El gatopardo; La transformación y el abismo

Artículo escrito por: Augusto Prieto

El visionado, declaradamente sucesivo, del filme El gatopardo, estimula a Luis Antonio de Villena a llenar unas páginas con meditaciones personales, al hilo de las cuales emerge –como la magdalena de Proust- una tía abuela suya. Todo muy subjetivo, entretenido, pero inconsistente.
Lo único que queda claro es que De Villena reflexiona -porque Visconti lo hace en su película, porque Di Lampedusa lo hace en su novela- sobre la decadencia, que es un clima mental en el que todo tiempo pasado fue mejor, más elegante y más sofisticado, mientras que hoy todo es ordinario, plebeyo y de lo peor. Los artistas que trabajan según esos principios –que han sido muchos- utilizan en sus obras el fin de época como símbolo, el anacronismo como puesta en escena, el estudio de la belleza por su mero valor intrínseco, y las grandes poses aristocráticas como paradigma.
Reflexionando vagamente sobre todo eso, se pierde la oportunidad –que el lector esperaba- de hacer un estudio crítico serio sobre la película, su ritmo, su ambientación y su fidelidad a la novela, su valor en la historia del cine y las interpretaciones de sus actores, la revisión del mensaje original que el escritor italiano tramó, influido por el ambiente histórico y familiar, y el interés que todo esto puede tener en el día de hoy.
Porque lo único que concluye De Villena es que, lo que cuando era joven le pareció una película progresista hoy no se lo parece tanto, y para esas conclusiones es más acertado el psicoanálisis que el ensayo.

Calificación: Curioso.
Tipo de lector: Aficionados a los gatopardos.
Tipo de lectura: Rápida.
Personajes: Los de la película.
¿Dónde puede leerse?: En el café del Cine Doré, sede de la Filmoteca Española en Madrid, o en Palermo, claro.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual o en www.ochoymedio.com


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