sep 3 2010

Alicia en Westminster

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Saki es el seudónimo del escritor británico Hector Hugh Munro, que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX. Escribió cuentos ingeniosos y brillantes, con ese tipo de humor con el que se supone que los ingleses se sonríen, y que para el resto de los europeos limita con lo cruel y con lo absurdo.

Alicia en Westminster es básicamente una sátira política. El escritor imitó en ella con habilidad, el estilo de Lewis Carroll, y utilizó los personajes de su Alicia para elaborar una crítica mordaz de los políticos de su tiempo, cuya ambición había precipitado al Imperio en una guerra desastrosa, con la finalidad de apoderarse de los recursos naturales del sur de África. La guerra contra los boers.

Son catorce pequeños relatos que se publicaron en el periódico liberal The Westmister Gazette entre 1900 y 1902. Tuvieron gran éxito entre los lectores. Hoy sus claves nos resultan muy lejanas y para interpretarlos es necesario acudir continuamente a las notas que acompañan a la edición. Es, para el lector español, una guerra lejana y desconocida y el detalle de los despropósitos con que actuaron los políticos –sus matices- se pierden por completo. No interesarán más que a aquellos que tengan un profundo conocimiento de la pequeña historia de la época.

Les acompaña una serie de dibujos realizados por Francis Carruthers Gould, que imitan a los que John Tenniel diseñó para la primera edición de Alicia en el País de las Maravillas, que debieron aclarar la crudeza de la sátira y que hoy son una curiosidad más.

Es interesante por supuesto el ejercicio de impostación sobre el modelo de las Alicias de Carroll porque está bien conseguido y tienen también valor porque suponen el inicio literario de Saki, que utilizó aquí por primera vez su nombre supuesto.

Se agradece la brevedad de los cuentos y la concisión del prólogo y de las notas aclaratorias porque el librito no pasa de ser una curiosidad para fetichistas.

De Alicia, de Saki y de Tenniel.

Son una muestra del espíritu crítico y democrático que ha impulsado el desarrollo de la sociedad británica.

Calificación: Curioso.

Tipo de lector: Muy interesado en la política británica de la época.

Tipo de lectura: Compleja.

Argumento: Crípticos para el profano.

Personajes: Los de Alicia pero travestidos de personajes de la época.

¿Dónde puede leerse?: Frente a las casas del Parlamento.

¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


jul 6 2010

Alicia en el Pais de las Maravillas

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Con su Alicia, Charles Lutwidge Dowson, que eligió el nombre de Lewis Carroll para disolverse en la posteridad, preludia los movimientos surrealistas.

Parece que escribió este cuento para una de sus amiguitas, una niña vecina, de nombre Alice Liddell, a la que había fotografiado, al igual que hiciera con otras compañeras suyas, con más o menos ropa encima. Nada añadiremos a esto porque no es el lugar, ni el que escribe estas líneas es juez oportuno sobre la vida de nadie, pero la de Carroll fue una huida mediante lo fantástico de la literatura de la trampa de una naturaleza inhabitual, en una sociedad rígida, sumergida –en todos los sentidos- en un clima insoportable.

La narración pasa por ser un sueño de una tarde de calor, el de una niña, el de esa niña y en ese sueño cabe toda visión y toda extravagancia. Desde su publicación, sesudos investigadores estudian si con el relato de ese sueño, su autor retrató también algo más íntimo de su subconsciente.

El cuento es trepidante y pasmoso. Todos sabemos que Alicia se cuela por un agujero en un árbol siguiendo a un conejo con chistera que habla solo, a partir de este arranque, la muchacha crecerá y menguará por el consumo de insólitas substancias; conocerá a diversos animales inteligentes como el pájaro Dodo, una oruga sabia y el gato de Chesire que además puede desaparecer paulatinamente. Jugará una partida definitiva de croquet con una reina de papel que gobierna despótica sobre un mundo de barajas. El sueño termina con un canto a la inocencia de los niños de la que al fin y al cabo, quizás, Dodgson estuviera enamorado.

Alicia en el Pais de las Maravillas es para los niños un cuento divertido e ingenioso y para los adultos un rompecabezas que nunca terminan de poder armar por la oscuridad de sus símbolos. Se ha traducido en imágenes en numerosas ocasiones y a través de ellas ha pasado al imaginario colectivo occidental, sobre todo por las ilustraciones de John Tenniel y más tarde los dibujos animados de Walt Disney.

Existen coleccionistas compulsivos de las infinitas ediciones del cuento en todos los idiomas y las primeras ediciones en inglés son buscadísimas e importante objeto de inversión.

Dodgson fue diácono de la iglesia de Inglaterra, recibió, e impartió después, clases de matemáticas en Oxford, Christ Church College. Fue uno de los precursores de la fotografía y todo hace pensar que numerosos traumas de juventud como su tartamudez, una timidez enfermiza o el fallecimiento inesperado de su madre, agitaran una mente compleja hasta hacerla capaz de crear la obra maestra que el libro es. Destacó por sus estudios sobre la lógica y las matemáticas.

Recientemente Kókinos ha editado una adaptación en libro desplegable realizada por Robert Sabuda que es también una obra de arte.

Calificación: Extraordinario.

Tipo de lector: Chicos y grandes. A quien menos suele gustar es a los adolescentes.

Tipo de lectura: Entretenida, divertida.

Argumento: Enloquecido.

Personajes: Muy divertidos todos menos la atónita Alicia.

¿Dónde puede leerse?: Tumbado en cualquier césped (y apoyado en un árbol).

¿Dónde encontrarlo?: Por todas partes en infinitas versiones.


jun 16 2010

El juego de la lógica

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Ensayo matemático y filosófico de Charles Dodgson, el británico también conocido como Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas, supone una introducción al otro tipo de vida que llevó el autor, pues muchos dicen que mientras pergeñaba el mundo absurdo de su propia literatura, el tipo llevaba una vida, por las mañanas, de lo más ordenada como profesor de Matemáticas. Ya en la propia concepción de la obra se nos advierte de cómo esa obsesión por tenerlo todo calculado es de por sí exasperante y lleva al autor a querer sistematizar de tal modo toda realidad, incluso la más emocional, que sus teorías suenan muchas veces demasiado disparatadas, si bien científicamente apropiadas a sus propios esquemas. Hay lucidez y complejidad en el mundo eidético de este autor y en este caso se recomienda no tomar a la ligera lo que dice, si bien tampoco seguir sus indicaciones ad peddem litterae ante un método de cálculo que sigue las indicaciones de Henderson o Kirk hasta el delirio; la oportunidad por la que la lógica no lo define todo queda encubierta en casos de método como el simbólico y existe un esfuerzo más que aparente por dividir las lecciones entre lo abstracto de las fórmulas, los diagramas, subíndices y sorites y convertirlos en ejemplos concretos a través de proposiciones y conclusiones en el estudio que va más allá del silogismo de Aristóteles.

Termina estudiando dos interesantes ejemplos de paradoja en torno a un caso por el que los dueños de una peluquería discuten, a partir de la hipótesis de que dos empleados no están allí en ese momento, cómo un tercero sí debe estar y también con la reflexión extemporánea que una tortuga le plantea al guerrero griego Aquiles, en torno a la homogeneización de todo lo que en sí mismo es heterogéneo.

Calificación: Interesante, pero extenuante.

Tipo de lector: Especializado. Uno puede leerlo en otra clave, pero debe necesariamente estar interesado en la lógica filosófica y matemática.

Tipo de lectura: Difícil, pero gratificante.

Argumento: Si A no es B, y B no es C, ¿qué coño es C?

Personajes: El lector volviéndose loco, intentando descifrar.

¿Dónde puede leerse? En su escritorio, tomando notas, pero sabiendo cerrarlo a tiempo.