Finales infelices

Artículo escrito por: Mar Franco

Siempre que releo alguno de mis libros favoritos con finales fatales (como algunas mujeres), tengo la inocente e imposible esperanza, según devoro páginas, de que el final será otro, diferente al que ya conozco.
Te toca el turno a ti, Madame Bovary, Emma para los amigos. Cuando te casaste con Charles, un mediocre y regordete médico de provincias, para escapar de la aburrida casa de tu padre, te convertiste en Emma Bovary. No voy a contar tu vida, ni la que soñaste vivir en París, con lujos y amores de película y que, te arrastró a envenenarte con arsénico, tampoco la que viviste, también cargada de veneno, aunque fuera el tuyo propio.
Confieso que la última vez que te leí, estaba más predispuesta hacia Charles, el único hombre que te quiso de verdad. Al fin y al cabo, tú sólo eras una egoísta con la cabeza llena de pájaros pero, entre desilusiones y fracasos, me ibas seduciendo, como a todos. Hasta en el último momento, después de ingerir tu pócima letal, con el pobre Charles destrozado, llorando en tu regazo, tenía la esperanza de que, finalmente, te salvarías y te resignarías a seguir viviendo con él y la pequeña Berthe. Los libros ya están escritos cuando empiezas a leerlos, y los finales son… inexorablemente definitivos, no admiten cambios ni devoluciones.
León Tolstoi, seré breve contigo, nunca te perdonaré que castigaras a Ana Karenina por adúltera (palabra en claro desuso), obligándola a arrojarse a las vías del tren. Cada vez que veo alguna película sobre tu libro, de las que periódicamente nos llegan de Hollywood, me sacude la misma inquietud y el mismo anhelo infantil, inútil y estúpido por mi parte, de que Anna se salve, pero su suerte ya estaba echada.
Scott, ¿sabes una cosa? Si tuviese que elegir un apellido irlandés, elegiría el tuyo, Fitzgerald, suena a jazz, a alcohol, a los locos años veinte ¿Quieres saber algo más? Nunca podré reponerme del impacto de la muerte de Jay, mi querido Gran Gatsby, de esa última vez en que se le ve con vida, poco antes de lo de la piscina. También he soñado con otro final para él, pero también estaba escrito ya, como el tuyo propio, como el de todos. Me supongo.
¿Cómo acabo esto? Ya sé, siempre elijo finales felices o al menos, reparadores, para mis historias. Va a resultar que soy optimista o medio gilipollas, lo mismo todo es culpa de la paroxetina.


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