may 27 2012

Dietario voluble

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Próximo a Bartleby y compañía, pero quizás más intertextual, el escritor barcelonés Enrique Vila-Matas encuentra en su peculiar forma de hacer literatura, un camino atractivo y lúcido. Dejando ver los resquicios del vanitas vanitatum, reseña con acierto a Kafka en una lectura más que contemporánea, así como a algunos de sus malditos (otros no tanto) favoritos. Emplea gran cantidad de energía y sabiduría en las citas, haciendo ver que la metaliteratura es un arte que no sólo requiere de reflexión, sino de imaginación.
Temas como la locura y su atractivo o la necesidad de citarse a sí mismo, le han hecho valedor de un prestigio que no es baldío. Escrito o más bien pergeñado a rachas desde 2005 a 2008, existe cierta voluntad de enraizarse y recordar; rememora en forma de diario y a través de bloggers y periodistas a Bolaño y Walser y hasta reproduce un poema de Bukowski que le sirve para disertar sobre la vida en la literatura, necesaria, enérgica, pero que no galope en aguas trasnochadas.
Habla también de la amenaza que supone la intelectualidad como arma que no muestra nada detrás; los capítulos o entradas en que diserta con locuacidad sobre la actualidad son irónicos y coherentes con su visión, que esta vez no obvia ni el cine (acertada semblanza de La vida de los otros o los filmes de Kaurismaki) ni la música u otras artes más disipativas. Entrega quizás este ejemplar para que le conozcamos mejor, en su vertiente más lúdica y con menor rigidez que en otros libros más premiados, pero que parecen más difíciles en sus planteamientos.

Calificación: Interesante.
Tipo de lector: Aficionado a los diarios.
Tipo de lectura: Densa y lúdica a partes iguales.
Argumento: Visiones personales sobre la literatura y la vida.
Personajes: Escritores y artistas retratados con inteligencia y frivolidad a partes iguales.
¿Dónde leerlo?: En un entorno aristocrático.
¿Dónde comprarlo?: Por ejemplo, en la Feria del Libro del Madrid.


dic 7 2010

Perder teorías

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

Para los que nos acercamos al mundo literario a través de la lectura siempre es una sorpresa agradable encontrarnos con libros como Perder Teorías de Enrique Vila-Matas. Esta novela, corta, cortísima que, en realidad, debe considerase casi un ensayo sobre la espera, sobre la teoría de la construcción de la novela del futuro; es la perfecta continuación de  Dublinescas.
En Perder teorías el autor nos explica cómo durante la realización de un viaje a Lyon, en el que nadie le espera, pese a estar convocado por una fundación para participar en unas jornadas literarias, pasa de la inicial angustia de no tener a nadie que le espere ni le de cuentas del como ni el porqué de su estancia en aquella ciudad, al estado perfecto y deseado de espera. Un momento perfecto de encuentro con uno mismo. Ese estado del nada más que estar con sí mismo le llevará a la elaboración de una especial teoría sobre el sentido de esa espera, el sentido real de la vida y sobre como debe ser la novela del futuro. Una reflexión que concluirá con la idea de que hay que desechar las teorías elaboradas al respecto porque una teoría solo sirve para que se plasme lo que sobre ella se cree pero que, una vez plasmada, ya no sirve para nada. Las teorías sólo nos encasillan, nos meten dentro de un cinturón que oprime y mata la libertad, en este caso, la del escritor.
Perder teorías, donde las referencias a escritores de la talla de Liz Themerson o Julien Gracq, la convierte en una deliciosa novela para reflexionar sobre la necesidad de contar, o no, con patrones para la creación de una novela. Sobre cómo construimos para volver a destruir, no sólo teorías literarias, sino a nosotros mismos.

Clasificación: Novela, casi ensayo.
Tipo de lector: Interesados en las teorías literarias y amantes de Vila-Matas.
Argumento: Sobre el sentido de la espera y la novela del futuro.
Personajes: Sólo la conciencia de Vila-Matas.
Engancha: Pues va a ser que sí.
Donde puede leerse: En cualquier sitio donde tengan tiempo para detenerse cada dos minutos para pensar y tomar un café tranquilos.
Donde encontrarlo: En su librería de referencia.


oct 30 2010

Si te comes un limón sin hacer muecas

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Sergi Pàmies, alabado por su coetáneo Vila-Matas por considerarlo un cuentista con más mundo del que en principio pudiera parecer contener, no es este autor alguien especialmente minimalista en sus recursos, a pesar de que sus relatos sean cortos. Tiene la habilidad de saber escribir veinte piezas, casi hiperbreves, en torno a un mismo tema, que podría ser la resistencia ante el mal o la indiferencia ante el mismo. Lo único que el lector llega a vaticinar es que, por exceso o defecto, aquí hay un mundo poblado de densas, polimórficas e intensas ficciones, y donde probablemente es menos el tiempo el protagonista que esta idea núcleo citada que incluye tanto la supervivencia de sus criaturas ante un mundo hostil, como la necesidad que las dos adolescentes de la portada tienen de dormir. Piezas que merodean el tema o conatos de energía que vemos hasta en una gota del grifo que sueña con precipitarse al vacío aún a sabiendas de que en el intento quedará espachurrada contra el fregadero.
En La otra vida, un tierno fantasma dedica su desaparición a los seres queridos que tanto le aguantaron, transformando así lo vano de toda una vida en alegoría cuasi-mística sin dramatismos ni heroísmos; es éste un relato cerebral que con semejanzas temáticas a El corazón delator de Poe, obtiene, salvando las distancias, un resultado mucho más sosegado.
Monovolumen y Brindis quizás sean los mejores, de una larga ristra de relatos (todos ellos importantes) y a tener en cuenta. En el primero, el personaje-narrador envidia a un vecino que se muestra simpático, mientras él sólo es cordial, esta cordialidad esconde cierta vergüenza a prodigarse; el caso es que la relación se prolonga y a nuestro menos querido personaje no se le ocurre otra cosa que vacilarle sobre un coche suyo que piensa que es inaccesible al bolsillo del vecino.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lector: No necesariamente familiarizado con el concepto de posmodernidad, pero dispuesto a reconocerse en él.
Tipo de lectura: Amena, aunque densa.
Argumento: Ficciones diversas en torno a cuestiones pequeñas (y por ello, universales) de la vida.
Personajes: Fácilmente identificables.
¿Dónde puede leerse? En cualquier sitio sin ruido y que a la vez permita hacer y deshacer con paz y tranquilidad.


ago 13 2010

París no se acaba nunca

Artículo escrito por: Carmen Neke

En París no se acaba nunca, Vila-Matas hace un retrato implacable de sun yo juvenil durante los dos años que vivió en Saint-Germain-des-Prés, como un joven impostor que asume todas las poses de sus modelos literarios porque está convencideo de que esa es la única forma de llegar a ser un auténtico escritor. Me divertí muchísimo con su imagen de muchacho vestido de negro (la desesperación le parecía entonces la única actitud válida ante la vida) que se sentaba en la terraza de un café a leer a los poetas malditos franceses con un par de gafas falsas que debían darle el necesario aspecto de intelectualidad. No veía nada con ellas puestas, pero lo importante no era leer a estos poetas sino la pose, el ser visto leyendo tales libros. También me hizo reír el hecho de que no fuera capaz de entender una palabra del francés que le hablaba su ilustre casera, Marguerite Duras, según un amigo debido al hecho de que la Duras era una gran escritora y por ese motivo hablaba un francés superior.

El autor se ríe de sus locuras de juventud con la misma ironía llena de ternura con la que se ríe de su yo actual, empeñado en conseguir un dudoso parecido físico con Hemingway que le compense del deterioro inexorable de los años. O la ironía con la que recuerda sus problemas técnicos como escritor principiante ante cómo reproducir los diálogos en su novela: ¿separados con guiones, escritos entre comillas? Dilema que acabó siendo resuelto por un artículo de la revista Tel Quel (la biblia de los literatos franceses de vanguardia) que dictaminaba que los diálogos en las novelas eran algo reaccionario y anticuado. El joven Vlia-Matas, que se encontraba en aquel momento en un café rodeado de gente dialogando, decidió que la realidad no tenía por qué afectar en modo alguno a la modernidad narrativa:

Toda aquella gente que dialogaba seguro que eran votantes del político de derechas Giscard d’Estaing y, además, se les notaba mucho que no tenían poética, eran de una vulgaridad aplastante y lo que decían probablemente también.

Finalmente, el aprendiz de escritor termina su novela y vuelve a Barcelona, con la impresión de haber ido a París solamente para aprender a escribir a máquina y para recibir por boca de su casera el criminal consejo de Raymond Queneau: “Usted escriba, no haga otra cosa en la vida”. Y a eso dedicó el resto de su vida, a escribir, agradeciendo además el no haber conocido en París una felicidad juvenil que añorar ahora en sus años de madurez. Porque si bien anhela un parecido físico con Hemingway, no quiere acabar como él: después de haber vivido una vida apasionante y haber ganado el Nobel, acabó al final de sus días sintiendo nostalgia de ese París en el que fue joven, pobre y muy feliz. A Vila-Matas el fracaso de sus experiencias juveniles le salvan de ese tipo de nostalgia, y si bien reconoce que París no se acaba nunca, también confiesa con humor que lo que más le gusta de París es que sea una ciudad sin catedral ni casas de Gaudí.

Calificación: Estupendo.

Tipo de lector: Un libro muy recomendable para todos los letraheridos que sueñan con ir a París a hacerse escritores sentados en los veladores de los cafés. Al menos si saben reírse de sí mismos.

Tipo de lectura: Una fiesta para los amantes de la literatura, un infierno para los demás.

Argumento: Cómo hacerse escritor y no morir en el intento.

Personajes: La bohemia parisina de los años setenta.

¿Dónde puede leerse?: En la terraza del Café de Flore, en Saint-Germain-des-Prés.


jun 1 2010

Doctor Pasavento

Artículo escrito por: Carmen Neke

Esta cita sacada de Doctor Pasavento de Enrique Vila-Matas exrpesa de maravilla la idea central de este libro:

al fin y al cabo, todo se resume en tratar de entender la propia vida, el camino sinuoso que ha tenido la vida de uno, atender a la pregunta de cómo se pudo llegar a esta situación, tratar de explicarte por qué siempre estamos en medio de una carretera y en la mitad de un diálogo, tratar de explicarte por qué te tocó vivir la vida que has vivido y por qué ahora la vives [...] con tu angustia de hombre perdido en el tiempo, pero siempre atado a tu propio nombre

El hombre que supo desaparecer dentro de su propia cabeza le dice estas palabras al doctor Pasavento, quien tras desaparecer solamente ha descubierto en su ausencia que no hay nadie que le eche de menos. Por eso quiere huir no solamente de su realidad presente sino también de su vida pasada, y quiere reinventarse una historia, un nombre, una personalidad, para no tener que seguir siendo ese a quien nadie echa en falta cuando no está.

Este libro me gustó, pero no me entusiasmó. Aunque tampoco creo que esa fuera la intención de Vila-Matas, la de entusiasmar al lector con sus movidas mentales Y qué raro se me hacía cada vez que, después de citar a siete u ocho autores oscurísimos y de filosofar de todo lo humano y lo divino, el protagonista se compra el periódico o se mete en Internet… para consultar los resultados del fútbol. Me imagino que esto son cosas que solamente un hombre puede llegar a comprender.

Calificación: Muy buen libro, pero no para todos los gustos ni para todos los públicos.

Tipo de lector: Al que le guste pensar mucho sobre las cosas.

Tipo de lectura: Accesible pero densa a ratos.

Argumento: Desaparecer es demasiado fácil.

Personajes: La mayoría de ellos puramente nominales.

¿Dónde puede leerse?: Es una lectura que pide un ambiente tranquilo y concentración.


pink floyd – nodoby home


may 17 2010

Dublinesca

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

La última novela de Vila-Matas supone un planteamiento novedoso dentro de su producción; quizás sólo por eso, porque es novela y no sólo dietario, agenda o libro de citas. Calificar, sin embargo, de no metaliterario este viaje al centro de Dublín, sería quizás también poco riguroso. Y es que este autor barcelonés pretende hacerse amigo, a través de David Riba, de autores siempre difíciles que en esta ocasión, más que en otras, iluminan pasajes novelescos que sirven, por una parte para dibujar a un personaje ridículo, patético y antipático, y por otra para manifestar una lúcida visión de su vejez, de toda vejez.

Dividida en tres partes que indican tres meses que entroncan la primavera con el verano, el autor opta por presentarnos a Riba, un editor independiente arruinado que pasa por una crisis personal de la que quiere salir. Casado con Celia, una mujer reconvertida al budismo por exasperación, el tipo recuerda con nostalgia su papel de luchador en pro de una idea de la literatura que se le ha perdido en la memoria, y que tal vez naciera de cuando vio en el cine a Catherine Deneuve en “Los paraguas de Cherburgo”, una idea peregrina que fue evolucionando en treinta años de resistencia frente a los grandes grupos. A Riba le han invitado a un congreso en Dublín sobre el fin de la era de la imprenta a favor del libro electrónico, y cuenta con tres amigos con los que viajar allí; él, en principio, es poco propenso a moverse de Barcelona, y si lo hiciese le gustaría más ir a Nueva York, la ciudad donde nada malo podría pasarle y hasta un borracho como Behan, vería sólo grandes formas de vivir. Rietzky, Ricardo y Javier comenzarán de esta forma a participar de un sueño por el que dos tipos alcoholizados llegan en volandas a una taberna y en la puerta se caen resbalándose como con una cáscara de plátano. ¿Qué ve de novedoso Riba en este acontecimiento, quizás que esa cáscara de plátano no existe?, ¿no mitifica de un modo en realidad tópico ese pasado de alcoholismo?.

Calificación: Interesante

Tipo de lector: Le deben gustar las rarezas anglosajonas en torno al Ulises de Joyce.

Tipo de lectura: Algo antipática

Argumento: Un editor acabado expurga las razones de su fracaso vital (de todo fracaso vital) y de la vejez. Sobra densidad en algunas páginas pero está muy bien escrito

Personajes: Los metaliterarios bastante mejor que los reales.

¿Dónde puede leerse? En una biblioteca.


blossom deariei hear the music