mar 4 2014

Balada de las noches bravas

Artículo escrito por: Javier Almodóvar

Cuentan que el Mediterráneo actual se formó a causa de una gigantesca inundación cuando una pequeña brecha se abrió en el estrecho de Gibraltar. Una inundación violenta y breve que fue configurando al paisaje del lecho marino. Se trata, al parecer, de un proceso cíclico, pues el mar finalmente se deseca, dejando tras de sí una profunda sima, presta a recibir la siguiente inundación.
Al acabar de leer Balada de las noches bravas, piensa uno que la vida, para los protagonistas de esta novela, es como aquella gigantesca inundación cíclica, en la que cada uno de ellos es, a la vez, el agua que inunda y el paisaje que la inundación origina -un paisaje después de la batalla-, y que la fuerza impulsora es el deseo experimentado en todas y cada una de sus formas -narcisismo, soberbia, ambición, sexo, masoquismo, culpa, envidia, miedo, celos, venganza, sadismo… hijas todas de las dos formas primigenias: Eros y Misos, amor y odio, afecto y rechazo-. En palabras de Ciro, el narrador y protagonista: comprendí que el universo del deseo era amplio, íntimo y a la vez ajeno, y que sus campos se extendían como una radiación sobre todas las esferas de la vida e impregnaban por igual a todos los cuerpos. Así es el deseo: líquido e inabarcable como el mar, inconsistente como el agua.
Debió ser un clérigo malintencionado quien inventó la falaz expresión del deseo animal, con el fin, sin duda, de rebajarlo de categoría, y mitigar así el poder del rival más grande al que tiene que enfrentarse toda religión -un clérigo, quizás, como el tío jesuita del protagonista, que censura en otros lo que es habitual en él-. Pero el deseo no puede ser animal -el impulso sí, el deseo nunca-, porque el deseo es más sutil, elaborado y poderoso que cualquier impulso, porque cuando aspira a lo inalcanzable, lo abarca todo y hace uso de todo -de nuestro organismo y de nuestra mente, de los objetos, del lenguaje y de lo indecible-. Por eso es definitivamente humano.
George Gurdjieff decía que hay tres caminos tradicionales para llegar a desarrollar los poderes latentes del hombre: el camino del fakir, el del monje y el del yogi, cada uno de los cuales requiere que el candidato abandone el mundo para poder transitar por el sendero luminoso. Esos tres caminos no son sino los de la aniquilación del deseo como forma de superar tanto la alegría como el dolor. Por oposición, Jesús Ferrero elije adentrarse en el sendero oscuro que desciende a los infiernos. Balada de las noches bravas relata la vida de un grupo de jóvenes nacidos en la España de los años cincuenta, desde su infancia hasta el final de la juventud, y sus viajes, tanto geográficos como psicológicos, en los que cada uno es a la vez un explorador y un fugitivo. Dos escenas representan los extremos entre los que habrán de moverse: el banquete platónico inicial donde, animados por el vino, los adolescentes hablan alegres y despreocupados de un amor que desconocen, y el ágape fúnebre final, en el que se entregan a la orgía en una habitación en la que una liga roja cubre los ojos de la estatua de Minerva –simpática manera de señalar que no hay sabiduría posible cuando el deseo se impone-. Pero la novela es sobre todo la historia de un amor llevado al extremo, despojado de todo límite, un amor que conduce a la locura, pero también a la claridad, como si una fuese condición de la otra. Un amor donde los enamorados a veces se maltratan hasta la destrucción, y otras experimentan una unidad que los supera y trasciende, que los deja atrás –la persona amada es a veces un extraño, y otras indistinguible de uno mismo, la comunión de la sangre y de la mente-. En este sentido, la figura del jesuita representa la incapacidad de llevar el deseo más allá del simple desahogo -lo que supone, irónicamente, una forma de contención-. Sin embargo el opuesto absoluto a Ciro es Isaac Morengo, el cartero que intercepta y reescribe cartas. Incapaz de experimentar su propio deseo, se empeña en escribir, de manera literal, la vida de los otros, delirio máximo del escritor: gracias a mi oficio, entro en los corazones, y hasta puedo modificarlos. Es, a pesar de su incapacidad de vivir la vida, el que más y mejor comprende a los otros.
Es posible que en la vida no haya tres tiempos, sino solo dos, entrelazados de manera inseparable: el tiempo de la experiencia, y el tiempo de la memoria –puede que exista un tercero, el de la rutina, pero este es, casi por definición, la ausencia de tiempo-. Si en Las experiencias del deseo -premio Anagrama de ensayo 2009-, Ferrero trataba el asunto desde la distancia del ensayo, en Baladas de las noches bravas, se adentra -o se sumerge- en esas experiencias desde la memoria de lo vivido. Ferrero parece sugerir que esa oscuridad, ese descenso a los infiernos, es también un sendero luminoso, que también la devastación -y no solo la trascendencia mística- es un camino que trae algo de luz a nuestras vidas. Y si el tiempo de la vida es el de la experiencia, el tiempo de la escritura es el del intento de alcanzar algún tipo de comprensión. Ciro repasa su vida desde el deseo propio de la memoria: el de buscar un sentido a lo vivido. Todos y cada uno de los capítulos están titulados con un interrogante, como si las preguntas fuesen lo más cerca que podemos estar de una explicación, de un relato de vida –es posible incluso, como sucede en el último capítulo, que ni siquiera sea posible formular la pregunta-. En el relato se percibe el esfuerzo permanente de la memoria por reinterpretar la vida para acomodarla a cada nueva experiencia -me pregunté cuantos sujetos diferentes habían ido habitando mi cuerpo desde aquellos días tan lejanos en la región de las lagunas-. Intento fútil, como parece dar a entender el propio Ciro cuando habla del amor: saben que la transparencia es una ilusión, y que el amor es una sucesión de preguntas mal formuladas y respuestas mal entendidas.
La novela se desarrolla necesariamente en el espacio radical del abismo, mental y físico, desde la casa donde viven Ciro y Beatriz niños –la casa de los precipicios-, hasta el sobrecogedor paisaje de las escalinatas de Taishan, con sus siete mil escalones que conducen a la Puerta del Cielo. También la palabra remite al mismo lugar cuando habla de arrojarse a los brazos del amado. El abismo, aquí, no debe entenderse como la frontera entre la existencia y el vacío, sino como la condición necesaria de algunas experiencias que permiten superar lo conocido, lo concebible incluso. Quizás sea esta la manera de entender las enigmáticas palabras del poeta Valente: ¿Os dan miedo las alturas? ¿Creéis que el desbordamiento de la angustia tiene algo que ver con arrojarse de lo alto de un rascacielos? No, no… el desbordamiento de la angustia es superarla en sus límites naturales y dejarla atrás… Ahora lo único que habéis experimentado es el horror al vacío. O la igualmente enigmática inscripción en Taishan: Supera lo concebible.
Toda la novela está teñida de la luz crepuscular de un mundo que se acaba, del aire sofocante de la habitación de un moribundo, de escenarios fantasmales, y a la vez mágicos: por un lado el ocaso del París de las vanguardias y de los intelectuales, que vela su propio cadáver en la muerte de sus dioses -Foucault, Barthes, Deleuze, Althusser, Lacan…-, pero también Pekín y su Ciudad Prohibida, tomada por los comunistas de Mao. Una luz gris, sombría y melancólica que todos los escenarios de la novela -París, pero también la Navarra rural, Pamplona, Ginebra, San Sebastián, Normandía…- arrojan sobre los personajes, para los que el mundo que agoniza es el de su propia juventud –la muerte de la inmortalidad, en palabras del narrador-. Toda esta oscuridad confiere una ternura singular a las palabras de Althusser, quien encerrado en un psiquiátrico por matar a su esposa, exhorta a Ciro: Porque la luz es un don. […] Lo más vertiginoso de la vida es que nada se repite y que todo es como un viaje hacia no se sabe qué luces y hacia no se sabe qué tinieblas, y lo más emocionante de existir es que nada es como fue y nada es como será… Márchate inmediatamente de aquí… -rugió-. Juraría que aún no mereces el infierno.
Hay en la novela mucho de autobiográfico. Quizás el abordaje de la vida propia desde la ficción permita, paradójicamente, un acercamiento más vivo y más sincero que otras fórmulas. Sorprende al lector la distancia con la que el narrador aborda los aspectos más conflictivos de la vida de sus padres, las infidelidades, las traiciones y el deseo desbordado, sin que se perciba juicio alguno: más que matarme a mí o matar a mi madre, mi padre quería matarse a sí mismo: convertirse en otro. Todos queremos convertirnos en otro varias veces en la vida, y por eso se estaba arrojando a los brazos de la madre de mi amiga.
Las referencias a la Divina Comedia son evidentes ya desde el índice, que replica la estructura de la obra de Dante, si bien Ferrero añade dos escenarios -Mundo y Limbo- a los tres de la obra clásica –Inferno, Purgatorio y Paradiso-. El nombre de Beatriz, la al tiempo amada y odiada protagonista, es otra referencia obvia. El número nueve, favorito del protagonista, remite a los nueve círculos del infierno de la obra de Dante. Pero siendo esta la principal, la novela está plagada de otras referencias literarias, musicales y filosóficas, desde Camus, Hemingway, Fitzgerald, Cortazar y De Quincey, pasando por la poesía de San Juan, Valente, García Calvo, Gimferrer, Carlos Edmundo de Ory o Rubén Darío, hasta Barthes y sus Fragmentos de un discurso amoroso -que es quizás la otra referencia necesaria de la novela-. Algunos de ellos incluso aparecen como personajes secundarios en la novela.
Como han señalado otras reseñas, su temática, su profundidad literaria y filosófica, la construcción de personajes, su estructura, e incluso las innumerables referencias, hacen de Balada de las noches bravas una novela ambiciosa y compleja como pocas. Un texto que los espíritus agitados deberían leer con precaución.
Para finalizar esta reseña, sirvan estas palabras del autor en su otra obra mencionada: Si yo fuera un poeta chino diría que el deseo es como un jarrón que el chorro de agua nunca colma, parecido al abismo y constitutivo de la materia del abismo.


ene 19 2014

El libro de arena

Artículo escrito por: Augusto Prieto


El libro de arena se disgrega en cuentos infinitos, como los granos de un desierto habitado por páginas, por sombras, por dobles. Son relatos circulares, que no se terminan de resolver y que continuarán para siempre dando forma a nuestra felicidad y a nuestras pesadillas. En todos los cuentos, Borges produce un español sonoro, rico, preciso, que se diría recién acuñado para nosotros.
En El otro hay un banco en un parque que está en dos lugares y en dos tiempos. El protagonista es el propio Borges, el otro, también.
No son nada frecuentes las historias de amor en los cuentos del maestro argentino, sin embargo hay una en Ulrica y es hermosa.
El congreso es una organización tan ambiciosa que naufraga en su propia sinrazón, un grupo secreto como La secta de los treinta que encierra una reflexión teológica.
La avaricia en El disco, la vanidad en El soborno, son lo mismo que la venganza de Avelino Redondo, sentimientos irracionales que mueven la Historia.
El libro que da nombre al libro participa de las características borgeanas, la metáfora, la reflexión sobre la literatura, sobre el tiempo y sus mutaciones, todo se diluye en el lenguaje y se convierte en relatos.
En varios de ellos hay resonancias de las sagas escandinavas y anglosajonas que el escritor argentino tanto estudió.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Borgeano.
Tipo de lectura: Breve pero intensa.
Argumento: Parecidos en el juego y diferentes en la situación.
Personajes: Eruditos.
¿Dónde puede leerse?: En un banco, en Ginebra, a unos pasos del Ródano.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


ene 3 2014

Ulises

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Ulises es uno de los libros más importantes del siglo XX, una novela experimental en la que el escritor irlandés James Joyce juega con el lenguaje dándole forma a cada una de las técnicas novedosas que revolucionaron la escritura y que abrieron la centuria acompañadas de la propagación del cinematógrafo, del estudio del subconsciente y el psicoanálisis, y de la general divulgación de todas las obras de todas las literaturas.
La más destacada de estas técnicas es el flujo de conciencia, la simulación escrita del pensamiento humano, pero hay otras como son la descripción por acumulación, las listas; la utilización fragmentada e impresionista del discurso, el uso de la jerga, el surrealismo, la creación de palabras nuevas, y la ruptura de las convenciones de espacio, tiempo, género literario, narrador y personaje.
Con todos estos recursos, Joyce redacta lo que viene a ser el manifiesto de una nueva forma de hacer que inicia la era literaria en la que estamos.
El título nos remite a un paralelismo estructural con la Odisea de Homero que es prácticamente imposible de identificar para los lectores comunes salvo porque, de la misma manera que la Odisea es la encubierta representación escrita de un mapa del Mediterráneo, Ulises es una clara cartografía de la ciudad de Dublín.
Ulises es una novela larga, compleja, oscura y –en general- aburrida, en la que sin embargo será difícil que un lector interesado no encuentre un capítulo que le parezca insólito, ocurrente y divertido; un capítulo al menos cuyas acciones pueda comprender y que le de ánimo suficiente para afrontar la lectura completa del libro, más cuanto que se trata de una obra que no es necesario leer de un tirón. Personalmente recomendaría el monólogo de Molli Bloom editado en el capítulo 18, la fascinación enciclopédica del 17, y -para una iniciación- los atisbos de la vida cotidiana de la ciudad de Dublín en los años veinte del siglo pasado compuesta a la manera de flashes en el capítulo 10, o la impagable declaración de principios de Leopold Bloom hacia la mitad del 15:
Estoy a favor de la reforma de la moral municipal y a favor de los diez mandamientos puros y simples. Nuevos mundos en lugar de los viejos. Unión de todos, judíos, musulmanes y gentiles. Una hectárea y una vaca para todos los hijos de la naturaleza. Coches fúnebres modelo berlina. Trabajo manual obligatorio para todos. Todos los parques abiertos al público día y noche. Lavaplatos eléctricos. La tuberculosis, la locura, la guerra y la mendicidad deben cesar inmediatamente. Amnistía general, carnaval todas las semanas, con las licencias del enmascaramiento, gratificaciones para todos, esperanto, fraternidad universal. Se acabó el patriotismo de los políticos de taberna y de los impostores hidrópicos. Dinero libre, amor libre y una iglesia laica libre en un estado laico libre.
Existen infinitas críticas, ensayos y estudios que pueden ayudar al lector en la comprensión del texto y son accesibles en las bibliotecas y en la red, porque Ulises es una novela que no ha dejado indiferente a nadie, ha sido adorada o denostada hasta una exageración desde la que los lectores críticos de hoy tendemos a encontrar un cómodo término medio: no es una obra maestra homogénea e incontestable para cuya comprensión sean obligatorios todos los esfuerzos, pero tampoco el ilegible y pedante cajón de sastre de una mente enloquecida. Es una novela interesante, complicada, meritoria y decisiva.
Para los irlandeses es, además, parte de una confusa identidad nacional.

Calificación: Decisivo.
Tipo de lector: Persistente.
Tipo de lectura: Complicada.
Argumento: Diluido.
Personajes: Rocambolescos.
¿Dónde puede leerse?: Por las calles de Dublín.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.

Nota bene: La traducción de la cita es de José María Valverde.


dic 6 2013

El pabellón nº 6 y otros relatos

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

El relato principal de este volumen prologado nada menos que por el coetáneo de Anton Chéjov, Maxim Gorki, se nos presenta y digiere, como gran nouvelle que es, durante la mayor parte de las páginas de este breve, triste y magnífico libro. La Rusia decimonónica que en él se nos dibuja es más actual de lo que pudiera parecer. Un médico hace amistad con un loco, volviéndose de su contacto, tal; más allá de hablarnos de la fragilidad humana y del vanitas vanitatum que menciona, tanto André como Ivanovitch son dos seres tan humanos como incapacitados para medrar o trepar en el escalafón social en virtud de una inteligencia que, en el caso del primero debe ir acompañada de una solidaridad que le pierde, y en el segundo, de una idea de lo religioso a través de la purificación en el dolor, muy de aquel tiempo.
El relato tiene otros personajes básicos para el engranaje de la historia, pero menos principales, como son, el ayudante de André con el que entra por primera vez en el pabellón nº6 donde sólo viven cinco personas, la esposa del tedioso doctor o el nuevo jefe de zona, de quién entendemos que es el típico progre que no discute sobre las necesidades de los enfermos de ningún tipo, consiguiendo gracias a ello ascender y hacerse dueño y señor de éstos y aquellos lares.
En El hombre enfundado, Chejov convierte la preocupación por la educación y el que dirán en motivo de asfixia existencial, siempre con la misma delicadeza y lirismo.
Construido a través de la imagen de un aristócrata que deshace una fruta para comérsela con nocturnidad y sin que nadie lo vea, el narrador de La grosella empieza a jugar a engañarnos desde la autocrítica no sólo a su hermano, sino a él mismo, hombre en principio probo como André, que no sabe utilizar su propia honradez.
Por último, Del amor, más incluible en el libro El beso y otros relatos, nos habla de los celos de un trabajador empeñado en pagar las deudas de su padre y sobrevivir, mientras la mujer del vecino se casa con un obeso acomodado.
De nuevo, la mano en la traducción de Ricardo San Vicente, hace que ésta de Alianza sea una edición cuidada, nada convencional ni acomodaticia de este bien elegido surtido de cuentos más de hoy que de ayer.

Calificación: Extraordinarios.
Tipo de lectura: Literaria.
Tipo de lector: Cualquiera.
Argumento(s): Enjundiosos.
Personajes: Inolvidables.
¿Dónde leerlo?: En cualquier lugar, sin reparos.
¿Dónde comprarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


oct 8 2013

Los nombres

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Una vaga trama de asesinos obsesionados con el lenguaje da pié al escritor norteamericano Don DeLillo para hacer un retrato del mundo al inicio de la década de los ochenta del siglo XX. Un retrato que nos da las claves para entender todos los acontecimientos que sucedieron después.
Se destaca así como escritor de la contemporaneidad. Construyendo la historia como algo multiforme, multicultural, caleidoscópico. Con una manera impresionista y visual de trabajar los diferentes momentos de la novela. Mediante la conversión de lo lejano en próximo, de lo exótico en cotidiano. Por una aparición súbita –no por menos latente- de una agresividad que domina todas las relaciones.
Choque de civilizaciones. Alguien después le puso nombre.
Es un mundo convulso y hostil para los estadounidenses que, no obstante, tejen sus turbios manejos alrededor del planeta. Élites expatriadas en movimiento perpetuo.
Y de aquellos polvos vienen estos lodos.
Es una novela muy compleja. Funciona mejor en la formulación de una crítica o la producción de una reflexión del lector sobre el mundo moderno –las sociedades interconectadas- que en la composición de unas tramas entrelazadas y muy sutiles que a veces se escapan de la atención del lector, sumergido como está en un océano de lenguaje, de signos contradictorios, y de rupturas inesperadas de los parámetros de espacio-tiempo.
El complicado triángulo formado por un matrimonio roto pero reunido por un hijo, un niño bastante especial, aporta el conflicto íntimo en una novela en la que todas las partes parecen relacionarse de alguna manera. No nos queda claro de cual.
Muy interesante en cualquier caso.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Con ganas de intensidad.
Tipo de lectura: Espesa.
Argumento: Evanescente.
Personajes: Peculiares.
¿Dónde puede leerse?: De viaje por el mundo, de avión en avión.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


oct 2 2013

La verdad de las mentiras

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Las ficciones las pueblan gentes, tanto desde el punto de vista de quién las hace, las lee, las protagoniza o las vive, según sea esta experiencia así viviremos el acto de leer, que en cualquier caso nos convertirá en diferentes o indiferentes. El Premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa, nos presenta su propio canon literario (que diría Harold Bloom) en forma de curso de lectura crítica inolvidable, ya que cuando son las imágenes las que narran, parece que nos encontramos con la secreta objetividad que las pueblan; llevar este ideario a la necesidad de contar con palabras lleva a una lucha entre antagónicos por el que vemos deslizarse lo sombrío y lo brillante de una forma subjetiva; se invita de este modo a ver todo relato escrito como una decisión escogida desde la ideología y la moral, describiendo una trayectoria que va de fuera hacia dentro y desde la que se trata de practicar el humanismo, esa historia de las ideas y el pensamiento practicable según la vida de persona(je)s escogidos.
A lo largo de treinta y seis ensayos que tratan de no hacer la vista gorda sobre lo más significativo, se nos presentan en orden cronológico, desde la vetusta y modernísima El corazón de las tinieblas, antecediéndonos en los orígenes que van más allá de la locura del viaje de un occidental al Congo, tierra subabastecida que hace nacer por el clima y la aventura los horrores de lo considerado salvaje, hasta Sostiene Pereira del ya fallecido escritor Antonio Tabucchi, una fábula sobre el poder de lo pequeño y sencillo, a través de las que se evoluciona hacia maneras más globales de contar.
Son dos los autores sobre los que repite ensayo: Graham Greene y Ernest Hemingway; del primero se concluye que tuvo la mala fortuna de, a pesar de haber escrito mucho y bien, no culminar en obra maestra algo que tuvo bien cerca con El fin del romance; Hemingway, en cambio, considerado a sí mismo hombre de acción que escribía, asociaba el éxito literario al personal, sin tener en cuenta sus oprobiosos esfuerzos más en París era una fiesta que en The sun also rises.
Tampoco se obvia la importancia de obras más vanguardistas o experimentales, como Nadja de André Breton, u otras de rango intermedio como los de la feliz hada madrina Isak Dinesen o las magníficas novelas corales, Un mundo feliz, American Transfer o La rebelión de los animales de Orwell, todas ellas corresponsables de la disipación de ideologías que quizás en ciertos casos no eran las de su autor.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Amante de la literatura y otros puntos de vista.
Tipo de lectura: Agradable, además.
Argumento: Clásicos de a partir del siglo XX convenientemente desmenuzados.
Personajes: Todos y uno.
¿Dónde leerlo?: Dando la vuelta al mundo en avión.
¿Dónde se puede comprar?: Pídelo en tu librería habitual.


ago 31 2013

La niebla, tres veces

Artículo escrito por: Augusto Prieto

La niebla porque aparece siempre, tres veces porque son tres novelas cortas las que se presentan. Ya habían sido publicadas por separado.
Cada una de ellas es una gran metáfora.
La escritora se delata al hablar de un acertijo al borde del significado.
Menchu Gutiérrez utiliza la visualidad en su escritura, la capacidad de usar las palabras para contar una historia con imágenes. El lector deberá dejarse llevar y buscar similitudes con su vida, parecidos sucesos a ese mundo simbólico.
La soledad, el miedo, el aprendizaje, la carga culpable de la religión. Todo eso está en Viaje de estudios, un relato que consigue desasosegarnos.
En La tabla de las mareas se habla sobre el bien y el mal, lo oscuro y lo luminoso, las dos orillas de la vida, las edades del hombre y de la mujer. Son visiones poéticas que nos transmiten sensaciones en un mundo dual.
La mujer ensimismada es un juego zodiacal. Un libro de horas lleno de miniaturas. Vidas, situaciones, intimidades. Interiores. Se basa en una tradición de símbolos. Abre para nosotros la puerta hacia prodigios que se producen sin que haya ojos para contemplarlos. Como espejos abandonados.
La de Menchu Gutiérrez es una de las prosas más bellas de la literatura. Diferente, independiente, imaginativa.

Calificación: Extraordinario.
Tipo de lector: Cualquiera con cierto espíritu poético.
Tipo de lectura: Singular.
Argumento: Intimista.
Personajes: Sensibles.
¿Dónde puede leerse?: En la niebla.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual


ago 27 2013

Luz de Agosto

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Leer a William Faulkner es encontrarse con la literatura, con el auténtico arte de escribir. Tal y como están las cosas, es reconciliarse con todo ello.
Creo que fue Arturo Pérez Reverte el que acusó -a los escritores españoles de una época concreta- de seguir a Faulkner para quedar bien, de leer sus novelas y cuentos porque así quedaban dentro del círculo de los escritores de alto copete. Digo acusó porque lo afirmó con bastante mala baba. Y, una de dos, o no ha leído a William Faulkner o, si lo ha hecho, no se ha enterado de nada.
Leer a este autor es un trabajo duro, entenderle todavía lo es más, comprender el sentido del humor que utiliza este autor sólo está al alcance de los que no se toman en serio ni el mundo ni a sí mismos ni, por supuesto, la literatura. Porque el mundo construido por Faulkner es grandioso, es gracioso, es profundo, es odioso. Es nuestro mundo disfrazado con harapos. Un universo atrapado por un aliento en la escritura difícil de seguir, por un tono altísimo en el que cada palabra elegida parece que estuviera allí esperando a ser utilizada; un universo plagado de personajes llenos de aristas, de escenarios retorcidos sobre su propia decadencia, de muerte, de ignorancia, de desidia.
Luz de Agosto no es el libro más difícil de Faulkner. Ni el mejor. Pero en cada página se puede encontrar más literatura que en libros enteros. La trama policial ayuda a que el ritmo de lectura no sea duro en exceso y, sobre todo, la voz creada por el autor nos lleva de un lugar a otro sin esfuerzos añadidos. Una voz de alternancia limitada que va de personaje en personaje para que, desde el núcleo argumental, crezca un mundo entero en el que cada cosa aporta sentido a otra. El movimiento del foco que realiza el autor es espectacular, definitivo. Porque el narrador se acerca o se distancia para aportar luz suficiente en cada pliegue de los personajes. Leer esta novela y pensar que lo importante es la trama es un error. Lo fundamental está detrás de cada alma dibujada.
Un aspecto técnico muy interesante de la novela se encuentra en las zonas en las que se representan los flujos de consciencia de los personajes. Los precede un monólogo interior que da paso a ese flujo que abre las puertas de la psicología de cada personaje. Se reconocen por la letra cursiva (innecesaria aunque el autor la utiliza).
El final de la novela delata lo que era Faulkner escribiendo: ironía pura.
Luz de Agosto es una novela imprescindible. El que quiera comprender en qué consiste la creación de un personaje en toda su dimensión no debe dejar de leerla. El que quiera comprender en qué consiste la creación de un universo no debe dejar de leerla. En realidad, nadie debería dejar de leerla.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Una novela de Faulkner exige una lectura atenta.
Tipo de lectura: Debería gustar a todo el mundo.
Personajes: Perfectos.
Argumento: Todo en este mundo se reduce a lo que el individuo es.
¿Dónde puede leerse?: En Yoknapatawpha. Existe en cuanto se abre el libro. En la literatura de Faulkner siempre está aunque la acción no suceda allí.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.