jul 20 2010

La soledad de los moribundos

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

La muerte es uno de los pocos hechos ciertos que sabemos se va a producir indefectiblemente. Los seres humanos somos finitos. Sin embargo, pese a ser así, en nuestra sociedad, la del siglo XXI, aún es difícil que el tema de la muerte sea entendido o tratado con normalidad. Porque lo que nos desconcierta, nos da miedo y no controlamos, solemos apartarlo. Si no se habla de ello es como si no existiera. Imagino que por este mismo motivo, las personas que se encuentran cerca de la muerte se sienten más solas que nunca. La muerte nos asusta, nos desconcierta y no la controlamos.

En relación al tema de la muerte, Norbert Elias (médico y filósofo) escribió un ensayo titulado La soledad de los moribundos. La historia personal de Elias, judio de origen aleman, que no consiguió convencer a sus padres para que salieran de Alemania cuando ya era evidente que la catastrofe nazi se acercaba, le marcó de por vida. Su padre falleció en el año 1940  y, posteriormente, su madre, en Auschwiz. El dolor personal, le llevó a abandonar toda labor intelectual (era un consagrado sociólogo) y buscó “escupir” la rabia dedicándose al boxeo. Durante más de diez años no escribió ni una línea. Sólo cuando empezó a psicoanalizarse y se formó como terapeuta recobró la tranquilidad y retornó a sus actividades académicas.

En el libro, Elias relata como el sistema médico, en general, y las personas, en particular, tenemos tendencia a generar grandes abismos entre los enfermos terminales y el resto de personas, familiares, médicos, etc. Explica Elias que uno de los motivos de dicho alejamiento podría ser la falta de costumbre de las personas a frecuentar sus propios rincones internos, sus miedos. Ello, aún no siendo de manera consciente, provoca dolorosos distanciamientos entre el que sabe próxima su muerte y el resto de personas que le rodean.

Es cierto que este libro tiene ya algunos años (fue escrito a principios de los años 80), pero no se puede negar que algunas de las cuestiones que se plantea el autor siguen vigentes hoy en día. En La soledad de los moribundos, Norbert Elias no da solución alguna a la situación o sensación de abandono que  las personas que se encuentran próximas a morir pueden llegar a sentir, sino que nos ofrece distintos elementos para reflexionar, exponiendo diversas experiencias vividas directamente por el autor, que permiten al lector pensar, plantearse los comportamientos que tenemos los humanos frente al hecho de la muerte.

La primera premisa que nos plantea el ensayo es que sólo para los humanos es un problema morir, pero no lo es para los animales.

“En la actualidad —escribe Elias—, las personas allegadas o vinculadas con los moribundos se ven muchas veces imposibilitadas de ofrecerles apoyo y consuelo mostrándoles su ternura y su afecto. Les resulta difícil cogerles la mano o acariciarlos a fin de hacerles sentir una sensación de cobijo y de que siguen perteneciendo al mundo de los vivos. El excesivo tabú que la civilización impone a la expresión de sentimientos espontáneos les ata muchas veces manos y lengua”. Esto, es una realidad.

Calificación: Ensayo sobre la soledad de las personas que están a punto de morir.

Tipo de lector: Cualquiera a quien no le dé mal rollo leer sobre la muerte.

Tipo de lectura: Sencilla.

Argumento: La soledad de los que mueren.

¿Dónde leerse?: Sentados en nuestra butaca favorita para poder leer entendiendo.

¿Dónde adquirirse?: En su librería habitual pues se ha reeditado en los últimos meses.


jul 13 2010

Cuando l@s niñ@s no vienen de París

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

Tenemos tendencia a pensar que la cosas de la vida se suceden con naturalidad, siguiendo el impulso natural, que todo llega. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos.  Pues bien, estas cuatro fases no siempre se suceden de una manera natural. No, al menos dos de ellas. De hecho puede que no lleguen a producirse, me refiero a creer y reproducirse. Ya saben, no todos crecemos (algunos se quedan por el camino antes de hora ) y no todos se reproducen de forma natural. Lo único cierto es nuestro nacimiento y nuestra muerte.
Frente a la eventual  imposibilidad natural de la reproducción biológica,  las personas han buscado distintas maneras para aumentar la familia. Uno de estos caminos  es la adopción nacional o internacional. Al respecto se ha escrito mucho, sobre todo en las revistas del colorín, con motivo de las adopciones de famosos de medio pelo y de pelo entero. Pero la adopción es un mundo complejo que no se limita a pasear de la mano a un negrito etíope muy gracioso, a un rubito de ojos de acero o a una chinita con coletas. La adopción implica toda una serie de cuestiones complejísimas, de reformulación de la paternidad y la maternidad que no todo el mundo tiene claro. La adopción, es bidireccional, padres- hijos, hijos-padres, con la especialidad que  los adultos quieren y buscan esa relación y el menor, que ahí lo tenemos, no quiere ni busca nada.  Por eso, los adultos tienen que tener claro, muy claro,  hacia dónde van y lo que van a encontrar por el camino (que no van a ser rosas precisamente).

El libro de Margarita Muñiz Aguilar, que muy acertadamente tituló Cuando l@s niñ@s no vienen de París, es una guía de recursos sobre cómo afrontar la post-adopción, esta difícil etapa que llega cuando  ese niño que durante años ha estado en la mente de sus padres llega físicamente a sus hogares y pasa a ser un miembro de la familia. Unos niños que, en la mayoría de casos (todos, en realidad) traen una mochila rellena de historias de abandono en la espalda y de desconocimiento de su propio origen.

Margarita Muñiz deja muy claro que  las familias biológicas y las adoptivas comparten aspectos esenciales en cuanto a la crianza. Pero a las comunes dificultades que ambos tipos de familias tienen hay que añadirles cuestiones tan importantes como el hecho que esos menores que, como decían, tienen un pasado anterior a la aparición de sus padres adoptivos. Traen consigo una carga emocional, unos miedos y un desamparo, que no se encuentran en los hijos biológicos. Por su parte, los padres también deben enfrentarse a las expectativas creadas y a la necesidad de “ganarse el cariño” de ese niño que ya es de su familia.
Con este manual, la autora, logopeda de profesión y madre adoptante,  trata de ofrecer, desde el conocimiento de las necesidades del niño adoptado,  tanto a familias como a profesionales, un espacio de reflexión y orientación sobre diversas cuestiones que afectan a la parentalidad adoptiva. Entre ellas: “¿Qué traen nuestros hij@s en su “mochila”? ¿Cómo afecta la calidad y duración del período de institucionalización en el establecimiento de un vínculo seguro? ¿Existe la depresión post-adopción? ¿Somos una familia con un miembro de otra etnia o una familia multiétnica? ¿Cuáles son los retos y los logros de la monoparentalidad adoptiva? ¿Qué piensan nuestros hijos de la adopción? ¿Hay diferencias entre cómo se perciben a sí mismos y cómo los perciben los demás?

Un buen libro que puede ayudar en el peregrinar del complejo mundo de las adopciones internacionales que van más allá de la foto en una revista.