jul 14 2010

Por el camino de Swan

Artículo escrito por: Augusto Prieto

A Marcel Proust le cuesta arrancar. Sus primeras páginas son una suma deslavazada de recuerdos de la infancia de un niño hipersensible, consentido y enfermizo. ¡Un coñazo de niño, vamos! Se entiende entonces a los que no soportan esta obra inmensa y a los que habiendo intentado su lectura se desinteresan de ella.

Pero pasada esta vaga introducción -sesenta y un páginas en la edición de Alianza para la biblioteca Proust, traducida por Pedro Salinas- se produce el milagro y lo hace en forma de magdalena. La célebre magdalena empapada de té, cuyo sabor desencadena tres mil setecientas treinta y ocho de las páginas más intensas y prodigiosas de la historia de la literatura. Una narración única si tenemos en cuenta la apariencia de que en ellas su autor no cuenta prácticamente nada.

Porque Marcel Proust considera que el hecho de que durante su infancia, los sábados se adelantase una hora el almuerzo por una razón tan banal como la de que la criada se tuviera que acercar al mercado de un pueblo vecino, podía haber sido núcleo apto para un ciclo legendario (sic). Parece que sobran los comentarios sobre lo que el autor es capaz de hacer con cualquier otra cosa.

A partir de ese momento cae un velo y podemos ver la red imperceptible de las neuronas del cerebro humano estableciendo contacto con chisporroteos de luz, entramos en los conductos desconocidos de la memoria y el recuerdo y pocos dejarán de sentirse impresionados ante un despliegue de certidumbres, de comparaciones desproporcionadas y de razonamientos subjetivos que saltan de lo personal a lo universal por la magia de la literatura.

La mayor parte de este primer libro de la saga –son siete- la dedica el escritor galo a plasmar de forma imborrable los recuerdos de su niñez manufacturados por el tiempo y recuperados por la voluntad autónoma e inconsciente de los sentidos. Continúa con la narración de los amores de Swann con Odette de Crézy cuya relación le permite establecer algunos de los temas claves de la novela, que crecerán en los libros posteriores: la hipocresía social, las apariencias, los celos, las formas del deseo.

Es revelador el último capítulo porque desarrolla algo que es decisivo para la exacta interpretación de lo escrito y esto es el poder evocador de los nombres de los lugares –que será también el de las personas- como hecho destacado en sí mismo a la manera de los cabalistas hebreos. La creación del lugar a partir de la pronunciación de su nombre.

Con estos tres ejes, Proust articula una obra profundamente psicoánalitica en donde se estudia cómo lo vivido contribuye a la creación de la personalidad y donde los objetos, las personas y los nombres tienen un poder taumatúrgico.

Este primer libro de la saga, es –y no por ser el primero- de capital importancia para emprender la lectura de la obra y el que escribe, aún prefiriendo el libro tercero, El Mundo de Guermantes, entiende como correcto que si alguien ha de leer solo uno de los libros para entender el mundo proustiano debe de elegir este.

No debemos omitir que Francisca, la criada, acude los sábados al mercado de Roussainville-le-Pin; La capacidad para leer esta obra en su idioma original –aún cuando se precise compararla con una traducción- es un regalo añadido para el lector.

Calificación: Obra maestra incontestable.

Tipo de lector: Afanoso

Tipo de lectura: Ardua hasta que se coge el tono.

Argumento: Aparentemente débil.

Personajes: De una intensidad demoledora.

¿Dónde puede leerse?: La cama parece el lugar ideal para entender la personalidad de la tía Leoncia, el punto de vista. Porque la cama como objeto mueble es decisiva a lo largo de la novela y lo fue para el escritor en vida.

¿Dónde encontrarlo?: En cualquier parte. En las mejores librerías siempre existe un ejemplar.


may 31 2010

En busca del tiempo perdido

Artículo escrito por: Augusto Prieto

A la recherche du temps perdu es el gran monumento de las letras francesas y una de las obras que más ha influido en la historia de la literatura.

Es una gran osadía intentar reseñar esta obra única. Éste atrevimiento solo admite como disculpa la voluntad de intentar acercarla a quien no la ha leído y la promesa de detalladas recensiones de cada uno de los libros que la componen.

Inmerso en los diferentes movimientos que estudian la conciencia en los inicios del siglo XX, Marcel Proust, que era un curioso personaje en sí mismo, se propone el ambicioso proyecto de explorar los recuerdos y la realidad de la memoria, de aprehender el tiempo perdido. Una vez tomada la decisión se vuelve hacia su infancia y empieza a devanar un hilo interminable que se retuerce sobre la sociedad aristocrática a la que el autor perteneció, sin darse cuenta de que ésta, estaba entonando su particular canto del cisne.

El resultado es un roman a clef, una crónica social en clave, puesto que los personajes están inspirados en personas reconocidas e influyentes de la sociedad cosmopolita como el barón de Montesquiou-Fézensac o la condesa de Chevigne, nacida Laure de Sade. Es también una memoria de la pequeña historia que alumbró el siglo XX: el elegante París de Hausmann y de los bulevares,  las consecuencias del caso Dreyfus y el impacto de músicos como Debussy, actrices como Sarah Bernard o de los estudios de Ruskin sobre la estética.

Es una obra muy, muy intensa. Muchas personas la detestan, y es perfectamente comprensible; otras entre las que me cuento, piensan que es excepcional y disfrutan releyéndola una y otra vez. Existe el mito, que puede ser cierto, de que si se consigue leer las primeras cincuenta páginas, la narración te atrapa irremisiblemente. Porque sí es cierto, que la lectura requiere un tiempo de adaptación al ritmo, al tono y a la atmósfera y que una vez que esta se produce la novela se convierte en un mundo nuevo y diferente de cualquier otra obra de la literatura, situándose a medio camino entre la novela, el psicoanálisis y la teoría del arte.

En cualquier caso no hay que temerla y se debe afrontar con calma y con persistencia.

La longitud de las frases entremezcladas de pensamientos subordinados, resultan particularmente significativas e intensas en su lengua original.

La narración se extiende a lo largo de siete libros interminables: Por el camino de Swan, habla de los recuerdos de la infancia, A la sombra de las muchachas en flor, del despertar a la adolescencia y a la sensualidad, El mundo de Guermantes es el retrato de la aristocracia y el estricto orden social, cuya corrupción subterránea se analiza en Sodoma y Gomorra, mientras que en La Prisionera y La Fugitiva se analizan con obsesión el infierno de los celos y la relación amorosa. El último libro de esta singular novela se titula El tiempo recobrado, hace el efecto de memoria y de compendio, es una reflexión personal sobre lo vivido y lo contado desde la certidumbre de la decadencia.

En busca del tiempo perdido es una novela única. Referente necesario de la cultura occidental. Es citada de continuo en los textos literarios y filosóficos de la contemporaneidad y la postmodernidad. En Francia trasciende a la categoría de mito y es símbolo de identidad nacional. Ha influido definitivamente en el pensamiento del último siglo.

Si se consigue penetrar el velo, es una de las narraciones que pueden acompañar a una persona durante toda la vida.

Calificación: Obra maestra indiscutible.

Tipo de lector: Cualquiera con voluntad de culminar su lectura.

Tipo de lectura: Difícil hasta que se entra en la forma narrativa.

Argumento: Denso.

Personajes: Brillantes. Oriana de Guermantes destaca como uno de los grandes personajes de la literatura universal.

¿Dónde puede leerse?: en casa y con concentración.

¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería.


Debussy, ClaudeClaro de Luna