nov 1 2011

Espera…

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

El cómic es un género literario que muchos tienen por menor (muy menor), otros no creen que sea literatura; es minoritario, parece ser cosa de niños; aunque, por otra parte, los que están al tanto de sus evoluciones, lo defienden a capa y espada. Me incluyo en este último grupo. Ya quisieran muchas novelas tan aplaudidas como nefastas para la literatura incluir algún párrafo con un diez por cierto de la expresividad y capacidad narrativa de una sola de las viñetas de algunas novelas gráficas.
No voy a negar (el que siga este blog con frecuencia ya lo sabe) que siento gran debilidad por los tebeos y, en concreto, por Jason. Este noruego logra contar historias llenas de sentido desde los silencios de unos personajes que emergen con fuerza desde el primer trazo. En Espera… presenta un dibujo en blanco y negro muy sencillo que le sirve para convertir en negros o blancos totales (dependiendo de los estados de ánimo de sus personajes) los espacios de cada viñeta sin que el lector se vea obligado a salir de la narración para comprender. Todo fluye con suavidad y potencia.
Un verano y dos niños. Pocas palabras. El tiempo que pertenece a las personas en los distintos momentos vitales. Y un suceso que distorsiona por completo esos tiempos y las cadencias propias de una edad. Con un acierto descomunal, Jason logra dejar claro cómo algo puede truncar un futuro, como el presente es el resultado de la suma de todo.
Del mismo modo que Maus de Spiegelman conmociona o Pyongyang de Delisle arranca a la realidad una forma de entenderla casi universal, este Espera… indaga en el tiempo de las personas, en esos momentos en que nos jugamos la vida sin saber que siempre perdemos.
Fantástico y más que recomendable.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Rápida aunque conmovedora. Deja poso.
Tipo de lector: Jóvenes y adultos.
Personajes: Perfectos.
Argumento: La vida depende de un instante.
¿Dónde puede leerse?: Con una fotografía propia de la niñez.
¿Dónde puede comprarse? En tu librería habitual.


jun 6 2011

Maus

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Premio Pulitzer en la modalidad de cómic, ensalzado por el mismísimo Umberto Eco, supone una profunda reflexión enciernes no sólo sobre las consecuencias del Holocausto nazi durante tres generaciones de habitantes judíos polacos en Alemania, sino del imperialismo que les atenaza desde otros países, a partir de que Hitler perdiera la 2ª Guerra Mundial. En este sentido, es interesante observar cómo el resentimiento y, a la vez, el recato por no hablar más de la cuenta, hacen mella en el modo de expresarse de los personajes.
Artie, un dibujante de cómics, tiene una historia que contar, historia que le cuenta su padre de forma desordenada pero cabal y que empieza con un personaje que no es él mismo que sufre el suicidio de su madre y la consecuente tristeza y abatimiento de su padre. La familia es judía y conscientes de que muchos de su condición se han largado a hacer una vida mejor a EE.UU.; por ello, Maus es el nombre de la historia, un ajuste de cuentas con el ratón de los dibujos animados de Walt Disney, hito que supuso la inserción judía en Hollywood, que a la vez nos hace ver a los personajes como ratas; toda la candidez e inocencia infantil de quién se hizo famoso a costa de abandonar a un pueblo oprimido en pos del progreso, se convierte aquí en algo cínico y duro, en tanto muestra la realidad de los sumisos o los que perdieron.
Pero por encima de todo, Maus reflexiona sobre un tema tabú para muchos, la libertad de expresión.

Calificación: Espléndida.
Tipo de lector: Dispuesto a reconstruirse a través de un libro.
Tipo de lectura: Amena, pero dificultosa a la hora de entender a un padre que apenas sabe conjugar verbos.
Argumento: El éxito y el fracaso, la libertad y el servilismo.
Personajes: Tratados de manera extraordinaria.
¿Dónde leerlo?: En cualquier gasolinera, por la parte de atrás, mientras fumamos.


sep 5 2010

Juventud sin Dios

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Ödön Von Horváth es de esos autores que, siendo geniales, no han tenido todo el reconocimiento que hubiera sido deseable por parte del gran público.

El autor austriaco escribió un buen número de obras de teatro y alguna novela. Una de ellas es Juventud sin Dios. Una obra maestra indicutible de la literatura de todos los tiempos.

Puede leerse con cierta facilidad dado que la trama está compuesta por trazos detectivescos muy bien dibujados. El recurso que utiliza para narrar este autor es magistral. El monólogo interior, traído para presentar los saltos que se producen en la consciencia de los personajes, para enseñar el caos interno del cualquier pensamiento, es uno de los registros más difíciles de utilizar. Sólo unos pocos son capaces de hacerlo sin, de paso, hacer el ridículo.

Alemania anterior a la segunda guerra mundial. El nacional socialismo alemán va copando todos los estratos de la sociedad. La moral y la ética desaparecen con rapidez. Un profesor en un colegio alemán tiene que pelear con un grupo de alumnos desigual, violento, tosco. Y aparece el crimen.

Todo esto aparece con frases que carecen del más mínimo intento de floritura literaria. Desde un tono que roza el mínimo y un aliento muy pegado a la representación del pensamiento, el autor consigue construir imágenes poderosas, casi arrasadoras. A esto le sumamos una tensión narrativa especialmente atractiva y tenemos entre las manos una de las mejores novelas de la literatura. Aunque no se venda por kilos.

Calificación: Extraordinaria.

Tipo de lectura: Amena, muy accesible.

Tipo de lector: Cualquiera. Es un libro que recomiendo especialmente a los jóvenes. Comprenderán mejor lo que pasó en la Alemania nazi.

Personajes: Perfectos. No falta un detalle. Sin grandes descripciones lo consigue con maestría.

No sobra ni una coma.

¿Dónde puede leerse?: Con un ejemplar de Maus de Art Spielman al lado para seguir profundizando.

¿Dónde puede comprarse?: Si alguna librería no lo tiene es que la gestiona un político o algo así.


mar 31 2010

Maus

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Supe que había superado la muerte de mi padre y de mi hermano Antonio el día que me atreví a recordar las cosas que no me gustaban de ellos. Lo supe porque fui capaz de recordar y decir.
Parece que la ausencia impide que podamos expresar. Es como si faltáramos el respeto de forma grotesca al muerto cuando, en realidad, lo que hacemos es seguir pensando lo mismo que antes de la falta. Sabíamos qué cosas no nos gustaban. Y seguimos teniéndolas muy claras. Y muy ocultas. Es parte de lo absurdo que tiene la muerte. Nos hace enanos, miedosos.
Un escritor ha de tener muy claro que, a través del relato, pone en juego gran parte de lo que es, de sí mismo. Es verdad que la ficción maquilla mucho todo lo que de autobiográfico pueda tener una novela, pero el autor conoce perfectamente donde ha dejado la parte que arriesga. Al escribir, aparecen las experiencias que dejaron buen poso y las que fueron o están siendo horribles. Todas. Y para eso hay que estar preparado.
Sin riesgo no puede haber literatura. La falta de libertad al escribir es la ruina de cualquiera que quiera hacerlo.
Un excelente ejemplo de todo esto se encuentra en la novela gráfica “Maus” de Art Spiegelman.
Con el holocausto judío de fondo (no deja de ser un vehículo narrativo y mucho menos importante de lo que puede parecer), Spiegelman habla de la relación de un padre con su hijo, de cómo puede odiar ese hijo a la vez que adora a su padre, de cómo el peso de una narración puede hacer que te difumines llegando a tener problemas mentales graves, de la intención de un autor y de cómo recibe el mensaje el lector, de los fantasmas familiares, del suicidio, de la muerte, de los tópicos que existen aunque lo sean y, sobre todo, de cómo puede escribir un hombre sabiendo que aquello sucedió y de las consecuencias que tendrá en su entorno.
Nadie que quiera dedicarse a la escritura debería prescindir de esta lectura. Nadie que quiera dedicarse a la escritura debería negar ni un ápice de su existencia. Porque es, de eso y no de otra cosa, de lo que se trata.

Calificación: Imprescindible

Tipo de lector: Cualquiera con un mínimo de sensibilidad.

Tipo de lectura: Ligera.

Engancha desde el principio.

No sobra ni una sola viñeta.

Argumento: Aparentemente sencillo aunque conviene prestar atención. La cosa no va de nazis y judíos. Es mucho más.

Personajes: Muy bien perfilados.

¿Dónde puede leerse?: La nueva edición es pesada y difícil de llevar, por ejemplo, en el bolso. Mejor en casa disfrutando de cada detalle de las ilustraciones.


miles davisthis is jazz