mar 1 2012

En la bahía

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Novela de experiencias sensoriales a través de la naturaleza, pergeñada por Katherine Mansfield, escritora neozelandesa a la que se ha emparentado con el grupo de Bloomsbury por su experimentalismo formal, tendente a dar al mar, los pájaros y la vegetación salvajes que circundan unas casas urbanizadas en forma de bungalows, algo más que un carácter de atmósfera, un impasse a través del que se llega también por medio de unos personajes casi rurales por su primitivismo, a un estado de calma chicha y rutina placentera tras un episodio trágico. El lector asiste, mientras tanto, a un sentido de las cosas que acaban a través del ocaso del paisaje que es paisanaje y a su vez es vida.
Con influencias de Virginia Woolf, el punto de vista se hace si acaso más poético que en la autora de Las olas, y también quizás por ello, más incognoscible y complejo. La bahía adquiere algo más que protagonismo, evolución y los seres que la pueblan son meros adjetivos muchas veces.
Como en El corazón de las tinieblas, se utilizan vivencias espectrales, voces deslumbrantes y el movimiento de una forma bien distinta a la que estamos acostumbrados. Sumergirse en sus páginas requiere a la vez agudeza e imaginación visual, así como comprensión ante el abandono.
Novela donde las palabras adquieren proporción a través del temor a los espacios abiertos, ofrece una visión desmesurada de los elementos que da todo tipo de tonalidades: desde la luz que ciega la vista hasta una opacidad que igualmente y desmereciendo menos de lo que parece, celebra a Faulkner.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Debe buscar algo más que entretenimiento.
Tipo de lectura: Difícil, exigente.
Argumento: La familia en un entorno que estalla y se apacigua.
Personajes: No necesariamente humanos.
¿Dónde leerlo?: Lejos del mundanal ruido.


ene 16 2011

Los Trazos de la Canción

Artículo escrito por: Augusto Prieto

La de Bruce Chatwin ha sido una de las personalidades interesantes del siglo XX. Viajero y gran fabulador.
En este libro de viajes, intentó condensar los estudios y las anotaciones de largo tiempo dedicado a reflexionar sobre el nomadismo, a meditar sobre las respuestas a una pregunta que todo viajero –que no turista- se hace mientras que viaja, pero también antes de partir; se la hizo Rimbaud: ¿Qué hago aquí?
El lugar buscado para esta reflexión es el gran outback australiano.
Los Trazos de la Canción son caminos invisibles, evocados con el sonido, con los que los aborígenes australianos establecieron una especie de mapa del territorio; una malla de lugares sagrados que se anuda sobre los complejos mitos de la creación del mundo. Es un sistema de una complejidad desconcertante, difícil de entender, sobre todo, por las restricciones que la cultura aborigen impone sobre su difusión y su conocimiento.
Por lo menos Chatwin lo intentó. Conocimiento y acercamiento en unos difíciles años setenta en los que la exclusión y el racismo marcaban la (des)integración de los propietarios tradicionales en la sociedad australiana.
Los Trazos de la Canción es una obra romántica, ambiciosa, y quizás fallida; no llega a la penetración psicológica que el escritor alcanzó con su libro anterior, En la Patagonia, y solo consigue arañar la corteza de esos trazos sin llegar a ponerlos en conexión feliz con este viaje.
Aun así es una obra interesante.
Está el sarcasmo en la descripción de las personas y la astucia para captar el detalle y re-crear el momento. Es el retrato de una sociedad dividida y extraña, el intento de establecer una geografía totémica y de conectarla con otros mitos ancestrales, porque estos no son más, para Chatwin, que fragmentos de vida espiritual del hombre primitivo que apremia reconocer.
Son de gran interés las reflexiones sobre la violencia humana que salpican el libro, siguiendo a un encuentro con Konrad Lorenz, y sabrosas las anotaciones sacadas de las libretas de apuntes que conectan nomadismo, instinto y evolución e investigan la tendencia humana a desplazarse incansablemente de un lugar a otro; en ellas brilla el talento de Bruce Chatwin.
El escritor, aunque muy crítico con él, no deja de reconocer la deuda con los estudios de Strehlow (Aranda Traditions, Songs of Central Australia) y con El Pensamiento Salvaje de Lévi-Strauss.

Calificación: Interesante.
Tipo de lector: Aficionados a la antropología y los libros de viaje. Viajeros por Australia.
Tipo de lectura: Sencilla.
Argumento: El imprescindible para fijar sus reflexiones.
Personajes: Como siempre en Chatwin excéntricos y grotescos.
¿Dónde puede leerse?: Viajando hacia Australia.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería de viajes deberían tenerlo, por ejemplo www.deviaje.com o www.orixa.com


ene 13 2011

Ocho teorías sobre la religión

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Daniel L. Pals presenta en este volumen diferentes formas de entender la religión. Presenta y apenas discute nada de lo que otros dicen. Casi es más un escaparate que otra cosa. Es verdad que el libro es muy útil para aquellos que necesitan consultar las propuestas que hacen Tylor y Frazer, Freud, Durkheim, Marx, Weber, Eliade, Evans-Pritchard y Geertz, como principio de entendimiento de lo que supone la religión para el ser humano. Pero eso mismo se encuentra en las obras de cada uno de los autores. Los comentarios y análisis de Pals se quedan algo cortos y se ciñen al hecho religioso sin comparar las diferentes teorías y sin rozar aspectos sobresalientes (como, por ejemplo, la antropología en su vertiente critica).
Añade el autor una serie de sugerencias para que el que esté interesado pueda ampliar la información sobre cada autor. Hubiera sido un detalle destacar, de cada una de esas lecturas, lo más interesante. Más que nada porque las sugerencias deben sumar cerca de 20.000 páginas. Y, además, el lector tiene la sensación de quedarse a medio camino y obligado a buscar en un segundo intento.

Calificación: Nada del otro mundo aunque se refiera a eso precisamente.
Tipo de lectura: Muy técnica.
Tipo de lector: Ha de estar muy interesado en el asunto.
Faltan muchas cosas en el libro.
¿Dónde puede leerse?: En casita y con un buen café.
¿Dónde puede comprarse?: En cualquier librería especializada.


ene 10 2011

Desde mis poemas

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Compilación realizada por Cátedra de los cuatro poemarios del escritor zamorano Claudio Rodríguez. Ya en la declaración de intenciones inicial se nos hace partícipes de una visión a la vez deudora del clasicismo y las vanguardias. Castilla y León, el Cantábrico y sus estados de ánimo proyectados sobre el paisaje y paisanaje de sus gentes, no le son ajenos, cultivando con astucia y prolijidad en el verso largo no sólo retratos y semblanzas majestuosos, deudores y a la vez independientes de los de Sánchez Mejía o Don Guido, donde se trasplanta por magia una visión ambivalente del camino, espejismos en que palabras como el miedo o el silencio se explicitan y racionalizan.
En Don de la ebriedad, escrito con tan sólo 17 años, el autor implanta un modo de observación de la naturaleza que a veces es contemplación juiciosa, por momentos alucinante, viciada y mágica, para terminar evocando una reflexión que es distinta en cada lector según la experiencia vivida. Esa ebriedad que tan poco tiene que ver con el clásico in vino veritas, se hace aquí tan diamantino como en San Juan de la Cruz, y a la vez trata de quitarse importancia a sí mismo.
Algo que llama la atención además es la velocidad como meta en los versos, lo que convierte su obra en algo moderno y capaz de transustanciarse en lo que es y en lo que parece con suma facilidad. El ultraísmo y futurismo están pues presentes, y es que hay algo artísticamente encomiable y es su coherencia interna; los cuatro poemarios bien podrían ser todos un poema, y a la vez todos uno solo, y esto se logra no sólo en beneficio de la temática a tratar, sino de la forma y profundidad en sus propósitos.

Don de la ebriedad
Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

Calificación: Extraordinario.
Tipo de lector:  Decidido a no encontrar respuestas vitales.
Tipo de lectura: Incisiva y plácida; perezosa y concentrada.
¿Dónde leerlo?  En una casa de campo plácida escuchando a una avutarda.


oct 13 2010

El árbol de la ciencia

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Si existe en la literatura algo llamado realismo, debería de ser esto: una crónica social que es relato de la vida de un individuo, donde las descripciones, directas y sin artificio, se suceden hasta el exceso: de las personas y sus familias, de los paisajes, de las ciudades y los pueblos de España y de las sociedades que componían su población en los finales del siglo XIX. Ha de recordarse que El Árbol de la Ciencia, fue publicado por primera vez en 1911. Su autor, Pío Baroja, lo consideró su obra más lograda y mejor compuesta.
Es uno de los libros de obligada lectura en los institutos, o al menos lo era hasta no hace mucho tiempo, quizás porque los expertos en educación entiendan que ha de ser más liviano para los jóvenes, por estar compuesto en capítulos breves y esquemáticos, en los que se maneja un castellano preciso y abundante, pero carente de dificultad. También por su ortodoxia formal, su previsibilidad. Puede ser que los que lo incluyan en los planes educativos, año tras año, se equivoquen, porque es una obra en la que el paisaje social se queda antiguo, congelado en un pintoresquismo que a los adolescentes les resulta en general antipático, porque carece de fantasía y su pulso narrativo es continuo, sin momentos álgidos.
Sin embargo esa falta de fantasía que perciben los adolescentes, es el mayor valor de la novela, porque Baroja ha sabido apartarse, apartar la literatura, para dejar la verdad de una vida no cierta. Eso demuestra en un escritor sabiduría y generosidad.
El Árbol de la Ciencia es una novela muy madrileña, ambientada en su mayor parte en los rincones de la capital; retrata una España que lucha por salir de un atraso de siglos para alcanzar una tardía ilustración. Un país dividido -al que ya habían hecho referencia otros escritores y filósofos- entre conservadores y liberales, bárbaros e ilustrados, entre la tradición y la modernidad, lo ciudadano y lo provinciano. Una visión pesimista, en general, que percibimos a través de la juventud y maduración de su protagonista, Andrés Hurtado, que es un misántropo cerebral, frío, un héroe idealista con quien resulta difícil simpatizar. Es una novela de iniciación a la vida. Su tema principal es el progreso y las fuerzas que lo intentan detener. Todo el libro está dominado por la razón y lleno de referencias a la medicina, que es la profesión que estudia y después ejerce Hurtado y sus compañeros. Es cierto que las ideas que sostienen el tema central debieron de ser avanzadas en la época pero hoy no podemos dejar de observar prejuicios, seguramente inevitables, pero ingratos. Porque los ciclos históricos hacen cambiar las formas de enfrentarse a lo leído.
Un repaso a las ideas filosóficas que influyeron al autor y su relevancia para el avance social, ocupa en forma de diálogo, uno de los capítulos y justifica el título, implacablemente agnóstico y antirreligioso.
Por su mensaje, de profundo pesimismo y por cierto matiz impresionista en las descripciones, se adscribe a Baroja a su generación, la de los escritores del 98, en vez de al Realismo del que participa y con el que convive.

Calificación: Es una lectura correcta y conveniente.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Cómoda y sencilla.
Argumento: Rápido y consecuente, bastante previsible.
Personajes: Atractivos y veraces, aunque el protagonista se hace antipático.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería.


sep 18 2010

La casa de los encuentros

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Novela de ruidoso antibelicismo escrita por el consolidado autor británico. Se trata de un relato polimórfico en el que se hace patente la adversidad en tiempos de exterminio y guerra por los cuatro costados. La historia es la de dos hermanos que viven en la frontera espacio-temporal entre los campos de exterminio nazis y los urkas stalinianos; ambos son presos políticos, enamorados de la misma mujer, Zoya, sólo que el narrador se siente desesperado por no poseerla, mientras que Lev, el hipersensible, mediocre y por fin famoso poeta, vive desengañado por otras cuestiones que perturban más su estado físico y psíquico, al no ser tomado en cuenta por la misma para casarse e irse de allí hacia un terreno de bienaventuranza y olvido.
Narrada como una carta que el otro hermano escribe a su hija Venus, producto de su relación con otra mujer, se hace por momentos complicado saber donde miente exactamente y por qué lo hace, de hecho su discurso resulta tan ambivalente y fragmentario, que por ocasiones pierde coherencia como diario de guerra de un represaliado, siendo él alguien que se beneficia más que sufre las tiranías descritas.
La novela es deudora del espíritu de clásicos como Archipiélago Gulag, y sin ser una de las grandes del autor, lo cierto es que la perspectiva caleidoscópica del relato y su estilizada redacción lo mantienen como empeño en exigente propuesta que cae al vacío por la impronta de querer ser algo bien escrito, y solamente eso.
Otro enigma de la novela que en un principio funciona como resorte, pero que acaba siendo injustificable, es la misma existencia de la casa que da nombre al título.
Calificación: Regular.
Tipo de lector: Conviene leerla, sólo para aprender a desconfiar del narrador.
Tipo de lectura: Amena, poco exigente en su fondo, aunque compleja como proyecto.
Argumento: Dos hermanos, uno de los cuales tiene una apariencia brava y el otro tímido. Sobre lo contradictorio de estas apariencias.
Personajes: Demasiado sesgados a un estereotipo, falta humanidad.
¿Dónde puede leerse? Siendo soldado de infantería y sabiendo a buen seguro que nunca te van a mandar a Afganistán.


abr 9 2010

Antología del cuento norteamericano

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Richard Ford fue el encargado de seleccionar los cuentos que incluye este volumen editado por Galaxia Gutenberg. Antología del cuento norteamericano recoge lo mejor de ese género desde finales del siglo XIX hasta finales del XX. Raymond Chandler, Henry James, John Updike, Tobias Wolff o Lorrie Moore son algunos de los autores que aparecen en un índice que impone por su importancia.

Es un libro al que conviene arrimarse. Se trata de una magnífica selección que permite al lector comprobar la evolución de este género a lo largo del tiempo, cómo las voces van modificando su presencia en la literatura norteamericana (y en la mundial al mismo tiempo, claro), cómo los personajes se perfilan desde registros que en su momento fueron novedosos o son los utilizados en la actualidad. Es muy curioso cómo se aprecia la incorporación de las nuevas técnicas de un relato a otro, del enfoque de los temas, e, incluso, la repetición de alguna trama ya conocida dentro de otra perspectiva que la convierte en novedosa.

Un libro necesario para conocer un género que, a pesar de la importancia que siempre tuvo, nunca ocupó el lugar que corresponde en las mesas de novedades o en las listas de ventas.

No se pierdan los cuentos de Ernest Hemingway, Grace Paley, Tim O’Brien y Kate Chopin. Son, sencillamente, magníficos. Y decir eso, teniendo como rivales al resto que forma el conjunto de la selección, es mucho decir.

Calificación: Imprescindible.
Tipo de lector: De 15 años en adelante sin excepción.
Tipo de lectura: Fascinante.
Engancha desde el principio (cada relato).
No sobra ni una página incluyendo el prólogo. Se echan de menos más relatos.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier lugar. En un campo de fútbol podría intentarse, pero será difícil.


rod stewartwhat a wonderful world