ago 1 2013

No cambies nunca

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

No sé si lo más perturbador de No cambies nunca es que se llena de transexuales que se degradan hasta parecer alienígenas, monstruos de laboratorio, sexo con monos y padres asesinos o la sensación (al terminar la lectura) de querer entender y saber que es casi imposible.
David Sánchez es un autor claramente influenciado por David Lynch (así lo ha reconocido él mismo) en su concepto narrativo y por Ware o Burns en el trazo. Es verdad que de estos últimos arrastra, del mismo modo, esquemas en los relatos. Pero esa influencia que se descubre en No cambies nunca no tapa al autor. Algo que en Tú me has matado sí parecía ocurrir.
El dibujo de David Sánchez busca la perfección. El trazo es limpio hasta la obsesión, no hay una sola mancha en las viñetas; ni una sola. Los colores en este trabajo son mortecinos, deprimentes puesto que nos colocan dentro de centros clínicos por sí mismos. Evocan el olor a éter y pañal usado (de adulto), el olor de aséptico tan característico de la muerte cercana. Eso o a puticlub decadente. Lo que prefieran. El diseño de página va de la simetría (3×2 viñetas por página) a las imágenes ocupando la página entera que coinciden con perspectivas cenitales del personaje o del objeto, bien buscando continuidad narrativa (a ese tipo de página le sigue otra igual) o marcando la importancia inmensa de la imagen.
Los personajes son asombrosos y horribles. El zoo que presenta el autor es amplio y espantoso. Y, claro, sólo a personajes así les pueden pasar las cosas que cuenta el David Sánchez. Cosas que tienen una relación endogámica difícil de descubrir (eso es lo que parece, al menos), cosas que invitan a una segunda o tercera lectura y que no terminamos de ver con claridad. Pero es algo perturbador, algo que se agarra a la consciencia del lector y no suelta.
David Sánchez deja muchos huecos abiertos, muchos lugares que el lector debe visitar y rellenar en su lectura. El que que no esté dispuesto a poner de su parte no podrá saborear un trabajo como este. Porque No cambies nunca es un trabajo excelente, una máquina diabólica para el pensamiento. No se lo pierdan.

Calificación: Brillante.
Tipo de lector: Dispuesto a colaborar.
Argumento: Si cambias la jodes. Algo así. O si no cambias te cambian. Qué sé yo.
¿Dónde puede leerse?: A la puerta de una clínica de investigación de escasa reputación. O a las puertas de un lugar que no le guste a usted nada de nada.
¿Dónde puede comprarse? Pídelo en tu librería habitual. Puedes sacarlo de la biblioteca pública. Suele estar.


jun 10 2012

Tú me has matado

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

En España tenemos un buen número de dibujantes que apuntan excelentes maneras. Uno de ellos es David Sánchez. Buen trazo y guiones que hacen al lector traspasar esa línea tan fina que separa el bien del mal, lo bello de lo horrible, lo sensual de lo sórdido; en definitiva, el lado amable del mundo y su opuesto.
Tú me has matado es un tebeo que descoloca en un primer momento y que deja cada cosa en su sitio (incluido al lector) al finalizar. David Sánchez elige una narración circular para decir lo que quiere. Al menos, esa es la sensación, porque, aunque la figura del círculo aparece finalmente, lo que hace es abrir el compás y señalar la forma sin una continuidad narrativa clara. Esto aporta al tebeo un ritmo muy interesante que no se pierde en ningún momento. Los personajes se van construyendo desde la maldad, desde la violencia. Los que no comienzan en ese punto acaban en él. Porque todos son culpables de que el mundo sea una pocilga, de que todos matemos a todos. Todo se mezcla para dar como resultado la misma cosa. Dios, la muerte, sexo, depravación, falta de comunicación, justicia, abusos. La conversación entre Alonzo y un psiquiatra (este termina dejándose ver como asesino de niños) no tiene desperdicio. La conclusión es que el final es uno sólo y que nada puede hacerse en una situación como la que enseña el autor.
David Sánchez suma una zona surrealista, casi onírica, que aporta una buena dosis de credibilidad a  la narración. Sin esa duda sembrada en los lectores (a través de sus personajes que, también, dudan sobre lo que es y no es) lo contado sería muy difícil de sostener. De este modo, la cosa aguanta bien.
El autor se encarga del color. Otro de los aciertos del cómic. Las gamas van modificándose a medida que el relato lo va demandando y el lector tiene una agarradera narrativa para seguir el hilo sin problemas.
En definitiva un buen cómic de un buen autor al que habrá que seguir la pista.

Calificación: Bueno.
Tipo de lectura: Fácil aunque el tebeo exige volver a él.
Tipo de lector: El que se atreva con cosas diferentes.
Argumento: Entre Dios que no aparece y los hombres y mujeres que sí que están, el mundo es un desastre.
Personajes: Episódicos. Se explican unos a otros.
¿Dónde puede leerse?: En la Ruta 66 mientras tomas café en un bar de carretera.
¿Dónde puede comprarse?: En la feria del libro de Madrid. O en cualquier librería.