Diario de invierno

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Agotado de sus espléndidas ficciones -La trilogía de Nueva York, El palacio de la Luna, Leviatán- el escritor norteamericano Paul Auster se adentra en un trabajo de introspección autobiográfica, un diálogo consigo mismo. Memoria, mirada sobre una vida recorrida, recuperación de la infancia.
Una colección de anécdotas que se sitúan entre lo agudo, lo banal y lo intrascendente: sus enfermedades y los traumas familiares, los recuerdos de la niñez que fijan el carácter, sus becas, la bohemia… todo bastante previsible, cada lector deberá reflexionar si esto le aporta algo.
Porque seguramente a algunos les aportará.
La descripción inmobiliaria de las distintas casas que habitó en su vida con prolijidad de detalles, y la enumeración minuciosa de todos sus viajes, suponen el cenit de esta autobiografía/novela, y la sitúan en un balance personal que a algún lector no conseguirá interesar y que no le encontrará más sentido que el de llenar las páginas de un libro en vano.
El relato está escrito en una segunda persona vocativa, un poco incómoda y desconcertante a la que no es fácil acostumbrarse y que parece una pose, un artificio literario bastante evidente.
Imaginamos que para el escritor habrá sido una experiencia catártica y financieramente efectiva, pero algún lector pensará que hay cosas que se podría haber reservado porque como ajuste de cuentas, pueden no interesar.
La crítica oficial, que sabe más que ese hipotético lector, reconoce -unánime- encontrar en este Diario de invierno sinceridad, originalidad y universos.

Calificación: Flojo.
Tipo de lector: Fans de Auster.
Tipo de lectura: Rápida.
Argumento: Autobiográfico.
Personajes: Él.
¿Dónde puede leerse?: En la cama, no sé por qué.
¿Dónde encontrarlo?: En todas las librerías, es uno de los libros del momento.


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