may 30 2011

Relatos de Kafka

Artículo escrito por: Carmen Neke

Acabo de enfrentarme por primera vez en mi vida a una selección de los relatos de Franz Kafka, y esto me ha hecho darme cuenta de lo mucho que le deben Borges, Cortázar y tantos otros cuentistas modernos. Ha sido toda una experiencia, son relatos que intrigan, sorprenden, hacer pensar, pero que también son a mi entender muy accesibles a cualquier lector. Y es que Kafka tiene relatos muy bonitos, por usar una palabra tan poco admisible en reseñas literarias. Es un autor que arrastra fama de raro y retorcido, pero cuyas historias tienen mucho de poético, y también de humorístico.
David Foster Wallace se quejaba en un artículo recogido en Hablemos de langostas de lo difícil que es hacer ver a los estudiantes de hoy día el humor subyacente en los relatos de Kafka, su manera de mostrar de forma literal conceptos metafóricos que dota a sus historias de un ambiente no tanto surrealista como de pesadilla. Hay humor en sus relatos, pero es un humor negro y doloroso que no llega al sarcasmo o al cinismo por la enorme empatía que Kafka siente por todas las criaturas que crea, no importa cuáles sean sus fallos.
Todas las discusiones sobre el hermetismo de los relatos de Kafka y lo absurdo de las situaciones que plantea casi lleva a olvidar mencionar lo buen narrador que es. Kafka es un contador de historias, un cuentista en el sentido más estricto de la palabra, y se vale de parábolas sobre casos imposibles para ilustrar sentimientos, pensamientos, situaciones que no cabe explicar con palabras. Por eso tampoco es posible descifrar sus relatos, puedes sentir lo que quieren decir pero son sentimientos difíciles de explicar con el lenguaje de cada día. Quien necesite una moraleja explícita va a sentirse muy insatisfecho con la lectura de los relatos de Kafka.

Calificación: Imprescindible, inolvidable.
Tipo de lector: Que no necesite demasiada claridad interpretativa en sus lecturas.
Tipo de lectura: Accesible pero potencialmente devastadora.
Engancha desde la primera hasta la última línea.
Personajes: Seres imposibles que se enfrentan al absurdo de su propia existencia.
¿Dónde puede leerse? En cualquier sala de espera, para aprender que la desesperación puede tener muchas caras.


nov 9 2010

La broma infinita

Artículo escrito por: Carmen Neke

David Foster Wallace era un escritor excesivo, prolijo, desmesurado. Y es que era un escritor de un enorme talento creativo, un auténtico constructor de mundos propios. Sabía, como hoy día saben pocos autores, que un mundo no se crea en un par de horas y unas cuantas líneas, que hay historias que necesitan tiempo y espacio para desarrollarse. Y en La broma infinita le concedió a su historia y sobre todo a sus personajes todo el tiempo y el espacio que necesitaban, que era mucho. Resulta increíble que hubiera un editor lo bastante loco para publicar una novela de tal envergadura, que se tomara en serio un manuscrito de más de mil páginas más notas finales. Pero lo cierto es que quien tenga los arrestos de embarcarse en esta lectura, quien esté dispuesto en estos tiempos de prisas y placeres instantáneos a dedicar semanas o meses a un solo libro, va a poder tener una experiencia lectora inolvidable.
La novela es extraña, caótica e irracional como la vida misma. Los personajes se nos van presentando a retazos y sin explicaciones, en su presente y en su pasado, en sus circunstancias independientes que acabarán formando una red de conexiones personales a veces lógicas, a veces insospechadas y algunas veces totalmente absurdas. Todos los personajes comparten su desarraigo, sus adicciones diversas de las que intentan escapar, sus torpezas humanas y sociales que se interponen a sus anhelos de conectar con algún otro sere. El detallismo con el que el autor se extiende a la hora de relatarnos las miserias y los fracasos de estos personajes se une al humor y a la fina ironía que alejan todo patetismo, también a la enorme empatía hacia sus criaturas que siente su creador, para quien el infierno en el que viven sus personajes no debió de ser muy ajeno. Todos estos elementos, unidos a la incuestionable destreza narrativa de Foster Wallace y su perfecto dominio del complejo entramado estructural que maneja, hacen de esta novela una lectura demoledora, compulsiva, amena y gratificante, al menos para quien aún sea capaz de ingerir enormes dosis de literatura en estado puro.

Calificación: Fuera de categoría.
Tipo de lector: Con la musculatura lectora en muy buena forma y con el estómago a prueba de bombas.
Tipo de lectura: Extrema, de las que cortan la respiración de lo buena que es.
Engancha desde la primera línea, pero algunos pasajes requieren buenas dosis de paciencia.
No le sobra ni una sola página de las mil y pico que tiene.
Argumento: La vida tal como puede llegar a ser dentro de muy pocos años, aunque para algunos ya es así en la actualidad.
Personajes: Seres desgarrados y desgarradores de toda clase y condición, capaces de mantener diálogos inolvidables en las circunstancias más absurdas.
¿Dónde puede leerse?: Donde le dejen tranquilo durante un buen rato, el libro exige y merece concentración por parte del lector.