sep 27 2011

Logicomix

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Fascinante cómic firmado por Apostolos Doxiadis y Christos H. Papadimitriou e ilustrado por Alecos Papadatos y Annie Di Donna.
Eligen como narrador principal a Bertrand Russel que cuenta en una conferencia cómo se interesó por las matemáticas, por la lógica; y cómo la filosofía fue apareciendo en su pensamiento. Puede parecer que el asunto es duro y sólo accesible para los que ya estén iniciados es estos tres campos. Pero, sin embargo, los autores (hábiles y astutos) aparecen como personajes de la propia narración aclarando algunas ideas e indicando el camino más recto al lector para entender y disfrutar. Lo hacen representados como autores y dibujantes con la obra en marcha.
Los mejores pensadores de finales del siglo XIX y principios del XX llegan descargando su sabiduría a través del narrador que convierte en toda una aventura su propio aprendizaje.
Los textos son magníficos. Justos y claros. Bien medidos para no llegar a zonas farragosas aunque suficientes para no quedarse en tierra de nadie.
La ilustración es brillante y trabajada. El color destaca las zonas más relevantes y las zonas más oscuras matizan los textos en los que las sensaciones (por ejemplo, los miedos del niño Russell) necesitan ser elevadas a través de trazo. Y no es que los autores carezcan de un discurso potente para expresar esas sensaciones. Ese no es el problema. Es que el espacio para el dibujo existe bien definido y cumple con su papel.
Excelente novela gráfica que nos acerca al filósofo, a la ciencia y a una filosofía que cuestiona el universo.

Calificación: Muy buena
Tipo de lectura: Conviene que sea pausada para asimilar bien lo que se lee. Pero es muy agradable a la vez.
Tipo de lector: Jóvenes. Es una oportunidad única para que descubran ciencia, pensamiento y lo que significa la lectura.
Personajes: Interesantísimos y llenos de ideas.
Argumento: La verdad.
¿Dónde puede leerse?: En casa. Con tranquilidad.
¿Dónde puede comprarse?: En tu librería habitual.


dic 9 2010

Robinson Crusoe

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Cuando sentimos nostalgia, a menudo recurrimos a libros que nos recuerden la urgencia de actuar, libros que cuentan vidas enteras llenas de incertidumbre y sinsabores. Para ello, decidimos acercarnos a los clásicos y en concreto a esta novela de aventuras escrita por Daniel Defoe del siglo XVI-XVII, en que se nos narra en forma de parábola la vida de un hombre rebelde (no me des consejos, que quiero equivocarme yo solo) que decide desoír las advertencias que su padre le hace por llevar una vida cómoda y práctica. El caso es que Robin, que así se llama el muchacho y aún a sabiendas de que su hermano perdió la vida en una expedición, decide hacerse marino, encontrando junto a un capitán de barco consuelo sólo cuando se emborracha con él celebrando su supervivencia, y es que de eso va esta novela, de la necesidad de regresar y a la vez de quedarse para demostrarse a sí mismo que en entornos hostiles, lo único que cuenta es uno mismo, y en esta evolución nos volvemos inevitablemente animales, fieras que no sucumben a las peores tempestades y que se adaptan a un sueño. Quizás por ello lo llamen novelas.
África y una isla cercana a Brasil serán paraderos donde el buen salvaje Robin se adapte a su medio solo, con la única compañía de una caja de tabaco y unos granitos de soja, alejado de toda civilización y resto humano posible. Este momento resulta tan desasosegante como el hecho de imaginarnos a nosotros mismos en esa posición, por lo que la llegada de un barco maderero que le ayude a aprovisionarse no se hará esperar.
Luego llega la socialización, cuando Robin salva a Viernes, siendo así convertido en su esclavo, amigo y señor, con quién presenciará la guerra entre España e Inglaterra.

Calificación: Imprescindible.
Tipo de lector: Dispuesto a paladear una buena obra de aventuras, precursora quizás de todo el XIX, pero sin su fuste.
Tipo de lectura: Sencilla, amena, épica.
Argumento: Sobre la incertidumbre como forma de vida.
Personajes: Alejados del estereotipo, quizás porque lo están creando.
¿Dónde leerlo? Por contraste, en cualquier jungla de asfalto.


dic 2 2010

La comedia de las equivocaciones

Artículo escrito por: Carmen Neke


Los intelectuales postmodernos que afirman con gran convencimiento que la intertextualidad ha supuesto la liberación de la literatura gracias a los nuevos avances tecnológicos, harían bien en repasar sus conocimientos de la historia de la literatura. La comedia latina fue la inventora del “remake” o el versioneado de obras ya existentes, su teatro se basó en comedias griegas cuyo original en muchos casos no ha llegado a nuestros días. Plauto se sirvió ampliamente de esta práctica, combinándola con la contaminatio es decir la mezcla de dos o más piezas teatrales, lo que ya en su época le valió amplias críticas de ciertos sectores que criticaban su falta de originalidad creativa y de respeto hacia las obras de las que se servía para elaborar su teatro. Todo ello no le impidió sin embargo gozar de una enorme popularidad y de ser reconocido entonces y en nuestros días como un estupendo autor teatral.

Muchos siglos más tarde, en la Inglaterra del siglo XVI, el joven William Shakespeare empieza su carrera como dramaturgo. Habiendo recibido una sólida formación académica, conocía bien los clásicos y las prácticas teatrales de la comedia de la antigua Roma. De esta manera, para escribir su Comedia de las equivocaciones , que bien podría haber sido la primera pieza que compuso, se dejó inspirar ampliamente por Plauto tanto para el contenido de sus obras como en sus métodos creativos. El argumento de esta comedia de Shakespeare, con el equívoco entre los hermanos gemelos como base de la trama, está claramente basado en Los Menecmos de Plauto (obra basada a su vez en una comedia griega desconocida hoy), pero Shakespeare la amplió introduciendo en ella elementos de otras comedias de Plauto, como Anfitrión. Está claro que los conceptos de originalidad, autoría y plagio todavía no se habían inventado, y que aún careciendo de ordenadores, la libertad creadora del artista tenía en aquella época muchos menos límites que en la actualidad.

Calificación: Muy entretenida.
Tipo de lector: Al alcance de todos los públicos.
Tipo de lectura: Fácil y amena.
Argumento: Las cosas no son lo que parecen.
Personajes: Dos parejas de gemelos provocan toda una serie de equívocos entre sus sufridos conciudadanos.
¿Dónde puede leerse?: Mucho mejor verla representada, si tiene ocasión.


sep 20 2010

Muerte en la vicaría

Artículo escrito por: Carmen Neke

Se celebra estos días el 120 aniversario del nacimiento de Agatha Christie. Una conmemoración que sirve como excusa para que los autores actuales de novela policíaca se despachen a sus anchas contra la abuela del género: sus novelas serían inconsistentes, artificiales, con personajes arquetípicos y sin crítica alguna hacia la sociedad de lujo que se refleja en ellas. El único mérito de la autora consistiría en haber sabido mantener su popularidad durante decenios, aunque en la actualidad sus novelas amarilleen en librerías de viejo.

Como bien diría la señorita Marple: cuánta maldad hay en el mundo. Agatha Christie no escribió literatura ni pretendió jamás que sus obras tuvieran dimensión literaria alguna. Eran las suyas novelas de entretenimiento, con una intriga insólita en el mejor de los casos y muy predecible en los otros, que se situaban en los ambientes que la autora conocía bien: los pueblos de la campiña inglesa, el Londres de entreguerras, las colonias británicas en Oriente Medio. Sin grandes derroches de color local, son los diálogos los que van trazando las situaciones, los ambientes y la psicología de los personajes, lo mismo que los comentarios al margen de esos narradores en primera persona tan deliciosos y tan tendenciosos de los que se sirve en muchas de sus obras. Con una sana dosis de cinismo, Christie supo convertir en héroes novelescos a los personajes socialmente más inaceptables, como era el caso de una vieja cotilla o un extranjero ridículo de marcado acento francés. Y así como de pasada fue plasmando de manera implacable los peores defectos de la sociedad en la que vivía, su racismo, su xenofobia, su clasismo trasnochado y su nostalgia por un imperio que se estaba desmoronando. Todo ello sin perder jamás la sonrisa ni el debido respeto a las formas, que la escritora era toda una dama.

Muerte en la vicaría es una novela prototípica de Agatha Christie. La intriga es banal y el elenco de personajes presenta todos los prototipos imaginables de la vida de un pequeño pueblo inglés. Pero en esta novela también se pone de manifiesto el mayor acierto de la autora, y el motivo por el que sus novelas se sigan leyendo con el mismo gusto sesenta años después de su publicación. La señora Christie vivió en el campo y en la ciudad, viajó por el mundo y trabajó en excavaciones arqueológicas. Y todo esto le enseñó que los motivos que mueven a los seres humanos son siempre los mismos, en todos los lugares, todas las culturas y todos los tiempos. Agatha Christie supo ver lo universal de los instintos humanos, y supo plasmarlos en sus novelas con un estilo único lleno de contención, ironía y buenas maneras. Los amores, odios, rencillas, envidias y simpatías de St Mary Mead van a seguir siendo muy reconocibles para los lectores del siglo XXI.

Calificación: Encantador, con su punto de angostura.
Tipo de lector: Cualquiera, absolutamente cualquiera.
Tipo de lectura: Limpianeuronas, es como una sauna mental.
Engancha desde la primera línea.
Argumento: El típico caso del cadáver que aparece en la vicaría, los múltiples sospechosos y las pistas falsas que pretenden despistar al lector. El argumento es lo de menos, lo delicioso son los diálogos y las frases como aguijones que va intercalando la autora en ellos.
Personajes: Los sospechosos habituales en este tipo de novelas, con un papel estelar para la señorita Marple y sus anécdotas pueblerinas que siempre la llevan a pensar lo peor de todo el mundo y de esta manera descubrir la verdad.
¿Dónde puede leerse? Perfecto para el metro o el autobús, o para no volverse loco durante las fiestas patronales de su lugar de residencia.


jul 15 2010

Los premios

Artículo escrito por: Carmen Neke

Es arriesgado repetir con los antiguos amores, sobre todo si se trata de un primer amor de juventud que dejó una profunda huella. Pero con Julio Cortázar se juega sobre seguro, cada relectura es una fiesta, un reencuentro en la cima del placer lector. Por pura casualidad descubrí que tenía Los premios perdido en mi biblioteca, en una edición totalmente impresentable (no sé qué pasó pero las páginas están todas arrugadas como si hubiera sido sumergido en un baño caliente). Pero ese mal estado del libro no impidió que hiciera una relectura compulsiva de él, admirada, emocional. Qué gran genio literario el de Cortázar, qué manera de crear personajes, recrear ambientes, organizar una situación absurda en la que coloca a sus caracteres para que hablen, se relacionen y vean cómo salir de ella. Poco pasa en el libro, y lo poco que pasa es bastante absurdo, pero ¿a quién le importa si mientras tanto los personajes mantienen unos diálogos que se leen casi sin respirar de lo hermosas que resultan esas frases?

Los personajes intelectuales son de una pedantería devastadora, las familias populares de la Boca hablan en un dialecto propio bien acorde a su vestimenta y conducta, que llena de espanto a las familias bienpensantes burguesas también presentes: toda la sociedad de Buenos Aires se halla representada a la perfección en este crucero, perfectamente identificable cada uno de los estamentos sociales por su conducta, su lenguaje, sus ideas. Pero ese es el planteamiento, después la novela avanza y como confiesa el propio Cortázar en la nota final:

El primer desconcertado he sido yo, porque empecé a escribir partiendo de la actitud central que me ha dictado otras cosas muy diferentes; después, para mi maravilla y gran diversión, la novela se cortó sola y tuve que seguirla, primer lector de episodios que jamás había pensado que ocurrirían a bordo de un barco de la Magenta Star.

Calificación: Delicioso.

Tipo de lector: Cualquiera.

Tipo de lectura: Ágil, amena, un Cortázar para todos los públicos. O casi, que los monólogos que se intercalan son aún más herméticos que las páginas más herméticas de Rayuela.

Argumento: Un grupo de habitantes de Buenos Aires gana como premio un crucero que no parece ir a ninguna parte. Unos se conforman, otros por suerte o por desgracia no.

Personajes: representan todos los estamentos sociales del Buenos Aires de la época, con una caracterización lingüística y de comportamiento que roza la perfección.

¿Dónde puede leerse? Lo ideal sería en un crucero, pero cualquier sitio vale.


jun 13 2010

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Artículo escrito por: Carmen Neke

Hace unos días me vi envuelta  por enésima vez en la eterna discusión sobre la calidad literaria y si hay o no criterios fijos que la determinen. Y como siempre sucede, al final acabó saliendo a relucir el caso del Quijote: por qué aceptar sin más que es una obra maestra si me aburrí soberanamente leyéndolo, argumentos de este calibre. Me aburre ya esta polémica, porque el Quijote es una obra maestra aunque al lector actual le resulte difícil y pesada su lectura.

Cervantes, como todo el mundo sabe, escribió el Quijote en clave de parodia de los libros de caballerías que tan de moda estaban por aquel entonces: es como si hoy día alguien escribiera una parodia de libros de Templarios o de detectives suecos. Lo que ocurre es que Cervantes era un gran escritor, de los de pura raza. Y para hacer su parodia creó a dos personajes, don Quijote y Sancho, que serían los precursores de todos los dúos dispares y unitarios a la vez que desde entonces han existido en la literatura, el cine y la televisión: desde Sherlok Holmes y el doctor Watson hasta el poli bueno y el poli malo de las películas americanas. Don Quijote y Sancho son unos personajes profundamente humanos y complejos, que Avellaneda intentó imitar sin éxito en su continuación apócrifa de la novela, y quienes en venganza regresarán en la segunda parte del Quijote para reivindicar su auténtico yo literario. Cervantes fue quien introdujo en la narrativa moderna el humor, el juego, los guiños al lector. Y también los diferentes planos de lectura, la separación entre autor y narrador, la metaliteratura, hasta se introdujo a sí mismo en su obra. Todo esto para acabar, al igual que don Quijote, teniendo que admitir que su empresa había fracasado: su obra fue tremendamente popular, pero los literatos la despreciaron por comercial y poco seria, por no ser Literatura con mayúsculas.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es una novela total, inmensa, inconcebible. Su lenguaje y su forma han envejecido mal, el lector actual puede tener problemas con su lectura porque estamos acostumbrados a formas narrativas muy diferentes a las de entonces. Pero quien quiera hacer un esfuerzo y sumergirse en la lectura de este tocho, se adentrará en un viaje del que no volverá indemne. Porque los personajes siguen teniendo la misma fuerza humana que tenían hace 400 años, los sueños de los seres humanos no han cambiado nada desde entonces: todos queremos seguir soñando con un mundo en el que las Maritormes son hermosas doncellas, y donde Sancho Panza es capaz de llevar como goberador la justicia a la ínsula que se merece por derecho propio. Porque siempre vamos a admirar a aquellos que se atreven a ir por la vida con el yelmo de Mambrino sobre la cabeza.

Calificación: Fuera de categoría.

Tipo de lector: De los que ya no quedan.

Tipo de lectura: Exigente, monótona, fascinante, divertida.

Va enganchando y desenganchando a lo largo de la lectura, pero la necesidad de seguir leyendo crece a medida que avanza el libro.

Argumento: No piense que es una novela sobre un loco que se cree caballero andante, porque no lo es.

Personajes: Estupendos, estupendos de verdad todos ellos. Todo aspirante a escritor debería leer a Cervantes para aprender cómo caracterizar a sus personajes.

¿Dónde puede leerse?: Donde le dejen en paz y no le importunen con comentarios estúpidos acerca de su elección de lectura.