mar 12 2012

El almuerzo desnudo

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Almuerzo Desnudo: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores.
El invitado indeseado de este almuerzo es la droga, y esta es por lo tanto una historia tiránica, hechizante y oscura como lo son los estupefacientes.
El uso -y el abuso- de ciertas drogas fue uno de los puntos en común de los escritores de la llamada Beat Generation, un grupo contracultural en el que también estaban Allen Ginsberg (Howl, 1956) y Jack Kerouak (En el camino, 1957), jóvenes norteamericanos que confluyeron en sus búsquedas en el norte de África.
El almuerzo desnudo, de William Burroughs, se resuelve entre el relato alucinado y la prosa poética, adquiere tintes de demencia iluminada en lo que parece un mundo al revés. Es la ensoñación lúcida de un drogadicto, habida durante el sueño de las drogas y reconsiderada con el despertar.
En el momento de su publicación fue considerada pornográfica y secuestrada por los tribunales de Boston porque es un relato duro, descarnado, gráfico y autobiográfico, en el que el autor transmite sus experiencias con el sexo y con las drogas: búsqueda, dependencia, abstinencia, que llevan a un infierno cercano a la locura; se acerca a la escritura automática con zonas inconexas en las que juega con el absurdo. Es una gran novela de la paranoia y la marginalidad, un boscoso jardín de las delicias.
Pero hay también mucha belleza en Burroughs porque era un hombre culto, que recorrió el mundo para arrancarle un significado oculto, porque tuvo la valentía de referir sus visiones y la capacidad de superar un momento terrible para contarnos –y contarse- como lo vivió. Porque se escapó de las garras de la adicción y nos da testimonio de ello en la introducción y en el apéndice, la carta de un experto adicto a las drogas peligrosas, en la que analiza con lucidez los efectos de las mismas.
Se unen por lo tanto, en El almuerzo desnudo, el interés literario, la transgresión en la forma de contar, el testimonio de una experiencia personal inmensa, y el reflejo de la época que avanzó un mundo que ya no podríamos entender sin las libertades que este grupo de escritores se tomó y que son su legado, nuestro legado.
Se desprende de lo anterior que hablamos de una novela muy interesante, construida con retazos a la manera de tableaux vivants, unos tienen consecuencia en otros, algunos parecen aislados e incongruentes y varios impenetrables; son ráfagas de sensaciones, relámpagos.
Porque sólo hay una cosa de la que puede escribir un escritor –dice Burroughs-: lo que está ante sus sentidos en el momento de escribir. Y continúa: No pretendo imponer “relato”, “argumento”, “continuidad” (…) No pretendo entretener…
William Burroughs escribió Naked Lunch en Tánger, la publicó en París, en 1959.

Calificación: Extremadamente interesante.
Tipo de lector: Interesados en la literatura no convencional y en el estudio de los estados alterados de la mente.
Tipo de lectura: Requiere cierto esfuerzo tomar el pulso narrativo, así como el abandono cualquier idea de entenderla absolutamente, algo que su autor tampoco parece haber pretendido.
Argumento: Complejo y estimulante.
Personajes: Multiformes y grotescos.
¿Dónde puede leerse?: Todavía hay ciertos hostales y pensiones en Marruecos donde puede ser lectura muy recomendable.
¿Dónde encontrarlo?: Búscalo en tu librería habitual, de primera mano o de lance.


may 12 2011

Tala

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Peculiar, experimental, hastiada, Tala de Thomas Bernhardt es una de las novelas alemanas más importantes del siglo XX. En la biografía literaria de Bernhardt está sobre todo, El malogrado, cuento con el que experimentó en la prosodia, con las variaciones Goldberg provenientes de Bach, y de la que Tala no es musicalmente tan despareja. Por eso, en un texto así caben las repeticiones, las frases altisonantes que parecen querer decir lo mismo, pero que en la elección de una palabra distinta o un signo de puntuación, varían el sentido y dan matices a una narración. Algo hecho en el viejo continente, pero de donde beberían también novelistas americanos como Kerouak, siquiera inconscientemente y de un modo más moderno.
Narrada en consciente monólogo interior, cuenta lo que pasa por la cabeza de alguien que quiere ajustar cuentas con su neblinoso pasado como dramaturgo del Burg de Viena. Sentado en su sillón de orejas, el personaje recuerda a partir del suicidio de una amiga llamada Joana, cómo la trascendencia de sus propios actos se volatiliza por momentos, encontrando un sinsentido más vital que filosófico. El personaje hace desde aquí una crítica a la burguesía como estamento decadente que florece sin apenas verse crecer. Irrumpe un profundo pesimismo en su visión de la realidad, que le lleva a analizar el suicidio de su amiga más como una patología social o beckettiana, que individual. Esto es muy nórdico.
Por otro lado, decir que antes de Bernhardt, escritores como Hans Lebert, diseñaron propuestas parecidas con resultados comerciales peores, lo que nos da que pensar no sólo sobre el eterno dilema de originalidad, sino también de oportunidad.

Calificación: Excelente.
Tipo de lector: Que entienda la literatura como un arte, pero no demasiado.
Tipo de lectura: Intensa y a la vez en duermevela.
Argumento: El pasado y su rumiar en torno a lo por venir.
Personajes: Inconformistas.
¿Dónde leerlo? Lejos del norte.


sep 29 2010

En el camino

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Libro que marcó época y a toda una generación de escritores y lectores, supone la historia de un viaje alucinado y alucinante por las carreteras, pueblos y ciudades de Estados Unidos: desde Nueva York a San Francisco, pasando por Denver y la frontera mejicana, y, sin obviar, la hoy quizás por ello temida Ruta 66; la novela es también el testimonio más grandilocuente de un escritor y sus gustos y fobias, formados por iconos de una cultura popular trasnochada y alternativa, centrado básicamente en las lecturas de W. C. Fields y el jazz, ese sonido de fondo tan norteamericano que, depende del sitio donde se escuche, puede resultar arrebatador y sintomático, o nostálgico, gris y brumoso. No en balde la crítica calificó a Kerouak de Charlie Parker de las letras.
Otro aspecto a reseñar es que se encuentran más claves para entender a autores típicos del futuro realismo sucio, antes que ver la senda que se estaba oficiando en torno a Hemingway o Faulkner. Aquí el camino es una aventura, una necesidad metaliteraria y desesperada por encontrarse a sabiendas de que el sueño americano se resquebraja. Hay chicas y drogas y una necesidad nada enajenada de vivir el hoy sin pensar en el mañana; la vida como diversión, a la que sus consecuencias de autodestrucción y delirio, no son suficientes para que el viaje se deje de hacer. Kerouak apuesta si acaso más fuerte, en tanto necesita ser él mismo a través de su personaje Sal, un escritor italoamericano que investiga en la ruta el material de una novela, mientras espera que se publique otra de cuyo recuerdo se quiere deshacer, siendo finalmente el camino una prolongación de lo que ve, oye y siente. Existen estados alterados de percepción y conciencia, existe eso y Dean Moriarty, otro personaje redondo donde los haya, compañero de correrías espectacular.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Buscador de perlas históricas en torno a la literatura norteamericana del XX; hace poco salió un nuevo libro en torno a En el camino, lleno de apostillas a éste, así como reescrituras de pasajes o nuevos enfoques.
Tipo de lectura: Amena y entretenida, aunque hay que saber adentrarse en ella. No sobran páginas.
Argumento: Novela de carretera en torno a un grupo de perdedores que quieren algo más.
Personajes: El paisaje es uno de ellos, pero tiene muchos y variados que, obviando al ángel-demonio Dean, nos muestran lo complejo de la vida.
¿Donde se puede leer? Cerca de un museo arqueológico, pero tomando notas.


jun 5 2010

Libro de Jaikus

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Editado con mimo por Bartleby en su colección bilingüe de poesía, y con la traducción y prólogo de Marcos Canteli, supone ésta obra de Jack Kerouak una íntima muestra que sobre el oficio de las palabras tuvo este novelista de la Generación Beat. Descripciones de la naturaleza, de la esencia de las personas que le rodean y de la banalidad del paso del tiempo. Está compuesto el libro con unos primeros haikus (o colecciones de tres versos cortos que siguen una estela propia, a pesar de su influencia oriental) y continúa con cuatro cuadernos de pops (a los que así llama una vez reconoce su autoría, para sentirse más cómodo), cada uno de los cuales se refiere a una estación del año, siendo el primaveral de la desolación, el veraniego dedicado a la carretera, el otoñal por antonomasia a la generación beat y el invernal a Northport (su posible residencia).

Existen entre las piezas algunas metaliterarias, pero digamos que las plantas, los gorriones o las vacas que la pueblan sirven más para hacer juegos de palabras en aras del movimiento. Y es que hay un intento en Kerouak de transubstanciar el yo, con ánimo de olvidarse de él y reconstruirlo; de este modo, la pureza debe surgir de la observación como algo externo, directamente comunicable, que obvia a quién lo escribe. No hay, por tanto, sesudas reflexiones sobre el arte y la intelectualidad, sino imágenes (algunas poderosas, otras no tanto) que se leen agradablemente y recomiendo que de forma pausada, paladeando cada sílaba, pues a pesar de que todo está construido desde la libertad de rima y ritmo, ésta es sólo aparente, por lo que en cada poema, al contenerse algo así como un estado de ánimo deconstruido, una metáfora o una confesión mínima, hay impresión de minuciosidad en su manera de escribir, algo que no extrañará a sus lectores habituales, que como los de Carver o Tess Gallagher, consiguen de la lírica, una prolongación de sus historias o cuentos.

La tormenta,

como Dostoievsky

construye cuando enumera

Calificación: Muy interesante, para amantes de la literatura norteamericana, eso sí en pequeñas dosis.

Tipo de lector: No demasiado exigente; obtendrá mucho a cambio de poco.

Tipo de lectura: Sencilla, desapasionada; la edición bilingüe es ventajosa hasta para neófitos

Argumento: Notas y reflexiones que van desde el apunte del natural hasta la reflexión sobre su propia importancia como género.

Personajes: La yerba, el mulo, el arendajo, la ardilla,… Todos y ninguno.

¿Dónde se puede leer? Tumbado en un prado una noche estrellada.