feb 11 2013

Calcetines

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Especialmente apto para niños de 8 años en adelante, es este un libro divertido que seduce por su lenguaje y forma de mirar el mundo. Como estudiante de Publicidad que fue, su autor nos regala una fábula anti-marcas donde los objetos y en especial, la ropa de una muñeca de una niña de clase media, arma una pequeña revolución entre hermanos y padre. Cayendo a veces en el recurso fácil por nemotécnico, Felix J. Velando, que hizo ya nuestras delicias con Te vas a reír cuando te lo cuente, sabe adaptar con sencillez lo cómico a la infantil, construyendo una narración donde monopatines e inconscientes pinchazos de alfileres son más peligrosos y menos efectivos que la capacidad de los humanos para comunicarse a través de la vestimenta; que sabe aliarse entre bata, cordones, manoplas, bufandas y como no, los calcetines protagónicos, para lograr un fin común tan paralelo a lo imposible, que dará que pensar a muchos niños sobre cómo aliarse ante el mundo feroz que les ha tocado vivir, feroz por humano, por otra parte.
Toda esta coralidad (están los que son, pero hay más) recuerda a la inolvidable película Moonrise Kingdom, tanto por la magia como por el público a quién por un momento va dirigido.
Flix y Tol son dos calcetines hermanos que viven en concordia, aunque con sus piques diversos; como suele pasar en estos casos, Tol empieza a echarlo de menos en cuanto su hermano es llevado por confusión a la lavandería por la madre de Marta; más tarde descubrimos que no es la niña quién llora, sino su muñeca y lo hace simbólica y gráficamente (las ilustraciones de Marc Torrent son un complemento al texto perfecto).

Calificación: Inteligente a pesar de su inocencia.
Tipo de lector: Aficionado a la literatura infantil como juego.
Tipo de lectura: Imaginativa.
Argumento: La ropa como seña irónica de identidad.
Personajes: Desde la bata lista calixta a los guantes aguafiestas, todo un surtido.
¿Dónde leerlo?: Cerca de una guardería.


may 20 2012

Te vas a reír cuando te lo cuente

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

De una localidad de Albacete es el autor, Félix J. Velando, de este descacharrante libro. Publicista de estudios y guionista de profesión. Estos nueve relatos editados por La Página van de la sátira blanca a lo coral; de esta primera tendencia vemos ramalazos del mejor humor de Joaquín Reyes y su famoso grupo Muchachada Nui, mientras que la coralidad recuerda al mejor José Luis Cuerda; son cuentos éstos irreverentes y hasta cierto punto marcianos por lo explosivo de su propuesta sobre el cotidiano delirante; cuentos fraguados en una espontaneidad trabajada y que da mucho de sí, tiernos y crueles como el de la novia de Elvis, brillantes como el increíble y sugerente Pezones, que en realidad podría ser segunda parte (y no última) de Una noche en la tele, en tanto en cuanto ambos comparten a un tal Peralada, un contra alter ego nada ocasional.
Es difícil encontrar verdadero sentido del humor en la literatura en España, y este libro la tiene. En sus páginas hay algo más que un buen chiste, una voluntad, si acaso algo reiterativa, por contar las cosas con gracia; tiene en su ligereza y aparente falta de pretensiones a su mejor aliado y maneja el tiempo con gran solvencia, arrancándonos la carcajada tras varias sonrisas solapadas, por acumulación, sabe reírse de y con lo excesivo y sesudo en literatura, aportando una visión que desacraliza tantos altares encumbrados por un afán supuesto de trascendencia. Además sabe jugar bien con las palabras sin caer en el galimatías.
Relatos muchos rurales con personajes de la capital que tiran para el terruño, coralidades que no se entienden más que desde una firme actitud de crear y crear personajes que definen un mundo cercano y lejano a la vez, borroso y nítido, como la vida misma.

Calificación: Muy divertido.
Tipo de lector: Dispuesto a no dejar títere con cabeza.
Tipo de lectura: Agradecida.
Argumento: Nueve historias más sobre lo humano que sobre lo divino.
Personajes: Risibles.
¿Dónde leerlo?: En la Roda, mientras compramos Miguelitos.