Corazón tan blanco

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

La voz que utiliza el novelista madrileño, Javier Marías, más conocido fuera que dentro de su país, se nutre en ésta su novela más celebrada, de angustia, tortura y olvido; parece poblada y preñada de conocimiento y desmemoria, de infancia y abotargamiento; esta voz es, por ello, interesante y dubitativa, engañosa en intenciones como tan certera en el uso propio del duermevela tan propio del recurso del monólogo interior. A través de ella, se trata de vehicular, con referencias al Macbeth de Shakespeare, la inquietud de la desgracia, de lo dramático que asoma como en una ventana plenamente abierta al sol, una historia oscura, apabullante, donde sólo el lector avisado será capaz de rellenar los huecos a su antojo.
Tenemos el color blanco como medida justa de inocencia y cobardía, como lo es también esa almohada con la que se asfixia el tiempo. Tenemos también un hipotético caso de suicidio, que es homicidio, que es asesinato. Y tres o cuatro mujeres, que además de Ganz, padre del interfecto y del que por acumulación sabemos cada vez menos; y la sangre y la muerte, más sugerida a través del teatro, más teatralizadas o pensadas, que reales en los personajes, que siguen adelante a su pesar.
Expirar en la mente de los personajes o los lectores conceptos como el de culpa no es tarea baladí y esto lo sabe o lo quiere saber de sobra el autor, pero el empeño es otro, el de situarnos en un microcosmos como es el propio de unos traductores o intérpretes hastiados de su labor cuasi-burocrática, que se meten a detectives privados de lo propio, siendo esto tan ajeno.

Calificación: Extraordinaria.
Tipo de lector: Aficionado a la literatura con mayúsculas.
Tipo de lectura: Adusta, contrariada.
Argumento: Esclarecimiento de una muerte familiar.
Personajes: Desde dentro.
¿Dónde leerlo?: En una casa sin balcones a la calle.


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