nov 2 2010

Un mundo sin fin

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Continuación de las aventuras e historias de los herederos de Los pilares de la Tierra. Lo primero que llama la atención en este tocho best-seller es la senda y el aire apocalíptico que, en esta ocasión, el autor aporta como atmósfera a la novela. De esta forma, mientras la primera parte versaba sobre la idea de la construcción de la hermosa catedral de Kingsbridge en Inglaterra, así como de la idea de génesis u origen como algo placentero, esta obra ambientada en el mismo lugar dos siglos después, no obvia los elementos referidos a ingeniería y construcción, pero se centra en un devenir mucho más oscuro y crepuscular, donde el hambre, la guerra y la peste negra, convierten a los personajes en algo más que meros testigos de la maravilla mundial para verse sujetos a traiciones e intrigas de diversa índole; a la vez, la ciudad quiere abrirse al exterior por lo que el campesinado vive cada vez más pobre, los reyes y sus condes pelean por alargar territorios y el clero a veces escucha y otras manda.
Merthin, un obrero con ambiciones acepta el reto por parte del rey Eduardo III de construir un puente de piedra que una el condado de Kingsbridge con las ciudades más próximas, de esta forma, el comercio se rehabilita y familias enteras que no tenían con qué comer, pueden reinsertarse en un mercado donde el vellón y la lana son sus principales recursos de subsistencia. Merthin se encuentra con numerosos obstáculos por parte de Godwyn y sus hombres, más conservadores, pero se acaba realizando así como la obra que une el priorato con la Isla de los Leprosos, lugar donde también se construirán casas y cuyo fin rehabilitador es predominantemente social.

Calificación: Muy buena
Tipo de lector: Todo aquel interesado en las historias y la Historia.
Tipo de lectura: Amena y amable.
Argumento: Conflictos en torno a la obra civil subsidiaria a la catedral de Kinsbridge; si buscan el elemento picantón de Los pilares de la Tierra no lo encontrarán.
Personajes: Precisos si bien igual un poco maniqueos.
¿Dónde puede leerse? En una casa de campo, lejos del mundanal ruido.


jul 6 2010

Los Pilares de la Tierra

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Ken Follett presume de conocer la fórmula magistral para escribir best sellers. Habla de ello como si se tratara de la cuadratura del círculo, como si nadie en la historia de la literatura hubiera podido acceder a un secreto guardado por las musas desde tiempos ignotos. Es verdad que se la sabe y que la aplica con gran solvencia y que se ha forrado a base de utilizar la dichosa fórmula. Si algo se le debe reconocer a este autor es que hace su trabajo como nadie.

De los best sellers que se han publicado hasta hoy, son muy pocos los que aportan algo al lector o a la literatura. Muy poquitos. En una lista de los diez mejores aparecería, sin duda, Los Pilares de la Tierra. Es el arquetipo, la piedra angular de la escritura comercial.

Presten atención porque voy a desvelar ese gran secreto al que Follett se refiere. Piensen en una historieta en la que quepan, por un lado una mujer que es muy pobre, muy atractiva, muy valiente y que esté dispuesta a ser el centro de su propio universo; un tipo bondadoso que vea como algo inaccesible a nuestra heroína (trabajador, enamorado hasta las cejas, valiente, educado y respetuoso con el mundo de la que será, finalmente su mujer, no olviden que terminan juntos); un villano malo, pero muy malo, que sea capaz de causar enormes padecimientos al resto de personajes (piensen en una muerte violenta que será causada por algún secundario torturado por el tipejo); una pizca de sexo que no será explícito (con unas gotas allí y acá será suficiente, pero que describa los rasgos más sensuales de héroe y heroína además de la brutalidad en la cama  del villano); un desastre o dos a lo largo de la trama que haga temer al lector por un final feliz (si puede usted destruir algo importante y volver a empezar puede ganarle a la novela un par de centenares de páginas que son muy cotizadas en este tipo de libros); organice un universo lo suficientemente amplio para que cualquier lector pueda identificarse con alguno de los personajes (de los buenos) y pueda reconocer los escenarios como ese lugar que siempre deseó conocer; por último, no cometa faltas de ortografía. Todo esto debe acompañarse de algo de información para que el lector crea que aprende algo. Aunque sea una gilipollez (un claro ejemplo de esto último es El código Da Vinci). Eso sí, sin que parezca usted un erudito. No hay nada peor que eso. Y voilá. A ganar dinerito.

Lean esta novela. Para la playa no está nada mal. Es de lo poco que se puede salvar de esta invasión comercial que, también, alcanzó a la literatura. Y aplica la fórmula maravillosa más que bien.

No me tomen en cuenta este desliz. Yo también tengo ratos de lectura en lugares que no permiten grandes profundidades literarias. Pero prometo no hacerlo con frecuencia.