ago 27 2014

Rosa candida

Artículo escrito por: Florencia del Campo

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La rosa candida es una rosa blanca. La rosa de ocho pétalos es una rosa sin espinas, que se asemeja mucho a la anterior, pero que no es blanca, es de un color infrecuente. La rosa candida, como simbolismo de todas las rosaledas, de lo infrecuente, de lo aislado y por salvar, de lo apartado y por encontrar, de lo efímero que puede renacer, es la que le da título a la novela de la autora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir.
Rosa candida es una novela que huele a botánica y a gastronomía permanentemente, página tras página. Un joven de veintidós años deja Islandia para llegar a un pequeño pueblo de alguna parte de Europa y resucitar una de las rosaledas más famosas del mundo, que con el paso del tiempo se ha cubierto de malas hierbas y ha dejado a sus rosales en un estado lamentable. Pero también es una novela sobre las casualidades o la predestinación incluso, y entonces no puede uno salvarse de leer en esa clave toda una serie de acontecimientos. Por un lado, están aquellos que los propios personajes reconocen como efectos de esta marca de la casualidad o la predestinación: que el nacimiento de la hija del joven y el cumpleaños y la muerte de su madre sucedieran las tres cosas en la misma fecha, un siete de agosto; o que el joven encontrara tres tréboles de seis hojas el día que cumplía seis años. Pero por otro lado, del lado del lector tal vez, queda toda una lectura que se ofrece a ser decodificada bajo este código de las coincidencias, si se quiere.Y aquí entran nuevos simbolismos: que el joven conciba a su hija en el invernadero de la casa de sus padres, el lugar donde está lo fértil, la tierra donde crecen las plantas; que el personaje que daba vida, el que “echaba firmes raíces” (el de la madre) sea el que muere en un accidente y el que hable, moribunda, con sus últimos suspiros, de la luz y los colores de la tierra; que el padre, la figura masculina, sea electricista y se contraponga a este joven interesado en las plantas, el niño mimado de mamá, al que nunca le han interesado las máquinas y cuya virilidad es puesta a prueba por su padre cuando le pregunta algo de electricidad, y puesta en duda por más de un personaje que se cruza con él en la aventura de su vida.
Pero por fuera de este mundo florido que compartían el joven y su madre, una dupla en la familia, está la individualidad. Y en la individualidad se halla sobre todo el cuerpo, eso que es único y únicamente propio. Un cuerpo, en este caso, de veintidós años que se transforma con una cicatriz tras una operación de urgencia de apendicitis, y que ya nunca, entonces, puede volver a ser el que era, aquel sin marca en el abdomen del lado derecho. Un cuerpo que exige ser tanteado y tocado para reconocerse varón y comprobar que tiene vida. Un cuerpo que intenta ser entendido en relación al resto del ser y al cuerpo de los otros. Un cuerpo que necesita del cuidado de las mujeres, y ellas, en la novela, a falta de madre, adquieren un papel fundamental, no importa si se trata de enfermeras, azafatas, vecinas o camareras, jóvenes o ancianas. Sin embargo, como un fruto, este joven madura y ese cuerpo vulnerable y no del todo viril deja de ser pensado como tal para pensarse menos y, en cambio, experimentarse en el deseo que siente por la madre de su hija, o como envase de lo paternal y despliegue del cuidado de ese bebé de nueve meses (que opera en la trama como una presencia mágica, religiosa y sanadora) que va a parar al pueblo aislado de Europa no por coincidencia, sino en este caso por planificación. Cuando el cuerpo se aparta del centro de la escena y pasa a segundo plano, entonces puede comenzar a haber lugar para la gramática, el lenguaje, las palabras: la vinculación no sexual, la comunicación e incluso el cine. El cura Tomás, que habita en el monasterio donde trabaja el joven, es un poco el consejero, aunque hombre de pocas palabras, y precisamente por eso se vale de su pasión, el cine, para aconsejar al jardinero inquieto y confuso, primero sobre comidas, luego y de a poco, sobre temas más profundos.
La comida, así como las plantas con la madre, es ante todo el nexo entre padre e hijo. La presencia del padre va unida, en el recuerdo del hijo, a las horas de la comida. Cuando el joven lo llama por teléfono desde el extranjero, estas conversaciones giran siempre en torno a las comidas. El padre pregunta por recetas, pide consejos a su hijo, que más mal que bien lo orienta. Luego estos diálogos se dan vuelta: cuando el joven está inmerso en su rol de padre de ese bebé de nueves meses, es él quien necesita consejos sobre cocina, y ahora quien pregunta y quien responde es el otro, porque ahora hay otro padre.
Debajo de esta novela natural, llena de pétalos, que huele bien, que colorea, que armoniza, que se cierra con musgos, arándanos y hierba, están todos estos interrogantes existenciales (porque el sexo –o más amplio, el cuerpo- y la muerte son tan protagonistas de la obra como las plantas), una búsqueda permanente de los personajes jóvenes por encontrarse a sí mismos, y una maquinaria audiovisual e intelectual, que es el cine, que intenta explicar o responder a alguna de las cuestiones que aquejan al joven. Antonioni, Bergman y Wong Kar-wai entre otros, cuando hay que responder, o averiguar al menos, sobre las mujeres, la muerte o las comidas.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lectura: Profunda.
Tipo de lector: En busca de sentido.
Personajes: Muy bien perfilados.
¿Dónde se puede leer?: En un parque.


mar 4 2014

Balada de las noches bravas

Artículo escrito por: Javier Almodóvar

Cuentan que el Mediterráneo actual se formó a causa de una gigantesca inundación cuando una pequeña brecha se abrió en el estrecho de Gibraltar. Una inundación violenta y breve que fue configurando al paisaje del lecho marino. Se trata, al parecer, de un proceso cíclico, pues el mar finalmente se deseca, dejando tras de sí una profunda sima, presta a recibir la siguiente inundación.
Al acabar de leer Balada de las noches bravas, piensa uno que la vida, para los protagonistas de esta novela, es como aquella gigantesca inundación cíclica, en la que cada uno de ellos es, a la vez, el agua que inunda y el paisaje que la inundación origina -un paisaje después de la batalla-, y que la fuerza impulsora es el deseo experimentado en todas y cada una de sus formas -narcisismo, soberbia, ambición, sexo, masoquismo, culpa, envidia, miedo, celos, venganza, sadismo… hijas todas de las dos formas primigenias: Eros y Misos, amor y odio, afecto y rechazo-. En palabras de Ciro, el narrador y protagonista: comprendí que el universo del deseo era amplio, íntimo y a la vez ajeno, y que sus campos se extendían como una radiación sobre todas las esferas de la vida e impregnaban por igual a todos los cuerpos. Así es el deseo: líquido e inabarcable como el mar, inconsistente como el agua.
Debió ser un clérigo malintencionado quien inventó la falaz expresión del deseo animal, con el fin, sin duda, de rebajarlo de categoría, y mitigar así el poder del rival más grande al que tiene que enfrentarse toda religión -un clérigo, quizás, como el tío jesuita del protagonista, que censura en otros lo que es habitual en él-. Pero el deseo no puede ser animal -el impulso sí, el deseo nunca-, porque el deseo es más sutil, elaborado y poderoso que cualquier impulso, porque cuando aspira a lo inalcanzable, lo abarca todo y hace uso de todo -de nuestro organismo y de nuestra mente, de los objetos, del lenguaje y de lo indecible-. Por eso es definitivamente humano.
George Gurdjieff decía que hay tres caminos tradicionales para llegar a desarrollar los poderes latentes del hombre: el camino del fakir, el del monje y el del yogi, cada uno de los cuales requiere que el candidato abandone el mundo para poder transitar por el sendero luminoso. Esos tres caminos no son sino los de la aniquilación del deseo como forma de superar tanto la alegría como el dolor. Por oposición, Jesús Ferrero elije adentrarse en el sendero oscuro que desciende a los infiernos. Balada de las noches bravas relata la vida de un grupo de jóvenes nacidos en la España de los años cincuenta, desde su infancia hasta el final de la juventud, y sus viajes, tanto geográficos como psicológicos, en los que cada uno es a la vez un explorador y un fugitivo. Dos escenas representan los extremos entre los que habrán de moverse: el banquete platónico inicial donde, animados por el vino, los adolescentes hablan alegres y despreocupados de un amor que desconocen, y el ágape fúnebre final, en el que se entregan a la orgía en una habitación en la que una liga roja cubre los ojos de la estatua de Minerva –simpática manera de señalar que no hay sabiduría posible cuando el deseo se impone-. Pero la novela es sobre todo la historia de un amor llevado al extremo, despojado de todo límite, un amor que conduce a la locura, pero también a la claridad, como si una fuese condición de la otra. Un amor donde los enamorados a veces se maltratan hasta la destrucción, y otras experimentan una unidad que los supera y trasciende, que los deja atrás –la persona amada es a veces un extraño, y otras indistinguible de uno mismo, la comunión de la sangre y de la mente-. En este sentido, la figura del jesuita representa la incapacidad de llevar el deseo más allá del simple desahogo -lo que supone, irónicamente, una forma de contención-. Sin embargo el opuesto absoluto a Ciro es Isaac Morengo, el cartero que intercepta y reescribe cartas. Incapaz de experimentar su propio deseo, se empeña en escribir, de manera literal, la vida de los otros, delirio máximo del escritor: gracias a mi oficio, entro en los corazones, y hasta puedo modificarlos. Es, a pesar de su incapacidad de vivir la vida, el que más y mejor comprende a los otros.
Es posible que en la vida no haya tres tiempos, sino solo dos, entrelazados de manera inseparable: el tiempo de la experiencia, y el tiempo de la memoria –puede que exista un tercero, el de la rutina, pero este es, casi por definición, la ausencia de tiempo-. Si en Las experiencias del deseo -premio Anagrama de ensayo 2009-, Ferrero trataba el asunto desde la distancia del ensayo, en Baladas de las noches bravas, se adentra -o se sumerge- en esas experiencias desde la memoria de lo vivido. Ferrero parece sugerir que esa oscuridad, ese descenso a los infiernos, es también un sendero luminoso, que también la devastación -y no solo la trascendencia mística- es un camino que trae algo de luz a nuestras vidas. Y si el tiempo de la vida es el de la experiencia, el tiempo de la escritura es el del intento de alcanzar algún tipo de comprensión. Ciro repasa su vida desde el deseo propio de la memoria: el de buscar un sentido a lo vivido. Todos y cada uno de los capítulos están titulados con un interrogante, como si las preguntas fuesen lo más cerca que podemos estar de una explicación, de un relato de vida –es posible incluso, como sucede en el último capítulo, que ni siquiera sea posible formular la pregunta-. En el relato se percibe el esfuerzo permanente de la memoria por reinterpretar la vida para acomodarla a cada nueva experiencia -me pregunté cuantos sujetos diferentes habían ido habitando mi cuerpo desde aquellos días tan lejanos en la región de las lagunas-. Intento fútil, como parece dar a entender el propio Ciro cuando habla del amor: saben que la transparencia es una ilusión, y que el amor es una sucesión de preguntas mal formuladas y respuestas mal entendidas.
La novela se desarrolla necesariamente en el espacio radical del abismo, mental y físico, desde la casa donde viven Ciro y Beatriz niños –la casa de los precipicios-, hasta el sobrecogedor paisaje de las escalinatas de Taishan, con sus siete mil escalones que conducen a la Puerta del Cielo. También la palabra remite al mismo lugar cuando habla de arrojarse a los brazos del amado. El abismo, aquí, no debe entenderse como la frontera entre la existencia y el vacío, sino como la condición necesaria de algunas experiencias que permiten superar lo conocido, lo concebible incluso. Quizás sea esta la manera de entender las enigmáticas palabras del poeta Valente: ¿Os dan miedo las alturas? ¿Creéis que el desbordamiento de la angustia tiene algo que ver con arrojarse de lo alto de un rascacielos? No, no… el desbordamiento de la angustia es superarla en sus límites naturales y dejarla atrás… Ahora lo único que habéis experimentado es el horror al vacío. O la igualmente enigmática inscripción en Taishan: Supera lo concebible.
Toda la novela está teñida de la luz crepuscular de un mundo que se acaba, del aire sofocante de la habitación de un moribundo, de escenarios fantasmales, y a la vez mágicos: por un lado el ocaso del París de las vanguardias y de los intelectuales, que vela su propio cadáver en la muerte de sus dioses -Foucault, Barthes, Deleuze, Althusser, Lacan…-, pero también Pekín y su Ciudad Prohibida, tomada por los comunistas de Mao. Una luz gris, sombría y melancólica que todos los escenarios de la novela -París, pero también la Navarra rural, Pamplona, Ginebra, San Sebastián, Normandía…- arrojan sobre los personajes, para los que el mundo que agoniza es el de su propia juventud –la muerte de la inmortalidad, en palabras del narrador-. Toda esta oscuridad confiere una ternura singular a las palabras de Althusser, quien encerrado en un psiquiátrico por matar a su esposa, exhorta a Ciro: Porque la luz es un don. […] Lo más vertiginoso de la vida es que nada se repite y que todo es como un viaje hacia no se sabe qué luces y hacia no se sabe qué tinieblas, y lo más emocionante de existir es que nada es como fue y nada es como será… Márchate inmediatamente de aquí… -rugió-. Juraría que aún no mereces el infierno.
Hay en la novela mucho de autobiográfico. Quizás el abordaje de la vida propia desde la ficción permita, paradójicamente, un acercamiento más vivo y más sincero que otras fórmulas. Sorprende al lector la distancia con la que el narrador aborda los aspectos más conflictivos de la vida de sus padres, las infidelidades, las traiciones y el deseo desbordado, sin que se perciba juicio alguno: más que matarme a mí o matar a mi madre, mi padre quería matarse a sí mismo: convertirse en otro. Todos queremos convertirnos en otro varias veces en la vida, y por eso se estaba arrojando a los brazos de la madre de mi amiga.
Las referencias a la Divina Comedia son evidentes ya desde el índice, que replica la estructura de la obra de Dante, si bien Ferrero añade dos escenarios -Mundo y Limbo- a los tres de la obra clásica –Inferno, Purgatorio y Paradiso-. El nombre de Beatriz, la al tiempo amada y odiada protagonista, es otra referencia obvia. El número nueve, favorito del protagonista, remite a los nueve círculos del infierno de la obra de Dante. Pero siendo esta la principal, la novela está plagada de otras referencias literarias, musicales y filosóficas, desde Camus, Hemingway, Fitzgerald, Cortazar y De Quincey, pasando por la poesía de San Juan, Valente, García Calvo, Gimferrer, Carlos Edmundo de Ory o Rubén Darío, hasta Barthes y sus Fragmentos de un discurso amoroso -que es quizás la otra referencia necesaria de la novela-. Algunos de ellos incluso aparecen como personajes secundarios en la novela.
Como han señalado otras reseñas, su temática, su profundidad literaria y filosófica, la construcción de personajes, su estructura, e incluso las innumerables referencias, hacen de Balada de las noches bravas una novela ambiciosa y compleja como pocas. Un texto que los espíritus agitados deberían leer con precaución.
Para finalizar esta reseña, sirvan estas palabras del autor en su otra obra mencionada: Si yo fuera un poeta chino diría que el deseo es como un jarrón que el chorro de agua nunca colma, parecido al abismo y constitutivo de la materia del abismo.


feb 23 2014

Historia torcida de España

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Historia Torcida de España es uno de los libros más divertidos que ha leído en los últimos tiempos el que escribe. Después de terminar este ensayo gamberro, transgresor y disparatado, uno puede afirmar que vive en el país en el que más cosas ridículas han sucedido del mundo entero.
El autor, Javier Traité, no deja títere con cabeza. La monarquía es tratada desde el humor más ácido para dibujar un retrato (mucho más exacto de lo que podría parecer) del grupo de hombres y mujeres más desastroso que jamás se haya conocido. Los políticos no se libran. El español de a píe aparece como ese tipo de persona que sólo puede ser un ser humano con pasaporte, eso, español.
Desastre tras desastre, situación absurda tras situación más absurda todavía, las 508 páginas pasan sin que el lector sienta fatiga alguna.
No es un libro con grandes pretensiones estilísticas o profundidades sesudas. Tan sólo se repasa una historia repleta de meteduras de pata, de casualidades que costaron muchos kilos de oro expoliados en América o de momentos históricos que antes nos vendían como lo último en heroicidad y resulta que no lo fue  ni de lejos.
Se perdonan las repeticiones en la estructura sintáctica y el uso excesivo de frases hechas que parecen demasiadas al aparecer más de la cuenta. Y se perdona porque el rato que el lector pasa con el libro en las manos es delicioso.
El ejemplar del que dispongo se adorna con un bonito 3ª edición. No es de extrañar. Porque si un lector cualquiera quiere dejarse de problemas, de asuntos hondos y trascendentes, de cosmologías o políticas o disgustos, lo que tiene que hacer es agarrar Historia Torcida de España y dejarse llevar. Digamos que es leer sobre la crisis de España que comenzó en el minuto uno de su historia y que ahora tenemos hasta en la sopa. Pero con esta te ríes mucho.

Calificación: Muy, muy, divertido.
Tipo de lectura: Fácil.
Tipo de lector: Español de pura cepa.
Argumento: Spain.
Personajes: Unos tipos con patillas anchas.
¿Dónde puede leerse?: El lugar ideal es frente al Palacio Real de Madrid.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


ene 2 2014

El vino de la juventud

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

De los veinte relatos incluidos en el último libro publicado en España de John Fante, escritor italo-americano, trece fueron publicados en su país bajo el nombre de Dago Red (hoy Vinazo) y los otros siete son inéditos y redescubiertos posteriormente. Se nota una línea común en los primeros, ya que la utilización de la primera persona, el tema de la educación religiosa o el baseball son acontecimientos más que comunes. Muy presente está en ellos La senda del perdedor de Bukowski, del que seguramente fue deudor.
Ya el autor de Factotum dijo solemnidades sobre el modo de tratar las emociones de John Fante, a lo que hay que añadir la utilización, en este caso, de la precisión más que cerebral del lenguaje, una precisión basada en la honestidad brutal que a ambos caracteriza y que hace que el libro se goce como una celebración y a pequeños sorbos no resulte nada indigesta.
Dos piezas sobresalen personalmente sobre el resto de Dago Red, y son Una esposa para Dino Rossi, que a pesar de su longitud o precisamente por ello y gracias al humor, sale más que airosa, narrando los cuernos del padre Albañil en la nieve a una sufrida madre, mientras esta contempla la indolencia necesaria de un ser bueno como posible pretendiente; el otro es Camino del infierno. Todos parecen ser esbozos para llegar a estos dos magistrales relatos. En Camino del infierno se consigue recrear la represión ensayada ya del colegio de monjas y los castigos que a los chicos se les procuran por sisar a través de travesuras guantes o pelotas.
El tema de la religión da para más de un artículo de opinión, ya que en casi todas las criaturas hay una genética que les predispone a sentirse culpables y desgraciados. En el caso del alter ego joven, el personaje (que no el narrador) sabe rezar esta vez a un Dios más mundano, un Dios que se mezcla con el Cristo de las escrituras desde un punto de vista arcaicamente directo.
De los siete relatos inéditos, celebramos los dos últimos: El soñador y Helen, tu belleza es para mi; en éste último un pobre hombre y un universitario filipino quieren conseguir a la misma mujer. El pobre hombre escribe versos que el asiático trata de corregir. El concepto de amor tradicional se desmorona quedando todos insatisfechos.
Se trata pues de un libro ideal para regalar, donde encontraremos perlas diversas, escritas siempre en tono medio bajo, sencillas y duras como fueron las vidas de su escritor.
Existe además tal coherencia en la propuesta que hasta podría existir cierta unidad novelesca, de tal modo que cada cuento contribuye a matizar la idea principal y en muchos casos, cada capítulo de relato, también.

Calificación: Obra maestra.
Tipo de lector: Quién todavía vea en lo humano atisbos de pasión.
Tipo de lectura: Precisa.
Argumento: La infancia de uno, la infancia de todos.
Personajes: Magistrales.
¿Dónde leerlo?: Entre la parroquia y pizzería más cercanas.
¿Dónde comprarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


ene 1 2014

Pórtico

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Algunas novelas marcan un antes y un después en la vida lectora de las personas.
Cada libro tiene su momento. Por ejemplo, la recomendación (obligación) que se hace a los estudiantes de ESO y Bachillerato con El Quijote suele ser un desastre. Demasiado jóvenes para enfrentarse a esa novela. No sé si por exceso de hormonas o por falta de interés por la literatura o porque las obligaciones suelen funcionar mal. Lógicamente, hay excepciones aunque muchas menos de lo que se quiere ver. Sin embargo, algunos de los que no pudieron pasar del primer capítulo, leen la obra de Cervantes más adelante y quedan fascinados.
Un libro que llega en el momento adecuado es una alegría y una forma (la única) de encontrar en la lectura el entretenimiento y el refugio necesarios para un entendimiento mejor del mundo real. Los padres desesperados deben entender que la clave es la paciencia y no la obligación. Cuando el cuerpo pide otra cosa no hay remedio posible. Lo mejor es asumirlo sin dramas y esperar.
Pórtico es una novela de ciencia ficción, la primera de la tetralogía sobre los Heechee, que llegó a manos del que escribe hace ya muchos años. Sin éxito. Ahora, al regresar, le ha fascinado.
La firma Frederik Pohl y narra cómo los hombres se enfrentan a un descubrimiento que les convierte en microbios respecto a la ciencia (respecto a su propia humanidad siempre lo fueron, lo somos). Quinientos mil millones de años antes, unos seres bautizados como heechee, abandonaron un asteroide que, ahora, encuentra el hombre. Allí hay un gran número de naves que viajan a lugares del espacio previamente programados por los que fueron sus creadores. Pueden ir hasta lugares maravillosos o terribles, peligrosos. En algunos puntos se encuentran tesoros heechee. Los prospectores humanos (como se hizo en el continente americano, por ejemplo) viajan sin saber si regresarán o lo harán convertidos en puré o ricos para siempre. Mientras, en la Tierra, el hambre y la superpoblación son insoportables. Tanto que el ser humano ha tenido que buscar nuevos lugares de residencia (otros planetas; ya saben, en mundos imposibles que obligan a vivir en túneles como ratas). Tanto que los alimentos son sintéticos (el norte de América es el gran productor).
El narrador es Robinette Broadhead (la elección de este narrador personaje es uno de los grandes aciertos de Pohl puesto que sus características aportan una enorme credibilidad al relato). Además, es el personaje principal. Pohl logra construir esta voz con maestría. A base de sugerencias, de ocultaciones que el lector va detectando, incluso de mentiras que no puede disimular el personaje. Se alternan momentos pasados y presentes. Broadhead fue prospector. Indeciso; atenazado, siempre, por el miedo; en definitiva, cobarde. Nos cuenta cómo llegó a Pórtico, cómo era su vida en la Tierra, sus experiencias como explorador espacial. Y, también, sus actuales sesiones frente a un robot que hace las veces de psicoterapeuta. La culpa, el arrepentimiento, le impiden vivir con normalidad a pesar de la gran fortuna que acumuló en uno de sus viajes interestelares. La construcción de su condición sexual es una auténtica maravilla literaria. Un giro de la cabeza, una actitud que no se puede entender bien, la proximidad de alguien. El mundo que dibuja el autor acepta la homosexualidad como algo normal, como lo que es. Y buena parte de la novela debe entenderse desde ese territorio.
Frederik Pohl dosifica la información magistralmente. De los Heechee apenas sabemos nada. De esto va el relato. Del no saber, de la imposibilidad de entender por parte del ser humano. Creemos ser los reyes de la galaxia y no somos más que un pequeñísimo granito de arena en el universo. Además de alternar capítulos sobre el presente y el pasado del personaje, se insertan (en recuadros aparte) anuncios, documentos, fragmentos de charlas o clases, informes sobre vuelos en naves Heechee, que nos ayudan a entender la vida en Pórtico. Muchos de estos pequeños textos son irónicos, otros tremendos y, sólo un par de ellos, aportan información directa sobre lo que es el protagonista. Son el reflejo de un mundo decadente e insoportable. El conjunto nos brinda una panorámica, perfectamente detallada, que va tomando forma con rapidez.
El mundo de Pórtico es, en realidad, el nuestro aunque en él se amplifiquen los problemas. Hambre, desilusión, compañías que acumulan beneficios disparatados mientras la gente muere del hambre o las mujeres se prostituyen para poder alimentar a sus hijos, venta de órganos para que los ricos puedan seguir viviendo. La ignorancia respecto a lo que somos es inmensa, casi vergonzosa. Y, también, en Pórtico hay cosas intocables, eternas: el amor, la culpa, el arrepentimiento.
El ritmo narrativo y la tensión argumental van a más y llegan a alcanzar un nivel extraordinario. No por la trama ni por lo que sabemos. No, el gran secreto de esta obra está en la otra orilla, en la orilla de lo oculto, de lo que no sabemos ni podemos llegar a saber. La ignorancia y el miedo que esto provoca es el gran asunto que Pohl quiere tratar. Por ello, el recurso de dosificar la información, la poca información, funciona de maravilla. El clima de desconcierto en el lector es abrumador; lo mismo que el de los humanos desplazados hasta Pórtico.
Es muy posible que la literatura de ciencia ficción tome una relevancia mucho mayor que la que tiene actualmente. Y serán novelas como Pórtico las que abran las puertas de ese camino que parece inevitable. Ya lo he dicho otras veces: la ciencia ficción trata de explicar nuestro mundo, nunca otros. Y tiene intactas muchas posibilidades mientras otro tipo de novelas se encuentran en callejones sin salida retorciéndose sobre sí mismas.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Apasionante. Entre dudas e ignorancia. Como cada día que pasa, vaya.
Tipo de lector: Aficionados a la ciencia ficción, desde luego. Pero cualquier lector se debería acercar a esta obra para descubrir otra forma de entender la literatura y, por tanto, el universo.
Argumento: El ser humano es ignorante y eso le convierte en un ser débil y vulnerable. Aunque, a pesar de todo, sale adelante.
¿Dónde puede leerse?: En el planetario.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


dic 30 2013

Cómo gobernar un país (Una guía antigua para políticos modernos)

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Leer las obras clásicas parece que se ha convertido en algo reservado a eruditos, estudiantes que no tienen más remedio que hacerlo por cuestiones académicas, o a cuatro locos que siguen leyendo todo lo que les cae entre las manos. Sin embargo, leer a los clásicos debería ser algo obligado, algo imprescindible para todo estudiante, para toda persona que quiera tener un criterio bien construido o para cualquier loco lector. Pensar que los clásicos dijeron cosas sin importancia o alejadas de nuestra realidad es una torpeza absoluta. Deja perplejo a cualquiera lo extraordinariamente modernos que resultan los textos escritos por griegos y romanos. En curioso pensar en las miles de personas que andan buscando una modernidad que nos espera desde hace siglos en las bibliotecas.
Marco Tulio Cicerón fue un gran estadista romano. Antes de morir, dejó escritos textos excelentes que, en parte, se recogen en este libro que han titulado Cómo gobernar un país (Una guía antigua para políticos modernos), comentados por Philip Freeman. La edición es bilingüe (castellano – latín, claro), así que los pocos que son capaces de leer en latín, lo pasarán en grande. En cualquier caso, en castellano, los textos son magníficos puesto que la traducción es muy buena.
Lo que dijo Cicerón sigue siendo útil para cualquier sociedad, para cualquiera que tenga la gran responsabilidad de dirigir un país. Los textos elegidos hablan del derecho natural, de las dotes de mando, de la corrupción y sus consecuencias, de cómo tratar a los enemigos, del arte de persuadir y la necesidad de ceder. Cicerón se muestra como un hombre íntegro, sabio y sensato.
El libro es una recopilación estupenda que los políticos deberían llevar siempre en la cartera. Y los que no lo somos, también. Para saber hacer, para saber exigir. Pero, sobre todo, para hacerlos nuestros.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Rápida, amena.
Tipo de lector: ¿Políticos? No sé yo si querrán leer estas cosas. Si alguien lee con frecuencia, este libro es obligado.
¿Dónde puede leerse?: A las puertas del Congreso o del Senado. A las del ayuntamiento. Incluso junto al despacho del jefe.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


dic 6 2013

El pabellón nº 6 y otros relatos

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

El relato principal de este volumen prologado nada menos que por el coetáneo de Anton Chéjov, Maxim Gorki, se nos presenta y digiere, como gran nouvelle que es, durante la mayor parte de las páginas de este breve, triste y magnífico libro. La Rusia decimonónica que en él se nos dibuja es más actual de lo que pudiera parecer. Un médico hace amistad con un loco, volviéndose de su contacto, tal; más allá de hablarnos de la fragilidad humana y del vanitas vanitatum que menciona, tanto André como Ivanovitch son dos seres tan humanos como incapacitados para medrar o trepar en el escalafón social en virtud de una inteligencia que, en el caso del primero debe ir acompañada de una solidaridad que le pierde, y en el segundo, de una idea de lo religioso a través de la purificación en el dolor, muy de aquel tiempo.
El relato tiene otros personajes básicos para el engranaje de la historia, pero menos principales, como son, el ayudante de André con el que entra por primera vez en el pabellón nº6 donde sólo viven cinco personas, la esposa del tedioso doctor o el nuevo jefe de zona, de quién entendemos que es el típico progre que no discute sobre las necesidades de los enfermos de ningún tipo, consiguiendo gracias a ello ascender y hacerse dueño y señor de éstos y aquellos lares.
En El hombre enfundado, Chejov convierte la preocupación por la educación y el que dirán en motivo de asfixia existencial, siempre con la misma delicadeza y lirismo.
Construido a través de la imagen de un aristócrata que deshace una fruta para comérsela con nocturnidad y sin que nadie lo vea, el narrador de La grosella empieza a jugar a engañarnos desde la autocrítica no sólo a su hermano, sino a él mismo, hombre en principio probo como André, que no sabe utilizar su propia honradez.
Por último, Del amor, más incluible en el libro El beso y otros relatos, nos habla de los celos de un trabajador empeñado en pagar las deudas de su padre y sobrevivir, mientras la mujer del vecino se casa con un obeso acomodado.
De nuevo, la mano en la traducción de Ricardo San Vicente, hace que ésta de Alianza sea una edición cuidada, nada convencional ni acomodaticia de este bien elegido surtido de cuentos más de hoy que de ayer.

Calificación: Extraordinarios.
Tipo de lectura: Literaria.
Tipo de lector: Cualquiera.
Argumento(s): Enjundiosos.
Personajes: Inolvidables.
¿Dónde leerlo?: En cualquier lugar, sin reparos.
¿Dónde comprarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


nov 18 2013

El tango de la guardia vieja

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Max Costa es un consumado bailarín de tango que seduce a mujeres millonarias en el Cap Pollonio, trasatlántico que cruza diversos lugares de Europa. Esta imagen y la de la ralla fina de su pantalón impecablemente planchado recorre la  última novela del periodista de Cartagena, Arturo Pérez Reverte, durante gran parte de su extensión. Eso y su tremendo affaire a ritmo de baile y preciso ajedrez con Mecha Irunza, esposa de un compositor que le mira celosamente desde el otro lado del bar, calculando movimientos y posibles presunciones de infidelidad. Pero de esto hace tiempo, los dorados veinte aproximadamente.
Comenzando con una disección histórica más que interesante sobre el baile argentino, vamos descubriendo los orígenes arrabaleros y suburbiales, así como su limpieza en los movimientos a la hora de practicar los pasos con Mecha.
Ella se da cuenta de que está poseída de un furor, dejándole como huellas de esa Perdición tan a lo Billy Wilder, un guante y un collar.
Por otro lado es eficiente la trama de espías situada entre la época de la 2ª Guerra Mundial, pasando por la Civil Española y amontonándose con el conflicto del Telón de Acero en Rusia. Y es que el hijo de ella, consumado ajedrecista que utiliza el gambito de caballo, más como una injerencia que como una forma de enaltecer el ego, o no tanto, necesita unos libros que tienen que ver con las claves de la caja fuerte de un señor que sospechamos le da igual ser pagado y/o cobrado por el Fascio italiano o la República española. Desde Niza a San Sebastián se respira que la República es más torpe, si bien esto no es más que ideología barata. Nada que ver con lo que hace tirarle de la sisa del pantalón a Max para que la ralla permanezca impecable.
Por encima de cualquier cosa es ésta una novela de amor como nunca le había salido a su autor, sin esos caballeros o héroes cansados, acercándose a la novela negra y de espías como un Le Carré español.
Es por ello un libro recomendable, quizás en ocasiones demasiado profuso en descripciones, que rentabiliza su misión de entretener con creces.
La imagen de Edward Quinn, gracias al paralelismo Grace Kelly-Irina, supone un homenaje al cine que está presente no sólo en el calado histórico, sino también en la forma de contar.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lector: Escrutador de buenas historias. Ilustrado.
Tipo de lectura: Muy completa.
Argumento: Trufado de referencias de todo tipo.
Personajes: Enriquecidos de anécdotas.
¿Dónde leerlo?: Cerca de Buenos Aires.
¿Dóde comprarlo?: Pídelo en tu librería habitual.