oct 2 2013

La verdad de las mentiras

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Las ficciones las pueblan gentes, tanto desde el punto de vista de quién las hace, las lee, las protagoniza o las vive, según sea esta experiencia así viviremos el acto de leer, que en cualquier caso nos convertirá en diferentes o indiferentes. El Premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, nos presenta su propio canon literario (que diría Harold Bloom) en forma de curso de lectura crítica inolvidable, ya que cuando son las imágenes las que narran, parece que nos encontramos con la secreta objetividad que las pueblan; llevar este ideario a la necesidad de contar con palabras lleva a una lucha entre antagónicos por el que vemos deslizarse lo sombrío y lo brillante de una forma subjetiva; se invita de este modo a ver todo relato escrito como una decisión escogida desde la ideología y la moral, describiendo una trayectoria que va de fuera hacia dentro y desde la que se trata de practicar el humanismo, esa historia de las ideas y el pensamiento practicable según la vida de persona(je)s escogidos.
A lo largo de treinta y seis ensayos que tratan de no hacer la vista gorda sobre lo más significativo, se nos presentan en orden cronológico, desde la vetusta y modernísima El corazón de las tinieblas, antecediéndonos en los orígenes que van más allá de la locura del viaje de un occidental al Congo, tierra subabastecida que hace nacer por el clima y la aventura los horrores de lo considerado salvaje, hasta Sostiene Pereira del ya fallecido escritor Antonio Tabucchi, una fábula sobre el poder de lo pequeño y sencillo, a través de las que se evoluciona hacia maneras más globales de contar.
Son dos los autores sobre los que repite ensayo: Graham Greene y Ernest Hemingway; del primero se concluye que tuvo la mala fortuna de, a pesar de haber escrito mucho y bien, no culminar en obra maestra algo que tuvo bien cerca con El fin del romance; Hemingway, en cambio, considerado a sí mismo hombre de acción que escribía, asociaba el éxito literario al personal, sin tener en cuenta sus oprobiosos esfuerzos más en París era una fiesta que en The sun also rises.
Tampoco se obvia la importancia de obras más vanguardistas o experimentales, como Nadja de André Breton, u otras de rango intermedio como los de la feliz hada madrina Isak Dinesen o las magníficas novelas corales, Un mundo feliz, American Transfer o La rebelión de los animales de Orwell, todas ellas corresponsables de la disipación de ideologías que quizás en ciertos casos no eran las de su autor.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Amante de la literatura y otros puntos de vista.
Tipo de lectura: Agradable, además.
Argumento: Clásicos de a partir del siglo XX convenientemente desmenuzados.
Personajes: Todos y uno.
¿Dónde leerlo?: Dando la vuelta al mundo en avión.
¿Dónde se puede comprar?: Pídelo en tu librería habitual.


sep 18 2011

La casa de las bellas durmientes

Artículo escrito por: Carmen Neke

En el artículo que Mario Vargas Llosa dedica a este libro en La verdad de las mentiras, el autor peruano señala muy acertadamente lo difícil que es para un occidental leer literatura escrita en un idioma y desde un modo de entender el mundo tan distantes de los nuestros como son los japoneses. Pero esta vez el problema no radica en mi opinión tanto en la traducción del primero como en la aceptación del segundo: Vargas Llosa hace una lectura ética de esta novela sobre una casa donde los ancianos caballeros pueden dormir abrazados a jóvenes desnudas que duermen bajo los efectos de un narcótico, viendo en el erotismo que la impregna el decadentismo propio de las culturas avanzadas que han dejado a un lado el sexo como medio de perpetuar la especie y se han entregado a él como forma de placer refinada y un poco perversa. Esta es una lectura que revela la tradición de pensamiento cristiano de quien la hace, y que poco tiene que ver con el universo literario de Kawabata.
Yasunari Kawabata se muestra en sus obras commo un autor esencialmente amoral en cuestiones amorosas, sus protagonistas masculinos buscan la satisfacción de sus deseos como algo que les corresponde por derecho y sin que los sentimientos de las esposas que dejan en casa o de las mujeres a las que persiguen jueguen papel alguno en el proceso. Las impresiones sensoriales del protagonista de La casa de las bellas durmientes van a ser el detonador de la memoria y de las reflexiones que le van a ocupar tanto como la contemplación y el disfrute de los hermosos cuerpos desnudos de las jóvenes que duermen a su lado, y este microcosmos erótico-sensorial va a ocupar la totalidad de la novela: el protagonista no vive a los ojos del lector más que en las noches que pasa en la casa de las bellas durmientes y en los recuerdos que estas noches sacan a relucir en su memoria. Y la sensualidad extrema y a veces incluso cruel que le domina durante las horas nocturnas va a retratar a Eguchi, mejor que cualquier descripción exhaustiva de su figura podría llegar a hacerlo, como un hombre mayor que se acerca a la muerte y que tiene miedo de no haber vivido lo suficiente. El erotismo y la decadencia presentes en la novela no son los de una cultura o los de una moral determinada, sino los de un hombre que no se resigna a despedirse de los placeres de los sentidos porque forman parte integrante de su identidad.
Calificación: Único en su categoría.
Tipo de lector: Cualquiera con paciencia para leer un libro sin argumento y sin acción.
Tipo de lectura: Intrigante y sensual, con un toque de melancolía.
Engancha desde el principio.
No le sobra ni una página.
Argumento: El señor Eguchi descubre en la casa de las bellas durmientes que yacer junto al cuerpo desnudo de una joven que duerme es una experiencia capaz de remover lo más profundo de su espíritu.
Personajes: El señor Eguchi y sus bellas durmientes, tan diferentes todas ellas en su hermosura común. Con la presencia invisible de los otros clientes, y la sombra de la muerte que lo preside todo.
¿Dónde puede leerse? En la cama, mientras su pareja duerme.


may 10 2010

La Verdad de las Mentiras

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Vargas Llosa reúne en este libro una serie de artículos que analizan diferentes novelas. Plasma las sensaciones, las aristas que encontró en sus lecturas, los significados y atajos que cada autor manejó para escribirlas.

Pero lo importante de esta obra no es eso. Alguno de esos comentarios se queda en a superficie y no deja de ser una forma de mirar el texto corriente en exceso.

Lo importante es el prólogo del propio autor. Eso sí que merece la pena. Vargas Llosa habla del oficio de escribir, de lo que supone dedicar una vida a la literatura y lo hace con mucho más acierto que cuando se dedica a explicar lo que hacen otros. Si alguien busca claves para entender, por ejemplo, Lolita de Nabokov u Opiniones de un payaso de Böll, mejor que busque en otro sitio. Pero, para ser justo, es un libro que merece la pena tener cerca para poder echar un vistazo a ese prólogo que lo inaugura.

Calificación: Excelente prólogo. Y poco más.

Tipo de lector: Lectores que quieren confundirse antes de leer. Posibles escritores que quieran saber de qué va esto de la literatura.

Tipo de lectura: Sencilla.

¿Dónde puede leerse?: Cualquier sitio es bueno para algo así.

¿Dónde encontrarlo?: Por ejemplo en Madrid www.libreriamendez.net o en tu librería habitual.


Louis ArmstrongMoonriver