Jezabel

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Con una estructura muy atractiva, la novela se abre con el juicio a una mujer que no habla, pero tampoco niega su crimen. Todo lo que se diga lo dirán otros. El lector percibirá zonas oscuras, piezas que no encajan, así que oscilará entre los hechos evidentes y el silencio.
Tras ese preámbulo eficaz se expone la vida de Gladys Eysenach al juicio del lector, parece que la autora ya la ha condenado con el título, como la ha condenado también el tribunal de la ficción. Porque no podía ser de otra forma.
Irène Némirovsky no va a dejar al lector ningún asidero para absolver a la señora Eysenach, née Burnera. Ese es uno de los puntos débiles de la novela, indica falta de profundidad psicológica en la creación del monstruo y eso le resta verdad y hace que percibamos a la protagonista como un personaje previsible, sin aristas, ni siquiera antipática.
Pero la novela funciona y consigue mantener la atención hasta la última línea, porque la escritora, de origen ruso y lengua francesa, escribe con ganas, con equilibrio entre el diálogo y la narración, primando el desarrollo del relato sobre todo lo demás, escribe de una manera elegante pero cercana, y sitúa la historia en un medio atractivo, lujoso y cosmopolita.
Los temas en Jezabel son la caducidad de la belleza, el poder de la atracción, el uso de las armas de la coquetería y la frivolidad, y la obsesión por la juventud eterna.
Hay también una lucha generacional, una rebelión de los jóvenes contra los viejos y su egoísmo burgués, acomodado.
Son temas a los que Némirovsky se enfrenta con realismo.
Nos aterra pensar en la posibilidad de que la autora se haya inspirado para su protagonista en personas de su entorno familiar, en su propia madre. Que pueda haber algo autobiográfico en ese horror.

Calificación: Bueno.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Amena.
Argumento: Desgraciado.
Personajes: Vanos.
¿Dónde puede leerse?: En París, en un banco al borde del Sena.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


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