecido una tontería la discusión sobre si se puede hablar o no de una literatura gay. ¡Claro que se puede hablar!

Son las obras literarias en las que los homosexuales de todo el mundo se han reconocido y las que han utilizado para manifestarse. Son la piedra angular de los movimientos reivindicativos que arrancan en los años cincuenta. Algunas son obras en las que son gays los personajes y otras son los autores los que desvelan, voluntaria o inconscientemente su tendencia sexual o su voluntad de tocar ese tema. Ese corpus literario es la piel de la visibilidad.

(Hablamos, claro está, de la tradición masculina, la femenina, la lésbica, está desgraciadamente más oculta en la historia y doblemente estigmatizada. Una vez más, y el que escribe lo lamenta, no se habla de ella aquí)

Gregory Woods es Profesor titular de Estudios gays y lesbianos de la Trent University de Nottingham, en Inglaterra, que, sospechamos, está situada a años luz de las universidades españolas.

Hace un repaso pormenorizado y exhaustivo de lo gay en la historia de la literatura y no se queda solo en Proust o en Leavitt; en Maurice o en Las Amistades Particulares. No. Woods se arremanga y escarba a fondo en Virgilio y en Dante y en Conrad y en James y en Woolf y en Fleming (Ian) y así hasta completar un imprescindible índice de nombres que llena cinco de las cuatrocientas veintiocho páginas del volumen. Investiga sobre las lagunas de lo gay en la poesía del África postcolonial y en lo escrito sobre el holocausto. Revuelve en las literaturas periféricas.

Es minucioso y riguroso. Este ensayo debería ser de lectura obligatoria para gays y lesbianas y también para profesores de literatura. Para los que no son ninguna de las tres cosas, es una obra interesantísima de consulta e información. Está estructurado por temas que se suceden en secuencia temporal.

Puede ser una guía de lectura fabulosa. El que escribe esta breve reseña siente una gran admiración por el autor a causa de este ensayo.

Calificación: Interesantísimo.

Tipo de lector: Aficionados a la literatura. Gays.

Tipo de lectura: Amena aunque prolija y minuciosa.

¿Dónde puede leerse?: En una biblioteca bien surtida.

¿Dónde encontrarlo?: En www.libreriaberkana.com


jun 29 2010

Una habitación propia

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

De Virginia Woolf se han escrito muchas cosas. No sé si lo que de ella se dice es o no cierto, pero, sin lugar a dudas, es una escritora que revolucionó el papel de las mujeres en la literatura. Woolf perteneció al llamado Grupo de Bloomsbury (grupo integrado por una serie de intelectuales británicos -Leonard Wolf, Bertran Rusell, Vanessa Well, Katherine Mansfield, John Maynard Keynes- ) a principios del siglo XX. El nombre proviene del barrio en el que se encontraba la casa en la que residía Virginia Stephen y su esposo Leonard Woolf. Este barrio, situado alrededor del Museo Británico de Londres, todavía hoy guarda el carisma y la esencia de los barrios con historia propia. No duden en darse una vuelta por las cientos de librería que pueblan este distrito, si tiene la oportunidad.

Hasta la aparición de Virginia Woolf, el papel de las escritoras era totalmente secundario, posiblemente por el rol social que estaban obligadas a asumir. Las escritoras que encontramos hasta ese momento y que destacaban, son Emily Bronte, Jane Austen o Fanny Burney.  Las novelas de estas autoras despiden, todas, un cierto aroma a escritura de, por y para mujeres. Lo cual, entiendo, nos aleja muy mucho de la verdadera literatura.

Con Virginia Woolf, el panorama cambió. Una habitación propia es un ensayo elaborado a partir del discurso que la autora escribió cuando se le solicitó preparar una conferencia que versara sobre las mujeres y la literatura. Estas dos conferencias se pronunciaron antes la Sociedad Literaria de Newham y la Odtaa de Girton.

En este ensayo, una de las cuestiones fundamentales que Woolf  destaca es, que sin independencia económica, sin un espacio propio, ni el más genio de los genios puede llegar a escribir una buena novela. Por eso, en el año 1928, cuando escribió su ensayo sobre la mujer y la literatura causó un verdadero revuelo. Woolf va desgranando, a lo largo de su escrito, la relación de las mujeres con la novela, así como el papel que tienen asignados en ellas, poniendo de manifiesto que la mayoría de novelas no contienen personajes femeninos que pudieran considerarse reales. En la literatura, hasta entonces, sólo cabían dos tipos de personajes femeninos, las mujeres las que eran buenas y virtuosas o las que eran pecaminosas y la encarnación de todo mal.

Destaca la práctica inexistencia de mujeres escritoras de un cierto nivel. Sin embargo, lo novedoso de esta crítica, no radica en poner de manifiesto lo que ya era evidente, sino en destacar la causa de esta situación que, no es otra, que la falta de una formación concreta sumada a la falta de independencia económica. Sin libertad de todo tipo (este añadido es mío), no cabe una buena novela.

Este y no otro es uno de los pilares de la libertad de las personas, no sólo en la época de Woolf, sino en la nuestra propia. De ahí que se hiciera famosa su reivindicación de “una habitación propia y quinientas libras esterlina”.

El discurso de Virginia Wolf se cierra con algo que a mi me parece fundamental (no sólo en cuestiones literarias, sino como manera de afrontar una vida nueva en libertad), invitando a las mujeres de principios del siglo XX a seguir escribiendo todo tipo de libros, aunque no fueran unas escritoras brillantes, pues sólo asentando las bases de una buena cultura y practica literaria, en el futuro, podrían conseguirse grandes escritoras.

La libertad nunca antes había sido reflejada en una habitación a la que pudiéramos cerrarle las puertas.

Calificación: Excelente.

Tipo de lectura: Precisa e intensa.

Tipo de lector: Escritores en ciernes.

¿Dónde leerse? En las escalinatas del Museo Británico estaría bien, pero nos vale el Museo del Prado, la Fundación Miró o cualquier espacio donde se respire cultura y lo tenga ud. a mano.

¿Dónde encontrarlo? En su librería habitual.


abr 14 2010

Cuando se Abrió la Puerta

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Este volumen editado por Alba, reúne veinticinco relatos escritos por mujeres o, en algunos casos, por hombres a los que inspiraron las mujeres de finales del siglo XIX y principios del XX. Henry James, Virginia Woolf, Constance Fenimore Woolson o Kate Chopin son algunas de las firmas que encontrará el lector en un exquisito trabajo de recopilación a cargo de Marta Salís.

Autoras que iniciaron un camino difícil para acabar con una sumisión absurda y estúpida, muchas de ellas ancladas a matrimonios que, finalmente, no les permitió escribir salvo a escondidas o con seudónimos. Un libro interesantísimo, bien editado, comprometido con una literatura de la buena. El lector encontrará desde relatos que ya son un clásico (Historia de una hora de Chopin es un ejemplo) hasta relatos muy poco conocidos hasta hoy.

Algo caro. Todo hay que decirlo.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lector: Cualquiera. La literatura para hombres o mujeres, sencillamente, no existe.
Tipo de lectura: Deliciosa.
Engancha desde el principio.
No le sobran páginas.
¿Dónde puede leerse?: Cualquier sitio es bueno.


Richard GallianoHistoria De Un Amor