Nos preguntamos, las apariencias… ¿engañan o definen?
¿O son los cuatro protagonistas de esta novela los que intentan engañarlas a ellas desde su infierno particular creado de convenciones sociales y de hipocresía?
Hay que ver, y puede hacerse en esta novela, lo que ha dado de sí en la literatura el estudio de los ejemplares de esa diferenciada especie humana que son las clases altas británicas, los que extendieron la civilización por el mundo, marcada por unos códigos complejos pero estrictos: la anestesia de los sentimientos, la separación social, las apariencias de la rectitud y la vida correcta, espaciada por tiempos estrictamente pausados para comer, para vestirse, para jugar, viajar y beber. Para elevar el bienestar material a la altura de un dios implacable que gobierna sobre el amor y sobre el sexo. El matrimonio como trampa. La expatriación como norma de conducta.
Para reflejar esta clase, odiosa, pero que está en el origen de lo que se considera de buen tono, de gente bien, en (ya) todas las culturas, el escritor británico Ford Madox Ford utiliza un espejo deformante cuyo azogue está en la voz de un narrador enigmático y engañoso, peligrosamente dispuesto a explicarse, y de quien dudamos si es víctima o culpable. Un narrador que utiliza la ironía como una de esas armas arrojadizas que, cuando no golpean, regresan a las manos de sus hábiles lanzadores.
Va contando, superponiendo detalles y recuerdos como por la casualidad de la memoria, y formando una historia que se espesa como un cuadro muy empastado; basto, pero al mismo tiempo resplandeciente de matices; sucio, pero veraz; pintura que, habitualmente vista desde lejos convence, pero que se deforma, grotesca, según nos acercamos a sus amalgamas de color.
Una novela magistral por su trazado que deja ver afinidades con grandes contemporáneos y amigos del escritor. Con Conrad y con Lawrence.
Se estudian los sentimientos de culpa y de pecado con todos sus matices, la carga que les imprime la religión que las dicta. Las zonas oscuras de la mente humana y la distorsión como memoria manufacturada. Lo razonable, lo sobreentendido y lo supuesto. El infierno social.
Una historia, en la que, como en todas aquellas de las buenas que propone la literatura, el lector debe arriesgarse a sacar sus propias conclusiones. Porque al fin y al cabo, ¿Quién habita el infierno? ¿Aquellos que lo sufren pero están vivos, o quien hace la crónica desde la muerte, apartado de todo sentimiento?
Si tuviéramos que hacerle elegir, ¿debe de ser honesta la mujer del Cesar, o parecerlo?
Calificación: Espléndida.
Tipo de lector: Cualquiera interesado en la buena literatura y en la construcción de la narración.
Tipo de lectura: Ágil, redundante, engañosa.
Argumento: Complejo y ambiguo.
Personajes: Brillantes.
¿Dónde puede leerse?: En un largo viaje en tren o en un balneario.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería deberían tenerlo.
El lunes de Pascua de 1282, cuando las campanas de todas las iglesias de Palermo tocaban a vísperas, el pueblo se levantó con una sola voz contra la dominación francesa, iniciando una masacre que se conocerá en el tiempo como Las Vísperas Sicilianas. El levantamiento inició la caída de Carlos de Anjou, y sus consecuencias fueron decisivas para la historia de Europa.
Fue una conspiración tramada entre Constantinopla y Barcelona, por la diplomacia más poderosa del mundo, la de Miguel Paleólogo, Emperador de Bizancio, con la colaboración imprescindible de Juan de Prócida, Canciller de Aragón, que defendía los derechos dinásticos de su señora, la reina Constanza. Las Vísperas Sicilianas supusieron la independencia de la isla de Sicilia, su incorporación a la órbita de la Casa de Aragón e impidieron a Carlos restaurar el Imperio Latino de Oriente y alcanzar para el papado el sueño de una monarquía universal. SirSteven Runciman fue un destacado historiador, conocido sobre todo por su obra La Caída de Constantinopla, 1453; y destaca por utilizar en sus rigurosos estudios históricos, técnicas narrativas cercanas a la novela; es estricto en el análisis de las fuentes y las conclusiones, que expone razonadas y objetivas, pocas veces desliza su opinión subjetiva aunque cuando lo hace, hiere con lo certero de su ingenio. Runciman nació y murió con el siglo XX, fue políglota, de educación clásica y se especializó en la Historia del imperio Bizantino y de las Cruzadas. Sus obras se leen como lo que son: novelas de aventureros y de aventuras en las que se investiga el encadenamiento de causas y efectos que convierten la Historia en una materia viva.
Algunos de los personajes de esta narración, aparecen encerrados por el Dante -en suDivina Comedia- en los círculos del Infierno y el Purgatorio. Desfilan por las páginas caballeros legendarios: Manfredo de Hohenstaufen, el bastardo real que amenazó el poder temporal de los Papas; el joven y valiente Conradino, rey titular de Jerusalén, cuya ejecución, a los dieciséis años, removió la conciencia de Europa y que los alemanes han considerado siempre, según el autor, el mayor crimen de la Historia; Carlos de Ajou y su sueño de gobernar un Imperio sin igual desde la época de Justiniano; y Gregorio X, el pontífice que intentó la unión de las iglesias de Constantinopla y Roma en el concilio de Lyon, ante el que el Ilkhan de los Mongoles de Persia envió dieciséis embajadores. Las alianzas matrimoniales se despliegan entre las páginas del libro con la suntuosidad de un tapiz oriental.
El libro está editado por Reino de Redonda del escritor Julián Marías a quien hemos de agradecer el esfuerzo editorial de haber puesto a disposición de los lectores en español, obras indispensables que permanecían ocultas o sin traducir, de Vernon Lee, de Conrad o de Yeats entre otros. Las Vísperas Sicilianas fueron popularizadas por Giuseppe Verdi en una ópera en cinco actos con versiones en francés y en italiano, cuyo libreto, de la mano de Scribe, califica Runciman como absurdo.
Es una historia apasionante donde los hechos se suceden vertiginosos. Una narración vigorosa, que mantiene el suspense sin la composición de falsos cuadros históricos; profundiza en el carácter y las motivaciones de los actores con una visión única de conjunto. Una obra madura y exacta.
Calificación: Muy Bueno.
Tipo de lector: Cualquiera. Aficionados a la Historia.
Tipo de lectura: Amena.
Argumento: Muy entretenido y novelesco.
Personajes: Grandes y ambiciosos.
¿Dónde puede leerse?: En Sicilia o en tu casa.
¿Dónde encontrarlo?: Búscalo en tu librería favorita.
Siempre me ha parecido una tontería la discusión sobre si se puede hablar o no de una literatura gay. ¡Claro que se puede hablar!
Son las obras literarias en las que los homosexuales de todo el mundo se han reconocido y las que han utilizado para manifestarse. Son la piedra angular de los movimientos reivindicativos que arrancan en los años cincuenta. Algunas son obras en las que son gays los personajes y otras son los autores los que desvelan, voluntaria o inconscientemente su tendencia sexual o su voluntad de tocar ese tema. Ese corpus literario es la piel de la visibilidad.
(Hablamos, claro está, de la tradición masculina, la femenina, la lésbica, está desgraciadamente más oculta en la historia y doblemente estigmatizada. Una vez más, y el que escribe lo lamenta, no se habla de ella aquí)
Gregory Woods es Profesor titular de Estudios gays y lesbianos de la Trent University de Nottingham, en Inglaterra, que, sospechamos, está situada a años luz de las universidades españolas.
Hace un repaso pormenorizado y exhaustivo de lo gay en la historia de la literatura y no se queda solo en Proust o en Leavitt; en Maurice o en Las Amistades Particulares. No. Woods se arremanga y escarba a fondo en Virgilio y en Dante y en Conrad y en James y en Woolf y en Fleming (Ian) y así hasta completar un imprescindible índice de nombres que llena cinco de las cuatrocientas veintiocho páginas del volumen. Investiga sobre las lagunas de lo gay en la poesía del África postcolonial y en lo escrito sobre el holocausto. Revuelve en las literaturas periféricas.
Es minucioso y riguroso. Este ensayo debería ser de lectura obligatoria para gays y lesbianas y también para profesores de literatura. Para los que no son ninguna de las tres cosas, es una obra interesantísima de consulta e información. Está estructurado por temas que se suceden en secuencia temporal.
Puede ser una guía de lectura fabulosa. El que escribe esta breve reseña siente una gran admiración por el autor a causa de este ensayo.
Calificación: Interesantísimo.
Tipo de lector: Aficionados a la literatura. Gays.
Tipo de lectura: Amena aunque prolija y minuciosa.
¿Dónde puede leerse?: En una biblioteca bien surtida.
Sus primeros treinta años de vida, que pasó encerrada en su casa de Londres leyendo, fueron decisivos para la formación de su carácter. Aprendió a leer sola y a la muerte de su padre se embarcó para África a completar un libro que él había dejado inconcluso sobre fetiches religiosos y sacrificios rituales en las sociedades primitivas. Así como se lo cuento. Sin más.
A este primer viaje sucedió un segundo del que este relato es la crónica.
Mary se presenta entre los caníbales fang después de recorrer en canoa en río Ogowé vestida de negro como estricta gobernanta, con enaguas y corsé de ballenas, se enfrenta con ellos a gritos y después se sienta a tomar el té. Era la primera mujer blanca que había llegado hasta allí.
“Vaya, otra maldita ciénaga” se dice a sí misma cuando va camino del poblado de Egaja, “un lugar de terrible y diabólica reputación entre los blancos y entre los nativos del Congo francés” y la emprende con los cocodrilos a golpes de sombrilla. Nada se le pone por delante, escala montañas a donde no había subido nadie, penetra en las selvas y atraviesa los pantanos a nado ante el estupor de sus porteadores que no pueden más, y se pasa el viaje como buena británica criticando todo y a todos, por ignorantes, por insolentes, por caníbales y por salvajes.
En todo ello hay el atisbo de una mentalidad empírica y moderna como cuando escribe: “Lo peor que le puede ocurrir a un africano es que llegue alguien y le diga, venga, voy a civilizarte.”
El relato de las peripecias y la mala leche que la ayudó a llegar a donde quiso recorren cada párrafo de esta memoria que de alguna manera podría ser el antónimo de la novela de Conrad.
El relato de viajes desternillante de una dama inglesa que se pasea por el Corazon de las Tinieblas como si estuviera en Kensington Park.
Calificación: Inaudito.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Amena y divertida.
Argumento: La narración del viaje.
¿Dónde puede leerse?: Antes de viajar a África para relativizar la mirada.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería de viajes o en www.orixa.com
A veces nos encontramos con libros que cuentan muy poca cosa. O que lo parece sin ser verdad. Y, casi siempre, nos deja un regusto amargo la lectura de una obra de esas características. No sé si este mal gusto tiene que ver con el precio de los libros (en la sociedad actual tendemos a rentabilizar todo desembolso) o si lo que sucede es que el lector siempre espera que le cuenten mucho creyendo que tendrá que entender mucho, también. El caso es que algunos libros cuentan poquita cosa. Además de eso, no sabemos bien lo que cuentan. No nos enteramos.
Una de esas obras es El corazón de las tinieblas de J. Conrad. Se narra un viaje. Un viaje que no es al infierno como tantas veces he oído decir. Ese trayecto hasta el infierno lo sería si estuviera salpicado de peligros y la progresión en la tensión narrativa tendría que ir de menos a más. El viaje a través del río es lento y mantiene una línea continua de principio a fin. (Se trata del río Congo aunque su nombre no aparece. Casi ningún nombre aparece. Ni de lugares ni de personas). Todo en ese viaje es lento. La desintegración (quizás sea el final de la ruta) aparece poco a poco. Y lo hace desde una rutina apática y perezosa.
Lo cuenta Marlow (un primer narrador desaparece muy pronto y le da paso). Hace entrada en el relato comparando hombres con hombres, tiempos con tiempos. Iguala mil novecientos años con un breve momento. Ni tiempo ni escenario modifica las actitudes del ser humano, todo se repite. Quizás por eso el viaje hacia la degradación es lento, quizás es volver a vivir lo ya vivido.
Testigo silencioso de todo lo que pasa es la selva. El escenario adquiere una importancia que al lector no puede parecerle poca cosa. Silencio y misterio. Se dispara o se lanzan flechas sin saber de dónde vienen sin saber qué es lo que se quiere destruir.
En contraposición a este silencio, nos presentan a Kurtz desde su voz. Parece que puede reducirse a eso, a su voz. Cuando todos los personajes que van apareciendo tienen un discurso fragmentario (algunas conversaciones se presentan mutiladas por la falta de audición del testigo), Kurtz es presentado como una voz, como alguien que dice lo que nadie es capaz de decir. Lo más curioso es que, llegado el momento de conocer al personaje, no podemos oír casi nada de lo que dice. “El horror, el horror…” es la frase más famosa de la novela (gracias al cine y no a la propia narración) y dice más bien poco. Críptica. Nos obliga a especular sobre su verdadero sentido y significado.
Les podría contar la novela, su significado y algo sobre los símbolos. Pero prefiero que la compren, la lean y la disfruten.
Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Todo el que quiera bajar a las bodegas. A las propias y a las ajenas.
Tipo de lectura: Exigente.
Engancha aunque no todo el mundo es capaz de leer hasta el final.
No sobran ni los márgenes.
Personajes: Iguales al mundo.
¿Dónde puede leerse?: Mejor con cierta tranquilidad.
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