jun 30 2013

Historias Extraordinarias

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Baudelaire publicó la traducción francesa de las Historias Extraordinarias de Edgar Allan Poe reivindicando la oscura figura del escritor norteamericano y convirtiéndolo en un autor de culto, que sería consagrado después en el panteón de la literatura como iniciador de géneros y de investigaciones literarias.
Poe nos atrae porque es retorcido, rebusca en los ambientes románticos, en lo lánguido y lo delicuescente, en las pasiones desordenadas y el hecho criminal, en la presencia del mal, en una sublimación simbolista de la novela gótica de terror cuyas referencias han llegado a nosotros, curiosamente pasada su moda, a través de la exageración de relatos como La caída de la casa de Usher.
Fue precursor de la novela policiaca de método analítico en El doble asesinato en la calle de Morgue, El misterio de Marie Roget, La carta robada y también de alguna manera en El escarabajo de oro.
Berenice es la piedra imán del horror, su protagonista vive la distorsión y la locura, y está en uno de los ciclos preferidos de Edgar Allan Poe, el de las amantes muertas. William Wilson es una historia de dopplegänger, porque la bilocación y la metempsicosis son dos de las obsesiones del escritor, como veremos en Metzengerstein. Ligeia tiene componentes de los dos anteriores.
El gato negro y El corazón delator son auténticos ensayos sobre la culpa y el remordimiento que nos internan en la mente del asesino.
Y si El pozo y el péndulo nos hace descender a los sótanos de la conciencia, la violencia extrema de la naturaleza se hace presente En el maelstrom.
Las Historias extraordinarias de Poe se  caracterizan por las diferentes técnicas, temas, lugares y habitantes de ficción; así como por los diversos recursos narrativos y narradores. Hay relatos satíricos, como los Episodios de la vida de un hombre de moda, y de ciencia ficción, Aventura sin par de un tal Hans Pfaall, que lo sitúan entre Sterne, Swift y Verne; bromas siniestras, como la de La barrica de amontillado. El escritor es un maestro del suspense y utiliza todos los resortes para llegar al lector, bien sea mediante lo macabro como en La caja oblonga; lo inquietante en El retrato oval; o la extravagancia de La máscara de la muerte roja.
En casi todas sus historias, el escritor de Boston explora los límites que separan la vida de la muerte, pero especialmente en La verdad en el caso del señor Valdemar.

Calificación: Extraordinarios.
Tipo de lector: Aficionados al terror y lo fantástico.
Tipo de lectura: Terrorífica.
Argumento: Aterradores.
Personajes: Neuróticos o muertos.
¿Dónde puede leerse?: En un cementerio británico.
¿Dónde encontrarlo?: Búscalo en tu librería habitual.


jun 28 2013

¿Por qué leemos? (II)

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

La lectura de algunos libros marcan definitivamente, orientan el pensamiento y la mirada del lector hacia territorios poco frecuentados antes de producirse esa lectura.
Una de mis alumnas más jovencitas acaba de terminar la novela “Mientras agonizo” de William Faulkner. Me decía: ¿Cómo es posible que un mundo tan repugnante como el que se pinta en la novela pueda parecerte reconocible? Es como si ya hubiera estado allí, muchas veces. Y, sin embargo, no tiene nada que ver con mi vida. Es lo mismo que sufrir de vértigo. La caída parece arrastrarte, es como si te llamara y tú no pudieras resistirte a acudir sabiendo lo que te espera. Y lo que te espera es el horror y la muerte.
Siempre he pensado que el lector lo que quiere es conocer y reconocer su propio horror y su propia muerte en la de otros. Sería más exacto decir “en otros”. Es verdad que puede ocurrir lo mismo con la diversión y el amor. La diferencia es que eso podemos conocerlo y reconocerlo en una sala de fiestas. Hay más opciones.
Una lectura que se limite a una opinión sobre lo bien escrita que está la novela es una lectura estéril porque el que nos cuenta pone a nuestro alcance mucho más que un alarde retórico o estilístico, mucho más que una sucesión de divertidas o espantosas anécdotas que sirven para entretener el pensamiento con milongas. Lo que se pone enfrente del lector al escribir ha de ser una representación de la realidad que se incorpore a la del individuo. Eso se toma o se deja. No caben opiniones. Otra cosa es que, más tarde, las personas que necesitan vivir de ello, analicen las obras y nos lo cuenten en un ensayo que puede ser de lo más interesante aunque no podrá aportar ni un ápice a la experiencia que produjo esa lectura y que nos conmocionó.
¿Hay algo más divertido que tener una experiencia que nos modifique la forma de pensar aunque sea sobre la muerte propia? Desde luego leer una patraña sobre Leonardo y la Iglesia no lo es. Mirar la televisión tampoco.
Cuando abrimos una novela vivimos en otros nuestra propia experiencia (si no la hemos tenido la descubrimos y la sumamos de forma vicaria). Sea cual sea. Y esa es una de las razones por la que una persona dedica buena parte de su tiempo a leer.
Y debe ser este uno de los motivos por los que desconfío de la crítica que se viene realizando en los últimos tiempos. Mucho tecnicismo, mucho lenguaje por aquí y por allá aunque poca experiencia vital. Es más, son pocos, poquísimos, los críticos que hacen referencia al tema de la novela por incapaces. Sí se manejan bien con los vehículos que se utilizan en la narración para llegar a ese lugar que nunca aparece, me temo que por desconocerlo. Pero del “cogollo”, de la esencia de la narración casi nada. Sin embargo, el lector (sin reconocer la razón y ni falta que hace porque no le pagan un solo céntimo por ello), el lector, decía, sí llega a esos territorios porque modifican parte de su ser. Sin tecnicismos, sin grandes habilidades para la escritura. Pero con toda la vida por delante para experimentar lo que nunca ha conocido.


jun 27 2013

¿Por qué leemos? (I)

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

La vida, la de cada uno de nosotros, no suele corresponder con la que deseamos. No quiero decir con esto que nuestra existencia se convierta en una especie de tortura continua o que una vida sea la lacra que nos tocó en un reparto estúpido para que cargáramos con ella nos gustase o no. No. Lo que digo es que el hombre tiende a buscar mejoras en su existir, lo que él cree que puede ser una tendencia a la perfección lejana e inaccesible. Si cualquiera de nosotros tuviéramos la posibilidad de accionar un mando que modificase el mundo a nuestro gusto lo haríamos sin pensar dos veces. Queremos un mundo que se parezca al nuestro soñado, queremos una existencia en la que seamos importantes, necesitamos ejercer cierto control sobre la realidad que conocemos. Y necesitamos creer en algo. Sea lo que sea. Si la religión falla, el movimiento normal del hombre es buscar alternativas que sirvan de explicación propia. Agarrarse a una religión, a una ideología o a la literatura, tienen, finalmente, un efecto parecido. La única forma de dominar un mundo como el nuestro es convertirlo en un objeto manejable, en una representación a la que puedan tener acceso las personas sin llevar por delante el poder político o religioso, la única forma de dominar el cosmos es ordenarlo, elegir un pequeño trozo del caos y convertirlo en existencia ordenada. En cada libro encontramos un mundo a la medida del autor y a la de sus lectores. El tiempo tiene un principio y un final, los personajes tienen una vida que deseamos para nosotros mismos o que detestamos y que ¿la quisiéramos para otros?, espacios que nunca conoceríamos de otra forma. Pero mundos, tiempos, espacios y personajes mentirosos porque nos enseñan lo que no ha sido ni será, lo que deseamos y nunca tendremos en nuestra realidad. Tan sólo lo incorporamos en nuestra experiencia sabiendo que es una gran mentira anhelada. Necesitamos creer en algo. Y con la literatura nos vemos capaces de hacerlo en nosotros mismos, en los fantasmas propios y en los que compartimos, en los recuerdos de nuestro pasado y los que nos ofrece la ficción. La mentira que es la ficción nos abre sus puertas para que podamos creer que una vida deseada es posible. La lectura de una novela no puede pasar por el entretenimiento como sustento único de la acción de leer. Si alguien intenta defender esa postura se está engañando y negando su propia insatisfacción con la vida. Abrir un libro significa abrir un mundo que nos puede entusiasmar o hacer estragos en la conciencia, pero un mundo que buscamos como posibilidad de vida, como alternativa a lo que somos. La literatura siempre fue ese mando que accionado dibuja una realidad parecida a la buscada, o la que odiamos y nos recuerda que el movimiento es hacia el lado opuesto de lo representado, o una parecida a la nuestra en la que ventilamos un ejército de fantasmas y miserias. Al fin y al cabo un mando que accionado nos traslada lejos de lo que somos e inunda de mentiras un día cualquiera convertido en palabras que no significan lo mismo que en la oficina o en casa.


jun 26 2013

La infancia de Alan

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Los autores; especialmente los más jóvenes o los que comienzan, sea cual sea su edad; se pasan el día pensando para dar con la idea monumental, espléndida y grandiosa; con la idea que les permitirá ser aclamados y famosos. Creen que ser escritor es algo así como ser una máquina de fabricar ideas pomposas y deslumbrantes. Sin embargo, los autores más veteranos o los grandes talentos; sea cual sea su edad; saben que la literatura, igual que el mundo entero, se soporta sobre las cosas pequeñas, sobre lo cotidiano, sobre la realidad más cercana. Para escribir y hacerlo bien no es necesario nada que no sea mirar la realidad, ordenarla y explicarla.
Emmanuel Guibert conoció a Alan Ingram Cope. El autor de cómics anotó la vida de Alan y la dibujó. Parte de ese trabajo se concentra en La infancia de Alan (La guerra de Alan precede a esta y abarca las experiencias del personaje durante su experiencia bélica). Una adorable novela gráfica en la que; de la mano del personaje principal, Alan; se repasa lo que fue la sociedad norteamericana de entreguerras y cómo funcionaban las cosas para las familias humildes. La niñez y juventud del personaje nos aporta un punto de vista fresco y desenfadado (a veces, casi infantil); el relato salta de anécdota en anécdota sin olvidar profundizar en la psicología de los personajes y, por tanto, sin abandonar el relato en la cuneta de la falta de sentido.
El trabajo de Emmanuel Guibert es sorprendente por su diseño. Cada página puede aportar un nuevo matiz gráfico que hace de la lectura un rato agradable y fascinante. Del mismo modo, se alternan viñetas que incluyen viejas fotografías que el autor retoca para que formen parte del conjunto narrativo sin alterarlo. El autor elimina (no pocas veces) todo lo que rodea al personaje y le hace aparecer como algo único y exclusivo en el mundo.
Aunque la grandeza de este trabajo radica en la desaparición del filtro que supone el autor. Guibert no aparece por ninguna parte, se inhibe con inteligencia para que Alan y su entorno sean protagonistas absolutos.
El guión es sencillo aunque visita los lugares imprescindibles. Por ello, este libro es muy recomendable para lectores jóvenes. Tal vez, 12 ó 13 años sean suficientes para acceder a esta novela gráfica sin dificultades. El límite por arriba no existe. Los adultos pueden disfrutar mucho con este cómic.
De lo pequeño sale cualquier libro. Es posible que de lo enorme no salga nada de nada. Lo grande abruma. Incluso a los artistas.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lector: Desde 12 años en adelante.
Tipo de lectura: Amena y gratificante.
Personajes: Muy bien perfilados.
Argumento: El mundo desde la niñez y la humildad.
¿Dónde puede leerse?: Sentado en un banco del barrio.
¿Dónde puede comprarse?: Pídelo en tu librería habitual.


jun 25 2013

Aama (Olor a tierra caliente)

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Olor a tierra caliente es la primera parte del cómic titulado Aama que, en línea con su obra anterior Lupus, Frederik Peeters presentó el año 2011.
Peeters se atreve, otra vez, con la ciencia ficción aunque sin olvidar la esencia de sus tebeos anteriores. Además de utilizar robots, empresas destructoras, naves espaciales, androides, un mundo degradado y diseminado a lo largo del espacio o la mezcla de razas y formas de vida; Frederik Peeters intenta explicar asuntos domésticos y actuales (del planeta Tierra) utilizando, para ello, personajes bien perfilados que viven en pleno conflicto con el entorno y con ellos mismos.
La trama hace que el ritmo narrativo sea fluido aunque la sensación de parón sí aparece en algunos tramos dado que la acción no es excesiva. Peeters prefiere plantear asuntos que no soluciona y deja para los siguientes volúmenes. Prefiere sugerir otros sin ser explícito; apuesta por una escritura de calidad.
El diseño de página es preciso, lo que le permite insertar elipsis y elementos narrativos sin alterar la atención del lector que se debería sentir cómodo por ello y con ello. Y esto es difícil cuando el cómic en un enorme ir y venir en el tiempo a través de un diario escrito por el personaje principal. Los silencios y los asuntos desconocidos son otros de los soportes utilizados por el autor con gran acierto. Arranca con el personaje inmerso en una amnesia absoluta y, tanto personaje como lector, van descubriendo lo que ha sucedido anteriormente y deja la trama en un momento inquietante.
Unos de los personajes, un androide con aspecto de simio, hace que la narración se acerque al manga es distintos puntos del relato. Esto aporta un aire curioso y divertido al conjunto. Además, es este el personaje que sirve de nexo entre una realidad vivida y olvidada con el presente. Hay que prestar especial atención al mono mecánico para poder entender bien lo que Peeters trata de contar y cómo quiere hacerlo.
Ciencia ficción pura, buena dosis de misterio, un trasiego temporal muy bien narrado y personajes redondos. Suma a todo ello el uso del color que matiza, francamente bien, los estados de ánimo de los personajes y el carácter definitivo de las localizaciones que marcan la pauta técnica y argumental.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lectura: Muy divertida. Ojo con las elipsis y las rupturas narrativas de cualquier tipo.
Tipo de lector: Los seguidores de Peeters disfrutarán de lo lindo. Pero, también, leer a este autor es una excelente forma de acercarse al cómic por primera vez.
Personajes: Muy bien perfilados.
Argumento: Desde la falta de recuerdos, el descubrimiento de uno mismo.
¿Dónde puede leerse? En el planeta Tierra.
¿Dónde puede comprarse?: En tu librería habitual.


jun 24 2013

La Invasión de los Ladrones de Cuerpos

Artículo escrito por: Mar Franco

En la época en que viajaba en metro, para ir a trabajar, algunos avezados lectores despertaban mi curiosidad. No ellos exactamente, sino sus libros.
Quedaban exentos los acérrimos a Caballo de Troya y a Los Pilares de la Tierra que, para pilares sí que debían servir, pero por su grosor y volumen, más que nada. Con todos mis respetos para los amantes de ese tipo de narrativa.
No solía llevar lectura propia, me mareaba, pero siempre cotilleaba sigilosamente lo que tenía a diestra y siniestra. En más de una ocasión, me quedé con ganas de preguntar de qué título se trataba, pero por prudencia no lo hacía. Nunca se sabe la reacción que puede tener una persona, hacinada y bajo la presión de un vagón de metro…
Estas personas, espiadas en su lectura, solían actuar de dos formas diferentes. Las había generosas, especialmente las de género masculino, que cuando se percataban de que miraba su libro con interés, como quien no quiere la cosa, lo desplazaban ligeramente hacia mi lado. ¡Qué agradecida les quedaba!
Por el contrario, otras, celosas de su intimidad libril, lo alejaban de mí. Cualquiera diría que estaban leyendo Las 50 sombras de Grey que, en aquella época ni tan siquiera había sido publicado. Esa gente, por lo general, me caía mal y, me daba por pensar que, seguramente era igual de huraña y rácana en su vida personal.
Ahora, cuando me desplazo al centro de la ciudad, suelo ir en tren, y a horas no-punta, por lo que gozo de bastante espacio y, el asiento de al lado, suele estar ocupado por mi bolso y demás pertenencias. Además, desde que tengo mi smartphone, voy ensimismada con Facebook y Twitter, o bien haciendo fotitos. Ya no me interesa lo que leen los demás.
Va a ser verdad que, la red nos va abduciendo, alejándonos poquito a poco de la literatura y de las personas de carne y hueso, creando unos lazos virtuales que se apoderan de nuestras mentes. Todo ésto, me ha recordado una película de culto: La Invasión de los Ladrones de Cuerpos (“Invasion of the Body Snatchers”, 1956), la cual recomiendo a quienes no la hayan visto.


jun 18 2013

Deudas y dolores

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Encontrar buenos personajes, en según qué libros, se nos antoja tarea árdua, pero no por ello menos atractiva. En Deudas y dolores del escritor norteamericano Philip Roth (no carente de enjundia, valioso e irónico), se disecciona, a través de la muerte de un militar que estuvo en la Guerra de Corea, los furibundos y lúcidos restos de un naufragio. Porque el valor como falta de cobardía está siempre más que cuestionado. Porque estamos ante un gran libro, sin duda, donde lo neurótico en una ciudad como Chicago muestra su cara más implacable y no por ello menos divertida. Da la sensación de que estamos ante diálogos de besugos o borrachos, pero ¿quiénes, dicen, se mueven como pez en el agua en según qué terrenos pantanosos?; se utiliza un narrador que desdobla su categorización en tres personajes y así la novela invita a no fiarnos de ese Gabe Wallacki que quiere convertir en solemne el matrimonio de Libby con Paul Herz, así como el conocimiento de Martha Reganhart y sus múltiples hijos. Porque Gabe quisiera ser sólo espectador y no puede ni recibir el perdón o la gracia, quizás por eso vive taladrado por el encuentro de unos personajes que diseccionan a Henry James y su Retrato de una dama, arguyendo demasiados años de estudio como para no querer saber si en el autor que inauguró la modernidad hay fraude o autenticidad; y así aparece de las primeras, la trama en que supuestos estudiantes de doctorado reconvertidos en novelistas a su pesar, se hacen con una visión siempre incompleta por rugosa del asunto.
En Paul ama a Libby, el autor empieza a avasallar de otro modo a los personajes y lectores en torno al resultado positivo o negativo de un test de embarazo. Paul no está preparado para la concepción, al contrario que Libby que, gracias a la sensibilidad envolvente de éste, no quiere saber que sabe estar embarazada.
Pero no sólo esto es la novela, las reflexiones metaliterarias que describen el oficio de vivir según Wallach así lo atestiguan.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lector: Algo resbaladizo.
Tipo de lectura: Literariamente fecunda.
Argumento: Cargado de connotaciones.
Personajes: Inciertos, a estudiar.
¿Dónde leerlo?: Lejos de cualquier realidad incendiaria; tomando notas.


jun 17 2013

La ética protestante o el espíritu del capitalismo

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Max Weber fue un historiador y filósofo que vivió entre 1864 y 1920.
Dedicó sus estudios a la sociología de las religiones, es decir, al análisis de su influencia en los movimientos económicos y en el funcionamiento de las sociedades.
La ética protestante o el espíritu del capitalismo es una de sus obras más destacada, citada últimamente una y otra vez por los periodistas económicos.
Weber inició este estudio profundamente influenciado por la figura de sus padres: él un político liberal, autoritario y hedonista; ella calvinista y ascética.
En su estudio, el escritor alemán intenta definir las características del espíritu del capitalismo y fijar el momento histórico de su aparición, y cita a sus lectores a Benjamin Franklin: Piensa que el tiempo es dinero. Piensa que el crédito es dinero, etc. Para comenzar enunciando, después de repasar la Historia desde la antigüedad, la organización racional-capitalista del trabajo formalmente libre.
El resto de la obra, la mayor parte, la dedica a analizar los valores morales  predicados por las iglesias reformadas, principalmente calvinistas y puritanos, e intentar demostrar cómo estos movimientos ideológicos convergen con la aparición del pre capitalismo industrial y de qué forma el auge de éste se basa en el pensamiento de aquellas y coinciden en sus lugares de desarrollo: Escocia, Nueva Inglaterra y los Países Bajos.
El estudio del orden económico capitalista, el análisis de la consciencia –y la obligación- del deber profesional y la ética social del calvinismo, sirven a Max Weber para articular un discurso en el que ordena ideas aparentemente sencillas pero que no se habían enunciado con anterioridad para terminar evitando con cautela las conclusiones dogmáticas.
El viaje a través del corazón de la reforma es interesante, aunque arduo en algunos momentos y en las notas que el escritor incluyó con posterioridad a la primera edición y que se supone deberían aclarar algunas de sus reflexiones.

Calificación: Interesante.
Tipo de lector: Interesados en la sociología, la economía o la historia de las religiones.
Tipo de lectura: Entre lo diáfano y las zonas más espesas.
¿Dónde puede leerse?: En las escaleras de la Bolsa.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual o en www.iberlibro.com