oct 12 2011

La hija de Robert Poste

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Parte, esta divertida novela de la prolífica escritora inglesa Stella Gibbons, de la incomprensión que supuso para Emily Brönte, la publicación de su obra magna Cumbres borrascosas, que numerosos intelectuales ingleses han imitado por resultar tremendamente andrógina. O al menos eso parece, pues la Gibbons pretende algo más concreto y es ridiculizar a un viejo amante que alcanzó el éxito antes que ella, quedándose anclado en un romanticismo a lo Wordsworth que según adivinamos no es más que mala copia del original. De la necesidad de parecer moderno en un entorno claustrofóbicamente chapado en el machismo y la vieja inglesa campiña victoriana va esta irreverente novela que no deja títere con cabeza, llegando incluso a atribuir cualidades propias de la neurosis reinante a cuatro vacas que por allí pastan y a la parravirgen, cualidades sexuales que permiten la reproducción de sus habitantes por vía espontánea.
Flora se va a vivir, ante la defunción de su padre, a la casa de los Starkadder, núcleo familiar que es en sí mismo un enfisema dañado por la ingenuidad y el recato de costumbres, y en el que cada uno a su modo sale adelante sin abandonar neuras ni excentricidades. El objetivo de la protagonista es doble en este contexto: casarse y escribir una novela, una vez acumule los datos necesarios. Mientras el día a día transcurre con el trabajo en el campo y las visitas de gente que aparece y desaparece, el entorno estrecho y provinciano se convierte en algo asfixiante para ella, y divertido para el lector.
Sin cumplir con la industrialización, esta visión lúcida de la naciente nueva burguesía nos es pintada con decrépita ironía blanca.

Calificación: Divertidísima.
Tipo de lector: Quién quiera saber de donde nace eso que llamamos flema británica.
Tipo de lectura: Amena, irresistible.
Argumento: Flora Poste y sus agudas visiones del mundo.
Personajes: Muchos, todos ellos ricos.
¿Dónde leerlo?: Cerca de Covent Garden.


abr 20 2011

Cumbres borrascosas

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Cumbres borrascosas es un melodrama. Una obra que pretende emocionar al público con situaciones en las que dominan sentimientos muy intensos. En la que se superponen el odio y el amor.
Fue acusada de paganismo, y de ferocidad en la expresión de los sentimientos, tras su publicación en 1847. Era cierto. La modernidad criticó la novela por su exceso dramático y su romanticismo. También era cierto.
Hoy es considerada una de las obras maestras de la literatura universal.
Por su innovador mecanismo narrador, en el que una serie de voces se van relevando para contarnos la historia desde la primera persona. Porque por encima de sus exageraciones, consigue excusar sus faltas a lo verosímil con la creación de una trama matizada e intensa; de una atmósfera opresiva, oscura y confusa que atrapa a los protagonistas en una pesadilla que se prolonga durante dos generaciones. Una obsesión, una maldición, un designio.
Pero lo que más ha inquietado a los estudiosos contemporáneos, planea sobre la novela desde fuera del texto. Emily Brontë, como sus hermanas Anne y Charlotte, dieron a la luz al mismo tiempo tres obras extraordinarias, con las que consiguieron escapar de un infierno de soledad, pobreza y aislamiento por medio de la literatura. Construyendo realidades que las ayudaron a continuar viviendo. Viviendo mediante la ficción.
Porque lo que traslada Emily a esos Whuthering Heighs es el análisis, sin duda, de un horror que la terminó sofocando. Los inmensos vacíos de aislamiento y la brutalidad de los ambientes rurales del Yorkshire en la era de la revolución industrial, la injusticia de una sociedad compartimentada en clases, el abismo de la incultura y de la ignorancia; el papel decisivo otorgado al hombre, como amo del universo a quien la mujer ha de estar sometida.
No intentó revelarse, ni reivindicar. Solucionó su grito de angustia con un final místico y extemporáneo.
Cumbres Borrascosas está compuesta con un lenguaje rebuscado y grandilocuente al que no cuesta acostumbrarse, propio de la época en la que se escribió y apropiado, hoy, para la historia que cuenta.
Brontë transgredió todos los límites, deslizó imperceptible a sus protagonistas hacia el lado más oscuro de la mente, el lugar donde están la crueldad, el adulterio, la alienación y el desorden, el masoquismo; se acercó a explorar la necrofilia, el abuso y el incesto; en un mundo donde la mujer era un objeto marginal que solo era capaz, como Pandora, de concitar los males en torno suyo.
Es revelador el lugar que ocupan los libros dentro del libro. Como arma de soborno, como algo sin lo que no se puede vivir, como consuelo.
Los momentos terribles que encierra la narración son tan poderosos que sobre su estructura se montaron una decena de películas de cine. La interpretaron Laurence Olivier y Merle Oberon para la versión de Wyller de 1939. La dirigió Buñuel en 1953, titulándola Abismos de pasión. Juliette Binoche y Ralph Fiennes dieron vida a sus personajes en la penúltima secuela filmada por Kosminsky en 1992.

Calificación: Excepcional.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Sencilla, una vez que el lector se adapta al lenguaje y a las claves narrativas.
Argumento: Olvidando lo que de peyorativo tiene el término, el de un culebrón.
Personajes: Desgarrados e intensos.
¿Dónde puede leerse?: Retirado en la campiña inglesa o en el llano castellano.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería.


feb 26 2011

Cumbres Borrascosas

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Novela que supuso un revulsivo dentro del movimiento decimonónico del Romanticismo, por su modernidad. Desde el principio existe una declaración de intenciones sobre lo que ser mujer y publicar un libro suponía en la época y más si se quería experimentar en este hoy basto cajón desastre que es la novela. Se utilizan dos narradores y una atmósfera enfermizamente agobiante para definir los sentimientos de los personajes. El yo romántico corresponde al de la parcela que da título al libro, un yo intenso en virtud de los seres que lo pueblan, hombres y mujeres, amantes y testigos que entran y salen del interior de sí mismos como si se tratase de enfermos incurables de amor, que con tal de recibir algo de cariño, son capaces de cualquier cosa, aún a sabiendas de que su destino está profundamente marcado por la desdicha.
Otra característica de esta estupenda, pero absorbente novela, es la presencia de la naturaleza como algo moderno y, a la vez, integrado en el movimiento romántico; cuestiones cómo la pretensión absurda de abordar lo inabordable se hace patentes, más que nunca. El juego es el siguiente, dos territorios o casas pobladas de un halo de misterio: de un lado Cumbres borrascosas, donde el clima se traza desde el misterio, pero que ofrece la mejor fisonomía posible a evocar; de otro, la Granja de los Tordos, un lugar donde la ocupación y el trabajo absorben de tal forma, que no cabe sentimiento alguno. Los habitantes del segundo necesitan de Cumbres para explayarse, pero ¿qué hay realmente en el primer lugar, cuál es su historia?, ¿el terror al vacío por la muerte que tanto preocupa a Catalina, llevándola a ver morir a su mejor amiga Elena, que la contempla severa e impasible?, ¿el territorio que una vez ocupó Heathcliff y al que desea volver, debido a una insana nostalgia de la nostalgia?.

Calificación: Excelente y difícil.
Tipo de lector:  Clásico, pero acostumbrado a ciertos brotes de polifonía.
Tipo de lectura: Absorvente, a veces hasta poco llevadera.
Argumento: Destinos fatales con signos modernos de existencialismo.
Personajes: Descontentos, tristes, inadaptados.
¿Dónde leerla? En cualquier sitio, lentamente.


jun 29 2010

Una habitación propia

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

De Virginia Woolf se han escrito muchas cosas. No sé si lo que de ella se dice es o no cierto, pero, sin lugar a dudas, es una escritora que revolucionó el papel de las mujeres en la literatura. Woolf perteneció al llamado Grupo de Bloomsbury (grupo integrado por una serie de intelectuales británicos -Leonard Wolf, Bertran Rusell, Vanessa Well, Katherine Mansfield, John Maynard Keynes- ) a principios del siglo XX. El nombre proviene del barrio en el que se encontraba la casa en la que residía Virginia Stephen y su esposo Leonard Woolf. Este barrio, situado alrededor del Museo Británico de Londres, todavía hoy guarda el carisma y la esencia de los barrios con historia propia. No duden en darse una vuelta por las cientos de librería que pueblan este distrito, si tiene la oportunidad.

Hasta la aparición de Virginia Woolf, el papel de las escritoras era totalmente secundario, posiblemente por el rol social que estaban obligadas a asumir. Las escritoras que encontramos hasta ese momento y que destacaban, son Emily Bronte, Jane Austen o Fanny Burney.  Las novelas de estas autoras despiden, todas, un cierto aroma a escritura de, por y para mujeres. Lo cual, entiendo, nos aleja muy mucho de la verdadera literatura.

Con Virginia Woolf, el panorama cambió. Una habitación propia es un ensayo elaborado a partir del discurso que la autora escribió cuando se le solicitó preparar una conferencia que versara sobre las mujeres y la literatura. Estas dos conferencias se pronunciaron antes la Sociedad Literaria de Newham y la Odtaa de Girton.

En este ensayo, una de las cuestiones fundamentales que Woolf  destaca es, que sin independencia económica, sin un espacio propio, ni el más genio de los genios puede llegar a escribir una buena novela. Por eso, en el año 1928, cuando escribió su ensayo sobre la mujer y la literatura causó un verdadero revuelo. Woolf va desgranando, a lo largo de su escrito, la relación de las mujeres con la novela, así como el papel que tienen asignados en ellas, poniendo de manifiesto que la mayoría de novelas no contienen personajes femeninos que pudieran considerarse reales. En la literatura, hasta entonces, sólo cabían dos tipos de personajes femeninos, las mujeres las que eran buenas y virtuosas o las que eran pecaminosas y la encarnación de todo mal.

Destaca la práctica inexistencia de mujeres escritoras de un cierto nivel. Sin embargo, lo novedoso de esta crítica, no radica en poner de manifiesto lo que ya era evidente, sino en destacar la causa de esta situación que, no es otra, que la falta de una formación concreta sumada a la falta de independencia económica. Sin libertad de todo tipo (este añadido es mío), no cabe una buena novela.

Este y no otro es uno de los pilares de la libertad de las personas, no sólo en la época de Woolf, sino en la nuestra propia. De ahí que se hiciera famosa su reivindicación de “una habitación propia y quinientas libras esterlina”.

El discurso de Virginia Wolf se cierra con algo que a mi me parece fundamental (no sólo en cuestiones literarias, sino como manera de afrontar una vida nueva en libertad), invitando a las mujeres de principios del siglo XX a seguir escribiendo todo tipo de libros, aunque no fueran unas escritoras brillantes, pues sólo asentando las bases de una buena cultura y practica literaria, en el futuro, podrían conseguirse grandes escritoras.

La libertad nunca antes había sido reflejada en una habitación a la que pudiéramos cerrarle las puertas.

Calificación: Excelente.

Tipo de lectura: Precisa e intensa.

Tipo de lector: Escritores en ciernes.

¿Dónde leerse? En las escalinatas del Museo Británico estaría bien, pero nos vale el Museo del Prado, la Fundación Miró o cualquier espacio donde se respire cultura y lo tenga ud. a mano.

¿Dónde encontrarlo? En su librería habitual.