Como decía mi abuela en el momento de salir a la calle, mientras echaba mano del guardapolvo, el paraguas con mango de pedrería, los guantes, el sombrero, las gafas de sol y el bolso Kelly de Hermès: por no salir sin nada de casa.
La guía visual de Lisboa de El País Aguilar es lo mismo: por no salir sin nada de casa.
Sirve -claro- porque llevas de todo: un esquema de los transportes, callejero al que no cuesta acostumbrarse, propuestas para recorridos y paseos en la ciudad y los alrededores, y una lista con hoteles, bares y restaurantes, además de las visitas más destacadas.
Pero transmite la sensación de que se edita para salir del paso, sin esfuerzo ni entusiasmo, confiando en que los planos alzados de barrios y monumentos basten por sí solos para venderla.
La información de cada cosa es la mínima posible y la guía se queda corta. Y nos deja con la sensación de que un formato que funciona bien en los grandes destinos urbanos (Londres, París, Roma) podía haber variado, para la capital portuguesa, en algo con un poco más de enjundia y mejor trabajado.
Porque barata no es.
Con más Historia, música, gastronomía, cultura; más calidad en la información sobre las visitas, y –sobre todo- un poco más de elaboración en los recorridos y los paseos. Alguna ruta temática (la Baixa pombalina, pavimentos, azulejos), algo que nos acerque al alma de una ciudad muy espiritual, en la que los que cuentan cosas son los balcones, un rincón, la luz matizada, el sonido de los tranvías o de la melodía de un fado, la gradación de una cuesta, un jardín con camelias…
Pero vale para preparar un viaje y para conocer Lisboa.
Calificación: Regular
Tipo de lector: Cualquiera
¿Dónde puede leerse?: En el avión
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería de viajes, como www.deviaje.com
La literatura puede ser de gran altura y, a la vez, divertida. Quien confunde la buena literatura con llenar textos de palabras grandilocuentes, o con armar escritos que no entiende nadie (a veces, ni el propio autor), o con la escritura para listos; bien no sabe lo que dice, bien trata de poner listones imposibles diciendo que él ya los salto (mentira, seguro) convirtiendo la escritura en un gueto de acceso imposible.
Recuerdo que, hace ya muchos años, un tipo me afeó la escritura diciendo que el único artículo que se había escrito (se trataba de una revista de crítica literaria) para ser entendido era el mío. Que aquella era una publicación de pensamiento profundo. Le contesté que me daba una alegría muy grande y, por supuesto, no cambié una sola coma del texto. Aquel tipo se quedó tan ancho, se lo puedo asegurar. He de decir que lo que escribía ese señor era difícil de entender y no interesaba a nadie, era aburrido como un plomo. Y que la revista dejó de publicarse. Ese día decidí escribir lo que me diera la gana y, de paso, escapar de la masa de idiotas que chupan del mundo literario esgrimiendo, para ello, razones ridículas e inexplicables; que se rasgan las vestiduras cuando una novela triunfa sin ser una acumulación de frases enormes y llenas de un vocabulario imposible de digerir. El enredo de la bolsa y la vida es el último trabajo de Eduardo Mendoza. Muy, muy divertido. Bien contado, estructurado con acierto y lleno de humor ácido, unas veces, humor que despierta ternura otras; y siempre fino.
El detective protagonista de las divertidísimas El laberinto de las aceitunas, El misterio de la cripta embrujada y La aventura del tocador de señoras (esta última algo más flojas que el resto que compone la serie), regresa a las páginas de un autor que parece escribir este tipo de novelas sin esfuerzo alguno. Es tal la potencia de la voz narrativa que, en ningún momento, el lector duda de su credibilidad. El detective, loco como una cabra y sin nombre conocido, utiliza un tono al narrar que, por inusual y ridículo, se ancla en la zona que el lector tiene como posible dentro de la narrativa moderna cuando el tipo de trabajo es delirante y extraordinario en su desarrollo.
Las páginas de este libro se salpican de situaciones sonrojantes para el común de los mortales, de diálogos esperpénticos, de personajes que rozan la estupidez desde su forma de vida.
Cuenta Eduardo Mendoza una historia en la que se mezcla una trama detectivesca completamente absurda, los problemas de la Barcelona actual y un mundo que el narrador convierte en la cola de un comedor social sea relevante o no la zona en la que se fije. El lector se ve obligado a reír entre disparate y disparate. Es una forma divertida de presentar la realidad que no queda al margen de la literatura,que no deja de obligar al lector a pensar en ese universo en el que, posiblemente, estamos inmersos y que no queremos asumir como propio.
Calificación: Muy divertido.
Tipo de lector: Cualquiera dispuesto a reírse de sí mismo. Jóvenes, adultos, abuelos y locos de atar.
Tipo de lectura: Ligera y llena de carcajadas.
Argumento: Rómulo el guapo, amigo del narrador, desaparece y el mundo se pone patas arriba.
Personajes: Redondos en su locura y en su ridiculez.
¿Dónde puede leerse?: En el Raval de Barcelona.
¿Dónde puede comprarse? En tu librería habitual.
El mundo del futuro ya está aquí. Kenneth Goldstein lo imaginaba en 1969 y se basaba en los adelantos de la técnica que en esa década se sucedían vertiginosos, prediciendo asombrosos avances.
Lo que ocurre es que ese futuro imaginado ha sido superado, convirtiéndose en un pasado imposible y curioso, impregnado de estética sesentera.
En ese futuro-pasado hay ciudades submarinas desde las que se colonizan los océanos mientras que la conquista de la Luna y de otros astros es una realidad al alcance del ser humano. La gran panacea energética es la fisión nuclear que provee electricidad inagotable, y las ciudades, planeadas como brasilias, ofrecen los más altos estándares de calidad de vida. Los avances médicos son notables aunque ni siquiera se acerquen a los nuestros, y lo mismo sucede con la informática y las comunicaciones.
Hay cosas que se imaginaron, sin prever sus consecuencias: los diarios llegarán a la casa mediante un aparato especial, que procederá electrónicamente a la impresión instantánea (eso sí, la señora elegirá preferentemente las páginas reservadas a la mujer; el marido, en cambio, estará más interesado por los deportes y las materias científicas y culturales); y si el ama de casa tiene problemas con sus compras hechas telemáticamente solo tendrá que llamar a la tienda y exponer el problema a una computadora ya dispuesta para atender y resolver las reclamaciones.
Resolver.
Un mundo feliz, donde ciertas personas se verán en la necesidad de trabajar cuatro días a la semana y, naturalmente, se lamentarán de su situación laboral, porque los demás trabajan menos.
Pero sin duda lo más curioso del libro, lo que muestra los mayores alardes de imaginación y de diseño, son las maquetas fotografiadas y las simulaciones hechas –algunas por la NASA- para ese mundo del futuro que –hoy- nos sorprende.
Calificación: Muy curioso
Tipo de lector: Nostálgicos y futuristas
Tipo de lectura: Divertida y curiosa
¿Dónde puede leerse?: En una nave espacial
¿Dónde encontrarlo?: Intentarlo en www.iberlibro.com
Manejamos la edición de Akal Bolsillo, traducido el texto por López de Letona, y ya advertimos que no es la más recomendable, pero en fin. Moderna y rompedora para el siglo XVIII en que fue escrita e inspirada tanto en el Quijote de Cervantes como en la filosofía positivista de Locke, Tristram Shandy es una reflexión y un paso hacia delante, un empezar a cuestionarse lo arraigado como tradicional en literatura; se lee con placer y flema, sabiendo calibrar debidamente la belleza de un inadaptado narrador y narratario, que hace lo que le place en sus observaciones y pasos vitales, pero al que por otro lado le cuesta tanto la complacencia. Hay duques e historias de amor, diserciones sobre los humores del cuerpo y la mente, sobre nudos marineros, narices, bigotes; cuentos en espacios cerrados al mar y donde una escalera que no termina de recorrerse vaticina la mejor magdalena de Proust, es decir, aquella que sugiere la misma pereza que fruición, la misma egolatría, esta vez inglesa, canalizada hacia lo ácido e irónico, lo pudibundo y reseco.
Apenas se sabe si Trim nace y ya tiene un alma que todo lo orquesta y mira a un padre depresivo y su tío Toby, obsesionado por ofrecer progenie a una familia devastada por asteriscos que simbolizan los renglones torcidos del mundo. Porque aquí se cuestiona con simplicidad y ante lo que precisa ser encontrado. Si es verdad que la complejidad a veces provoca cierto estupor, uno no tiene por menos
que reír a mandíbula batiente sólo con la forma en que el padre y su tío se montan en sus rocines, quizás porque éstos simbolicen unos molinos de viento que a pesar de que se eviten a toda costa, no por ello dejan de existir.
Calificación: Maravillosa.
Tipo de lectura: Paciente, compleja.
Tipo de lector: Aficionado a los clásicos.
Argumento: Las acciones ¿pesan más que las palabras, o viceversa?.
Personajes: Bien.
¿Dónde leerlo?: Cerca de una tienda londinense de trajes de caballería, si es que existen.
El mismo autor define en la última página de éste libro lo que es, un borrador de manifiesto y en ese sentido me parece un poco indecente que en tal cualidad de borrador lo someta a los lectores.
Porque Contra la imaginación es un texto un poco panfletario que plantea un debate inexistente, y que a falta de una definición sobre lo que Christophe Donner entiende por imaginación y de una defensa coherente de la realidad a la que sitúa como antagonista, se queda en algo descompuesto, fragmentario, con pretensión de brillantez transgresora pero en el que no podemos evitar, al final de cada capítulo, la sensación de que ni el mismo autor sabe lo que está diciendo.
Porque parte de sus afirmaciones no son más que opiniones personales, que no avala con ningún razonamiento, y se pone agresivo en la defensa de su exposición, gratuitamente. Lo notamos un poco resentido contra Pennac y Deleuze, y desesperado ante la utilización de la tercera persona.
Se supone que lo de Donner es una crítica de la transformación de la realidad que –según él- la imaginación produce en la novela, privando a esa realidad de sus raíces literarias.
Así que para demostrarlo va saltando de una cosa a otra, sin profundidad ni excesivo ingenio, poniendo ejemplos literarios que podrían servir para lo que intenta demostrar y también para todo lo contrario.
Y se queda tan tranquilo.
Cayendo uno por uno en todos los errores que censura.
Calificación: Petulante.
Tipo de lector: Aburrido.
Tipo de lectura: Vacía de contenido .
¿Dónde puede leerse?: En La Mancha, debajo de los molinos de viento.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual o en www.uniliber.com
Calderilla es lo que queda después de terminar el primer poema que gusta, sobre todo si como Bruno Dante, alcohólico y vendedor profesional se encuentra con que el autor de Pregúntale al polvo está decrépito en un hospital y además es tu padre. Y es que al alter ego de Dan Fante le pasa lo mismo que a Joe Hill con Stephen King, pero sin pasta, y es por ello más que alcohólico o vendedor u honesto, un tipo si cabe más autodestructivo que traga series de HBO y trata de escribir poesía, los tiempos no dan para más.
Si bien en John Fante todo se podría excusar con el ataque de unos cangrejos en la playa, hoy sabemos por su hijo Dan, que no tener trabajo supone la más completa y absoluta psicosis; inútil luchar contra ella más que escribiendo, oficio tan incompatible con las ventas y el telemárketing que dan las lentejas. Diez años de paro en la cuna del capitalismo mediático le dan para enrollarse con una
tartamuda con más dignidad que él y discutir con su hermano Fab, un conocedor del agresivo establishment esta vez criticado con saña a través de los típicos manuales de autoayuda norteamericanos.
Ni e.e.Cummings, ni Hemingway ni Bukowski sacan ya a nadie del atolladero, todo se ha metabolizado en chump change y es que el valor de las letras escritas sobre un papel, como todo, se devalúa. Los llamados editores independientes han de estar dispuestos a perder dinero a mansalva, pues sus productos no tienen visibilidad; existe un sentimiento de orfandad que hace que el escritor se plantee
su primer poema lejos de la pesada sombra e Ferlinguetti, rey de los malditos del realismo sucio.
Calificación: Muy bueno.
Tipo de lectura: Demoledora.
Tipo de lector: Aficionado a historias sobre escritores.
Aprovechando su desaparición, el diario ABC adjunta a la compra del periódico dominical, este libro con sus viñetas, que son historias, que son reflexiones sobre lo cotidiano en el sentido más amplio de la palabra. Culto e ingenioso, Antonio Mingote empieza a dibujar y a escribir como producto del espíritu irreverente de La Codorniz, una revista que hizo de la consigna silogística caja es a cajón,
lo que cogín es a x, su fórmula más protestona y satírica; eran tiempos difíciles para muchos donde Tono o Mihura hacían esas travesuras tan deliciosas como generosas en torno a lo actual y atemporal del españolito de a pié.
El libro combina viñetas y chistes más intelectuales con otros más ideológicos en que deja ver gran riesgo en temas tan controvertidos como el de la banda terrorista ETA, gracias a los cuales empatizó con gran cantidad de coetáneos como Alfonso Ussía y Jaime Campmany, con los que compartía tribuna y momentos de relajo y disfrute en los cafés de Madrid.
De dibujo sencillo y en ocasiones rozando el esquematismo que da la prisa, el autor estaba más curtido en el oficio de tomar el pulso a la calle de lo que en principio y por este tomo, pudiera parecer; trabajador del humor incansable, sus viñetas para el periódico valen más en este sentido que en el puramente artístico, y quizás esto sea debido a que era un factótum que se trabajaba muy bien los
guiones antes de ejecutar y sabía a su vez improvisar, mostrando la suficiente espontaneidad como para que el acabado tuviese no sólo gracia, sino sentido crítico.
Calificación: Interesante, se agradecería mayor amplitud en cuanto a cantidad.
Tipo de lector: Fans de Mingote y del humor negro en clave blanca.
Tipo de lectura: Rápida y a la vez reflexiva.
Argumento: Esa cosa tan rara llamada España.
Personajes: De hoy y de siempre.
¿Dónde leerlo?: En la estación de Metro de Retiro, cuyas paredes son todo un homenaje.
Hablar de un libro de poemas es, siempre delicado. Más que nada porque, generalmente, el que lo hace no sabe si habla del poemario o de él mismo. Muchos artículos críticos o reseñas intentan explicar lo que no se puede. Creo que fue Juan Carlos Suñén, hace ya muchos años, quien me dijo que un poema explicado era un poema muerto. Algo con lo que estuve de acuerdo desde el primer momento.
Y hablar de un libro de poemas firmado por este autor es, además, un verdadero reto. Juan Carlos Suñén es un poeta mayor; posiblemente, de entre los que están vivos, uno de los tres o cuatro mejores de habla hispana. Al mismo tiempo, su literatura es difícil, rebosa tonos excesivos para los que se acercan a la poesía por primera vez; para los que ya cuentan con cierta experiencia lectora también aunque la cosa es más llevadera. Pero, claro, estamos hablando de poesía y eso significa experimentación con el lenguaje, la construcción de un universo en el que el personaje va creciendo con cada sílaba, el uso de las palabras exactas. Las concesiones de cara a la galería están de más. Nada dicho en un buen verso puede decirse de otro modo distinto. La habitación amarilla es el último poemario de este autor madrileño. Cierra con él la trilogía que encabezaba El viaje de todos y tuvo continuidad con La misma mitad. Una obra excelente que habla de las aristas que la realidad presenta para un poeta; una realidad que se crea dejando claro lo que es: casi todo eso que los otros no alcanzan a ver más lo que llamamos realidad. En este libro de poemas se construye, además, al hombre que se alza sobre sus propias cenizas (las pasadas, las de ahora y las que serán), las que quedaron al ser padre, amante, amigo, observador; las que quedaron al dejar de ser él mismo en otros. La realidad se dibuja con los trazos del ser, del deseo, de la ausencia, del no ser, del amor o la venganza; para colocar en el centro a un narrador que quiere ser la propia humanidad.
La poesía no puede explicarse aunque sí puede entregarse a modo de recomendación. Este es un fragmento que creo servirá para animar a los posibles lectores:
La habitación amarilla dispone sus muchos libros entre
los ventanales insistentemente revisitados por la brisa
arrugada de la desilusión, pone oído a la noche y deja
de echar de menos al pobre como a la madre. Lo que
cierra ninguno lo abre. Lo que abre ninguno lo ve.
Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Reposada, exigente.
Tipo de lector: El que tenga ganas de comprobar hasta donde se puede llegar con el lenguaje.
¿Dónde puede leerse?: En El Bierzo.
¿Dónde puede comprarse?: En tu librería habitual.
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