abr 15 2014

Pascal Quignard: Desnudando palabras

Artículo escrito por: Javier Almodóvar

Pascal Quignard nació en Verneuil-sur-Avre (Francia) en 1948, en el seno de una familia de gramáticos y músicos. Se cuenta de él que de niño fue un poco autista en dos ocasiones y que en la primera de ellas fue su tío –que había sido prisionero en el campo de concentración de Dachau– quien le volvió a enseñar a hablar. Es licenciado en filosofía y lenguas clásicas. Fue editor en Gallimard durante veinte años. Ha sido profesor de la Universidad de Vicennes y de la Escuela Práctica de Estudios Superiores en Ciencias Sociales. Fundó el Festival de Ópera y Teatro Barroco de Versalles junto con el desaparecido presidente francés François Miterrand. Desde que dimitió de todos su cargos en 1994 se dedica solo a la escritura. Es autor de numerosas novelas (El salón de Wurtemberg, Todas las mañanas del mundo, Las escaleras de Chambord, Terraza en Roma, Las tablillas de boj de Apronenia Avitia) y tratados (Pequeños tratados, Lección de Música, El odio a la música: diez pequeños tratados). En 2002 obtuvo el premio Goncourt (el más prestigioso de los premios literarios franceses) por Les ombres errantes, primer tomo de la obra titulada Dernier royaume. A raíz de la edición de esta última, Quignard declaraba: “Para mí es importante que una idea esté íntimamente ligada a la vida que uno lleva. En este libro explico con claridad mi voluntad, respecto al mundo contemporáneo, de crear un lugar solitario y ensalzar allí la inseguridad de pensar, cuando las sociedades en que vivimos preconizan lo contrario. [...] Odio todos los valores que están resurgiendo”.
Ese lugar solitario del que habla el autor no es la fortaleza ni el palacio; tampoco es la torre; es la casa del eremita, del anacoreta, de aquel que, alejado del grupo, ha renunciado a lo social para poder ver –y verse– con claridad –que no con certeza–: “El odio a la ciudad y el alejamiento que conlleva son los primeros pasos de la sabiduría”. No se trata de la huida; se trata de la purificación. Ese lugar alejado, solitario, individual, es el único espacio donde es posible el doble viaje que exige el conocimiento: hacia el interior y hacia el pasado –hacia el interior de la experiencia, de lo sentido, de lo vivido, hacia el mundo antiguo, hacia el mundo prehistórico, hacia el prelenguaje original en el útero materno–. Todo lo hermoso que nos ocurre, toda experiencia trascendente, todo lo que nos conmueve, nos sucede al margen de la sociedad, al margen del lenguaje que esta impone. Solo en esa circunstancia se puede desarrollar un amor total: “El amor es la relación interhumana en la que la sociedad no es mediadora. [...] Por eso el amor, según todos los mitos, es una escena negativa ”.
Los tres textos que aquí se reseñan hablan del sexo, del amor, del arte y del lenguaje –en cualquiera de sus formas–. Si uno quiere –como Quignard– acceder a lo unitario, ha de renunciar a lo específico. Por eso en esta casa, esta domus literaria, no hay material ni disciplina que no sean útiles: la etimología, la antropología, el taoísmo, el haiku, la filosofía, la etología, la musicología, la psicología, y, sobre todo, los textos griegos y romanos, sus pinturas–. Por la misma razón todas las herramientas son necesarias. No es posible ceñir el discurso a un solo vestido: ensayo, biografía, poesía, novela, cuento, mito. Su perseverante y poderosa escritura anuda con paciencia ideas y palabras para dar origen a una asombrosa construcción de difícil catalogación y hechizante fuerza expresiva que nos habla del origen de nuestra fascinación sexual, del deseo, de lo que somos y no somos capaces de decir, de la manera en que nuestro lenguaje y nuestros mitos se relacionan con nuestra sexualidad original y la normalización social que, históricamente, ha venido a suplantarla. En ese sentido, los textos nos hablan del viaje que va desde el “erotismo alegre de los griegos a la melancolía aterrada de la Roma imperial” –de la que somos herederos–. Se trata de una de esas obras frente a las que la erudición mella su espada; una obra que obliga al lector –y exige al crítico– a medirse con algo inédito. El resultado es un texto que hace que el lector, al volverse hacia su saber, se encuentre por sorpresa con un antiguo pergamino, un grabado que, custodiado en un museo, contiene un mapa centenario, milenario, salpicado de monstruos míticos, de fronteras inciertas, de proporciones imposibles, ingenuas, deformes: un conocimiento envejecido de repente.
Su concepción de la sexualidad masculina, del amor y del arte parte de una premisa fundamental a partir de la que edifica su original discurso: “Llevamos en nosotros el desconcierto de haber sido concebidos. No hay imagen que nos afecte que no nos recuerde los gestos que nos hicieron”. Cualquier lengua oculta en su seno una reacción, una postura singular frente a este hecho fundamental que de ninguna manera es posible soslayar. Partiendo de esa proposición, el narrador indaga en las lenguas griega y romana con el fin de desvelar la trama que urdió cada una de ellas con el fin de socializar una solución específica capaz de enfrentarse al enigma. En el origen de la escritura de Quignard está la convicción de que el lenguaje de la modernidad, legatario de aquellas lenguas antiguas, nos ha alejado de algo verdadero que habitaba en nosotros para instalar en su lugar un artificio sospechoso: el lenguaje ha olvidado aquello que nombró un día y que necesitamos nombrar de nuevo para saber qué somos y cómo hemos de vivir. Para ello hay que volver al núcleo, al origen, a la escena originaria, central, determinante. Hay que incitar al lenguaje a confesar su origen, su procedencia, sus antecedentes. Para lograrlo Quignard prefiere los métodos del interrogador a los del investigador académico, prefiere poner un foco sobre la palabra y empujarla hasta hacerla hablar. Quignard consigue incorporar a su escritura aquello que advierte en las pinturas del griego Parrasio de Éfeso, “el pintor que añade el fantasma a la visión de lo visible”. La consecuencia es inmediata: “leer es seguir con los ojos la presencia invisible”.
El sexo y el espanto comienza con una reflexión acerca de la palabra romana fascinatio, derivada de fascinus (sexo masculino). Este patrón se repite a lo largo de su escritura (tanto en este texto como en Vida secreta): la reflexión del narrador arranca en una palabra enigmática, en la descripción de una pintura, una anécdota encontrada en un libro de la Antigüedad. A partir de ahí la meditación del narrador irá hilvanando ideas, escenas, imágenes, en busca del sentido originario y su relación con la sexualidad o la muerte: “el fascinus atrapa la mirada, que ya no podrá apartarse de él”. En el texto resurge la palabra de Lucrecio, de Suetonio, de Cicerón, de Aristóteles, de Tiberio, de Ovidio, de Virgilio, de Chuang-Tze,  Es prodigiosa la capacidad del narrador para despojar de su literalidad a la palabra elegida, la frase presentada, la imagen mostrada, y exponer a cambio su reverso: ese otro polo que, desde la invisibilidad de esa imagen que nos falta (el momento de la concepción en cada uno de nosotros), ejerce su influencia sobre lo visible, sobre el signo. Mediante el mismo procedimiento Quignard arma su discurso acerca de la pintura romana a partir de una sola palabra: augmentum. “Celio decía que había cuatro etapas en las enfermedades: el ataque (initium), el acceso (augmentum), el declive (delinatio), la remisión (remissio). El momento de la pintura es siempre el augmentum”. Según el narrador, la sexualidad romana y, por tanto, la manifestación artística, está ligada a un terror: “A los antiguos romanos les aterraba la operación misma de ver, el poder (la invidia)  que podía ejercer una mirada de frente. Para los antiguos, el ojo que ve arroja su luz sobre lo visible”. El romano, al enfrentarse al enigma, ve la muerte: “La fascinación significa lo siguiente: aquel que ve ya no puede apartar la vista. En el cara a cara frontal, tanto en el mundo humano como en el mundo animal, la muerte petrifica”. Esta postura acaba por influir en toda manifestación artística: “Un hermoso texto se oye antes de sonar. Es la literatura. Una hermosa partitura se oye antes de sonar. Es el esplendor preparado de la música occidental”.
“Complicada es la vida propia de los hombres porque doble es su origen. Biológico y cultural. Sexual y lingüístico. (En cualquier caso, polarizada dos veces por dos polos: macho-hembra, significante-significado)”. La escritura de Quignard trata de iluminar la estrecha interrelación que existe entre cada uno de los polos. En uno de los capítulos de Vida secreta se relata la fábula del inuit Nukarpiatekak, un cazador de focas que ya no caza, que ya no pesca, que ha descuidado su kayak y su aseo, que ya no habla más que cuando está en soledad y procurando usar una lengua distinta a la que usan los demás. Un día oye hablar de una mujer de una belleza extraordinaria. Nukar se lava, arregla su pelo y su barba, restaura su kayak y se aventura aguas arriba en el río, como hace el salmón que vuelve al lugar de su nacimiento para desovar. El inuit rema hasta que al tercer día llega el lugar donde se encuentra la mujer. Para callar a los perros que ladran, Nukar grita: “!No soy un fantasma!”. Al ver a la mujer, Nukar cae desmayado hasta tres veces. Cuando recupera el conocimiento, todos han están durmiendo, menos la mujer, que le ha preparado una cama. Nukar se tumba sobre ella y la penetra; hunde su cuerpo en el de la mujer mientras da un gran grito. Al amanecer, no hay rastro de Nukar. La mujer sale de iglú, ríe, se esconde detrás de un montículo de nieve y se pone a orinar. “El cazador de osos es reabsorbido en la propia noche, la noche primigenia, en el sexo femenino de la cueva originaria donde la misma escena de fusión lo ha concebido y lo ha metamorfoseado en cuerpo”.
En sus tratados (si es que se puede llamar así a El sexo y el espanto y Vida secreta, dos obras de gran unidad temática y estilística) el lector de Quignard asiste una y otra vez sorprendido a la reflexión en marcha de un yo poético que maniobra su ejercito de palabras con la valentía y la confianza de quien, conocedor de sus posibilidades creativas, prescinde del manual de táctica literaria. Asistimos al despliegue de una escritura que reflexiona, investiga, recupera, asocia, juega, rodea, propone, argumenta y concluye hasta que ambos, texto y lector, sucumben a la fulguración que causa el hallazgo de un aforismo tan certero como inesperado, hasta la epifanía del conocimiento –mejor sería decir reconocimiento– encarnado en una palabra cuyo sentido originario ha sido iluminado, desenterrado, redescubierto, restaurado. Se trata del reencuentro con el hombre antiguo, con su conocimiento y su sabiduría; un saber más verdadero que aquel del hombre moderno –que vive atrapado dentro de lo social–. La obra de Quignard es una exploración en busca del evasivo desfiladero que lleva del significante al significado: “El hombre es una mirada deseante que busca otra imagen detrás de todo lo que ve [esa imagen originaria que nos falta]”. Hay que perseguir aquello que antecede al lenguaje, ese algo trascendente e inaccesible que el lenguaje quiere atrapar y que constituye el único objetivo legítimo de toda escritura verdadera: “No podemos pasar por alto lo preverbal y lo prehumano sobre cuyas espaldas eso que los griegos llamaban lógos y los romanos ratio, y eso que tanto griegos como romanos llamaban ego no son más que moscas”. Imposible de alcanzar, el narrador ha de medirse con ello. Y sin embargo, este esfuerzo titánico está amenazado por la trampa del lenguaje: una vez que el lenguaje ha nombrado, se vuelve obstáculo para alcanzar aquello que nombra, como la lava que “incesantemente empuja, incesantemente desordena, incesantemente aterra. Pero incesantemente se petrifica de inmediato al contacto con el aire libre. La lava tapa su acceso a ella misma, se petrifica en las obras, se academiza en el lenguaje, se ennegrece y se opaca al secarse.” Lo que propone el narrador se acerca a lo musical: lo significativo no es lo dicho; lo significativo es el momento preciso en que el sentido se insinúa por mediación de la palabra: “Sufrir la acometida de la visión, hacer el viaje no es lo esencial del arte: hace falta esa pizca de valor adicional para regresar y anotarlo”. Y para ello “Todo artista debe acceder a perder la vida”.
“El amor es eso: la vida secreta, la vida alejada y sagrada, la vida apartada de la sociedad”. La experiencia siempre precede a la sabiduría. Vida secreta es un esfuerzo por descifrar el poso que dejó un amor furtivo, extremo, iniciático, localizado en un pasado lejano –y por eso mismo mítico–, un esfuerzo por aprehender lo que queda de él, por interpretarlo, por examinarlo, por comprenderlo, por acceder a esa forma de inteligencia –de conocimiento– que es el amor. Se trata de un amor alejado de toda interferencia: un adulterio, amor al margen de la sociedad, de la familia, amor secreto, inconfesable, un amor entre músicos, amantes que acaban por renunciar a la palabra, que se aman en silencio, un amor que finaliza abruptamente, sin explicaciones. “El amor como rechazo al tercero, como tercero excluido [...], excluye el lenguaje y condena a los amantes al silencio total, exclusivo, so pena de muerte”. Lo que hace especial ese amor es la circunstancia: se trata de una muestra singular, irrepetible, una oportunidad para profundizar en la verdadera naturaleza del amor cuando este se aleja del lenguaje, de lo social. Una posibilidad de mirar al sentimiento sin la dictadura del lenguaje. Usar el lenguaje para dejarlo atrás, para encontrar el silencio capaz de eludir la trampa. Hay que buscar ese “el silencio [que] ha dejado de ser un callarse”.
En La frontera Quignard se ciñe a un patrón clásico –el cuento– para aproximarse de nuevo a las cuestiones que ocupan su literatura. El relato se desarrolla en Portugal en 1640 y cuenta la historia de la joven y bellísima Luisa de Alcobaça y del señor de Jaume, amigo del rey. El señor de Jaume siente una poderosa fascinación por Luisa desde que esta era niña. El rechazo a su petición de mano y la boda de Luisa con un joven portugués desvían esa fascinación hacia un resentimiento cada vez más enfermizo. La fascinada y enturbiada mente del señor de Jaume idea una estrategia para apoderarse de la mujer: se gana la amistad del esposo hasta que este lo cree un hermano. Un día, durante una cacería, lo asesina simulando un accidente –Eros y Tánatos–. Para vencer a la mujer, pone su dolor de amigo a la altura del dolor de la viuda: lo consigue: Luisa cede y se entrega. Tiempo después y confiado en lo definitivo de su conquista el señor de Jaume confiesa su crimen a la mujer. Luisa lo emascula y se suicida. El señor de Jauma se consume. Un día, incapaz de asumir la doble pérdida de la virilidad y de la fascinante, acaba con su vida arrojándose por el balcón. El conde de Mascarenhas, amigo del señor de Jaume, recibe la orden del rey –preocupado por las consecuencias políticas– de no hablar nunca del asunto. Para sortear la orden del rey sin faltar a su palabra, el conde de Mascarenhas encarga –mediante la argucia de sustituir su voz por unos dibujos– unos azulejos de cerámica pintados en los que se relata la historia. El silencio del arte se ha impuesto. La frontera es un relato que habla de la difícil frontera que define lo humano, una frontera simbolizada en el jardín creado por la mano del hombre y que se adentra en el campo sin que se pueda distinguir dónde acaba uno y dónde empieza el otro; un relato por el que desfilan dioses y mitos, heredero de una de las obras más grandes que nos ha dejado la Antigüedad: las Metamorfosis de Ovidio, “el libro universal que trata sobre esa antropomorfosis tan inestable y angustiosa que compone la escasa humanidad de lo humano [...] esas metamorfosis que nos hacen ver un nosotros mismos aún más verdadero que nosotros mismos en un toro o un lobo”. La animalidad simbolizada por la afición del señor de Jaume por enfrentarse al toro –el animal mítico– y la muerte del esposo causada por las fauces del jabalí. Los dos polos simbolizados por el espejo en el que se mira la joven Luisa: espejo por un lado y una pintura por el otro: Judith oronda cortándole el cuello a Holofernes dormido. Un relato que plantea el mismo enigma que la obra del sabio de la Antigüedad: ¿dónde comienza eso que llamamos lo humano?
Ferviente admirador de los Ensayos de Montaigne y de los cuentos de Las mil y una noches, Quignard pretende publicar diez, quince, e incluso otros veinte libros con la intención de reunir todos los aspectos de la experiencia que la tradición ha olvidado transmitir. “Ya he previsto un libro sobre la búsqueda de lugares maravillosos que se llamará Les paradisiaques. Otro, Les sordissimes que reunirá todo lo relativo al discurso, lo que Bataille llama la parte maldita y que abarca desde las recetas de cocina hasta los coches de juguete pasando por los caramelos. También escribiré sobre las estaciones del año, las edades, y las horas. No sé cuántos tomos escribiré. No quiero que mis declaraciones me aten. Lo cierto es que moriré con este proyecto bautizado Dernier royaume, es mi manera de decir que el segundo mundo (siendo el primero uterino y prenatal) es el último, que no hay otra vida”, explica el artista entusiasmado.


mar 23 2014

Las experiencias del deseo, Eros y Misos

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

El novelista zamorano, Jesús Ferrero, autor de Belver Yin, deviene en ensayista para describirnos con prolijas citas el lado más oscuro del amor, a través de una búsqueda que propicia a su vez el autoconocimiento. Nuestra sociedad propensa al caos que pueden impulsar desde la mente y el cuerpo a enfermedades y estados de ánimo difíciles de considerar sanos, como la anorexia o la depresión y también estados profundos de desesperación con los que se juega aquí, propiciando a pesar de todo cierta mirada compasiva hacia los pacientes de las mismas.
Quedarnos en ocasiones en la caverna de Platón supone no sólo matarse en vida, sino no entender en su plenitud los procesos a los que nos sometemos diariamente; pero es que ni siquiera Nietszche fue capaz de formular con el eterno retorno una teoría legible hoy más que bajo los presupuestos de Deleuze, uno de sus mejores conocedores.
La melancolía previa y en general el sufrimiento y el hacer sufrir son rasgos que prueban que amar y ser amado duelen, y que eros trabaja para, a la vez, convertirnos en animales e individuos.
Los capítulos referidos al odio y la muerte permiten definir el sadismo en las relaciones como parte fundamental, un pilar del misos al que se debe acostumbrar todo bicho viviente, si quiere ser así llamado. Todo ello con la intención de la lucha por el poder, que n es más que una pasión, producto en muchos casos de vanidades extremas.
Pero el odio se focaliza también como decíamos mucho en uno mismo. Esto lo saben bien los antiguos anacoretas que hoy sufren en sus casas de hastío, tedio e incluso drogadicción, deviniéndose la vergüenza y la culpa en casos patológicos agudos y acabando posiblemente en pena negra en los casos crónicos.
Algo realmente aliente de este ensayo es que no moraliza sobre estos estados, que empiezan en la libre embriaguez de los sentidos, ya sea tóxica o no, para simplemente describirnos hipotéticas causas. En este sentido el autor mira a una realidad que no tiene por qué ser propia, de una forma a su vez bondadosa y legítimamente inevitable e implacable para el ser.
Es éste un terreno el acometido, donde eros y misos juegan al mismo lado, del mismo lado se dan fe y se apremian, aglutinando y contradiciendo experiencias; la causa puede encontrarse, sin querer teologizar, en la Biblia, cuando Dios expulsa del paraíso terrenal a sus primeros habitantes por haber cometido un pecado que al fin y al cabo tampoco les hace tan diferentes.
Hondo y preciso en sus divagaciones sobre el amor, el odio, sus calamidades y grandezas, si es que éstas se pueden transdefinir más allá de un sentido profundo, cosa que en muchos casos es difícil de dilucidar.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Buscador más del lado oscuro que del claro de las relaciones.
Tipo de lectura: Contundente.
Argumento: Eros, misos y sus procesos hoy.
Personajes: Grandes pensadores.
¿Dónde leerlo?: Lejos de un hospital o una cárcel.


feb 23 2014

Historia torcida de España

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Historia Torcida de España es uno de los libros más divertidos que ha leído en los últimos tiempos el que escribe. Después de terminar este ensayo gamberro, transgresor y disparatado, uno puede afirmar que vive en el país en el que más cosas ridículas han sucedido del mundo entero.
El autor, Javier Traité, no deja títere con cabeza. La monarquía es tratada desde el humor más ácido para dibujar un retrato (mucho más exacto de lo que podría parecer) del grupo de hombres y mujeres más desastroso que jamás se haya conocido. Los políticos no se libran. El español de a píe aparece como ese tipo de persona que sólo puede ser un ser humano con pasaporte, eso, español.
Desastre tras desastre, situación absurda tras situación más absurda todavía, las 508 páginas pasan sin que el lector sienta fatiga alguna.
No es un libro con grandes pretensiones estilísticas o profundidades sesudas. Tan sólo se repasa una historia repleta de meteduras de pata, de casualidades que costaron muchos kilos de oro expoliados en América o de momentos históricos que antes nos vendían como lo último en heroicidad y resulta que no lo fue  ni de lejos.
Se perdonan las repeticiones en la estructura sintáctica y el uso excesivo de frases hechas que parecen demasiadas al aparecer más de la cuenta. Y se perdona porque el rato que el lector pasa con el libro en las manos es delicioso.
El ejemplar del que dispongo se adorna con un bonito 3ª edición. No es de extrañar. Porque si un lector cualquiera quiere dejarse de problemas, de asuntos hondos y trascendentes, de cosmologías o políticas o disgustos, lo que tiene que hacer es agarrar Historia Torcida de España y dejarse llevar. Digamos que es leer sobre la crisis de España que comenzó en el minuto uno de su historia y que ahora tenemos hasta en la sopa. Pero con esta te ríes mucho.

Calificación: Muy, muy, divertido.
Tipo de lectura: Fácil.
Tipo de lector: Español de pura cepa.
Argumento: Spain.
Personajes: Unos tipos con patillas anchas.
¿Dónde puede leerse?: El lugar ideal es frente al Palacio Real de Madrid.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


feb 2 2014

Ojo de loca no se equivoca

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Pero aquí se han equivocado todas. El autor eligiendo un título llamativo, pero inconveniente. El editor aceptando una portada absurda, e imponiendo un chiste de la contraportada de dudoso gusto.
Y sin embargo lo que encontramos no tiene nada que ver con esta chabacanería.
Leopoldo Alas elabora varios artículos que ya había publicado en diversos medios escritos y les de la forma de un ensayo, divertido, pero concienzudo y, sobre todo, lúcido y desinhibido, que profundiza en la teoría queer, y muestra la forma en la que los gays se piensan a sí mismos, los que piensan, claro.
Alas tiene el ascendiente de ser un hábil articulista, además de otros ascendientes; gay declarado, conocedor del ambiente de Madrid en unos momentos cruciales: los últimos años de la Movida, y la conversión de Chueca en un mito tras el ímpetu de los primeros Orgullos. El paso del interior del armario a la sociedad mediatizada. Una persona conectada, además, con los ambientes culturales y artísticos.
Y ya han pasado diez años por este libro sin afectarle demasiado.
Porque es un ensayo serio, incluso desde una visión muy irónica, humorística a veces; apoyado en el trabajo de campo, en reflexiones interesantes y estudios documentados.
Es también la crónica de una generación con la forma de un pequeño estudio sociológico sin pretensiones, pero no por eso sin valor, que servirá a los heterosexuales a entender algunas cosas y a los homosexuales a reflexionar sobre otras. Y a los demás a aclarar sus ideas.
Leopoldo Alas murió prematuramente en 2008. Supo estar a la altura de un nombre, y reinventándolo, reinventarse dejándonos un interesante testimonio.

Calificación: Interesante.
Tipo de lector: Lúdico y reflexivo.
Tipo de lectura: Divertida e informativa.
Personajes: Los gays y alrededores.
¿Dónde puede leerse?: En el café Figueroa.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual.


ene 6 2014

Siete noches

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Siete noches son siete ensayos, siete conferencias dictadas por Jorge Luis Borges que giran en torno a los temas más queridos por el escritor argentino, sobre los que aporta interesantes reflexiones aderezadas con su experiencia personal, su profunda erudición, y su capacidad lectora.
Tienen el tono culto, pero irónico y cercano, que se espera de un conferenciante.
La más conmovedora es quizás la que habla sobre una circunstancia personal, La ceguera, que le lleva de lo particular a lo general, de la desgracia a la compensación, de los placeres del mundo a la vida interior.
Hace una interpretación personal de La cábala y El budismo en otros textos que ayudarán al lector a situarse en esos sistemas, y que son eficaces por la capacidad de condensación con la que están compuestas.
Sabemos que Las mil y una noches y La divina comedia son parte inseparable del universo borgeano, el propio autor nos desvela porqué, qué ha encontrado en esas obras que le fascine.
También analiza los resortes de La poesía, algo destacado viniendo de un maestro.
El estudio sobre La pesadilla y sus mecanismos, sobre lo literario en los sueños y las pesadillas en la literatura, sobre sus pesadillas que crearon literatura es quizás, por lo infrecuente, el que yo encuentro más sugerente. Interesantes son todos.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Cualquiera con necesidad de cultura.
Tipo de lectura: Amena.
Argumentos: Variados.
Personajes: Él.
¿Dónde puede leerse?: En la gran sala de un ateneo.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


dic 30 2013

Cómo gobernar un país (Una guía antigua para políticos modernos)

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Leer las obras clásicas parece que se ha convertido en algo reservado a eruditos, estudiantes que no tienen más remedio que hacerlo por cuestiones académicas, o a cuatro locos que siguen leyendo todo lo que les cae entre las manos. Sin embargo, leer a los clásicos debería ser algo obligado, algo imprescindible para todo estudiante, para toda persona que quiera tener un criterio bien construido o para cualquier loco lector. Pensar que los clásicos dijeron cosas sin importancia o alejadas de nuestra realidad es una torpeza absoluta. Deja perplejo a cualquiera lo extraordinariamente modernos que resultan los textos escritos por griegos y romanos. En curioso pensar en las miles de personas que andan buscando una modernidad que nos espera desde hace siglos en las bibliotecas.
Marco Tulio Cicerón fue un gran estadista romano. Antes de morir, dejó escritos textos excelentes que, en parte, se recogen en este libro que han titulado Cómo gobernar un país (Una guía antigua para políticos modernos), comentados por Philip Freeman. La edición es bilingüe (castellano – latín, claro), así que los pocos que son capaces de leer en latín, lo pasarán en grande. En cualquier caso, en castellano, los textos son magníficos puesto que la traducción es muy buena.
Lo que dijo Cicerón sigue siendo útil para cualquier sociedad, para cualquiera que tenga la gran responsabilidad de dirigir un país. Los textos elegidos hablan del derecho natural, de las dotes de mando, de la corrupción y sus consecuencias, de cómo tratar a los enemigos, del arte de persuadir y la necesidad de ceder. Cicerón se muestra como un hombre íntegro, sabio y sensato.
El libro es una recopilación estupenda que los políticos deberían llevar siempre en la cartera. Y los que no lo somos, también. Para saber hacer, para saber exigir. Pero, sobre todo, para hacerlos nuestros.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Rápida, amena.
Tipo de lector: ¿Políticos? No sé yo si querrán leer estas cosas. Si alguien lee con frecuencia, este libro es obligado.
¿Dónde puede leerse?: A las puertas del Congreso o del Senado. A las del ayuntamiento. Incluso junto al despacho del jefe.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


dic 9 2013

Madrid Arquitectura

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Alberto Martín de Lucio, arquitecto de profesión, firma este divertido y curioso libro que sirve para profesionales aunque, también, para desconocedores de las técnicas arquitectónicas e interesados en conocer la ciudad de otro modo. Podría parecer un libro puramente técnico y, sin embargo, el lector descubre pronto que puede ser un trabajo accesible. En realidad, es una guía de Madrid centrada en un aspecto muy concreto de la ciudad.
Tras un breve prólogo del autor, el lector se encuentra con cientos de fotografías de los edificios elegidos para lograr el objetivo que no es otro que echar un vistazo a la arquitectura de la ciudad; si lo prefieren, mirar la ciudad como conjunto de arquitecturas y evoluciones que se conforman como una sola cosa. Fotografías, direcciones y una breve explicación de lo que representan esos edificios, de los materiales utilizados en su construcción, de sus ornamentos.
Se divide Madrid en tres partes. Son los ejes de Castellana, el de Gran Vía y el de la M-30, los que configuran la estructura del libro. La M-30 como límite entre la rigidez del centro de la ciudad y la libertad, algo caótica, de la periferia. La Castellana como conjunto de capas (social y política, ferroviaria y de transportes, comercial y financiera, simbólica y de futuro) edificada de norte a sur. La Gran Vía monolítica y fija. Este libro tiene como fin, como clara vocación, que estos ejes sirvan para entender que ciudades y arquitecturas forman un conjunto único e indivisible.
A pesar de ser un trabajo técnico, Madrid Arquitectura, es agradable en su lectura para cualquiera que esté mínimamente familiarizado e interesado en las construcciones que le rodean.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lectura: Muy agradable. Amena. Puede hacerse por partes y de forma aleatoria.
Tipo de lector: Arquitectos, aparejadores. Usted, yo y cualquiera.
¿Dónde puede leerse?: Es una excelente excusa para pasear la ciudad.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en ediciones munilla-lería


oct 27 2013

Hablando pronto y mal

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Amando de Miguel siempre ha tenido una relación interesante con el uso que hacemos los españoles del lenguaje. En este libro, apunta errores comunes, formas nuevas que se adaptan a los tiempos nuevos, significados olvidados y construcciones absurdas que podemos escuchar o leer a diario en cafeterías, oficinas, programas de televisión o emisoras de radio. Una de las gracias de este libro es que, el más pintado, se encuentra en él, antes o después. Hablar castellano es muy difícil y es, por ello, por lo que cometer equivocaciones es muy habitual.
Cómo no, el politiqués tiene un lugar privilegiado en el libro. Le acompaña la demotización como segunda estrella invitada. Y una larga nómina de aspectos divertidos, vergonzantes o sorprendentes.
El libro está editado por Espasa, es manejable y debería leerlo más de uno. Desde luego, los jóvenes encontrarán un apoyo magnífico en él para no terminar como buena parte de los españoles maduros; eso si es que aún hay remedio dado el desgaste y el atropello que está sufriendo la cultura española en la actualidad. Decía que los jóvenes tendrán que regatear la posibilidad de convertirse en analfabetos funcionales. Este asunto lo trata el autor con tino.
Recomendable para casi todos y necesario para gran parte de trabajadores poco cualificados, universitarios (poco cualificados, también, si la cosa sigue por el camino que han obligado a tomar), políticos (de unos años a esta parte sin cualificación alguna), locutores de radio, etc. Es decir, debe leerlo todo el mundo. Y hago esta recomendación sabiendo que en las páginas de Hablando pronto y mal hay cosas con las que muchos no estarán de acuerdo (por ejemplo, yo mismo). Al autor se le escapan algunas cosillas con tufo ideológico que no pegan ni con cola. Pero habrá que perdonar esto a cambio de leer otras cosas muy interesantes.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Cualquiera con un mínimo interés en no hacer el ridículo al hablar o escribir.
Tipo de lectura: Muy amena.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier lugar. Preferiblemente, antes de abrir la boca para hablar o escribir alguna línea.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.