jun 5 2012

Nadar en agua helada

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Nadar en agua helada es un poemario escrito por Recaredo Veredas. Un buen libro que no trata de ser oscuro ni tendencioso ni un muestrario de recursos colocados para que el lector quede deslumbrado. Es un poemario que trata de decir las cosas como sólo puede hacerse en poesía, esto es, con las palabras exactas. Construido desde el poema en prosa trata de ahondar en la ausencia de quien te acompañó, en la bajada a los infiernos propios para tocar fondo, en el pataleo constante que supone salir a flote. Pero, también, en las ayudas externas a las que recurrimos cuando todo parece perdido, en los recuerdos que si no son domados te devoran, en la soledad que asfixia desde una cama deshecha en la que reposa el desecho de lo que fuiste.
Con un lenguaje limpio y cuidado (tal vez abusa de algunas palabras que se repiten sin una justificación clara) construye una ciudad soportada en el propio yo porque es lo mismo; una fauna compuesta de remordimientos, preguntas sin posible contestación y elementos muertos e inservibles que fueron vida.
La imágenes no son excesivas o exageradas; algunas de ellas ni siquiera brillan; pero es lo que el poemario necesita. Esa tendencia de algunos autores hacia el numerito literario lo controla bien Recaredo Veredas. Dice lo que hay que decir y lo dice bien.
Algunos escritores quieren con su literatura ordenar el mundo para explicarse lo sucedido. Yo no sé si Veredas tiene la intención última de conseguirlo, pero lo que parece claro es que este libro es un vehículo perfecto para hacerlo, para dejar cada cosa en su sitio a modo de exorcismo. Porque el autor, sin apenas dejarse ver (nadie le imagina intentando escribir el poema con la lengua fuera) está en cada palabra escrita. Con el don de la escritura elegante y honda. Porque el mundo, su entorno, se perfila desde la creación de un hombre que tendrá que soportar una realidad dura, fatídica.
Es posible que de los últimos libros de poemas que he leído sea el que mejor sirva para los jóvenes que quieran acercarse a la poesía moderna. Nada de oscuridades queridas, nada de excesos que alejen a los menos entrenados en la lectura. Y, sin duda, es un libro que gustará a todos los que se encuentren con él en las manos.
Buen libro. Buen autor. Habrá que seguirle la pista.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lectura: Amable, exigente y sorprendente casi siempre.
Tipo de lector: Cualquiera que quiera acercarse a la poesía.
¿Dónde puede leerse?: Frente a un espejo.
¿Dónde puede comprarse?: En la feria del libro de Madrid. En estas fechas es el mejor lugar.


jul 13 2010

Pendiente

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Nunca he comprendido muy bien porqué el relato breve no se considera del mismo modo que la novela. Es tradicional que se valore mucho mejor una novela mediocre que un buen libro de relatos.

Pendiente de Recaredo Veredas en un buen libro de relatos. El autor con una elegancia al escribir exquisita y un dominio del lenguaje más que notable consigue un libro de relatos que parece un libro de relatos. Esto, que puede parecer una afirmación sin importancia, es una de las mejores cosas que se pueden decir de este tipo de publicaciones. Y es que el relato es lo que es. Deberían mostrarnos ese momento en que el mundo cambia, el personaje se modifica o el narrador sufre un cambio sustancial por lo que ocurre. No se dibuja un mundo que haya que explicar puesto que eso es cosa de novelas. En el relato breve no puede faltar ni sobrar una sola palabra. La concisión al narrar, el dominio del lenguaje para decir lo que sea preciso del único modo que puede decirse o la creación de personajes evitando retóricas absurdas y maquilladoras son algunas de las características del cuento. Técnicamente las diferencias, por tanto, son muchas e importantes con respecto a la novela. Pero sería muy largo de contar.

El caso es que los relatos de este libro lo son. La técnica que utiliza el autor la que debe ser. El hilo conductor es visible y hace coherente el conjunto de la obra. No son relatos construidos para hacer que os finales se llenen de fuegos de artificio porque no es necesario. Es un buen libro de relatos. Es literatura. Y, todo esto, no es poco tal y como está el patio.

Sólo una pequeña pega. Uno de los cuentos, “Interludio”, que parece estar colocado en el centro del libro para que el lector se tome un respiro ante la intensidad narrativa del resto de la obra, se queda muy a mitad de camino. Es un chiste bien contado y no aporta gran cosa al conjunto. Pero esto es algo menor puesto que se recibe mucho más, mucho, del resto que lo que este “Interludio” roba.

Prologa el libro Manuel Rico, poeta y crítico literario. Editorial Dilema fue la responsable de su edición. Una pena que en el momento de su publicación y, a pesar de las críticas excelentes que acumuló, pasase desapercibido para el gran público.

Aún tienen una oportunidad para leer un buen libro.