jun 18 2013

Deudas y dolores

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Encontrar buenos personajes, en según qué libros, se nos antoja tarea árdua, pero no por ello menos atractiva. En Deudas y dolores del escritor norteamericano Philip Roth (no carente de enjundia, valioso e irónico), se disecciona, a través de la muerte de un militar que estuvo en la Guerra de Corea, los furibundos y lúcidos restos de un naufragio. Porque el valor como falta de cobardía está siempre más que cuestionado. Porque estamos ante un gran libro, sin duda, donde lo neurótico en una ciudad como Chicago muestra su cara más implacable y no por ello menos divertida. Da la sensación de que estamos ante diálogos de besugos o borrachos, pero ¿quiénes, dicen, se mueven como pez en el agua en según qué terrenos pantanosos?; se utiliza un narrador que desdobla su categorización en tres personajes y así la novela invita a no fiarnos de ese Gabe Wallacki que quiere convertir en solemne el matrimonio de Libby con Paul Herz, así como el conocimiento de Martha Reganhart y sus múltiples hijos. Porque Gabe quisiera ser sólo espectador y no puede ni recibir el perdón o la gracia, quizás por eso vive taladrado por el encuentro de unos personajes que diseccionan a Henry James y su Retrato de una dama, arguyendo demasiados años de estudio como para no querer saber si en el autor que inauguró la modernidad hay fraude o autenticidad; y así aparece de las primeras, la trama en que supuestos estudiantes de doctorado reconvertidos en novelistas a su pesar, se hacen con una visión siempre incompleta por rugosa del asunto.
En Paul ama a Libby, el autor empieza a avasallar de otro modo a los personajes y lectores en torno al resultado positivo o negativo de un test de embarazo. Paul no está preparado para la concepción, al contrario que Libby que, gracias a la sensibilidad envolvente de éste, no quiere saber que sabe estar embarazada.
Pero no sólo esto es la novela, las reflexiones metaliterarias que describen el oficio de vivir según Wallach así lo atestiguan.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lector: Algo resbaladizo.
Tipo de lectura: Literariamente fecunda.
Argumento: Cargado de connotaciones.
Personajes: Inciertos, a estudiar.
¿Dónde leerlo?: Lejos de cualquier realidad incendiaria; tomando notas.


feb 24 2011

El asesino ciego

Artículo escrito por: Carmen Neke

El asesino ciego viene avalado por el prestigioso Booker Prize que Margaret Atwood consiguó en el 2000, toda una hazaña para una autora canadiense, feminista y activista en diferentes frentes. La protagonista naradora es Iris, una octogenaria que escribe la historia de su vida y de su familia para que su nieta ausente conozca la verdad de lo sucedido. Su narración en primera persona es además la única fuente de información del lector sobre los hechos narrados, lo que convierte a los demás personajes en figuras de cartón piedra sin personalidad propia aparte de un par de rasgos arquetípicos. Son personajes planos de quienes ignoramos todo sobre sus sentimientos, pensamientos o motivaciones, por lo que tenemos que creer todo lo que nos diga Iris sobre ellos sin poder formarnos una idea propia del asunto. Pero cabe poner en duda la veracidad de la versión que nos da Iris, a medida que avance la novela nos va a ir demostrando que es una narradora muy poco de fiar. Sé que el punto de vista exclusivo del narrador es una elección consciente de la autora, pero el no ofrecer ninguna versión alternativa de los hechos al lector me parece un fallo. Otros escritores americanos hicieron algo parecido, como Philip Roth en Mi vida como hombre o Saul Bellow en Herzog, pero aportando por medio de conversaciones, testimonios o cartas un contrapunto a las afirmaciones extremas del narrador-protagonista, y esto le daba una mayor dimensión y profundidad a los hechos narrados, además de servir para humanizar a todos los personajes.

Me ha gustado mucho la forma fragmentada de contar la historia, con saltos en el tiempo, interpolaciones de articulos de prensa y la inclusión de una novela romántica que a su vez incluye una novela pulp de ciencia ficción. Pero el final del libro no ha logrado convencerme, lo he encontrado artificioso y efectista en exceso. Me he quedado con la impresión de que la autora ha volcado toda su energía en la compleja estructura narrativa, en mantener el delicado equilibrio entre obra literaria y novela de género con el que coquetea durante toda la narración, y no le ha quedado tiempo para poblar su libro de personajes de carne y hueso. Margaret Atwood demuestra tener una enorme pericia narrativa y un gran talento creativo en registros muy diferentes, pero no me han gustado las vueltas de tuerca que da a la historia para elevarla por encima de un simple drama lacrimógeno. Un poco menos de técnica efectista y un poco más de contrapunto narrativo habrían venido bien para profundizar la calidad literaria de esta novela.

Calificación: Muy bueno. Y muy tramposo.
Tipo de lector: Un libro muy accesible a cualquiera.
Tipo de lectura: Enormemente entretenida, pero por desgracia va a peor conforme se avanza.
Engancha desde la primera línea.
Le sobran muchas páginas, y le faltarían algunas otras.
Argumento: La historia de una pobre niña rica que salió respondona, contada por ella misma en versión libre.
Personajes: La narradora es el único personaje que merece tal nombre, el resto son meros figurantes en la narración.
¿Dónde puede leerse? En algún lugar público, luciendo la preciosa portada.


jun 29 2010

Patrimonio

Artículo escrito por: Carmen Neke

Una de las cosas que me llaman enormemente la atención de la narrativa de Philip Roth es su sinceridad tan absoluta. Roth es capaz de escribir sobre cualquier tema, y de hacerlo sin juzgar, comentar o criticar. Se limita a exponer los hechos y los pensamientos a través de sus personajes, sin hacer ningún tipo de jucio de valor al respecto. Pero esto no quiere decir que sea una narrativa fría o distante: al contrario, se siente una enorme comprensión y empatía hacia las faltas, los vicios y los defectos que se van plasmando de manera casi documental. El autor no juzga, pero comprende. Esto es así en cada libro de Roth, pero en el caso de Patrimonio es aún más impresionante porque se trata de su propia vida lo que está novelando aquí. El libro trata sobre los últimos meses de vida de su padre, a quien diagnostican un tumor cerebral, y la difícil relación con su hijo, sus conversaciones, sus recuerdos. El autor hace de Philip Roth un personaje que sufre, ama, duda, rechaza… sin intentar justificar, explicar o suavizar la verdad, expuesta además con grandes dosis del típico humor judío amargo, absurdo y mordaz que Roth reconoce haber heredado de su padre. Hay que ser un gran autor para ser capaz de hacer algo así.

Es admirable la manera que tiene el autor de plasmar los sentimientos encontrados que le provocaba esta figura paterna, los años de lucha interna y la final aceptación del hombre que era su padre, con todas sus virtudes y todos sus defectos. La madre, en cambio, apenas aparece para morir y dejar al padre en la desolación y la soledad. La vida de la madre existe solamente en función de la de su marido, como figura silenciosa, paciente y amable pero sin las dimensiones míticas que se le conceden al padre. Una vida dedicada a los demás que no merece más que un par de párrafos sueltos en la obra de su hijo, quien es capaz de amarla y respetarla pero no de admirarla.  Es este un libro para hijos, sospecho, mucho más que para hijas. Pero en cualquier caso, es un gran libro.

Calificación: Impresionante.

Tipo de lector: Lectores masculinos que sean hijos o lo hayan sido alguna vez.

Tipo de lectura: Fascinante.

Engancha desde el principio.

No le sobra ni una página.

Argumento: Ser padre no es fácil, ser hijo lo es aún menos.

Personajes: De marcado color local judío y norteamericano, pero que expresan los sentimientos universales de amor y desamor, atracción y rechazo que se dan hasta en las mejores familias.

¿Dónde puede leerse? Libro todo terreno, se deja leer en cualquier parte.


abr 23 2010

Mi vida como hombre

Artículo escrito por: Carmen Neke

De una crudeza implacable y una sinceridad desgarradora, las variaciones sobre el mismo tema que Philip Roth presenta en Mi vida como hombre suponen cada vez una nueva vuelta de tuerca alrededor de cómo un hombre puede echar a perder su propia vida sabiendo bien lo que hace y cómo lo hace. Una historia contada de una forma totalmente inverosímil, y a la vez de una autenticidad tan descarnada que por fuerza tiene que contener elementos autobiográficos reales.

El narrador-protagonista (primero Nathan Zuckerman, después Peter Tarnopol) nos cuenta con todo detalle cómo vivia una existencia completamente literaria que le hacía feliz, y cómo ese afán por la literatura le llevó a elegir una esposa como un personaje de ficción. Este narrador habla de sí mismo como de una Madame Bovary masculina y moderna, que en vez de haber llenado su imaginación de novelas románticas la había llenado de la mejor literatura universal, y a causa de ello llegó a creer que su vida tenía que responder a ciertas pautas de comportamiento transcendentes: sus acciones debían estar llenas de sentido, su pareja no podría ser una persona cualquiera sino alguien con un pasado, con una experiencia vital significativa. Para, finalmente y siempre en sus propias palabras, acabar siendo el protagonista de escenas dignas de un culebrón.

Las narraciones “ficticias” de Nathan Zuckerman del principio son bastante superiores desde el punto de vista literario a las narraciones “reales” de Peter Tarnopol de la segunda parte. La elaboración literaria de los hechos vitales les va a dar una dimensión artística de la que va a carecer la confesión, por muy sincera que sea y muy bien escrita que esté Pero la fascinación continúa en cualquier caso hasta el final, Peter Tarnopol es una figura tan magnética como sin duda lo es su propio autor.

Calificación: Extraordinario.
Tipo de lector: Que no necesite una historia con planteamiento, nudo y desenlace.
Tipo de lectura: Exigente, confrontante, muy satisfactoria.
Engancha desde el principio.
No le sobra ni una página.
Argumento: Variaciones sobre cómo un hombre y una mujer pueden convertir sus respectivas vidas en un infierno, primero en la literatura y después en la vida del autor.
Personajes: Extremos, intensos, muy reales y complejos.
¿Dónde puede leerse? En un café, con música clásica de fondo.


matt biancowrong side of the street