Marcovaldo

Artículo escrito por: Beatriz Silva

Marcovaldo, titulado originariamente Marcovaldo o las estaciones en la ciudad, es una serie de veinte relatos, dedicados cada uno a una estación, que se suceden a lo largo del libro repitiendo un ciclo anual, que se completa, a lo largo del mismo, un total de cinco veces. Sin embargo, no es la narración ordenada, cronológica, que podría parecer, ya que no es una historia que vaya sucediéndose a lo largo del tiempo, un año tras otro, sino que las estaciones son el marco natural necesario para que se armen los relatos, que podrían ocurrir en cualquier otro orden. Nada indica que el cuarto invierno haya ocurrido después del primero; no hay datos ni hechos que den sensación de transcurso del tiempo; de Marcovaldo, el protagonista, no sabemos más tras leer el último, que tras leer el primero. Es decir, apenas nada. Marcovaldo es un ser aparentemente gris visto desde fuera, trabajador en un almacén, padre y esposo, al límite de la pobreza con el jornal que gana en la misma, igual que tantos otros, sin ningún rasgo aparente que lo haga destacar. Todo lo que tiene que ver con su vida como trabajador, en la que pasa la mayor parte del tiempo, aparece en el libro desdibujado, como si no importara (y de hecho, no importa), mientras que su vida familiar, su relación con su esposa, y con sus hijos, se va pintando a base de anécdotas cotidianas, de conversaciones, de momentos, que revelan el amor que hay en ella, a pesar de las circunstancias. Es, sin embargo, la parte que no se ve, la de los sueños, los pensamientos, y la evasión del protagonista, la que lo hace diferente, y la nos cuenta Italo Calvino. Porque Marcovaldo sueña, sueña constantemente y a cada paso. No sueña, grandilocuentemente, con ser rico, y llevar una vida de lujo con su familia (puede que Marcovaldo haya interiorizado la pobreza hasta para soñar), sino con procesos oníricos sencillos, cotidianos, que, sin embargo, parecen estar escondidos a los ojos de todos los demás. Marcovaldo sueña con la naturaleza. De forma a veces romántica, como cuando sueña dormir bajo los árboles, y despertar oyendo trinos; a veces práctica, como cuando encuentra setas, y sólo piensa en llenar con ellas la cazuela, ante lo exiguo de sus posibilidades; a Marcovaldo le basta un copo de nieve o confundir un rótulo luminoso con un bosque para lanzarse, imaginaria y realmente, a una búsqueda: la de la vida en la naturaleza, tal como la imagina. Bucólica y llena de oportunidades. Los diez primeros relatos que componen el libro le van haciendo, sin perder por ello (ahí radica la magia del personaje, y su poesía) un ápice de voluntad de encontrarla, encontrarse con una naturaleza muy distinta de la imaginada.Encuentra Marcovaldo, en vez de brazos arbóreos tendidos, sol, trinos, y comida por doquier, una naturaleza apenas existente, totalmente distinta a esa naturaleza amable y protectora, una naturaleza adulterada, hostil, que hace que prefiera, a fin de cuentas, la vuelta al hogar, por pobre, cerrado y desprovisto de poesía que éste sea. Se manifiesta este contraste sobre todo en el relato número 10 (Un viaje con las vacas), cuando es su hijo mayor, Michelino, quien va en pos de la vida agreste y soñada, lejos de la ciudad. A partir de ese relato, el libro cambia. En el siguiente, El conejo venenoso, cuando casi estábamos a punto de preferir la vida en la ciudad, la vida civilizada, Italo Calvino nos presenta un relato distinto, en el que le da la voz, y los ojos, a la naturaleza. Los diez últimos relatos, sin perder la poesía, sin que Marcovaldo ceje en su empeño (precioso, especialmente, en La lluvia y las hojas), muestran, en unos relatos mucho más punzantes y ácidos, ya no la naturaleza a la que quiere el protagonista escapar, sino la sociedad de la que quiere hacerlo. Esa sociedad deshumanizada, desnaturalizada, sobre todo, en la que los sentimientos hacia el prójimo no parecen existir. En la que Marcovaldo vive, y sueña, aunque, entre todos, parezcamos empeñados en hacer que sus sueños no prosperen, una y otra vez. Marcovaldo resiste la vida entre ensueños. Quizá sea su única forma de defensa. Y de supervivencia.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lectura: Poética y ácida.
Tipo de lector: Con ojos de ver.
Personajes: Protagonista, descrito desde el interior. El resto, esbozados.
¿Dónde puede leerse?: Bajo un árbol.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


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