ene 14 2012

Memorias de Pitita

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Pitita (Esperanza Ridruejo) nos decepciona y nos defrauda. Nos lo hubiéramos podido imaginar. Ella o sus negros nos aburren (¿tiene negros Pitita?). No se sostiene ni una sola de sus páginas porque no están bien escritas y porque donde esperábamos encontrar anécdotas caprichosas, hallamos humo.

No tiene suficiente Pitita con su tío, el inquietante Ridruejo, ni con los fantasmas de su casa de Roma, ni con sus embajadas. Ni siquiera a las apariciones de la Virgen le saca jugo Pitita.

Espero que nadie piense que el que escribe esto tiene algo en contra de Pitita porque ella es una señora de toda la vida (frotar el índice y el pulgar con la mano derecha levantada a la altura del hombro). No. Ni tampoco porque se atreve a posar en la portada con su perrito favorito, parure de perles y un cardado asombroso. Todo lo contrario. El que escribe tiene algo en contra de Pitita porque considera que es necio no haber aprovechado toda esa fabulación y esa pose.

El editor también se equivoca. Pitita no es un Tema de Hoy.

Hasta las fotos que exhuma para acompañar el texto son ordinarias si exceptuamos la que le hizo Fellini para unas pruebas en Cinecitta que para el caso podría ser falsa.

Pitita le pidió a Carmen Polo que le cambiara la mesa alargada de su residencia por una redonda porque no le servían los manteles. Pues bueno.

Escribió Paco Umbral: “Pitita vive en su mundo de Guermantes”. Yo, que no soy Paco Umbral, la veo más Verdurin. Será por estas memorias.

¡Ay, Pitita, hija, qué pena!

Calificación: Estremecedor.

Tipo de lector: Degradado.

Tipo de lectura: Sencilla, eso sí… mira tú.

Argumento: Su mezquina vida.

Personajes: Los del papel cuché (más su padre).

¿Dónde puede leerse?: En un viaje en el transiberiano para tirarlo después por la ventanilla.

¿Dónde encontrarlo?: No se lo pienso decir.