nov 24 2013

En la orilla

Artículo escrito por: Florencia del Campo

Han empezado a circular en España preguntas que intentan averiguar si existe una literatura de la crisis. El escritor Isaac Rosa dio una conferencia hace más de año para hablar precisamente de esto (a lo que respondió en su momento de manera más bien negativa).
La literatura argentina, por ejemplo, tiene una tradición de la literatura de la crisis que le permite hablar de literatura post-19 y 20 de diciembre (de 2001) e incluso clasificarla en aquella que se refiere concretamente a estas fechas versus otra literatura también de la crisis que trabaja con la fecha elidida, pero que se refiere a todo el contexto sociopolítico, cultural y económico que la circunda (me estoy basando en las ideas expuestas por Sebastián Hernaiz en su excelente artículo crítico titulado Sobre lo nuevo: a cinco años del 19 y 20 de diciembre).
España, tal vez, necesite que pase el tiempo.
Sin embargo, lo cierto es que ya se pueden leer algunas novelas que toman la crisis, la amasan y la hacen tema en la literatura actual. Es el caso de las obras de Isaac Rosa, pero también el caso de Rafael Chirbes, a quien voy a referirme y específicamente a una de sus novelas: En la orilla.
En la orilla es una novela sobre la crisis. Una crisis mencionada concretamente con la palabra crisis pero también referida a través de todos sus tópicos: paro, suicidios, burbuja inmobiliaria, deuda pública, sistema bancario, reforma laboral, pobreza. Por otra parte, es también una novela sobre el camino de la vida, la amargura de la vejez, el rumbo hacia el deterioro y la muerte, la pudrición y la furia de la naturaleza.
Esteban es un viejo que debe cuidar de un anciano, su padre. Setenta y noventa años respectivamente; demasiada vejez. Y demasiado resentimiento como para no sentir una mezcla de odio y lástima a la hora de sacarle al padre el pañal lleno de mierda y hundirse en el hedor que la vejez no disimula. Además, por culpa de la crisis, Esteban debe cerrar la carpintería en la que trabajó toda su vida, la que heredó de su padre, la que era de su abuelo. Y debe despedir y dejar en el paro a sus empleados, cinco hombres, no todos españoles, a los que les observa los ojos para terminar de despreciar o sentir compasión.
Hay un elemento omnipresente en toda la novela, que funciona como un personaje más: la naturaleza. Hay un pantano en la historia. Camino al pantano hay prostitutas (que aparecen como artefactos y autorizan un discurso sexual burdo que roza la repugnancia). Allí se pesca y se caza, se mata. En el pantano hay sangre. En el pantano hay carroña. Hay cañas que cortajean la piel con sus hojas. Hay historia y pasado. Y hay un muerto.
Rafael Chirbes maneja una prosa impecable. Se da el lujo de cambiar de narrador cuantas veces quiere (recurso que al menos destaca –no se sabe si por voluntad propia o sugerencia de sus editores- con un cambio en la tipografía, señalándola en itálica cuando el narrador ya no es Esteban), de insertar diálogos sin utilizar las marcas gráficas de los mismos (los guiones o rayas), de mezclar el discurso directo con el indirecto, de intercalar voces. En la orilla es mucho más que una novela sobre la crisis.

Calificación: Muy interesante
Tipo de lector: Informado.
Tipo de lectura: Crítica y perturbadora.
Argumento: Realista.
Personajes: El narrador es el personaje principal (salvo excepciones excepcionales).
¿Dónde puede leerse?: Al aire libre, en Valencia.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


sep 12 2011

La caída de Madrid

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

En torno a la muerte, junto a la cama de Francisco Franco, Caudillo de las Españas, se estructuran voces, que son pensamientos, que son sentires y acciones, definiendo un puñado de personajes, que desde la traición o fidelidad a sí mismos, nos recuerdan una Transición democrática difícil y en la que, ya fueras tirio o troyano, tenías que actuar en una dirección: la hoy por todos conocida y reconocible en nuestras vidas.
Tiene la novela de Chirbes una inmediatez que no da tregua al lector que busca el compás y la armonía, quizás porque no existió tal, pues cada uno de ellos con su máscara y coraza tiene su peculiar modo de vestirse o desnudarse ante la narración. El objetivo es no sentirse hipócrita ante nadie, definiendo el panorama de las dos Españas que tanto furor hace en la capital.
El identificable José Ricart, nos recuerda a su Crematorio, a la vez que define el legado de la empresa familiar tan común, por el que sus hijos son príncipes y los nietos pordioseros.
Es esta una novela más apta para el desapego político que para tragar con lo que viene y enriquecerse de inmediato. Nos encontramos además con víctimas del pasado, como el agente Maxi, súbdito de los fachas que enloquece ante el amor de una prostituta, un estudiante desencantado que luchó con los grises y dos profesores de Universidad, que independientemente de la materia que imparten buscan medrar y/o tener sueños de izquierda.
Alternando el monólogo interior con la escasez de aliento corto, temas como el sexo están tratados desde la ingenuidad o torpeza hasta el vicio o la dominación, todavía demasiado masculinizada.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lector: Alguien que le guste perderse por laberintos, aún a sabiendas de que se puede encontrar.
Tipo de lectura: Amena, interesante.
Argumento: Las dos Españas, la ambición, la pérdida.
Personajes: Estupendos.
¿Dónde leerlo?: Con buena compañía.


sep 7 2010

La buena letra

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

No descubro nada si digo que Rafael Chirbes es un escritor excelente. Más leído en Alemania que en su propio país. Tampoco eso es un descubrimiento. Pero supongo que todavía quedan lectores que no lo han llegado a leer. Es muy difícil que, entre más de 60.000 títulos publicados al año, nadie descubra nada salvo lo que nos presentan los grandes grupos en la prensa, los libros que llegan precedidos de gran fama desde otros países o esos libros que triunfan porque los lee un famoso y lo dice en televisión. No es Chirbes un autor de masas, pero es un novelista y ensayista con oficio, con un mundo en la cabeza muy necesario para la literatura y la humidad necesaria para que pueda seguir siendo decente en este mundillo literario tan penoso.

La Buena Letra es una novela, sencillamente, fantástica. Chirbes construye una voz narrativa potentísima para descubrir un país quebrado por la victoria y que se articula (para muchos) desde una derrota vergonzosa que les convierte en existencias vagas. Lo hace echando mano de un lenguaje limpio, muy eficaz, lejano a los adornos que tanto les gusta a los que no saben expresar sino rellenar las páginas de grandilocuencia repetitiva y absurda. Dibuja un país entero desde lo pequeño de las personas, retrata a una generación entera en apenas 150 páginas claras y llenas de significado. Cuando el lector lee la primera línea no puede dejar de hacerlo. Y cuando cierra el libro lo sigue haciendo porque ese mundo se incorpora al suyo. Eso es una de las cosas que tiene la buena literatura. No hay héroes, no hay brillo, no hay nada que nos lleve a lugares de descanso. Ese libro es un cosmos completo y en el cosmos todo se mueve, todo significa.

Si el que escribe tuviera que elegir un par de autores españoles del siglo XX, no dudaría en señalar a Juan Benet y a Rafael Chirbes. Si el que escribe tuviera que recomendar una sola novela a alguien que quiere descubrir eso que los buenos profesionales llaman literatura, no dudaría en señalar La Buena Letra.

Calificación: Extraordinaria.

Tipo de lectura: Inolvidable, muy asequible.

Tipo de lector: Cualquiera puede acercarse a la grandeza de la literatura.

Engancha desde el principio. No sobra ni una página.

¿Dónde puede leerse?: Frente al Valle de los Caídos. Para entender mejor las cosas.

¿Dónde puede adquirirse?: Una librería que no tenga un ejemplar terminará siendo una tienda de todo a un euro.