dic 27 2012

El enredo de la bolsa y la vida

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Hay autores que se divierten escribiendo, y eso es muy de agradecer dados los tiempos que corren. Eduardo Mendoza es, desde hace treinta años, uno de ellos. Sabe, desde la utilización de un narrador reconocible como loco y que ya hizo las delicias en la cripta embrujada y el laberinto de las aceitunas, montar una sátira quevedesca de los tiempos que corren, donde si no nos reconocemos, no es por falta de empatía precisamente.
La crisis económica, el boom de los bazares chinos, el terrorismo o el robo a un banco que burocratiza todo lo que toca, son algunos de los temas que con sorna y a través de la desaparición de un antiguo compañero de sanatorio, se nos advierten en escena de una forma disparatada, precisa y lúcida. Todo para no dejar títere con cabeza y ofrecernos bajo la apariencia de un malintencionado festín, toda una lección de realidad.
Eso y unos personajes afines a la voz principal; desde la adolescente Quesito, pasando por la suerte de curandero del sentido común, el timador Pollo Morgan o hasta la trasnochada femme fatale Lavinia Torrada, nos vehiculan la trama de un modo claro y poco dado a artificios, y es que por mucho que algunos sean secundarios, lo son de lujo en tanto en cuanto cada uno va a la suya; desde el colombiano que quiere participar en una película cuyo director no sabe lo que es una escaleta a políticos que actúan en la sombra poderosa como artífices coadyuvantes.

Calificación: Divertidísima.
Tipo de lectura: Ágil, dinámica.
Tipo de lector: Dispuesto a emborracharse de gracia.
Argumento: El detective y su desventurada vida a raíz del encuentro con un amigo del sanatorio años ha.
Personajes: Perfectos.
¿Dónde puede leerse?: En una biblioteca del Raval, sin levantar sospechas.


may 2 2012

El enredo de la bolsa y la vida

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

La literatura puede ser de gran altura y, a la vez, divertida. Quien confunde la buena literatura con llenar textos de palabras grandilocuentes, o con armar escritos que no entiende nadie (a veces, ni el propio autor), o con la escritura para listos; bien no sabe lo que dice, bien trata de poner listones imposibles diciendo que él ya los salto (mentira, seguro) convirtiendo la escritura en un gueto de acceso imposible.
Recuerdo que, hace ya muchos años, un tipo me afeó la escritura diciendo que el único artículo que se había escrito (se trataba de una revista de crítica literaria) para ser entendido era el mío. Que aquella era una publicación de pensamiento profundo. Le contesté que me daba una alegría muy grande y, por supuesto, no cambié una sola coma del texto. Aquel tipo se quedó tan ancho, se lo puedo asegurar. He de decir que lo que escribía ese señor era difícil de entender y no interesaba a nadie, era aburrido como un plomo. Y que la revista dejó de publicarse. Ese día decidí escribir lo que me diera la gana y, de paso, escapar de la masa de idiotas que chupan del mundo literario esgrimiendo, para ello, razones ridículas e inexplicables; que se rasgan las vestiduras cuando una novela triunfa sin ser una acumulación de frases enormes y llenas de un vocabulario imposible de digerir.
El enredo de la bolsa y la vida es el último trabajo de Eduardo Mendoza. Muy, muy divertido. Bien contado, estructurado con acierto y lleno de humor ácido, unas veces, humor que despierta ternura otras; y siempre fino.
El detective protagonista de las divertidísimas El laberinto de las aceitunas, El misterio de la cripta embrujada y La aventura del tocador de señoras (esta última algo más flojas que el resto que compone la serie), regresa a las páginas de un autor que parece escribir este tipo de novelas sin esfuerzo alguno. Es tal la potencia de la voz narrativa que, en ningún momento, el lector duda de su credibilidad. El detective, loco como una cabra y sin nombre conocido, utiliza un tono al narrar que, por inusual y ridículo, se ancla en la zona que el lector tiene como posible dentro de la narrativa moderna cuando el tipo de trabajo es delirante y extraordinario en su desarrollo.
Las páginas de este libro se salpican de situaciones sonrojantes para el común de los mortales, de diálogos esperpénticos, de personajes que rozan la estupidez desde su forma de vida.
Cuenta Eduardo Mendoza una historia en la que se mezcla una trama detectivesca completamente absurda, los problemas de la Barcelona actual y un mundo que el narrador convierte en la cola de un comedor social sea relevante o no la zona en la que se fije. El lector se ve obligado a reír entre disparate y disparate. Es una forma divertida de presentar la realidad que no queda al margen de la literatura,que no deja de obligar al lector a pensar en ese universo en el que, posiblemente, estamos inmersos y que no queremos asumir como propio.

Calificación: Muy divertido.
Tipo de lector: Cualquiera dispuesto a reírse de sí mismo. Jóvenes, adultos, abuelos y locos de atar.
Tipo de lectura: Ligera y llena de carcajadas.
Argumento: Rómulo el guapo, amigo del narrador, desaparece y el mundo se pone patas arriba.
Personajes: Redondos en su locura y en su ridiculez.
¿Dónde puede leerse?: En el Raval de Barcelona.
¿Dónde puede comprarse? En tu librería habitual.