Esta novela de Boris Vian no está bien escrita. Los personajes que aparecen en ella son construidos tan cercanos al estereotipo y al ridículo que llega a rechinar cada frase. Los excesos en la trama rozan lo morboso. Una trama que se construye con prisa, sin la más mínima reflexión necesaria para que la obra pueda madurar en cada página. Y, sin embargo, funciona. Abres el libro, te lo tragas de principio a fin, sin pestañear una sola vez y se acabó.
Tal vez esa invitación al morbo es lo que esperamos alguna vez. Y nos agrada su llegada. Tal vez sea lo facilón de esta literatura de trama que busca más el entretenimiento que otra cosa. Tal vez que nos remuevan la conciencia es necesario alguna vez que otra. O ¿es el escándalo? Esta novela fue prohibida en Francia el año 1.948 por inmoral, cosa que viste mucho y da un barniz maldito.
Yo no lo sé. Lo que es seguro es que la escritura de Boris Van (en esta obra) es justita. Que la trama es disparatada. Que el objetivo de derribar barreras racistas no se logra. Que, técnicamente, el libro presenta grandes carencias. Pero hay otra cosa segura: el libro funciona.
Yo lo leí, por primera vez siendo joven y me fascinó. Lo he vuelto a leer ahora que no lo soy y me ha entretenido. Seguramente no lo vuelva a leer nunca más (he de confesar que al abrirlo estaba predispuesto a perdonar lo que hiciera falta). El siguiente paso, la siguiente lectura, será una pequeña catástrofe y me gusta tener posos de los libros inmaculados aunque sean un error.
Si fuera joven me lanzaría a leer este librito de Vian. Y si no lo hubiera leído aún haría lo mismo. Porque funciona.
Calificación: Fascinante o entretenido dependiendo de edades o experiencia lectora.
Tipo de lectura: Muy fácil.
Tipo de lector: El que esté dispuesto a pasar un rato duro.
Engancha desde el principio. Eso es verdad.
Personajes: Casi ridículos por lo tópicos.
Argumento: La cosa va de venganza. Un disparate.
¿Dónde puede leerse?: Da igual. Será de un tirón.
¿Dónde puede comprarse?: En cualquier librería.
Magnífico volumen editador por Demipage que reúne veintitres poemas de Boris Vian para recordar al autor después de pasar cincuenta años desde su muerte. Cada poema traducido por alguno de sus seguidores más ilustres (desde Javier Krahe hasta Santiago Auserón, pasando por Fernando Savater) e ilustrados por profesionales de primera línea (Jochen Gerner o Emmanuel Pierre, por ejemplo). Todo un reto para los traductores (el lenguaje de Vian es difícil e incluye palabras inventadas o al menos palabras que recogen significados distintos a los habituales, lo que hace muy difícil poder dar el sentido a cada poema) y, supongo, un verdadero placer para los ilustradores.
Boris Vian habla de la muerte en No me gustaría palmarla. Pero lo hace desde el humor y desde una irreverencia absoluta. Juega a escapar de lo que sabe seguro con un lenguaje transgresor y divertido. Los fans de Vian no pueden perderse algo así, los que no conocen al autor tienen una oportunidad inigualable de acercarse a él por la vía más rápida, los jóvenes encontrarán un hueco en el que pueden dar rienda suelta a su rebeldía y los temerosos ante la muerte lo pueden tomar como un curso intensivo con el que perder el miedo ante lo seguro.
Los más miedosos pueden estar tranquilos si quieren echar un vistazo a este libro. No sólo se habla de muerte. También se habla de la literatura, del oficio del escribir y de esas cositas. Una forma de hablar de la muerte más amable, más llevadera.
Una muestra. El poema está traducido por Luis Antonio de Villena (francamente brillante).
No ando muy ganoso
No estoy con la conveniente alegría
Para escribir pohesías
Si fuera como antaño
Las haría más de grado
Pero me siento aviejado
Me siento muy serioso
Y más bien conciencioso
Y sobre todo me siento perezudo.
Calificación: Maravilloso en su conjunto.
Tipo de lector: Fans de Vian, jóvenes. Abstenerse los que buscan las formas de siempre.
Tipo de lectura: Divertida.
Tema: Estamos muertos nos guste o no.
No sobra un verso. Y las ilustraciones son estupendas.
¿Dónde puede leerse? En uncementerio. O en la mesa de trabajo. Es lo mismo.
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