Aquí yacen dragones

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

En la estela de El asesino triste de Gonzalo Suarez, se encuentra este bello libro de Fernando León, guionista y realizador cinematográfico madrileño. En él encontramos más de ciento diez relatos que son piezas recurrentes a su universo poético, aquél poblado por elegantes Princesas u otros que desmarcan ese yacen al sol de los días del tedio y la imaginación, dos sustantivos tan aparentemente contrapuestos, que aquí se complementan por la vía de la sugestión. Y así reescribe las bienaventuranzas un ateo que se deja engatusar por la teoría del iceberg literario de Hemingway, a quién el mismo cine debe tanto quizás a su pesar. De leyendas y cuentos que se repiten bajo sucinta Advertencia versa lo literario como diáfano pleno. Encontramos relatos hiperbreves escritos en descansos y donde la cabeza no para de trabajar. Un cuento triste sólo referido o metido en una pompa de jabón, las vacías Memorias de un amnésico que convierten a cualquier amante de la literatura en mero coleccionador de títulos. Reflexiones sobre el modo en que el hombre moderno recorre el tiempo, sobre la necesidad de no querer saber para actuar, sobre impostores y libros en general; también sobre magos que viajan, que bien podrían ser mecánicos de la estima. Todo para ocultar sucintamente el mejor Manual para manejar los recuerdos a través de esa nostalgia tan juanramoniana. De esta forma el libro es como un diario de a bordo, un blog que toma forma a su pesar de leve importancia en algo más compacto, insistiéndose en la necesidad contingente de saber leer los mapas. Se nos insiste con el marchamo de la música en Disfraz, para llegar a un Niño Pena que somos todos y ninguno.

Calificación: Poético.
Tipo de lectura: Intensa
Tipo de lector: Que vea en el cine y la literatura lazos peligrosos pero fidedignos.
Argumento: Leve.
Personajes: La fantasía, el tedio.
¿Dónde leerlo?: Cerca del mar, con calma.


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