may 11 2011

La señora Dalloway

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Una de las características esenciales de las novelas y relatos de Virginia Woolf es una especie de afán por inmiscuirse en lo más profundo de la mente de sus personajes sin necesidad del uso y abuso del monólogo interior, gracias a la utilización de narradores de nuevo alcance para la época. En el libro que nos ocupa se podrían conjugar un aparente omnisciente, que realmente es de alternancia limitada y que quizás por momentos se asemeje a la objetividad en el proceso de descripción de acciones, siempre desde dentro.
Así es La señora Dalloway, una criatura de ficción que la autora llegó  comprender y amar desde la disección de sus pensamientos. Como es obvio, la influencia del psicoanálisis está cerca.
Clarissa, que así se llama, ha evolucionado también en su lectura con los tiempos y lo mismo podría ser hoy falsa heroína romántica, que personaje de Mujeres desesperadas o Las horas,lo que está claro es que su mundo ahora plagiado pero en su momento sin referentes es el de una mujer resistente, flemática y universal.
Woolf probablemente murió de lo que hoy llamaríamos sabiduría, no en balde implicarse con su obra de una forma a la vez tan sutil y estrecha, es lo que tiene. Sutil, porque hablamos como en Bulgakov, de sentimientos encontrados (las mujeres no eran lo que son hoy) y estrecha porque a pesar de lo dicho se entiende aquí la literatura como algo más que espesa innovación, un compromiso consigo misma.

Calificación: Genial.
Tipo de lector: Cualquiera que se pregunte por los mecanismos básicos (y no tanto) de la ficción.
Tipo de lectura: Sofisticada.
Argumento: Un día en una fiesta en la campiña focalizado en los pensamientos contenidos de una desgraciada.
Personajes: Muy bien dibujados.
¿Dónde leerlo? En casa junto a El laberinto español de Gerard Brenan.


abr 15 2011

La señora Dalloway

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Virginia Woolf es una de las grandes renovadoras.
De la literatura, por novelas rupturistas con la época en la que escribió, entre las dos grandes guerras; del feminismo, por sus reflexiones sobre la mujer en textos como Una habitación propia; y también del pensamiento por la aplicación de los complejos procesos psicoanalíticos que genera en la creación de sus personajes.
La señora Dalloway (1925) es el paradigma.
Y lo que transmite al relato una energía descomunal, aparte de la lucidez en la percepción de las realidades y de la empatía con los seres que desfilan por las páginas, es el hecho de utilizar como trampolín el marco más vetusto: el viejo espíritu de la Inglaterra imperial; Londres, que sale gracias a Virginia de la niebla en que le sumergiera Turner; The Season.
Porque todo lo que sucede en la novela, sucede en una conciencia universal el día en que La señora Dalloway da una fiesta mundana.
Una narración de impresiones y de pensamientos que va de lo diminuto de las fibras de la hoja de un árbol, a lo general de la luz brillante del verano que lo impregna todo, con un trasfondo pagano y panteísta.
El narrador de Virginia va saltando de un personaje a otro, dibujando el mundo con arabescos de colores, coreografiado como un ballet, en el que hilos imperceptibles unen a los seres humanos entre sí, y también con la naturaleza, mientras que fuerzas misteriosas los repelen. Un narrador que va entrando en la mente de los personajes, interpretándolos para el lector.
De esta manera Virginia Woolf pensó la Inglaterra secular y la reveló al siglo XX. Es una de los grandes escritores de todos los tiempos.

Calificación: Obra maestra indiscutible.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Lúdica y brillante.
Personajes: Vivos.
¿Dónde puede leerse?: En Londres, sentados en Green Park.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual de nuevo o de viejo encontrarás diferentes traducciones.