Tercera y última entrega del cómic Una vida en China. Fascinante, inquietante y billete para viajar lejos y conocer un mundo ajeno que está a muchos kilómetros de distancia y a muchos años del nuestro. Li Kunwu relata junto a P. Ôtié lo que han titulado El tiempo del dinero, ese momento en el que China abre las puertas al capitalismo; ese momento en que las diferencias se hacen monumentales entre un sector de la sociedad y otro, entre los nuevos ricos y los pobres de siempre; ese momento en el que occidente se cuela por debajo de la puerta de un país encerrado en sí mismo durante muchos años. Li Kunwu no pierde la oportunidad de mantenerse neutral, como si fuera un narrador pegado a la acción de forma objetiva. Pero algún asunto no puede enfocarlo desde ese lugar y sale de la historia arrastrándonos a los lectores para opinar, con calma y sensatez, pero para opinar.
En un blanco y negro duro y contundente (igual que en las entregas anteriores), el dibujo de Li Kunwu matiza cada situación dejando que sus personajes nos muestren una ficción más que solvente.
Con este volumen concluye una novela gráfica que puede servir de entretenimiento aunque, también, de enciclopedia. Más que recomendable para la gente joven. Más que recomendable para los adultos que seguimos anclados en una sociedad occidental que no mira a los lados. Una vida en China es entender la nuestra desde un ángulo maravilloso y desconocido.
Calificación: Muy bueno:
Tipo de lectura: Muy amena.
Tipo de Lector: De 15 para arriba.
Personajes: Estupendos, llenos de vida.
Argumento: El mundo según China.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier lugar, pero con tiempo de mirar cada dibujo con atención.
¿Dónde puede comprarse?: No hay problema.
Editorial Dilema, Ocnos-Alas y la Escuela de Letras siguen empeñados en editar buena literatura. Ahora es la poesía reunida de los mejores poetas que andan sueltos por España y los que no conoce casi nadie. Tal y como están las cosas, eso es casi garantía de calidad poética. Idelfonso Rodríguez es un excelente poeta y, efectivamente, no lo conoce casi nadie. Su literatura y la música (concretamente el jazz) se unen para rellenar huecos en nuestro hoy poético (aunque casi nadie lo sepa). ¿Han escuchado ustedes el saxo de Dexter Gordon? ¿Se han fijado en que se intentan frases musicales? ¿Han leído alguno de esos poemas que la gente rechaza porque no riman o son difíciles de entender? ¿Han pensado en por qué hace esa poesía un individuo? El sueño como pensamiento puro, como falta de conciencia de sí mismo ¿es un territorio útil en la literatura? Preguntas como estas (por ejemplo) pueden tener solución leyendo las poesías reunidas de Idelfonso Rodríguez.
Sentir el pez que nada bajo los pasos
peces y muertos comunes
y el taconeo de los hombres
en lengua extranjera.
El poeta consigue que los poemas sean lugares en los que poder transitar para encontrar significados que estuvieron, que están y que permitirán establecerse al lector hasta que él quiera. Lo difuso, lo extraño o la omisión son los meandros de esta poesía. No dejen de leer a este autor.
Calificación Muy bueno.
Tipo de lectura: Exigente.
Tipo de lector: Cualquiera.
No sobra ni un verso.
¿Dónde puede leerse?: En casa, tomando una copa y escuchando buen jazz.
¿Dónde puede comprarse?: Este es el talón de Aquiles de la Editorial. Tendrá que encargarlo en su librería habitual.
Solemne, el gordo Buck Mulligan avanzó desde la salida de la escalera, llevando un cuenco de espuma de jabón, y encima, cruzados, un espejo y una navaja. La suave brisa de la mañana le sostenía levemente en alto, detrás de él, la bata amarilla, desceñida. Elevó en el aire el cuenco y entonó:
- Introibo ad altare Dei.
Deteniéndose, escudriñó hacia lo hondo de la oscura escalera de caracol y gritó con aspereza:
- Sube acá, Kinch. Sube, cobarde jesuita.
Avanzó con solemnidad y subió a la redonda plataforma de tiro. Gravemente, se fue dando vuelta y bendiciendo tres veces la torre, los campos de alrededor y las montañas que se despertaban. Luego, al ver a Stephen Dedalus, se inclinó hacia él y trazó rápidas cruces en el aire, gorgoteando con la garganta y sacudiendo la cabeza. Stephen Dedalus, molesto y soñoliento, apoyó los brazos en el remate de la escalera y miró fríamente aquella cara sacudida y gorgoteante que le bendecía, caballuna en su longitud, y aquel claro pelo intonso, veteado y coloreado como roble pálido.
Stately, plump Buck Mulligan came from the stairhead, bearing a bowl of lather on which a mirror and a razor lay crossed. A yellow dressing-gown, ungirdled, was sustained gently behind him by the mild morning air. He held the bowl aloft and intoned:
- Introibo ad altare Dei.
Halted, he peered down the dark winding stairs and called up coarsely:
- Come up, Kinch. Come up, you fearful jesuit.
Solemnly he came forward and mounted the round gunrest. He faced about and blessed gravely thrice the tower, the surrounding country and the awaking mountains. Then, catching sight of Stephen Dedalus, he bent towards him and made rapid crosses iin the air, gurgling in his throat and shaking his head. Stephen Dedalus, displeased and sleepy, leaned his arms on the top of the staircase and looked coldly at the shaking gurgling face that blessed him, equine in its lenght, grained and hued like pale oak.
Así empiezaUlises de James Joyce. Este es un libro que habría que leer según el método zen de disparar con arco: con los ojos cerrados, o por lo menos cerrando los ojos del entendimiento. Y resignándote al hecho de que vas a leer pasajes de los que no vas a entender nada de nada: los referentes culturales y locales de Joyce son desconocidos para el lector actual, y la corriente del subsconsciente corre libremente por las páginas, haciendo que algunos párrafos sean poco menos que incomprensibles. La técnica de Joyce tiene el mismo efecto que el cubismo en las artes plásticas: la manera de mirar las cosas es más importante que lo que contemplamos. La misma multiplicidad de ángulos nos hace conscientes de que cada uno de ellos es subjetivo y limitado.
Toda la experimentación formal y narrativa llevada a cabo por Joyce en Ulises viene provocada en mi opinion por supropia insatisfacción creativa como narrador, su incapacidad de recrear en su obra la totalidad del mundo que el autor quiere que contenga su novela. Y es esta insatisfacción y esta búsqueda de los autores de principios del siglo XX la que ha dotado a los narradores actuales de una gran libertad creativa y una enorme libertad de movimientos a la hora de dar forma a sus obras. Desgraciadamente, para la novela de Joyce toda esta experimentación ha ido a costa de la propia historia que pretendía contar.Ulises es una gran novella, pero el lector actual tiene que ir apartando enormes cantidades de pasajes efectistas, experimentos vacíos y ajustes de cuentas personales del autor para poder dar con la esencia de la novela: la doble búsqueda de Bloom y Stephen, a lo largo de un día y por las calles de Dublín, del sentido de la vida y de su propia existencia.
Calificación: Durísimo de leer.
Tipo de lector: Tan sincero que no es capaz de mentir diciendo que ya se leyó el Ulises sin haberlo hecho.
Tipo de lectura: Muy exigente.
Engancha desde el primer capítulo, si te gusta este tipo de literatura.
Le sobra experimentación formal, que no páginas.
Argumento: Leopold Bloom y Stephen Dedalus pasean todo el día por Dublin sin saber que acabarán por encontrarse.
Personajes: Los hay, y muchos.
¿Dónde puede leerse? A la vista de nuestros amigos intelectuales, para que el esfuerzo lector tenga su rendimiento.
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