jun 12 2010

Los doce hilos de oro

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano


En las estanterías de las librerías siempre hay un hueco para libros como este titulado Los doce hilos de oro. Yo no sé si en este tipo de cosas se encuentran soluciones para vidas perdidas, para ánimos desolados o rutinas machaconas. Ni lo sé ni me interesa lo más mínimo. En este ejemplar, desde luego, con lo que se topa el lector es con un lenguaje ramplón y con ideas más gastadas que los bajos de mis vaqueros. Es, sencillamente, lamentable, patético y bochornoso.
Lo más gracioso es que se venden como churros.
Algunos de los consejos que encontrarán en esta especie de novela repugnante son, por ejemplo, ponle emoción a la vida (impresionante) o no tomes decisiones precipitadas (conmovedor).
La autora es una tal Aliske Webb. Yo mismo, si pudiera, prohibiría escribir a esta mujer una sola línea más. Y es que este tipo de libros no ayuda a nadie. Como mucho les puede confundir al hacerles creer que la solución pasa porque les cuenten una historia infame. Lo voy a decir. Sé que me la juego, pero lo voy a decir. Alguien que se siente mejor leyendo esta bazofia debería plantearse empezar de nuevo revisando hasta qué punto su ignorancia es alarmante. Les garantizo que leer a Faulkner (la peor de sus novelas) deja un poso más importante y más hondo que esta baratija de Webb.

Calificación: Esto es una pocilga literaria.
Tipo de lector: Pues no se me ocurre, la verdad.
Tipo de lectura: Aburrida. Es una enorme pérdida de tiempo.
Le sobran hasta las tapas. Qué desperdicio de árboles.
Personajes: Lamentables.
Argumento: El mundo es guay, pero hay que descubrirlo.
¿Dónde puede leerse?: Mejor no hacerlo.
¿Dónde puede comprarse?: Que no me entere yo.