jul 10 2013

Intento de escapada

Artículo escrito por: admin


Texto cortesía de Ruby Fernández

Empecemos por desgranar el todo. ¿Cómo denominar a una novela que es a su vez novela, granero repleto para hambrientas gallinas, diccionario de las artes escatológicas, novela-iconostasis, manual de museología, guía para noctámbulos y nictálopes de una ciudad en apariencia dormida? Novela negra, ensayo, manual revolucionario, novela rosa, manual de instrucciones de cómo acabar sutilmente con tus compañeros de profesión, ¿cómo gritar lo que desde el departamento no se puede decir?.
En resumen, Intento de escapada de Miguel Ángel Hernández es el Génesis de un todo y como tal comienza parafraseando el llamado libro ¿sagrado?. En este relato el  pequeño dios terminará atravesado por los mismos clavos que su primo sagrado. De estos clavos no brotará la misma sangre aunque persigan un mismo final: Masoquismo como aparato logístico para dominar el mundo por medio del suplicio voluntario. Novela -que no ensayo- sobre la última palabra pronunciada por un brillante y apocado chico al que le avergüenza romper silencios con debates transgresores. Novela sobre las generalidades incompletas del arte, sobre la forma de comer mierda para llegar a la meta, sobre la lucha de principios. Novela que regurgita pasadas y pesadas digestiones con la denuncia social como uno de los condimentos de un plato que se servirá frío.
A lo largo de sus páginas encontraremos un claro ejemplo de literatura de rodaje, ya que Intento de escapada puede y debe convertirse en un film de trasfondo kunderiano y sexo bukowskiano en el salón de un loft de provincias donde impere la superflua pureza junto al Pasolini más amargo. Junto a los esperpentos de Flanagan, siempre aparece el instinto animal deseoso de mancillar la castidad y pureza de la opaca profesora de estética que juega un rol aparente.El personaje de Helena podría ser una conservadora muchacha de tendencias populistas con un padre de-formación militar, a la que con gusto redimirá de sus pecados cualquier tipo sin escrúpulos bajo el crucifijo y sobre las sábanas de seda que el militar compró para su burgués mazmorra. Al fin y al cabo es la historia de como sodomizar la inteligencia.
No podemos dejar de aludir al sentido teatral que toda esta novela posee, ya que está centrada en el teatro de la apariencia. Marcos adopta un papel que no es el suyo a la hora de desenvolverse por los laberintos de la noche y alcohol de su ciudad, asume el papel del eterno amante de un sexo imposible. Sonia interpreta el papel de la falsa corrección politicosexual de cara a la galería conservadora de la que forma parte. Navarro en el papel de cínico, eminente y humano docente malogrado tras las puertas de la Rouge. Montes como artista y gurú contemporáneo con todo lo que esto conlleva. Historia de emociones fingidas , acentos con piel de cuero y ojos demasiado blancos para un primer mundo incapaz de ver más allá de su espejo cosificador. Omar es la parte perdedora del tragicómico reparto, vivirá su desesperada realidad desde el otro lado del cristal y amparado por la barra de un bar. Mientras, Marcos verá como su ciudad pierde la moral y la personalidad que parece aportarle la hora punta; dramaturgia y cartografía.
Intento de escapada es en el fondo una historia sobre teoría socio artística contada en primera persona y hacia una tercera y desde esa tercera hacia una quinta. También el materialismo cultural en cuanto a historia de la violencia, hace acto de presencia a lo largo de sus páginas, de sus días. M crea imágenes dialécticas cercanas a Benjamin y esque en ningún momento puede distanciarte el tanto por ciento necesario de quien lo enseñó a vivir y a sentir dentro del campo de la filosofía del arte. M dibuja elipses Benjaminianas con focos alejados entre si pero vinculados por la tensión del azar y la actualización constante.
Este autor no se delimita a atribuir palabras o conceptos a sus personajes, sino que vive todas y cada una de ellas como propias y es lo que quiere que nosotros hagamos con su obra. Quiere que nos acostemos con ella, que pensemos con ella, que nos masturbemos con ella. Quiere que elijamos un personaje y que vivamos durante el tiempo que dure nuestra lectura la vida que este viva. Tal vez nos apetezca alargar la experiencia y transportarla a nuestro día a día, a nuestro teatro ¿real?.

Calificación: Buena
Tipo de lectura: Reflexiva y absorbente.
Tipo de lector: Implicado con el relato.
Personajes: Muy bien dibujados y desarrollados.
¿Dónde puede leerse?: En el sofá de casa. Tumbado.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


jul 9 2013

La última estación

Artículo escrito por: Mar Franco

Acabo de leer La última estación (Jay Parini). Una maravillosa novela, sobre el último año en la vida de León Tolstoi. Disfruté tanto con el libro que, cuando me enteré de que había una película sobre el mismo, no lo dudé y, me encaminé hacia la biblioteca que lleva su mismo nombre Leon Tolstoi ¡Vaya casualidad! Buscando por la U, me encontré un montón de películas que comienzan por el último, la última, los últimos…
En El último emperador, qué pesadito se nos pone Bertolucci. Después de viajar a China, debió pensar que nos debía muchos minutos de rodaje pero, menos es más, la mayoría de las veces.
El último tango en París, sigue dando morbo, por aquello de la mantequilla, con un Marlon Brando, realmente creíble en su papel.
El último monicaco, perdón, mohicano, me aburrió un poquito, se me nota, ¿verdad?
La última noche del Titanic. ¿Qué harían los pasajeros y tripulantes del trasatlántico más catastrófico de la historia aquella noche? Seguro que muchos de ellos, vivieron otros momentos de intensidad durante la travesía, pero con menos  gancho de cara al espectador.
La última tentación de Cristo, Marco Zeffirelli. Puestos a hablar de tentaciones, seguro que el Mesías, debió de tener otras muchas más a lo largo de su vida. Nunca se sabe, lo mismo, hasta hubiese preferido ser el fundador de Apple y, en lugar de predicar la biblia, transmitir el famoso discurso en Standford que, catapultó a Steve Jobs como uno de los mitos de nuestro tiempo.
Hasta mi querido Woody Allen, tiene una película en este grupo: La última noche de Boris Grushenko, muy divertida, aunque no esté en la lista de mis favoritas de este director.
De La última vez que vi París, sólo recuerdo a una joven y guapísima Elizabeth Taylor y una colorida y bulliciosa ciudad, muy alejada de la estética de películas en blanco y negro, protagonizas por actores como Yves Montand o Simone Signoret.
Me dejo muchas pelís de la U (El último golpe, Ultimo testigo, El último adiós, La última película, La última escapada, El último deber, El último patriota, La última batalla, El último metro, La última primavera, El último hombre vivo, etc.), pero no quiero abrumaros.
Una pregunta, ¿con qué beso os quedáis?, ¿con el primero o con el último? Yo, como buena viajera, disfruto con los del trayecto, aunque sean menos comerciales.
Para finalizar, encontré La última parada en la biblio, pero me aburrió y no la terminé. Mucho mejor el libro.


jul 8 2013

El corazón de las tinieblas

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano


A veces nos encontramos con libros que cuentan muy poca cosa. O que lo parece sin ser verdad. Y, casi siempre, nos deja un regusto amargo la lectura de una obra de esas características. No sé si este mal gusto tiene que ver con el precio de los libros (en la sociedad actual tendemos a rentabilizar todo desembolso) o si lo que sucede es que el lector siempre espera que le cuenten mucho creyendo que tendrá que entender mucho, también. El caso es que algunos libros cuentan poquita cosa. Además de eso, no sabemos bien lo que cuentan. No nos enteramos.
Una de esas obras es El corazón de las tinieblas de J. Conrad. Se narra un viaje. Un viaje que no es al infierno como tantas veces he oído decir. Ese trayecto hasta el infierno lo sería si estuviera salpicado de peligros y la progresión en la tensión narrativa tendría que ir de menos a más. El viaje a través del río es lento y mantiene una línea continua de principio a fin. (Se trata del río Congo aunque su nombre no aparece. Casi ningún nombre aparece. Ni de lugares ni de personas). Todo en ese viaje es lento. La desintegración (quizás sea el final de la ruta) aparece poco a poco. Y lo hace desde una rutina apática y perezosa.
Lo cuenta Marlow (un primer narrador desaparece muy pronto y le da paso). Hace entrada en el relato comparando hombres con hombres, tiempos con tiempos. Iguala mil novecientos años con un breve momento. Ni tiempo ni escenario modifica las actitudes del ser humano, todo se repite. Quizás por eso el viaje hacia la degradación es lento, quizás es volver a vivir lo ya vivido.
Testigo silencioso de todo lo que pasa es la selva. El escenario adquiere una importancia que al lector no puede parecerle poca cosa. Silencio y misterio. Se dispara o se lanzan flechas sin saber de dónde vienen sin saber qué es lo que se quiere destruir.
En contraposición a este silencio, nos presentan a Kurtz desde su voz. Parece que puede reducirse a eso, a su voz. Cuando todos los personajes que van apareciendo tienen un discurso fragmentario (algunas conversaciones se presentan mutiladas por la falta de audición del testigo), Kurtz es presentado como una voz, como alguien que dice lo que nadie es capaz de decir. Lo más curioso es que, llegado el momento de conocer al personaje, no podemos oír casi nada de lo que dice. “El horror, el horror…” es la frase más famosa de la novela (gracias al cine y no a la propia narración) y dice más bien poco. Críptica. Nos obliga a especular sobre su verdadero sentido y significado.
Les podría contar la novela, su significado y algo sobre los símbolos. Pero prefiero que la compren, la lean y la disfruten.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Todo el que quiera bajar a las bodegas. A las propias y a las ajenas.
Tipo de lectura: Exigente.
Engancha aunque no todo el mundo es capaz de leer hasta el final.
No sobran ni los márgenes.
Personajes: Iguales al mundo.
¿Dónde puede leerse?: Mejor con cierta tranquilidad.


jul 7 2013

Aquí yacen dragones

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

En la estela de El asesino triste de Gonzalo Suarez, se encuentra este bello libro de Fernando León, guionista y realizador cinematográfico madrileño. En él encontramos más de ciento diez relatos que son piezas recurrentes a su universo poético, aquél poblado por elegantes Princesas u otros que desmarcan ese yacen al sol de los días del tedio y la imaginación, dos sustantivos tan aparentemente contrapuestos, que aquí se complementan por la vía de la sugestión. Y así reescribe las bienaventuranzas un ateo que se deja engatusar por la teoría del iceberg literario de Hemingway, a quién el mismo cine debe tanto quizás a su pesar. De leyendas y cuentos que se repiten bajo sucinta Advertencia versa lo literario como diáfano pleno. Encontramos relatos hiperbreves escritos en descansos y donde la cabeza no para de trabajar. Un cuento triste sólo referido o metido en una pompa de jabón, las vacías Memorias de un amnésico que convierten a cualquier amante de la literatura en mero coleccionador de títulos. Reflexiones sobre el modo en que el hombre moderno recorre el tiempo, sobre la necesidad de no querer saber para actuar, sobre impostores y libros en general; también sobre magos que viajan, que bien podrían ser mecánicos de la estima. Todo para ocultar sucintamente el mejor Manual para manejar los recuerdos a través de esa nostalgia tan juanramoniana. De esta forma el libro es como un diario de a bordo, un blog que toma forma a su pesar de leve importancia en algo más compacto, insistiéndose en la necesidad contingente de saber leer los mapas. Se nos insiste con el marchamo de la música en Disfraz, para llegar a un Niño Pena que somos todos y ninguno.

Calificación: Poético.
Tipo de lectura: Intensa
Tipo de lector: Que vea en el cine y la literatura lazos peligrosos pero fidedignos.
Argumento: Leve.
Personajes: La fantasía, el tedio.
¿Dónde leerlo?: Cerca del mar, con calma.


jul 2 2013

Segundas oportunidades

Artículo escrito por: Mar Franco

Al leer o escuchar Segundas Oportunidades, todos pensamos en parejas, amigos, familiares, etc. La cosa va de escritores. Bien pensado, creo que las gasto igual con los libros que con las personas. Si abandono algo o a alguien, suele ser para siempre. Segundas partes nunca fueron buenas, con excepción, claro está, de la película El Padrino.
No sé vosotros, pero yo, si no me conquista el primer libro de un autor, no le concedo una segunda oportunidad, sea quien sea.
El primer condenado es Gabriel García Márquez. Ha recibido un Premio Nobel, es un genio de la literatura, además de un tipo entrañable pero, todavía no he leído Cien Años de Soledad, ni ubico Macondo en los mapas del realismo mágico.
¿Queréis saber qué me ocurrió con Gabo? Tendría yo catorce o quince añitos, era verano y, sufría unas vacaciones, en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme (no river, no beach). La lectura era la única forma de evasión posible y, bueno, también estaba el matamoscas.
Pasaba unos días  en casa de mis tíos que, a pesar de su gran generosidad, ya estaban cansados de tanto comprar libros. Además, ya había devorado la pequeña biblioteca de la Concha, la vecina de la casa de al lado.
La nostalgia de Madrid comenzaba a adueñarse de mí, hasta que cayó en mis manos, no recuerdo bien cómo El Otoño del Patriarca. Me emocioné y planeé empezarlo por la tarde y, acabarlo a altas horas de la noche, todo de un tirón.
No pude con él, así de sencillo. Se me atragantó desde las primeras páginas. Nada como poner grandes expectativas en algo, para sufrir una gran decepción después.
Tengo otras dos asignaturas pendientes. Una es con Memorias de Adriano. Lo intenté, en esa etapa de la vida en que aparece el acné. Había escuchado afirmar, a gente muy culta, que era su libro de mesilla y, me propuse que también fuese el mío. No hubo forma. Ahora me dicen que, quizá era muy joven en aquel período, que lo intente ahora, que realmente merece la pena… Por el momento, creo que podré sobrevivir sin ninguna obra de Marguerite Yourcenar.
Por último, El Tiempo Perdido. Cuesta reconocerlo, porque Proust, es Proust. Inicié su lectura mientras guardaba reposo, por riesgo de prematuridad, durante el embarazo de mi primer hijo. Tenía mucho tiempo y, me desesperaba estar todo el día en la cama, sin poder moverme, ni frecuentar los centros comerciales, una de mis grandes pasiones.
No lo terminé. La culpa no fue del chachachá. Puede que el gran nivel de estrés y preocupación que sufría, fuese el causante. Me aterraba la idea de que el futuro bebé pudiera adelantarse y, nacer del tamaño de un Madelman.
¿Cómo termino esta disertación? Sigo en mis trece, si cambio de opinión y, perdono a los arriba mencionados literatos, os lo haré saber. Como postre, una frasecita de Con Faldas y a lo Loco: Nadie es perfecto (¡y ni falta que hace).


jul 1 2013

Vivencias de un pínfano

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Vivencias de un pínfano es la autobiografía de Vicente Torres Cunill. Coronel retirado del Ejército, Torres Cunill hace un repaso de lo que ha sido su vida desde que, como huérfano del Ejército (un pínfano es eso) ingresa en el colegio de Padrón hasta fechas próximas (es en el epílogo donde el autor se centra más en el pasado reciente).
El autor, en la introducción, hace ya una declaración de intenciones cuando reconoce haber leído poco y escrito menos. No hay pretensiones literarias en este trabajo, no se procura el uso de recursos narrativos que den lustre al texto. El objetivo es hacer repaso de unas vivencias. Sólo. E ilustrarlas con un buen número de fotografías propiedad, suponemos, del autor.
Salvo para el propio autor y los involucrados en lo que se cuenta, el interés de esta autobiografía es relativo. Todo lo que se ventila tiene carácter personal y encuentra la frontera en un círculo muy concreto y pequeño. El lenguaje utilizado es muy coloquial, lo que convierte Vivencias de un pínfano en un libro muy cercano. Pero esto mismo le resta calidad literaria.
En cualquier caso, el libro es honesto. No hay pretensiones y así se anuncia. Una característica común de muchas obras publicadas en la actualidad (sobre todo las autoeditadas) es la pomposidad impostada y la solemnidad de baratillo. Vivencias de un Pínfano no es nada de eso. Se dice lo que se dice, se escribe como se escribe y se acerca el que tenga interés.
Es una pena que el autor no arriesgase más separándose de sí mismo para retratar más y mejor esa época en la que se desarrollan los acontecimientos. Todo queda en la anécdota personal. El esfuerzo hubiera convertido la obra en algo más atractivo para los lectores. Porque lo que cuenta Torres Cunill se podría haber prestado a ello. Se echa en falta una verdadera labor de asesoría por parte de la editorial. No obstante, el texto rebosa entusiasmo y el autor no escatima al aportar documentos gráficos, anécdotas y corazón. Ni oculta una zona absolutamente personal e íntima que tiene que ver con, por ejemplo, compañeros caídos en combate.

Calificación: Correcto dentro de sus pretensiones.
Tipo de lectura: Muy fácil. Si el lector es cercano al Ejército puede interesarle.
Tipo de lector: El libro no encierra grandes secretos técnicos. Por tanto, cualquiera.
¿Dónde puede leerse?: En lo alto de una duna. O a la puerta del colegio en el que estudiamos.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.