jun 7 2010

La Sección

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Si alguien quiere pintar el mundo de color rojo lo puede hacer porque siempre habrá gente que aplauda esa iniciativa. Con ese color o con cualquier otro se puede dibujar una vida, el universo o las aventuras de un hombre durante sus últimos años. Podría servir la combinación más extraña porque suele haber un espectador agradecido para lo que sea. Sin embargo, presentar un cosmos teñido de negro suele acarrear problemas para artista y espectador. Lo negro se parece mucho a un muro, a un tope insuperable.
La sección, relato de Adám Bodor que ha publicado la Editorial Acantilado, presenta eso, un borrón en el universo, un borrón que llamamos mundo, un borrón con manchas que brillan negras sobre otra negritud que envuelve el todo; manchas con forma de personaje. La voz narrativa crea un clima en el que los carámbanos oscurecen su alrededor aunque te digan que reflejan una luz brillante. Todo se acerca al abismo que un espectador quiere evitar y muchos artistas también.He de reconocer que Bodor (autor rumano y perseguido por el régimen de su país en los años cincuenta) nunca me interesó. Son muchos los autores por conocer y nunca le tuve en cuenta al elegir. El librito cayó en mis manos por azar (es decir, necesariamente; ya saben que es lo mismo) mientras buscaba una obra de Dario Fo (Muerte accidental de un anarquista. Ya sabía yo que prestar un libro era perderlo). Paré en la librería antes de regresar a casa y estaba leído cuando bajé del autobús (¿Por qué hay gente que no se ducha nunca?). El relato obliga al lector a plantearse preguntas. Muchas. Profundas. Sin aparente respuesta. Y si eres capaz de contestar alguna de ellas no puedes evitar encontrarte con otra más honda. Te colocan frente a un muro, frente al tope negro que todos tememos por saber que no seremos capaces de sobrepasarlo. Frente a nosotros mismos. Como siempre ocurre si hay literatura de por medio. El relato pasará desapercibido para la mayoría de los lectores. Casi seguro. Si lo leen la conmoción no les permitirá dejar de pensar en lo que puede llegar a brillar un color maldito. El negro. Nosotros. Ahora elijan. O rojo o negro.

Calificación: Muy interesante.

Tipo de lector: Amantes de la buena literatura. Los que siguen creyendo en la ideología como valor fundamental del ser humano.

Tipo de lectura: Muy amable.

Engancha desde el principio.

No le sobra ni una coma.

Argumento: El mundo convertido en una espiral.

Personajes: El Estado.

¿Dónde puede leerse?: Da igual.


abr 3 2010

Muerte Accidental de un Anarquista

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Darío Fo defendía el discurso político y social como parte fundamental de la literatura, en concreto del teatro.

Un anarquista “vuela” a través de la ventana de una jefatura de policía. Y, a partir de ese suceso, todo un entramado lógico que intenta ocultar una realidad brutal se desmonta desde el disparate mental de la locura (el personaje principal de esta obra es eso, un loco que se disfraza constantemente).

La obra de Fo es un grito en contra de la violencia de Estado, de la violencia de las fuerzas del orden, pero, también, es un grito que procura reivindicar el humor, el disparate como vía de escape ante el mundo desdibujado y fragmentado que nos toca vivir. Si es imposible de entender mejor reírse de él.

La Estructura de Muerte Accidental de un Anarquista es, con seguridad, la más consistente de la literatura de Fo. Imprescindible su lectura.

Calificación: Excelente

Tipo de lector: Aquel capaz de reírse de sí mismo, de su entorno. Sin prejuicios políticos. Para los que aún creen en los sistemas políticos y sociales (quizás dejen de hacerlo).

Tipo de lectura: Ligera.

Engancha desde el principio.

No sobra ni una sola página.

Argumento: Divertido, disparatado, muy bien resuelto.

Personajes: Muy bien perfilados.

¿Dónde puede leerse?: En cualquier sitio excepto junto a una ventana de la jefatura de policía.


Modern Jazz QuartetAir on a G String