jul 22 2011

Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Después de intentar leer este libro, sigo fumando. No lo digo como si fuera algo maravilloso. Al contrario. Soy esclavo de un vicio repugnante que no le recomiendo probar a nadie. Una estupidez de jovencito que me pasa factura cada día. Tendré que intentar un método distinto porque esto de leer libros tan mal escritos me produce daños cerebrales, posiblemente, irreversibles.
La intención es buena. El mecanismo una auténtica desfachatez. Incluso este tipo de libros debe estar bien escrito. No pido que se haga escritura de gran calado. Pido una corrección mínima.
El caso es que, Allen Carr, nos muestra el camino que nos lleva a dejar el tabaco definitivamente. Cuenta con la experiencia propia y reparte consejos a diestro y siniestro. Se dirige al lector como si le tuviera delante, alentando a todo aquel que se deje. Fumar es malo. Único mensaje. Buen mensaje. Pero es que la redacción es penosa, casi insultante.
El que sea capaz de leer semejante cosa que lo haga si eso sirve para dejar fumar. Pero luego lean algo que merezca la pena por aquello de la contaminación desde el lenguaje y los daños cerebrales irreversibles.
Por cierto, fumo desde los 22 años. Lo dejé durante cinco años. De 1993 a 1997. Volví a fumar. Es un asco. Si no lo han hecho nunca evítenlo. Si ya lo hacen lean este libro o apaguen su último cigarro sin avisar (así lo hice yo y funciona al menos cinco años). Es un asquito. Se lo digo yo.

Calificación: Peor escrito no podría estar. Pero igual les ayuda con el tabaco.
Tipo de lectura: Una tortura.
Tipo de lector: Pues ya saben.
¿Dónde puede leerse?: En la puerta de un estanco por si les pasa lo que a mí.
¿Dónde puede comprarse?: En su librería habitual.


mar 28 2011

Riña de Gatos. Madrid 1936

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Eduardo Mendoza hace una literatura inconfundible. Hay lectores que afirman poder reconocer sus textos sin saber, a priori, si son o no de él. Desde luego un texto escrito con elegancia, con ironía de la fina, cercano al costumbrismo -en el que la caricatura del personaje se hace presente como referente- y la creación de un escenario claro en el que todo encaja con suavidad, tiene muchas posibilidades de estar firmado por este autor. Un inglés llega a Madrid antes de que estalle la guerra civil. Ha de tasar unos cuadros propiedad de un duque, pero eso es sólo el principio del verdadero trabajo que tendrá que realizar. El hombre se sumerge en una ciudad atronadora, llena de vida, una ciudad que se mueve entre la belleza y el caos. Naturalmente, esa experiencia cambiará su percepción de las cosas. Los diálogos son exquisitos. Si bien no son técnicamente nada del otro mundo, el sentido del humor del autor va dejando poso en cada personaje para que se construyan desde esa zona narrativa. Muy divertidos. Las situaciones que plantea la trama llegan casi al disparate en algunos tramos de la narración aunque Mendoza termina controlando la situación y sale airoso después de meterse en algún que otro lío porque el enredo en la historia va aumentando y con ello las expectativas. Yo no sé si sería capaz de distinguir un texto de Eduardo Mendoza. pero, desde luego, lo que si tengo claro es que sus novelas son siempre agradables y permiten un tiempo de lectura tranquila y sosegada. Ah, ya era hora de que el autor se paseara por Madrid en un libro.

Calificación: Bueno.
Tipo de lectura: Fácil y entretenida.
Tipo de lector: El que quiera pasar el rato tranquilo entre sonrisas.
Algo más de economía en la escritura no estaría mal, pero la editoriales venden libros al peso y eso se nota en las obras de los autores.
Personajes: Divertidos aunque no dejan marca en el lector. Serán olvidados.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier taberna del centro de Madrid.
¿Dónde puede comprarse?: En cualquier librería.