ago 31 2012

Éramos unos niños

Artículo escrito por: Laura Kvaternik

Éramos unos niños es un viaje al pasado de la mano de la grandísima y polifacética artista estadounidense Patti Smith. Nadie mejor que ella para trasladarnos a las calles del Nueva York más
vibrante y creativo de todos los tiempos: el de la década de los setenta.
La cantante narra en estas páginas cómo huyó a la Gran Manzana, persiguiendo ese salvavidas espiritual que el arte constituía para ella. Y lo encontró, como también encontró al eterno compañero en que se convertiría para ella el también artista Robert Mapplethorpe.
Éramos unos niños es eso: una enciclopedia artística por cuyas páginas se pasean, como lo hicieron por el Hotel Chelsea, artistas de la talla de Bob Dylan y Sam Shepard, Andy Warhol y Allen Ginsberg; pero, también, es un libro de memorias, un diario personal que gira en torno a la amistad que Smith y Mapplethorpe forjaron desde 1967 y que no terminaría hasta la muerte de éste en 1989. Me atrevo a decir que la novela hubiera merecido la pena de haberse centrado en sólo una de sus dos facetas, pero al combinarlas Patti Smith nos deleita con una verdadera obra de arte.

Calificación: Muy bueno. Interesante.
Tipo de lectura: Fácil y rápida.
Tipo de lector: Cualquiera. Especialmente amantes del arte contextualizado en el Nueva York de los setenta.
Argumento: La vida de dos apasionados (y apasionantes) artistas narrada desde la perspectiva de su mágica relación personal. Todo ello ambientado en el Nueva York de los setenta.
Personajes: Reales e interesantísimos. Enamorados del arte, guiados por la pasión y acompañados por las drogas.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier sitio. En un avión, rumbo a Nueva York, podría incluso servir de guía de viaje.
¿Dónde puede comprarse?: En tu librería habitual. Yo recomendaría buscarlo en versión original, bajo el título Just kids.


mar 12 2012

El almuerzo desnudo

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Almuerzo Desnudo: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores.
El invitado indeseado de este almuerzo es la droga, y esta es por lo tanto una historia tiránica, hechizante y oscura como lo son los estupefacientes.
El uso -y el abuso- de ciertas drogas fue uno de los puntos en común de los escritores de la llamada Beat Generation, un grupo contracultural en el que también estaban Allen Ginsberg (Howl, 1956) y Jack Kerouak (En el camino, 1957), jóvenes norteamericanos que confluyeron en sus búsquedas en el norte de África.
El almuerzo desnudo, de William Burroughs, se resuelve entre el relato alucinado y la prosa poética, adquiere tintes de demencia iluminada en lo que parece un mundo al revés. Es la ensoñación lúcida de un drogadicto, habida durante el sueño de las drogas y reconsiderada con el despertar.
En el momento de su publicación fue considerada pornográfica y secuestrada por los tribunales de Boston porque es un relato duro, descarnado, gráfico y autobiográfico, en el que el autor transmite sus experiencias con el sexo y con las drogas: búsqueda, dependencia, abstinencia, que llevan a un infierno cercano a la locura; se acerca a la escritura automática con zonas inconexas en las que juega con el absurdo. Es una gran novela de la paranoia y la marginalidad, un boscoso jardín de las delicias.
Pero hay también mucha belleza en Burroughs porque era un hombre culto, que recorrió el mundo para arrancarle un significado oculto, porque tuvo la valentía de referir sus visiones y la capacidad de superar un momento terrible para contarnos –y contarse- como lo vivió. Porque se escapó de las garras de la adicción y nos da testimonio de ello en la introducción y en el apéndice, la carta de un experto adicto a las drogas peligrosas, en la que analiza con lucidez los efectos de las mismas.
Se unen por lo tanto, en El almuerzo desnudo, el interés literario, la transgresión en la forma de contar, el testimonio de una experiencia personal inmensa, y el reflejo de la época que avanzó un mundo que ya no podríamos entender sin las libertades que este grupo de escritores se tomó y que son su legado, nuestro legado.
Se desprende de lo anterior que hablamos de una novela muy interesante, construida con retazos a la manera de tableaux vivants, unos tienen consecuencia en otros, algunos parecen aislados e incongruentes y varios impenetrables; son ráfagas de sensaciones, relámpagos.
Porque sólo hay una cosa de la que puede escribir un escritor –dice Burroughs-: lo que está ante sus sentidos en el momento de escribir. Y continúa: No pretendo imponer “relato”, “argumento”, “continuidad” (…) No pretendo entretener…
William Burroughs escribió Naked Lunch en Tánger, la publicó en París, en 1959.

Calificación: Extremadamente interesante.
Tipo de lector: Interesados en la literatura no convencional y en el estudio de los estados alterados de la mente.
Tipo de lectura: Requiere cierto esfuerzo tomar el pulso narrativo, así como el abandono cualquier idea de entenderla absolutamente, algo que su autor tampoco parece haber pretendido.
Argumento: Complejo y estimulante.
Personajes: Multiformes y grotescos.
¿Dónde puede leerse?: Todavía hay ciertos hostales y pensiones en Marruecos donde puede ser lectura muy recomendable.
¿Dónde encontrarlo?: Búscalo en tu librería habitual, de primera mano o de lance.