dic 27 2010

Short Cuts – Vidas Cruzadas

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Short Cut: atajo, senda o lugar por donde se abrevia el camino.

Reducir la narración a elementos fundamentales, es característico de un movimiento literario surgido a partir de los años setenta del siglo XX en los Estados Unidos, los críticos lo denominan realismo sucio o –por motivos obvios- minimalismo. Raymond Carver fue considerado uno de los fundadores de este movimiento; un autor de culto.
Sus cuentos son paradigma de elusión. Carver construye sus relatos de la misma manera que esas guías visuales para turistas, en las que un acetato coloreado recrea una ciudad perdida sobre la foto de un campo de ruinas. En los cuentos, solo quedan las ruinas sobre el papel, se convierten en retazos de una vida real que el lector debe reunir y -en ocasiones- intuir.
El leguaje es descarnado y preciso; el ambiente, el que rodea el llamado sueño americano; los personajes son personas que no consiguen alcanzarlo. Una suburbia física y mental. Robert Alman imaginó las Vidas Cruzadas de esos mismos personajes, en una película filmada en 1993.
Lo más inquietante de estos relatos es que hablan de muchas cosas mezquinas que todos haríamos (quizás ustedes no), si otros no estuvieran mirando.
Apropiarnos de la casa y de las vidas de unos vecinos que nos han dejado las llaves en su ausencia, como hacen Bill y Arlene en Vecinos. Intentar tirarte a la amiga de tu chica a escondidas, o hacer algo inconfesable con un colega de tu marido. Vitaminas. ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?
Deshacerte de la mascota de tus hijos, porque la detestas; o aprovechar el anonimato de un teléfono para mortificar a alguien que –crees- te ha hecho una putada. Jerry y Moll y SamParece una tontería.
Carver los mira.
Hay otras cosas que nunca haríamos. Los informativos nos indican que, sin embargo, alguien las hace y nos preguntamos cómo pueden ser capaces. Incluso dudamos de que puedan ser ciertas. Aquí también. Cosas atroces que tienen que ver con crímenes, con violaciones, con lasutileza del maltrato psíquico. Carver nos las escupe en la cara en otras historias: No Son Tu
Marido, Tanta Agua Tan Cerca de Casa, Diles a las Mujeres que Nos Vamos.
Recolectores es una historia perturbadora en su sencillez, en la que, aunque no lo parece, algo está pasando. Limonada es un cuento-poema.
Si se quiere entender la comparación de una novela con un filme, se sostendrá la equivalencia de un cuento y una fotografía. Los Short Cuts de Carver son polaroids. Rápidas, realistas, desenfocadas; se forman ante nuestros ojos de una manera vertiginosa y hasta que no se terminan de revelar no somos conscientes del detalle grotesco, de una sombra en el fondo.
Las prendemos en el margen de un espejo, para no perderlas de vista o las escondemos en un cajón.
Dice la leyenda urbana que poco a poco se borran, ¿Qué pasa con los momentos que retratan?
Calificación: Muy buenos.
Tipo de lector: Intrigado (por la vida).
Tipo de lectura: Inquietante.
Argumentos: Aparentemente prosaicos.
Personajes: Vulgares.
¿Dónde puede leerse?: En el metro.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería.


jun 29 2010

Una habitación propia

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

De Virginia Woolf se han escrito muchas cosas. No sé si lo que de ella se dice es o no cierto, pero, sin lugar a dudas, es una escritora que revolucionó el papel de las mujeres en la literatura. Woolf perteneció al llamado Grupo de Bloomsbury (grupo integrado por una serie de intelectuales británicos -Leonard Wolf, Bertran Rusell, Vanessa Well, Katherine Mansfield, John Maynard Keynes- ) a principios del siglo XX. El nombre proviene del barrio en el que se encontraba la casa en la que residía Virginia Stephen y su esposo Leonard Woolf. Este barrio, situado alrededor del Museo Británico de Londres, todavía hoy guarda el carisma y la esencia de los barrios con historia propia. No duden en darse una vuelta por las cientos de librería que pueblan este distrito, si tiene la oportunidad.

Hasta la aparición de Virginia Woolf, el papel de las escritoras era totalmente secundario, posiblemente por el rol social que estaban obligadas a asumir. Las escritoras que encontramos hasta ese momento y que destacaban, son Emily Bronte, Jane Austen o Fanny Burney.  Las novelas de estas autoras despiden, todas, un cierto aroma a escritura de, por y para mujeres. Lo cual, entiendo, nos aleja muy mucho de la verdadera literatura.

Con Virginia Woolf, el panorama cambió. Una habitación propia es un ensayo elaborado a partir del discurso que la autora escribió cuando se le solicitó preparar una conferencia que versara sobre las mujeres y la literatura. Estas dos conferencias se pronunciaron antes la Sociedad Literaria de Newham y la Odtaa de Girton.

En este ensayo, una de las cuestiones fundamentales que Woolf  destaca es, que sin independencia económica, sin un espacio propio, ni el más genio de los genios puede llegar a escribir una buena novela. Por eso, en el año 1928, cuando escribió su ensayo sobre la mujer y la literatura causó un verdadero revuelo. Woolf va desgranando, a lo largo de su escrito, la relación de las mujeres con la novela, así como el papel que tienen asignados en ellas, poniendo de manifiesto que la mayoría de novelas no contienen personajes femeninos que pudieran considerarse reales. En la literatura, hasta entonces, sólo cabían dos tipos de personajes femeninos, las mujeres las que eran buenas y virtuosas o las que eran pecaminosas y la encarnación de todo mal.

Destaca la práctica inexistencia de mujeres escritoras de un cierto nivel. Sin embargo, lo novedoso de esta crítica, no radica en poner de manifiesto lo que ya era evidente, sino en destacar la causa de esta situación que, no es otra, que la falta de una formación concreta sumada a la falta de independencia económica. Sin libertad de todo tipo (este añadido es mío), no cabe una buena novela.

Este y no otro es uno de los pilares de la libertad de las personas, no sólo en la época de Woolf, sino en la nuestra propia. De ahí que se hiciera famosa su reivindicación de “una habitación propia y quinientas libras esterlina”.

El discurso de Virginia Wolf se cierra con algo que a mi me parece fundamental (no sólo en cuestiones literarias, sino como manera de afrontar una vida nueva en libertad), invitando a las mujeres de principios del siglo XX a seguir escribiendo todo tipo de libros, aunque no fueran unas escritoras brillantes, pues sólo asentando las bases de una buena cultura y practica literaria, en el futuro, podrían conseguirse grandes escritoras.

La libertad nunca antes había sido reflejada en una habitación a la que pudiéramos cerrarle las puertas.

Calificación: Excelente.

Tipo de lectura: Precisa e intensa.

Tipo de lector: Escritores en ciernes.

¿Dónde leerse? En las escalinatas del Museo Británico estaría bien, pero nos vale el Museo del Prado, la Fundación Miró o cualquier espacio donde se respire cultura y lo tenga ud. a mano.

¿Dónde encontrarlo? En su librería habitual.