ene 8 2012

El topo

Artículo escrito por: Carmen Neke

El topo es una de esas historias que parecen haber existido desde siempre con independencia de su creador, una historia tan completa, precisa y apasionante que solamente hacía falta que alguien se tomara el trabajo de descubrirla y contarla al mundo.  Pero tener una buena historia es solo la mitad de la tarea, aún más importante es saber contarla.  Y aquí es donde Le Carré nos muestra su genio sin igual :  a diferencia de Ludlum y compañía, que centran sus creaciones en un héroe único que lucha contra el sistema, Le Carré ha sido capaz de crear todo un universo propio en el que George Smiley más que el protagonista es el nexo de unión entre sus elementos, un elenco completo de personajes secundarios que por su personalidad, su pasado y su idiosincrasia habrían podido protagonizar otras tantas novelas en lugar de intervenir de pasada en un libro ajeno.  Sin olvidarnos de Ann, la esposa de Smiley, el personaje invisible y omnipresente de la obra de quien todos hablan, pero que nunca tenemos la ocasión de conocer.
Sobre un transfondo puramenete británico de luchas a muerte tras las sonrisas y los apretones de mano en el club, asistimos al duelo irrepetible entre los dos mejores antihéroes de la novela negra:  George Smiley, un intelectual poco agraciado físicamente y con una personalidad anodina, inexplicablemente casado con una mujer muy por encima de sus posibilidades a la que ama con locura pese a las continuas infidelidades de ella.  Y Karla, el ascético y enigmático jefe de los espías rusos de quien no se sabe nada salvo un breve encuentro con Smiley en el pasado y que tiene más de fanático religioso que de bestia política.
Este derroche de caracteres le da a la novela su ambiente tan especial, unido a la fina ironía no desprovista en absoluto de empatía y nostalgia hacia un mundo que llega a su fin, el de las enemistades como un juego de caballeros en el que no cabe la compasión pero donde la falta de respeto es un error imperdonable.  Una lectura que puede ser toda una experiencia.

Calificación: Único en su género.
Tipo de lector: Cualquiera, pero ser anglófilo ayuda.
Tipo de lectura: La trama es complicada y exige atención por parte del lector, un libro para perderse en él y olvidar el tiempo que pasa.
Argumento:  Ya no quedan espías como los de antes.
Personajes:  Una galería de seres variopintos y admirablemente caracterizados, hasta el segundón más anodino es un ser complejo con una vida propia que merecería ser contada con más detalle.
¿Dónde puede leerse?  Un libro ideal para leer en vacaciones, con tiempo y tranquilidad.


abr 14 2011

La canción de los misioneros

Artículo escrito por: admin

Texto cortesía de Paula Pinilla.

Primera novela de John Le Carré que pasa por mis manos. Será porque el personaje principal y yo compartimos profesión. La empecé a leer despacio, curiosa por qué me iba a encontrar en las casi 400 páginas de la historia de Bruno Salvador, intérprete acreditado de origen congoleño, de madre negra y padre blanco y misionero.
Sin embargo la novela comienza de forma rotunda, con una introducción clara y directa en el personaje, presentándose (él mismo) como lo que es, un artista de las lenguas africanas, trabajador para los servicios de inteligencia del gobierno británico, fiel a estos y al código deontológico de los traductores, pero con su corazón mirando siempre al Congo, que le vio nacer y en donde los señores de la guerra no hacen más que sucederse unos a otros sin pasar por alto el conflicto ruandés.
Además, Salvo, que así se hace llamar, es impulsivo, decidido y apasionado. Pero de eso nos irá convenciendo a lo largo de nuestra lectura. Para esta narración llena de amor y pasión en todas sus acepciones, cargada a la vez de historia y actualidad, Le Carré consigue atrapar al lector desde la primera página con la simpatía de Salvo, con su vida (culebrón típico de cualquier otro ciudadano londinense): casado con una mujer a la que le importa más su trabajo que su relación; la aparición no buscada de la otra, a quien conoce en uno de sus trabajos no secretos y a la que tiene que abandonar súbitamente por un trabajo de carácter urgente y secreto… Y, de pronto, nos vemos inmersos en un mar por el que a ningún intérprete le gustaría navegar, pero no le queda más remedio.
Eso sí, no sin antes tragarnos el idealismo del asunto. Imagínense la felicidad de Salvo cuando es requerido para hacer de mediador entre representantes de algunas tribus congoleñas y miembros del alto standing británico, reunidos por el bien de su amado país. Salvo, como el buen intérprete que es acata las órdenes de sus superiores sin rechistar; en tanto interpreta en una mesa llena de delegados de un cártel anónimo por el bien del Congo, traduce, por debajo de la línea de flotación las conversaciones entre ellos durante los periodos de descanso, en una sala de calderas improvisada. Ante semejante línea, su ética laboral de trabajador para los servicios de inteligencia británicos se verá por primera vez afectada por sus raíces y descubrirá que no es oro todo lo que reluce. Tras este trabajo secreto de 72 horas en una isla sin nombre, y 7000 dólares en el bolsillo, regresará a Londres para darle un giro de 360 grados a su vida, movido por un sentimiento irreprimible que antes de aquel encargo parecía compartir con importantes personajes que ahora harán oídos sordos.
Ésta, por encima de toda la intriga que suscita el relato, y de la carga irónica y sonrisas que pueda arrancarnos, es una historia llena de emociones, especialmente de amor, con su desamor correspondiente. Una historia de amor entre personas, y por su tierra compartida, el Congo. Un amor irrefrenable que nos impide dejar el libro para seguir mañana cuando nos damos cuenta de que nos enfrentamos cara a cara a una utopía, un sentimiento que todos deseamos para alcanzar la satisfacción plena, felicidad, o como cada uno quiera llamar a ese sentimiento que, una vez alcanzado, evita un agujero en el estómago para siempre. Algo que no existe ni existirá nunca porque ni ayer, ni hoy, ni mañana, el mundo será honesto consigo mismo, porque siempre habrá un primer y un tercer mundo, relegado a las órdenes del que más tiene y más quiere, de personas con almas de doble filo.
Al final, es la ley de la selva. Al final la lucha pacífica, promovida por los sentimientos humanos, es otra utopía más porque no hay paz sin guerra. Al final, este llanto por África es un ejemplo más de la hipocresía en que vivimos, pero a la vez son ánimos para aquellos a los que no les de miedo sentir, y luchar en nombre de sus sentimientos, sin importar las consecuencias.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lectura: Apasionante.
Tipo de lector: Cualquiera.
No sobra nada y engancha desde el principio.
Personajes: Muy bien diseñados. Cada uno con su motivación clara que les lleva hasta el lugar justo.
¿Dónde puede leerse?: Antes de una reunión en la que se dirán cosas que esconden cosas debajo.
¿Dónde puede comprarse?: En cualquier librería.