abr 12 2013

Doktor Faustus

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Doktor Faustus es -bajo los aspectos formales de una novela- un ensayo sobre el proceso de la creación musical y sobre las profundidades de la mente del artista, entendido como genio, y su ansia de trascendencia.
Una obra ardua, larga, aburrida para un lector común por lo pesada, y porque salvo los musicólogos o los melómanos altamente formados alcanzarán a entender en su totalidad las disertaciones de Serenus Zeitblom, el narrador, sobre la composición musical, sus teorías y sus desarrollos.
Profundamente filosófica además, la novela pretende recoger cierta herencia del espíritu alemán, hasta el punto de que el propio narrador teme en algún momento de la obra, que pueda ser intraducible a otro idioma desde la lengua alemana que Zeitblom nos recuerda salida no hacía mucho tiempo de la anarquía gramatical.
Con estos antecedentes, ¿qué es lo que nos lleva a continuar con la lectura sin claudicar, hasta concluir las más de setecientas páginas de la novela?
En parte es el hecho de que el escritor construye la novela como un salon, en donde se disfruta de buena compañía, se agudiza el ingenio y se adquieren conocimientos mediante la conversación, que es la lectura; se habla de música –sobre todo- a muy alto nivel, con profundo conocimiento e instinto crítico, y no solo de gustos o de modas sino sobre la metafísica de la música. La atención de los lectores que no llegamos a ese nivel puede desertar en algún momento –y el narrador lo sabe- pero en otros atendemos a la narración que asoma, a la descripción de las personas y de los paisajes que afectan a lo contado, nos entretenemos en fin, con charlas sobre las profundidades abisales, o la Vía Láctea, o la revolución religiosa de Salomón, o la gravedad alemana.
Quizás sea también la creación de una atmósfera teológica, en esa búsqueda de las razones últimas de la creación artística, y de la entrega incondicional que motiva y que requiere.
Es –en cualquier caso- el correlato con el momento en el que el narrador nos dice que la escribe -el momento en el que Thomas Mann la escribió- el del colapso de Alemania tras desatar el infierno sobre el mundo, la caída del Tercer Reich, el Ocaso de los dioses. Porque todo en Doktor Faustus tiende a Wagner.

Ésta Vida del compositor alemán Adrian Leverkühn narrada por un amigo es la biografía detallada de un genio, de su pensamiento y sus motivaciones, de la composición de cada una de sus obras con la explicación de sus procesos formales y constructivos. Pero es una ficción, y esto es lo maravilloso.
Mann analiza lo fáustico en la obra de arte, la búsqueda constante de nuevos conocimientos y experiencias -lo oscuro de la vida del artista, ser maldecido incapaz de amar, sometido a su obra, como dios- en donde puede haber cierta parte de reflexión sobre su propia vida y su propia obra.
A pesar de la intensidad, Thomas Mann consigue una fascinación inevitable.
Fuera del texto encontramos información sobre el paralelismo de las vidas de Adrian Leverkühn y Friedrich Nietzsche, la plasmación del pensamiento estético de Arnold Schönberg, padre del dodecafonismo, y la influencia de Theodor Adorno.
Doktor Faustus bascula sobre su capítulo XXV, en el que la aparición de un Ángel del Infierno resume -en una lucha entre lo real y lo fantástico, la racionalidad del norte y el poder seminal del sur, entre el sueño y la vigilia, la voluntad y la inspiración – la intención de la novela, remitiéndola al mundo mitológico y literario germánico.

Calificación: Arduo.
Tipo de lector: Muy intenso.
Tipo de lectura: Ardua.
Argumento: Deshecho en la teoría.
Personajes: Magistralmente compuestos.
¿Dónde puede leerse?: En una casa en un bosque, si es en Alemania, mejor.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


ene 7 2013

La muerte en Venecia

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Thomas Mann nos arrastra, en esta excelente novela corta, a un viaje del que conocemos el final, a un viaje de todos.
Revisa en él su concepción del mundo, de la mitología, del proceso creativo, de la muerte como meta del ser humano. Y lo hace desde una prosa exquisita, llena de matices, difícil de interpretar salvo que el esfuerzo del lector sea importante.
La lectura de esta obra, bien puede quedarse casi en lo superficial y limitarse a una historia de amor imposible entre un hombre recién llegado a su vejez y un adolescente, bien puede convertirse en un reto en el que Hermes, Apolo, Dionísio y un gran número de referencias mitológicas, son protagonistas y convierten el universo del personaje en algo que va más allá. La contraposición y el tránsito entre lo apolíneo y dionisíaco, el camino que hay entre el arte y la muerte, entre la idea y su verbalización, entre la nada de Nietzsche y la eternidad de los dioses; son los pilares de una novela que soportan una trama valiente que quiere indagar en el mundo de un personaje sorprendente y profundo.
En La muerte en Venecia, nada pasa sin ser necesario, cada detalle debe ser tenido en cuenta. Cuando el protagonista, un escritor llamado Aschenbach se refresca tomando una mezcla de zumo de granada y soda, el lector puede quedarse en la anécdota, pero puede llegar a saber (si no lo conoce ya) que ese zumo está vinculado a Hades porque cuando este secuestra a Perséfone se lo hace probar ya que quien toma bocado allí está condenado a no salir jamás. Como le ocurre al personaje con Venecia, como le ocurre una vez que se ve inmerso en un amor prohibido. Los sueños de Aschenbach nos llevan hasta los ritos báquicos, los personajes que pudiéramos considerar actantes (lo son, por supuesto) mirados con atención comparten rasgos que les convierte en el propio Hermes. Todo en el relato es fundamental. La propia Venecia funciona como correlato del personaje y, a la vez, como recordatorio de una Atenas idealizada que termina en desastre. Platón aparece en la narración para quedarse hasta el final. El mar es la eternidad y la propia muerte. El proceso creativo, el talento, la rendición del autor ante una burguesía que acepta, o no, la obra si se adapta a sus cánones o los intenta saltar, todo en La muerte en Venecia nos arrastra hasta la reflexión.
Pero la lectura más superficial es otra opción. Tan buena como la primera. Se trata de una novela tan bien escrita que, aún sin entender el cien por cien de lo expresado, gusta a cualquiera. Esta es una forma de escribir que se echa en falta actualmente.
Thomas Mann es uno de os grandes autores de la historia de la literatura. Y La muerte en Venecia una de sus obras más deslumbrantes.

Calificación: Extraordinaria.
Tipo de lectura: Tranquilizadora.
Tipo de lector: Cualquiera que esté dispuesto a afrontar retos.
Personajes: Perfectos. Los secundarios (todos) representan a un ser mitológico.
Argumento: El viaje inevitable hasta la muerte.
¿Dónde puede leerse?: En el Lido.
¿Dónde puede comprarse?: En tu librería habitual.


may 29 2012

La montaña mágica

Artículo escrito por: Augusto Prieto

La montaña mágica es el relato de una convalecencia, y para ser fiel con el asunto el escritor alemán Thomas Mann utilizó todos los recursos que una mente poderosa puede manejar, destacadamente la persistencia necesaria para haber desarrollado y concluido con éxito una narración de una extensión enorme, que unida al tono moroso y a la ausencia verdadera de un argumento -en el sentido convencional de la palabra- convierten la obra para el lector en algo que parece, como la misma convalecencia del protagonista Hans Castorp, que no se va a terminar nunca. No es extraño que su autor la considerara una novela del tiempo, porque el tiempo, como vemos, es una de las claves del libro, sobre la que reflexiona y con la que trabaja, un tiempo que se dilata para los enfermos, para el narrador, para los lectores.
Por supuesto en una obra tan larga y tan densa cabe todo, hay largas páginas de solemnidad plúmbea entreveradas con descripciones y pensamientos sublimes.
Hubiera sido imposible recrear de otra manera la atmósfera literaria de ese gran sanatorio en Suiza, clausurado por las montañas, cercado por la nieve y los meteoros, en donde una sociedad variada y cosmopolita pretende la curación de sus cuerpos -e intuimos que de sus almas también- en una civilizada reclusión.
En el todo, y en cada uno de los capítulos, el lector podrá encontrar los símbolos y las metáforas que prefiera, especialmente de la sociedad y la situación política en Europa en los momentos previos a la Gran Guerra.
Sabemos que Thomas Mann acudió a visitar a su esposa, ingresada en un sanatorio en Davos, en donde gestó ésta obra que tardó catorce años en concluir, se publicó en 1924.
La montaña mágica es la gran novela de la morbosidad y de lo patológico, en ella Mann nos habla sobre la enfermedad, la monotonía relativa de una vida estrictamente reglada y ordenada, aislada del mundo exterior, donde los pensionistas intentan una seguridad imposible frente a las incertidumbres de la existencia humana y cuyo epítome es su tema más evidente: la enfermedad como antesala de la muerte. Una novela densa de reflexiones sobre el comportamiento humano y la sociología del sufrimiento.
Para comprender Der Zauberberg en su complejidad, el lector debería investigar sobre la evolución del pensamiento germánico en la época del escritor, el planteamiento de sus sistemas filosóficos y morales, los mecanismos de su idioma, porque más que novela es un compendio, en el que se mezcla lo político en su sentido más positivo y más profundo. Es imposible leerla sin pensar en esa montaña mágica como en un Venusberg, y en su protagonista como un buscador del conocimiento y la verdad, un caballero Parsifal en busca del Grial que tropieza con una pasión amorosa enfermiza y extraña que atraviesa los géneros, crece y se apodera de él encarnada en una exótica mujer del Daguestán.
En ese Sanatorio Internacional Berghorf en donde se filosofa, se experimenta con el espiritismo, se estudian la botánica y la astronomía, se reclaman duelos de honor y se asiste a los últimos y asombrosos adelantos de la ciencia y la técnica, mientras los internos comen sibaríticamente, toman vinos y licores sin medida y fuman excelentes cigarros.
Thomas Mann nació en Lubeca, en 1875 y murió en 1955 cerca de Zúrich, su legado es polémico.

Calificación: Muy intensa.
Tipo de lector: Paciente e intenso.
Tipo de lectura: Lenta y extenuante.
Argumento: Escaso.
Personajes: Excepcionales.
¿Dónde puede leerse?: Ingresado en un sanatorio.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual o en www.libreriamendez.net