abr 15 2014

Pascal Quignard: Desnudando palabras

Artículo escrito por: Javier Almodóvar

Pascal Quignard nació en Verneuil-sur-Avre (Francia) en 1948, en el seno de una familia de gramáticos y músicos. Se cuenta de él que de niño fue un poco autista en dos ocasiones y que en la primera de ellas fue su tío –que había sido prisionero en el campo de concentración de Dachau– quien le volvió a enseñar a hablar. Es licenciado en filosofía y lenguas clásicas. Fue editor en Gallimard durante veinte años. Ha sido profesor de la Universidad de Vicennes y de la Escuela Práctica de Estudios Superiores en Ciencias Sociales. Fundó el Festival de Ópera y Teatro Barroco de Versalles junto con el desaparecido presidente francés François Miterrand. Desde que dimitió de todos su cargos en 1994 se dedica solo a la escritura. Es autor de numerosas novelas (El salón de Wurtemberg, Todas las mañanas del mundo, Las escaleras de Chambord, Terraza en Roma, Las tablillas de boj de Apronenia Avitia) y tratados (Pequeños tratados, Lección de Música, El odio a la música: diez pequeños tratados). En 2002 obtuvo el premio Goncourt (el más prestigioso de los premios literarios franceses) por Les ombres errantes, primer tomo de la obra titulada Dernier royaume. A raíz de la edición de esta última, Quignard declaraba: “Para mí es importante que una idea esté íntimamente ligada a la vida que uno lleva. En este libro explico con claridad mi voluntad, respecto al mundo contemporáneo, de crear un lugar solitario y ensalzar allí la inseguridad de pensar, cuando las sociedades en que vivimos preconizan lo contrario. [...] Odio todos los valores que están resurgiendo”.
Ese lugar solitario del que habla el autor no es la fortaleza ni el palacio; tampoco es la torre; es la casa del eremita, del anacoreta, de aquel que, alejado del grupo, ha renunciado a lo social para poder ver –y verse– con claridad –que no con certeza–: “El odio a la ciudad y el alejamiento que conlleva son los primeros pasos de la sabiduría”. No se trata de la huida; se trata de la purificación. Ese lugar alejado, solitario, individual, es el único espacio donde es posible el doble viaje que exige el conocimiento: hacia el interior y hacia el pasado –hacia el interior de la experiencia, de lo sentido, de lo vivido, hacia el mundo antiguo, hacia el mundo prehistórico, hacia el prelenguaje original en el útero materno–. Todo lo hermoso que nos ocurre, toda experiencia trascendente, todo lo que nos conmueve, nos sucede al margen de la sociedad, al margen del lenguaje que esta impone. Solo en esa circunstancia se puede desarrollar un amor total: “El amor es la relación interhumana en la que la sociedad no es mediadora. [...] Por eso el amor, según todos los mitos, es una escena negativa ”.
Los tres textos que aquí se reseñan hablan del sexo, del amor, del arte y del lenguaje –en cualquiera de sus formas–. Si uno quiere –como Quignard– acceder a lo unitario, ha de renunciar a lo específico. Por eso en esta casa, esta domus literaria, no hay material ni disciplina que no sean útiles: la etimología, la antropología, el taoísmo, el haiku, la filosofía, la etología, la musicología, la psicología, y, sobre todo, los textos griegos y romanos, sus pinturas–. Por la misma razón todas las herramientas son necesarias. No es posible ceñir el discurso a un solo vestido: ensayo, biografía, poesía, novela, cuento, mito. Su perseverante y poderosa escritura anuda con paciencia ideas y palabras para dar origen a una asombrosa construcción de difícil catalogación y hechizante fuerza expresiva que nos habla del origen de nuestra fascinación sexual, del deseo, de lo que somos y no somos capaces de decir, de la manera en que nuestro lenguaje y nuestros mitos se relacionan con nuestra sexualidad original y la normalización social que, históricamente, ha venido a suplantarla. En ese sentido, los textos nos hablan del viaje que va desde el “erotismo alegre de los griegos a la melancolía aterrada de la Roma imperial” –de la que somos herederos–. Se trata de una de esas obras frente a las que la erudición mella su espada; una obra que obliga al lector –y exige al crítico– a medirse con algo inédito. El resultado es un texto que hace que el lector, al volverse hacia su saber, se encuentre por sorpresa con un antiguo pergamino, un grabado que, custodiado en un museo, contiene un mapa centenario, milenario, salpicado de monstruos míticos, de fronteras inciertas, de proporciones imposibles, ingenuas, deformes: un conocimiento envejecido de repente.
Su concepción de la sexualidad masculina, del amor y del arte parte de una premisa fundamental a partir de la que edifica su original discurso: “Llevamos en nosotros el desconcierto de haber sido concebidos. No hay imagen que nos afecte que no nos recuerde los gestos que nos hicieron”. Cualquier lengua oculta en su seno una reacción, una postura singular frente a este hecho fundamental que de ninguna manera es posible soslayar. Partiendo de esa proposición, el narrador indaga en las lenguas griega y romana con el fin de desvelar la trama que urdió cada una de ellas con el fin de socializar una solución específica capaz de enfrentarse al enigma. En el origen de la escritura de Quignard está la convicción de que el lenguaje de la modernidad, legatario de aquellas lenguas antiguas, nos ha alejado de algo verdadero que habitaba en nosotros para instalar en su lugar un artificio sospechoso: el lenguaje ha olvidado aquello que nombró un día y que necesitamos nombrar de nuevo para saber qué somos y cómo hemos de vivir. Para ello hay que volver al núcleo, al origen, a la escena originaria, central, determinante. Hay que incitar al lenguaje a confesar su origen, su procedencia, sus antecedentes. Para lograrlo Quignard prefiere los métodos del interrogador a los del investigador académico, prefiere poner un foco sobre la palabra y empujarla hasta hacerla hablar. Quignard consigue incorporar a su escritura aquello que advierte en las pinturas del griego Parrasio de Éfeso, “el pintor que añade el fantasma a la visión de lo visible”. La consecuencia es inmediata: “leer es seguir con los ojos la presencia invisible”.
El sexo y el espanto comienza con una reflexión acerca de la palabra romana fascinatio, derivada de fascinus (sexo masculino). Este patrón se repite a lo largo de su escritura (tanto en este texto como en Vida secreta): la reflexión del narrador arranca en una palabra enigmática, en la descripción de una pintura, una anécdota encontrada en un libro de la Antigüedad. A partir de ahí la meditación del narrador irá hilvanando ideas, escenas, imágenes, en busca del sentido originario y su relación con la sexualidad o la muerte: “el fascinus atrapa la mirada, que ya no podrá apartarse de él”. En el texto resurge la palabra de Lucrecio, de Suetonio, de Cicerón, de Aristóteles, de Tiberio, de Ovidio, de Virgilio, de Chuang-Tze,  Es prodigiosa la capacidad del narrador para despojar de su literalidad a la palabra elegida, la frase presentada, la imagen mostrada, y exponer a cambio su reverso: ese otro polo que, desde la invisibilidad de esa imagen que nos falta (el momento de la concepción en cada uno de nosotros), ejerce su influencia sobre lo visible, sobre el signo. Mediante el mismo procedimiento Quignard arma su discurso acerca de la pintura romana a partir de una sola palabra: augmentum. “Celio decía que había cuatro etapas en las enfermedades: el ataque (initium), el acceso (augmentum), el declive (delinatio), la remisión (remissio). El momento de la pintura es siempre el augmentum”. Según el narrador, la sexualidad romana y, por tanto, la manifestación artística, está ligada a un terror: “A los antiguos romanos les aterraba la operación misma de ver, el poder (la invidia)  que podía ejercer una mirada de frente. Para los antiguos, el ojo que ve arroja su luz sobre lo visible”. El romano, al enfrentarse al enigma, ve la muerte: “La fascinación significa lo siguiente: aquel que ve ya no puede apartar la vista. En el cara a cara frontal, tanto en el mundo humano como en el mundo animal, la muerte petrifica”. Esta postura acaba por influir en toda manifestación artística: “Un hermoso texto se oye antes de sonar. Es la literatura. Una hermosa partitura se oye antes de sonar. Es el esplendor preparado de la música occidental”.
“Complicada es la vida propia de los hombres porque doble es su origen. Biológico y cultural. Sexual y lingüístico. (En cualquier caso, polarizada dos veces por dos polos: macho-hembra, significante-significado)”. La escritura de Quignard trata de iluminar la estrecha interrelación que existe entre cada uno de los polos. En uno de los capítulos de Vida secreta se relata la fábula del inuit Nukarpiatekak, un cazador de focas que ya no caza, que ya no pesca, que ha descuidado su kayak y su aseo, que ya no habla más que cuando está en soledad y procurando usar una lengua distinta a la que usan los demás. Un día oye hablar de una mujer de una belleza extraordinaria. Nukar se lava, arregla su pelo y su barba, restaura su kayak y se aventura aguas arriba en el río, como hace el salmón que vuelve al lugar de su nacimiento para desovar. El inuit rema hasta que al tercer día llega el lugar donde se encuentra la mujer. Para callar a los perros que ladran, Nukar grita: “!No soy un fantasma!”. Al ver a la mujer, Nukar cae desmayado hasta tres veces. Cuando recupera el conocimiento, todos han están durmiendo, menos la mujer, que le ha preparado una cama. Nukar se tumba sobre ella y la penetra; hunde su cuerpo en el de la mujer mientras da un gran grito. Al amanecer, no hay rastro de Nukar. La mujer sale de iglú, ríe, se esconde detrás de un montículo de nieve y se pone a orinar. “El cazador de osos es reabsorbido en la propia noche, la noche primigenia, en el sexo femenino de la cueva originaria donde la misma escena de fusión lo ha concebido y lo ha metamorfoseado en cuerpo”.
En sus tratados (si es que se puede llamar así a El sexo y el espanto y Vida secreta, dos obras de gran unidad temática y estilística) el lector de Quignard asiste una y otra vez sorprendido a la reflexión en marcha de un yo poético que maniobra su ejercito de palabras con la valentía y la confianza de quien, conocedor de sus posibilidades creativas, prescinde del manual de táctica literaria. Asistimos al despliegue de una escritura que reflexiona, investiga, recupera, asocia, juega, rodea, propone, argumenta y concluye hasta que ambos, texto y lector, sucumben a la fulguración que causa el hallazgo de un aforismo tan certero como inesperado, hasta la epifanía del conocimiento –mejor sería decir reconocimiento– encarnado en una palabra cuyo sentido originario ha sido iluminado, desenterrado, redescubierto, restaurado. Se trata del reencuentro con el hombre antiguo, con su conocimiento y su sabiduría; un saber más verdadero que aquel del hombre moderno –que vive atrapado dentro de lo social–. La obra de Quignard es una exploración en busca del evasivo desfiladero que lleva del significante al significado: “El hombre es una mirada deseante que busca otra imagen detrás de todo lo que ve [esa imagen originaria que nos falta]”. Hay que perseguir aquello que antecede al lenguaje, ese algo trascendente e inaccesible que el lenguaje quiere atrapar y que constituye el único objetivo legítimo de toda escritura verdadera: “No podemos pasar por alto lo preverbal y lo prehumano sobre cuyas espaldas eso que los griegos llamaban lógos y los romanos ratio, y eso que tanto griegos como romanos llamaban ego no son más que moscas”. Imposible de alcanzar, el narrador ha de medirse con ello. Y sin embargo, este esfuerzo titánico está amenazado por la trampa del lenguaje: una vez que el lenguaje ha nombrado, se vuelve obstáculo para alcanzar aquello que nombra, como la lava que “incesantemente empuja, incesantemente desordena, incesantemente aterra. Pero incesantemente se petrifica de inmediato al contacto con el aire libre. La lava tapa su acceso a ella misma, se petrifica en las obras, se academiza en el lenguaje, se ennegrece y se opaca al secarse.” Lo que propone el narrador se acerca a lo musical: lo significativo no es lo dicho; lo significativo es el momento preciso en que el sentido se insinúa por mediación de la palabra: “Sufrir la acometida de la visión, hacer el viaje no es lo esencial del arte: hace falta esa pizca de valor adicional para regresar y anotarlo”. Y para ello “Todo artista debe acceder a perder la vida”.
“El amor es eso: la vida secreta, la vida alejada y sagrada, la vida apartada de la sociedad”. La experiencia siempre precede a la sabiduría. Vida secreta es un esfuerzo por descifrar el poso que dejó un amor furtivo, extremo, iniciático, localizado en un pasado lejano –y por eso mismo mítico–, un esfuerzo por aprehender lo que queda de él, por interpretarlo, por examinarlo, por comprenderlo, por acceder a esa forma de inteligencia –de conocimiento– que es el amor. Se trata de un amor alejado de toda interferencia: un adulterio, amor al margen de la sociedad, de la familia, amor secreto, inconfesable, un amor entre músicos, amantes que acaban por renunciar a la palabra, que se aman en silencio, un amor que finaliza abruptamente, sin explicaciones. “El amor como rechazo al tercero, como tercero excluido [...], excluye el lenguaje y condena a los amantes al silencio total, exclusivo, so pena de muerte”. Lo que hace especial ese amor es la circunstancia: se trata de una muestra singular, irrepetible, una oportunidad para profundizar en la verdadera naturaleza del amor cuando este se aleja del lenguaje, de lo social. Una posibilidad de mirar al sentimiento sin la dictadura del lenguaje. Usar el lenguaje para dejarlo atrás, para encontrar el silencio capaz de eludir la trampa. Hay que buscar ese “el silencio [que] ha dejado de ser un callarse”.
En La frontera Quignard se ciñe a un patrón clásico –el cuento– para aproximarse de nuevo a las cuestiones que ocupan su literatura. El relato se desarrolla en Portugal en 1640 y cuenta la historia de la joven y bellísima Luisa de Alcobaça y del señor de Jaume, amigo del rey. El señor de Jaume siente una poderosa fascinación por Luisa desde que esta era niña. El rechazo a su petición de mano y la boda de Luisa con un joven portugués desvían esa fascinación hacia un resentimiento cada vez más enfermizo. La fascinada y enturbiada mente del señor de Jaume idea una estrategia para apoderarse de la mujer: se gana la amistad del esposo hasta que este lo cree un hermano. Un día, durante una cacería, lo asesina simulando un accidente –Eros y Tánatos–. Para vencer a la mujer, pone su dolor de amigo a la altura del dolor de la viuda: lo consigue: Luisa cede y se entrega. Tiempo después y confiado en lo definitivo de su conquista el señor de Jaume confiesa su crimen a la mujer. Luisa lo emascula y se suicida. El señor de Jauma se consume. Un día, incapaz de asumir la doble pérdida de la virilidad y de la fascinante, acaba con su vida arrojándose por el balcón. El conde de Mascarenhas, amigo del señor de Jaume, recibe la orden del rey –preocupado por las consecuencias políticas– de no hablar nunca del asunto. Para sortear la orden del rey sin faltar a su palabra, el conde de Mascarenhas encarga –mediante la argucia de sustituir su voz por unos dibujos– unos azulejos de cerámica pintados en los que se relata la historia. El silencio del arte se ha impuesto. La frontera es un relato que habla de la difícil frontera que define lo humano, una frontera simbolizada en el jardín creado por la mano del hombre y que se adentra en el campo sin que se pueda distinguir dónde acaba uno y dónde empieza el otro; un relato por el que desfilan dioses y mitos, heredero de una de las obras más grandes que nos ha dejado la Antigüedad: las Metamorfosis de Ovidio, “el libro universal que trata sobre esa antropomorfosis tan inestable y angustiosa que compone la escasa humanidad de lo humano [...] esas metamorfosis que nos hacen ver un nosotros mismos aún más verdadero que nosotros mismos en un toro o un lobo”. La animalidad simbolizada por la afición del señor de Jaume por enfrentarse al toro –el animal mítico– y la muerte del esposo causada por las fauces del jabalí. Los dos polos simbolizados por el espejo en el que se mira la joven Luisa: espejo por un lado y una pintura por el otro: Judith oronda cortándole el cuello a Holofernes dormido. Un relato que plantea el mismo enigma que la obra del sabio de la Antigüedad: ¿dónde comienza eso que llamamos lo humano?
Ferviente admirador de los Ensayos de Montaigne y de los cuentos de Las mil y una noches, Quignard pretende publicar diez, quince, e incluso otros veinte libros con la intención de reunir todos los aspectos de la experiencia que la tradición ha olvidado transmitir. “Ya he previsto un libro sobre la búsqueda de lugares maravillosos que se llamará Les paradisiaques. Otro, Les sordissimes que reunirá todo lo relativo al discurso, lo que Bataille llama la parte maldita y que abarca desde las recetas de cocina hasta los coches de juguete pasando por los caramelos. También escribiré sobre las estaciones del año, las edades, y las horas. No sé cuántos tomos escribiré. No quiero que mis declaraciones me aten. Lo cierto es que moriré con este proyecto bautizado Dernier royaume, es mi manera de decir que el segundo mundo (siendo el primero uterino y prenatal) es el último, que no hay otra vida”, explica el artista entusiasmado.


ene 6 2014

Siete noches

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Siete noches son siete ensayos, siete conferencias dictadas por Jorge Luis Borges que giran en torno a los temas más queridos por el escritor argentino, sobre los que aporta interesantes reflexiones aderezadas con su experiencia personal, su profunda erudición, y su capacidad lectora.
Tienen el tono culto, pero irónico y cercano, que se espera de un conferenciante.
La más conmovedora es quizás la que habla sobre una circunstancia personal, La ceguera, que le lleva de lo particular a lo general, de la desgracia a la compensación, de los placeres del mundo a la vida interior.
Hace una interpretación personal de La cábala y El budismo en otros textos que ayudarán al lector a situarse en esos sistemas, y que son eficaces por la capacidad de condensación con la que están compuestas.
Sabemos que Las mil y una noches y La divina comedia son parte inseparable del universo borgeano, el propio autor nos desvela porqué, qué ha encontrado en esas obras que le fascine.
También analiza los resortes de La poesía, algo destacado viniendo de un maestro.
El estudio sobre La pesadilla y sus mecanismos, sobre lo literario en los sueños y las pesadillas en la literatura, sobre sus pesadillas que crearon literatura es quizás, por lo infrecuente, el que yo encuentro más sugerente. Interesantes son todos.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Cualquiera con necesidad de cultura.
Tipo de lectura: Amena.
Argumentos: Variados.
Personajes: Él.
¿Dónde puede leerse?: En la gran sala de un ateneo.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


ene 3 2014

Ulises

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Ulises es uno de los libros más importantes del siglo XX, una novela experimental en la que el escritor irlandés James Joyce juega con el lenguaje dándole forma a cada una de las técnicas novedosas que revolucionaron la escritura y que abrieron la centuria acompañadas de la propagación del cinematógrafo, del estudio del subconsciente y el psicoanálisis, y de la general divulgación de todas las obras de todas las literaturas.
La más destacada de estas técnicas es el flujo de conciencia, la simulación escrita del pensamiento humano, pero hay otras como son la descripción por acumulación, las listas; la utilización fragmentada e impresionista del discurso, el uso de la jerga, el surrealismo, la creación de palabras nuevas, y la ruptura de las convenciones de espacio, tiempo, género literario, narrador y personaje.
Con todos estos recursos, Joyce redacta lo que viene a ser el manifiesto de una nueva forma de hacer que inicia la era literaria en la que estamos.
El título nos remite a un paralelismo estructural con la Odisea de Homero que es prácticamente imposible de identificar para los lectores comunes salvo porque, de la misma manera que la Odisea es la encubierta representación escrita de un mapa del Mediterráneo, Ulises es una clara cartografía de la ciudad de Dublín.
Ulises es una novela larga, compleja, oscura y –en general- aburrida, en la que sin embargo será difícil que un lector interesado no encuentre un capítulo que le parezca insólito, ocurrente y divertido; un capítulo al menos cuyas acciones pueda comprender y que le de ánimo suficiente para afrontar la lectura completa del libro, más cuanto que se trata de una obra que no es necesario leer de un tirón. Personalmente recomendaría el monólogo de Molli Bloom editado en el capítulo 18, la fascinación enciclopédica del 17, y -para una iniciación- los atisbos de la vida cotidiana de la ciudad de Dublín en los años veinte del siglo pasado compuesta a la manera de flashes en el capítulo 10, o la impagable declaración de principios de Leopold Bloom hacia la mitad del 15:
Estoy a favor de la reforma de la moral municipal y a favor de los diez mandamientos puros y simples. Nuevos mundos en lugar de los viejos. Unión de todos, judíos, musulmanes y gentiles. Una hectárea y una vaca para todos los hijos de la naturaleza. Coches fúnebres modelo berlina. Trabajo manual obligatorio para todos. Todos los parques abiertos al público día y noche. Lavaplatos eléctricos. La tuberculosis, la locura, la guerra y la mendicidad deben cesar inmediatamente. Amnistía general, carnaval todas las semanas, con las licencias del enmascaramiento, gratificaciones para todos, esperanto, fraternidad universal. Se acabó el patriotismo de los políticos de taberna y de los impostores hidrópicos. Dinero libre, amor libre y una iglesia laica libre en un estado laico libre.
Existen infinitas críticas, ensayos y estudios que pueden ayudar al lector en la comprensión del texto y son accesibles en las bibliotecas y en la red, porque Ulises es una novela que no ha dejado indiferente a nadie, ha sido adorada o denostada hasta una exageración desde la que los lectores críticos de hoy tendemos a encontrar un cómodo término medio: no es una obra maestra homogénea e incontestable para cuya comprensión sean obligatorios todos los esfuerzos, pero tampoco el ilegible y pedante cajón de sastre de una mente enloquecida. Es una novela interesante, complicada, meritoria y decisiva.
Para los irlandeses es, además, parte de una confusa identidad nacional.

Calificación: Decisivo.
Tipo de lector: Persistente.
Tipo de lectura: Complicada.
Argumento: Diluido.
Personajes: Rocambolescos.
¿Dónde puede leerse?: Por las calles de Dublín.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.

Nota bene: La traducción de la cita es de José María Valverde.


dic 30 2013

Cómo gobernar un país (Una guía antigua para políticos modernos)

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Leer las obras clásicas parece que se ha convertido en algo reservado a eruditos, estudiantes que no tienen más remedio que hacerlo por cuestiones académicas, o a cuatro locos que siguen leyendo todo lo que les cae entre las manos. Sin embargo, leer a los clásicos debería ser algo obligado, algo imprescindible para todo estudiante, para toda persona que quiera tener un criterio bien construido o para cualquier loco lector. Pensar que los clásicos dijeron cosas sin importancia o alejadas de nuestra realidad es una torpeza absoluta. Deja perplejo a cualquiera lo extraordinariamente modernos que resultan los textos escritos por griegos y romanos. En curioso pensar en las miles de personas que andan buscando una modernidad que nos espera desde hace siglos en las bibliotecas.
Marco Tulio Cicerón fue un gran estadista romano. Antes de morir, dejó escritos textos excelentes que, en parte, se recogen en este libro que han titulado Cómo gobernar un país (Una guía antigua para políticos modernos), comentados por Philip Freeman. La edición es bilingüe (castellano – latín, claro), así que los pocos que son capaces de leer en latín, lo pasarán en grande. En cualquier caso, en castellano, los textos son magníficos puesto que la traducción es muy buena.
Lo que dijo Cicerón sigue siendo útil para cualquier sociedad, para cualquiera que tenga la gran responsabilidad de dirigir un país. Los textos elegidos hablan del derecho natural, de las dotes de mando, de la corrupción y sus consecuencias, de cómo tratar a los enemigos, del arte de persuadir y la necesidad de ceder. Cicerón se muestra como un hombre íntegro, sabio y sensato.
El libro es una recopilación estupenda que los políticos deberían llevar siempre en la cartera. Y los que no lo somos, también. Para saber hacer, para saber exigir. Pero, sobre todo, para hacerlos nuestros.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Rápida, amena.
Tipo de lector: ¿Políticos? No sé yo si querrán leer estas cosas. Si alguien lee con frecuencia, este libro es obligado.
¿Dónde puede leerse?: A las puertas del Congreso o del Senado. A las del ayuntamiento. Incluso junto al despacho del jefe.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


dic 23 2013

Quiéreme bien (Una historia de maltrato)

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano


El problema es que piensas demasiado; tú no pienses, haz lo que tengas que hacer y punto. Dicho así podría parecer algo inofensivo. Sin embargo, estas son dos frases, tan sólo un ejemplo, que podrían ser la señal de lo que llega en una relación. Mañana se podrían convertir en no pienses; haz lo que te digo y punto. No cambian tanto las palabras, pero si el estado de las cosas. Cuidado con las señales. Conviene fijarse en ellas y tratar de comprender.
Quiéreme bien es un cómic de Rosalind B. Penfold. Cuenta la historia de una relación de pareja. Un desastre absoluto en el que el maltrato aparece como protagonista desde el primer momento. Primero como un detalle, como lo que podría parecer una confusión o un arrebato circunstancial; finalmente como algo físico, violento. Mientras, maltrato psicológico con el que ella termina odiándose, siendo una mujer insegura. Mientras, infidelidades y celos. Mientras, mentiras y una actitud amenazadora con la mujer, con los niños.
Brian, el marido, dice que una vez que la persona se siente insegura, puedes hacer con ella lo que quieras. Eses es el proceso, una evolución hacia el maltrato, hacia una descomunal tragedia que podría terminar con la vida de las personas.
El dibujo de la autora es sencillo. A veces, casi infantil. Aunque expresa muy bien los sentimientos, cómo fue lo que pasó. Pone los pelos de punta algún pasaje y, desde luego, el libro es un relato espeluznante de lo que supone una situación como la que se relata.
Se trata de un libro que deberían leer los jóvenes, los adultos, todo tipo de personas, sea cual sea su situación social o sentimental. Porque en él quedan reflejadas todas aquellas señales visibles o no que anuncian lo que llamamos violencia de género, maltrato en el matrimonio o noviazgo.
En la página www.friends-of-rosalind.com hay información muy útil para personas que tengan alrededor una situación sospechosa o conocida.

Calificación: Muy bueno.
¿Tipo de lector?: Mujeres y hombres con un mínimo de sensibilidad ante este problema.
¿Tipo de lectura?: Pone los pelos de punta.
Argumento: El proceso habitual de un caso de violencia de género.
Personajes: Redondos.
¿Dónde puede leerse?: En compañía de tu pareja, en el sofá de casa.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


oct 2 2013

La verdad de las mentiras

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Las ficciones las pueblan gentes, tanto desde el punto de vista de quién las hace, las lee, las protagoniza o las vive, según sea esta experiencia así viviremos el acto de leer, que en cualquier caso nos convertirá en diferentes o indiferentes. El Premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, nos presenta su propio canon literario (que diría Harold Bloom) en forma de curso de lectura crítica inolvidable, ya que cuando son las imágenes las que narran, parece que nos encontramos con la secreta objetividad que las pueblan; llevar este ideario a la necesidad de contar con palabras lleva a una lucha entre antagónicos por el que vemos deslizarse lo sombrío y lo brillante de una forma subjetiva; se invita de este modo a ver todo relato escrito como una decisión escogida desde la ideología y la moral, describiendo una trayectoria que va de fuera hacia dentro y desde la que se trata de practicar el humanismo, esa historia de las ideas y el pensamiento practicable según la vida de persona(je)s escogidos.
A lo largo de treinta y seis ensayos que tratan de no hacer la vista gorda sobre lo más significativo, se nos presentan en orden cronológico, desde la vetusta y modernísima El corazón de las tinieblas, antecediéndonos en los orígenes que van más allá de la locura del viaje de un occidental al Congo, tierra subabastecida que hace nacer por el clima y la aventura los horrores de lo considerado salvaje, hasta Sostiene Pereira del ya fallecido escritor Antonio Tabucchi, una fábula sobre el poder de lo pequeño y sencillo, a través de las que se evoluciona hacia maneras más globales de contar.
Son dos los autores sobre los que repite ensayo: Graham Greene y Ernest Hemingway; del primero se concluye que tuvo la mala fortuna de, a pesar de haber escrito mucho y bien, no culminar en obra maestra algo que tuvo bien cerca con El fin del romance; Hemingway, en cambio, considerado a sí mismo hombre de acción que escribía, asociaba el éxito literario al personal, sin tener en cuenta sus oprobiosos esfuerzos más en París era una fiesta que en The sun also rises.
Tampoco se obvia la importancia de obras más vanguardistas o experimentales, como Nadja de André Breton, u otras de rango intermedio como los de la feliz hada madrina Isak Dinesen o las magníficas novelas corales, Un mundo feliz, American Transfer o La rebelión de los animales de Orwell, todas ellas corresponsables de la disipación de ideologías que quizás en ciertos casos no eran las de su autor.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Amante de la literatura y otros puntos de vista.
Tipo de lectura: Agradable, además.
Argumento: Clásicos de a partir del siglo XX convenientemente desmenuzados.
Personajes: Todos y uno.
¿Dónde leerlo?: Dando la vuelta al mundo en avión.
¿Dónde se puede comprar?: Pídelo en tu librería habitual.


sep 17 2013

Atlas of remote islands

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Islas. Pequeños mundos replegados sobre sí mismos y rodeados por el mar. Aislados.
Islas maravillosas o infernales, o ambas cosas, todo depende de cómo se mire. Historias extraordinarias de descubridores, exploradores, violencia y desesperación, de lenguas misteriosas y costumbres terribles. Extinciones, cataclismos, motines. Crímenes oscuros y desapariciones misteriosas.
Islas despobladas o con muy pocos habitantes.
Naufragios, prisioneros, exiliados.
Cincuenta historias enfrentadas a su hermosa cartografía, creada por la autora.
Los nombres de algunas de ellas definen los sentimientos de los primeros en avistarlas: Disappointmen, Desolation, Lonely.
Judith Schalansky ha creado un hermoso isolario, no solo por la selección que ha hecho, minuciosa; ni por los mapas, depurados; sino también –o sobre todo- por unos textos evocadores, ensayos poéticos, estudios metafísicos en los que convoca fantasmas desaparecidos para que nos cuenten la Historia. De nuevo. De otra manera.
Un viaje desolado y alucinante por Cincuenta islas en las que nunca he puesto el pié y nunca lo pondré. Nosotros no renunciamos. En alguna nadie lo ha puesto aun.
Hay, por supuesto, una reflexión sobre el mapa como cosa concreta y abstracta a la vez, como apropiación estética del mundo; correlato de una realidad desconocida.
Y nos recuerda Schalansky que los primeros viajes se hacen por los mapas de nuestra infancia.
Un libro de hermosa edición. Destacable. Raro.

Calificación: Extraordinario.
Tipo de lector: Cualquiera. Requiere cierto nivel de inglés.
Tipo de lectura: Profunda.
Argumentos: Extraordinarios.
Personajes: Excéntricos cuando los hay.
¿Dónde puede leerse?: En una isla, claro.
¿Dónde encontrarlo?: En  http://www.panta-rhei.es


ago 21 2013

Winston Churchill (Una biografía)

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Sebastian Haffner vivió exiliado en Inglaterra durante 14 años. Es autor de una de las mejores biografías sobre Winston Churchill. Entre otras cosas porque escapa de lo excesivo al aportar datos o ubicar acciones concretas sin dejar de profundizar en lo más importante del protagonista. Una niñez tremenda y dolorosa que le llevó a no cultivar su titulación académica dada la incompresión del joven ante el sistema académico; una juventud ardorosa y llena de casualidades que le llevaron a una fama temprana; un carácter terco, arrogante y visionario al mismo tiempo; una forma de hacer política que buscaba la guerra como elemento natural.
La figura de Winston Churchill es una de las más apasionantes de la historia del siglo XX. No se entendería del todo dejando al margen lo que hizo y dijo este hombre. En la biografía de Haffner se resaltan los aspectos más interesantes: el odio absoluto que sentía por Hitler y el desprecio que le demostró al dejar de hablar de él puesto que no le interesaba en absoluto; el odio a comunistas y socialistas; su postura más radical en política cuando se vio acorralado; su hiperactividad hasta casi el final de su vida. Todo un personaje este Churchill.
No deja escapar la oportunidad el autor para referirse a la sociedad y política inglesa de cada momento que vivió el protagonista de la biografía. Ni para hablar del Churchill escritor o militar o aventurero. Por ello el libro es de muy fácil lectura. Todo lo que quiere decir Haffner lo dice sin grandes pomposidades, desde la cercanía.
Entender la Europa actual es difícil sin saber cuál fue el papel que desempeñó Winston Churchill. De hecho, fue él quien imaginó las cosas que vendrían y que han llegado.
Interesante e imprescindible obra para todo aquel que quiera descubrir, entender o explicar qué pasó durante el siglo XX en el mundo.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Muy amena, fascinante casi siempre.
Tipo de lector: Cualquiera dispuesto a enterarse de lo que pasó durante el siglo XX.
Personaje: Inigualable.
¿Dónde puede leerse?: En Londres, desde luego.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.