may 7 2012

El amante de Lady Chatterley

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Hunt Emerson adapta la novela de D. H. Lawrence para convertirla en un cómic. Lo hace desde el territorio de la prohibición de este texto durante treinta años, desde el encausamiento de la obra promovida por el Acta de Publicaciones Obscenas, desde la cantidad de disparates que se han dicho sobre ella. Y logra un cómic muy divertido, transgresor y satírico.
La lectura es sesgada ya que el autor no busca reproducir con exactitud lo que dice el texto original. Más bien intenta responder al puritanismo y, sobre todo, a las lecturas erróneas que se han hecho. No obstante, sin ser fiel, se acerca mucho a lo que podría ser la trama. Eso sí, lleno de detalles que en la novela no están escritos, pero están. Sugeridos siempre cuando el lector sabe comprender la psicología de los personajes.
El dibujo se acerca a la caricatura y se llena de detalles que elevan cada línea de diálogo un par de escalones por encima de lo literal. Un guardabosques brutal que visto a través de los ojos de la protagonista se convierte en un galán. Un marido completamente torturado y absurdo (antes y después de la guerra). Lady Chatterley desbocada ante un mundo nuevo que le hace sentir viva. Una sociedad hipócrita y terrible con la mujer.
Es patente que el autor procede del campo underground. Por su ingenio, por su falta de buenos modales al tratar a un tipo de lector, por su forma de ver esa parte ridícula del ser humano que no le permite ser feliz.
Este cómic es de esos que, los que tienen como un tabú el sexo, debe estar siempre a mano en la mesilla de noche. Más que nada como aviso a las lecturas obtusas de grandes obras de la literatura que esconden mucho más que lo que algunos son capaces de ver.

Calificación: Muy divertido.
Tipo de lector: Cualquiera aunque le va muy bien a curas, puritanos y gente así.
Tipo de lectura: Ligera. Pero cuidado; el cómic también hay que saber leerlo.
Argumento: El de la novela, pero más disparatado.
¿Dónde puede leerse?: En un bosque, claro.
¿Dónde puede comprarse?: Tiene unos añitos. Así que en librerías de lance. La opción de ir a la biblioteca pública es muy buena.


may 6 2012

El amante de lady Chatterley

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Aunque pueda chocarle el comentario a quienes no hayan tenido la oportunidad de leerla y la conozcan de referencias, El amante de Lady Chatterley es una novela con un profundo mensaje moral y social; su autor, D. H. Lawrence creó unos personajes determinados y los enmarcó en un paisaje muy concreto -que sabemos que conocía porque es el de su infancia- con la voluntad palmaria de que la sociedad de su tiempo se cuestionara a sí misma, evaluase sus valores y analizase su desarrollo.
El presunto erotismo que no es tal, el escándalo que provocó su publicación en 1927 por la manera en la que describe una relación sexual, con crudeza y sin prejuicios, no pueden ni deben empañar unas reflexiones que hoy, con casi un siglo de distancia, siguen siendo válidas sobre la deriva de la sociedad mecanicista hacia la deshumanización, en la que las masas viven anestesiadas por las migajas del capitalismo; la desaparición paulatina del espacio agrario, la hipocresía burguesa frente a la libertad sexual, la lucha de clases y la búsqueda de un regreso a la inocencia que se sabe imposible.
El enfoque es pesimista y cruel, profundamente desesperanzado respecto de la raza humana; es el que tiene Oliver Mellor, el guardabosque, El amante de Lady Chatterley.
Lawrence no es muy sutil –más bien se niega a serlo- y nos descubre las cartas antes de tiempo, aunque es capaz de crear con acierto un ambiente de frustración, en el que nada puede ser perfecto ni completo: residencias señoriales acosadas por la fealdad de los pueblos mineros, días radiantes estropeados por la lluvia, orgasmos desacompasados, flores que se marchitan.
La novela no resuelve la relación de Constance Chatterley porque tampoco lo pretende, solo deja una puerta entornada sobre un futuro mejor.
Antes de terminar hay un viaje y unos intercambios de cartas que son un despliegue pirotécnico después de muchas páginas de desesperanza, miedo y desolación.
La publicación de El amante de Lady Chatterley estuvo prohibida durante más de treinta años porque los tribunales la consideraron pornográfica, en el Reino Unido y en Australia, en Canadá como en Japón, en la India y en los Estados Unidos; después, D. H. Lawrence ha sido criticado por su manera de acercarse a la sexualidad femenina, se ha considerado desacertada su investigación sobre la psicología de la mujer y se le ha tachado de machista; una lectura atenta evidencia infinidad de matices que impiden al lector ser categórico en sus juicios.

Calificación: Espléndida.
Tipo de lector: Agazapado y algo cotilla.
Tipo de lectura: Inquietante.
Argumento: Intenso.
Personajes: Riquísimos en matices.
¿Dónde puede leerse?: En la campiña inglesa un día de lluvia.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual, o por ejemplo en www.libreriamendez.net


ene 22 2011

El buen soldado

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Nos preguntamos, las apariencias… ¿engañan o definen?
¿O son los cuatro protagonistas de esta novela los que intentan engañarlas a ellas desde su infierno particular creado de convenciones sociales y de hipocresía?
Hay que ver, y puede hacerse en esta novela, lo que ha dado de sí en la literatura el estudio de los ejemplares de esa diferenciada especie humana que son las clases altas británicas, los que extendieron la civilización por el mundo, marcada por unos códigos complejos pero estrictos: la anestesia de los sentimientos, la separación social, las apariencias de la rectitud y la vida correcta, espaciada por tiempos estrictamente pausados para comer, para vestirse, para jugar, viajar y beber. Para elevar el bienestar material a la altura de un dios implacable que gobierna sobre el amor y sobre el sexo. El matrimonio como trampa. La expatriación como norma de conducta.
Para reflejar esta clase, odiosa, pero que está en el origen de lo que se considera de buen tono, de gente bien, en (ya) todas las culturas, el escritor británico Ford Madox Ford utiliza un espejo deformante cuyo azogue está en la voz de un narrador enigmático y engañoso, peligrosamente dispuesto a explicarse, y de quien dudamos si es víctima o culpable. Un narrador que utiliza la ironía como una de esas armas arrojadizas que, cuando no golpean, regresan a las manos de sus hábiles lanzadores.
Va contando, superponiendo detalles y recuerdos como por la casualidad de la memoria, y formando una historia que se espesa como un cuadro muy empastado; basto, pero al mismo tiempo resplandeciente de matices; sucio, pero veraz; pintura que, habitualmente vista desde lejos convence, pero que se deforma, grotesca, según nos acercamos a sus amalgamas de color.
Una novela magistral por su trazado que deja ver afinidades con grandes contemporáneos y amigos del escritor. Con Conrad y con Lawrence.
Se estudian los sentimientos de culpa y de pecado con todos sus matices, la carga que les imprime la religión que las dicta. Las zonas oscuras de la mente humana y la distorsión como memoria manufacturada. Lo razonable, lo sobreentendido y lo supuesto. El infierno social.
Una historia, en la que, como en todas aquellas de las buenas que propone la literatura, el lector debe arriesgarse a sacar sus propias conclusiones. Porque al fin y al cabo, ¿Quién habita el infierno? ¿Aquellos que lo sufren pero están vivos, o quien hace la crónica desde la muerte, apartado de todo sentimiento?
Si tuviéramos que hacerle elegir, ¿debe de ser honesta la mujer del Cesar, o parecerlo?

Calificación: Espléndida.
Tipo de lector: Cualquiera interesado en la buena literatura y en la construcción de la narración.
Tipo de lectura: Ágil, redundante, engañosa.
Argumento: Complejo y ambiguo.
Personajes: Brillantes.
¿Dónde puede leerse?: En un largo viaje en tren o en un balneario.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería deberían tenerlo.


ene 18 2011

El corazón es un cazador solitario

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Novela de gran calado y profundidad literaria. Fue gestada por la autora norteamericana Carson McCullers a la temprana edad de 23 años; el uso de un narrador complejo, capaz de pegarse a las vidas y afrentas de media docena de personajes singulares, hacen de este libro un intento literario encomiable que se recomienda no tomar a la ligera, ya que tratar de hacer lo mismo escribiendo, no sólo requiere tener los machos bien atados, sino estar continuamente en una línea que nos puede llevar fácilmente al precipicio. Se ha comparado a la autora con D. H. Lawrence y Faulkner, pero es posible que las huellas de la también sureña y católica Flannery O’Connor pudieran estar presentes como influencia. Aunque en estas cosas nunca se sabe qué fue antes, si el huevo o la gallina.
La novela comienza potentemente contándonos la relación entre dos sordomudos pertenecientes a un sector social marginado; ellos son John Singer y Spiros Antonapoulos; flaco y a veces ingenioso el primero; gordo y cascarrabias el segundo; el caso es que Singer cuida de su amigo, en quién ve a alguien cariñoso y agradable a pesar de sus malas pulgas, que le llevan finalmente y no sólo por su natural discapacidad, al manicomio.
A continuación vemos a Singer junto con el solidario y callado dueño de una cafetería, su mujer, su hija (una chica aficionada a la literatura y a la música) y un médico negro comprometido con la lucha social por su raza. Singer cae bien al dueño del establecimiento, aficionado a invitar a comida a tullidos y enfermos. Se siguen diversas disertaciones a través de las que vemos a una típica familia americana en torno a una idea de autorrealización de sus componentes, que al lado del cuadro marginal que se pinta, vemos ya como desfasada.

Calificación: Compleja.
Tipo de lectura: Exigente y, a la vez, gratificante con la humanidad que desborda a través de sus personajes.
Tipo de lector: No acostumbrado a que le den todo mascadito y que no espere moralejas.
Argumento: El sueño americano visto, entre otros, por gente que nació con él resquebrajado.
Personajes: Auténticos.
¿Dónde leerlo? En casa, pero sintiendo el aire frío de estos días, mientras tratamos de hacernos con una manta.